El monstruo del armario

Por directivas de la emisora, se opto hacer pública la siguiente audición. Basado en un texto homónimo de una escritor.
Sintonice el dial en la siguiente frecuencia, para ver sus antecedentes: El monstruo del armario


Para todos los escribas-escuchas.
La emisora más oriental del charco rioplatense,
con humor basado en un relato de Angel_of_Musik,
tiene el agrado de presentarles:


El monstruo del armario

Una entrevista de Radio Gurí

Aquí Radio Gurí trasmitiendo desde el ciber espacio rioplatense para tuitos aquellos que gustan de la audición de La emisora más oriental del por aquí. El tema a tratar en el día hoy es: “El monstruo del armario”, tema original del Angel Musical del foro.

Hoy por decisión de la Dirección de la Radio el Plató sido remodelado. Este, posee la arquitectura de un armario.
Por el lado de la radio, se halla el Botija, reordenando sus papeles para la entrevista, tiritando de frío, digo de miedo; El entrevistado de hoy es El Cuco. En medio de la mesa, tenemos un candelabro de plata con seis velas.

-Don Cuco. ¿Cuente a la audiencia del foro que fue de usted durante su estadía en el armario?
Tose, y reacomoda su capa de brujo hacia su espalda. Me muestra su sonrisa perfecta con sus dientes afilados, y molares en punta.
Vera Don Botija – comienza a decir –El monstruito ese tenía seis años cuando lo oí por primera vez.
Siempre le habían dado respeto los armarios, esos espacios tan grandes, tan oscuros, de los que veía sacar todo tipo de cosas y en los que a veces desaparecían todo tipo de cosas, si ha de creer lo que decía su madre, que a veces metía medio cuerpo dentro para al rato sacarlo con las manos vacías y expresión hosca. Pero nunca le tuve miedo, hasta esa noche.

-Permítame Botija. Debo tomar un sorbo de ese apetitoso zumo de sangre coagulada. De la manga de la túnica derruida, brotaba como temblorosa, una mano cadavérica que dejaba entrever los huesos que la conformaba. De ella colgaba pedazos de telarañas.
– Gracias Botija –decía mientras acomodaba su cabeza cadavérica. Volviéndome a mirar. Se podía apreciar los huesos de la cara, tapados con unos lentes oscuros.
-Le decía Botija. Recuerdo que estaba medio dormido dentro del armario, cuando oí una especie de gruñidos que venían del dormitorio. Y entre los gruñidos distinguí unas palabras.

- Abre, abre. Quiero entrar y arrancarte las entrañas y comerme tu corazón. Tendrás que abrir, tarde o temprano, y entonces saltaré sobre ti.

-Nos imaginamos que se asustó Don Cuco – atino a decir, mientras me servía del vaso de agua que habían dejado de la Dirección de la emisora.
-Y si. Verá, como relatan las cosas, esos escritores, después ponen sobre el papel que somos nosotros..
La calavera acomoda los huesos sobre la silla – Perdón se me cayo el humero izquierdo de la pierna –decía mientras se agachaba para acomodarlo dentro de su estructura ósea.
Y aunque sólo eran gruñidos, sentí tras ellos una sonrisa espantosa y llena de dientes afilados y amarillentos, vi claramente la boca abierta y babeante de la que provenían los sonidos. Era la imagen de un niño gateando, con sus nudillos golpeando la puerta de mi armario. Mi armario, mi hogar. -¿Qué se creía ese monstruito?

El locutor mirando de reojo el panel de recepción de llamadas ve una niebla oscura que tapaba la visión donde trabaja Juan. Una mano, posándose sobre el vidrio sosteniendo un papel. Se notaba un temblequeo. No era precisamente por sostener su muñeca inflable, si por el miedo al personaje que entrevistábamos hoy.

-Don Cuco, me tiene asustado al Juan. –el locutor comenta al entrevistado.
Este se saca los lentes y lo observa a trabes de la cuenca de lo que sería sus ojos. Se escuchó un ruido de una silla al caer. Juan había caído al piso.

-Volviendo de nuevo Don Cuco, ahora la audiencia del foro se halla expectante de usted. ¿Qué le sucedió cuando vio a ese bebe gateando? –pregunta El Botija.
Perdone Botija- Al entrevistado se le había caído un pedazo del dedo dentro del vaso con sangre. Con la otra mano, se adueña de él, para colocarlo en su lugar, sin antes no dejar de saborearlo. –Rico. –Acota.
Verá señor locutor. Grité. Grité con toda mi alma, cubriéndome la cabeza con las mantas, hasta que la luz que se encendía proclamó que mi madre estaba en la habitación. Salí de mi refugio, todo ojos desorbitados y sollozos incoherentes, hasta que a base de caricias mi madre consiguió tranquilizarme lo suficiente como para que le contara lo que había pasado. Según le describía los gruñidos y las amenazas, su rostro fue adquiriendo una expresión de alivio frente a la preocupación con la que antes se había inclinado hacia mí. Me aseguró que en el dormitorio no había nada, e incluso trató de saliera del armario para demostrármelo, pero ante mis alaridos histéricos, optó por cerrarme con llave.
- ¿Ves? Ahora ya no podrá entrar.
Y cuando se hubo convencido de que yo me sentía mejor, me estampó un beso en la frente y se fue, apagando la luz.

-¿Su madre? – el locutor acota
Si mi querida madre.

-¿Qué aconteció a posterior, Don Cuco – EL Botija menciona.
La calavera se acomoda, sin antes dejar desparramado en la mesa un pedazo de la mandíbula. Al reacomodarla menciona lo siguiente:
Esa noche, no hubo más sonidos provenientes del dormitorio.
Pero sí que los hubo la siguiente noche. Y la otra, y la otra.

- Entraré, una noche entraré, mientras duermes, y te sacaré los ojos y me beberé tu sangre, ya lo verás.

Mis padres se preocuparon mucho por los gritos que invariablemente se sucedían noche tras noche, y me llevaron un tiempo a dormir con ellos. Yo escuchaba sus respiraciones acompasadas, con los ojos fijos en el dormitorio del monstruo, pero éste permanecía silencioso. El monstruo seguía encerrado en mi propio dormitorio, esperándome.

-Tengo entendido que luego pasaron los años- menciono como locutor.
Y si, pasaron los años, y mi dormitorio nunca se abrió a partir de las ocho de la tarde. Me acostumbré a los gruñidos, sabiéndome seguro en posesión de la llave. El monstruito pasó de la infancia a la adolescencia y de ahí a la juventud, hasta que conoció a su futura esposa.
Sus padres, que siempre habían querido vivir cerca del mar, le regalaron la casa por su boda...o más bien se la vendieron por un precio más que razonable. Mi antigua habitación pasó a ser su estudio, y ellos nos trasladaron al dormitorio de sus padres.
Todas las noches iba el monstruo a su estudio cuando su mujer se iba a dormir (entraba a trabajar muy pronto y solía quedarse dormida frente a la tele), y escuchaba al bebe que ahora era un hombre, pero éste, con los años, también había cambiado. Su voz ya no parecía tan formidable, ni parecía haber sonrisa tras ella. Seguía amenazando, invitándome a salir del armario, pero ya no me daba el mismo miedo que antes.

Bueno Don Cuco, me están haciendo señas desde la Dirección que es hora de terminar la entrevista. Posee un minuto para decir lo que quiera a la audiencia del foro.
- Gracias Botija por permitirme decir mis opiniones respecto a ese monstruo que ustedes dicen bebe.
Comprendí que los monstruos de los dormitorios no podían hacer nada contra los adultos, que a lo largo de su vida van encerrando a sus propios monstruos en sus mentes y en sus almas. Nada, salvo extinguirse, y morir.

A sido una audición de Radio Gurí
La emisora más oriental de los pagos rioplatenses.