Por un sin sentido

Estaba parado con mi señora en la esquina de dos avenidas importantes de la ciudad, cuando cambió el semáforo de luz roja a la verde. Cuando ésta última luz dio cabida, un ómnibus cruzo de una avenida a otra doblando, deteniéndonos en la acción de pasar a la otra acera. Cuando comenzamos a cruzar la calle, arrancó una camioneta todo terreno que estaba detenida al lado nuestro, pero no nos habíamos percatado de ello.
La luz del semáforo, daba señal de cruce a ambos, peatones y vehículos. Estábamos pasando la calle, platicando con mi señora cuando la camioneta dió vuelta en nuestra dirección.

Hubo un instante en que todo se detuvo. Alrededor de nosotros la gente, iba y venía a su ritmo. Nosotros en cambio, el tiempo transcurría en cámara lenta. La camioneta clavó los frenos y derrapó delante de nosotros. Mi señora caminaba lentamente mirando hacia delante y yo daba vuelta la cabeza gritándole al conductor una sarta de malas palabras, usando gestos elocuentes, que ocasionaron que el dueño del todo terreno se detuviese. Fue en ese instante que terminábamos de cruzar la calle.
Yo no escuchaba nada, de mi boca salían palabrotas soeces y gestos obscenos dirigidos al conductor.
Al poner el pie en la otra vereda, el tiempo comenzó a actuar en forma normal.
El hombre había estacionado su vehículo, y comenzaba a sentir frases como:“cruza, cruza”, “animate ya que tenés tanta boca”. Comenzaba a tener noción de ello cuando me percarté de esas palabras mientras el hombre salía de la camioneta y me hacía gestos que viniera y se lo dijese en la cara. Todo esto sucedía cuando comenzaba a sentir como me jalaba del brazo mi señora.

Otra vez se volvió a detener el tiempo. Por mi cabeza pasaba mil cosas, “Tengo que pelear con un animal que cruza sin fijarse, por más que tuviese la luz a su favor”. Pensaba, “Si peleo, mi señora puede salir lastimada, y ambos ser detenidos por la policía”.
Sentía la voz de mi señora decirme:”no le hagas caso, esta loco porque es un feriado largo, no se fijó que tiene dos niños detrás”.
La feria de los sábados estaba en la acera que cruzamos.
Sentí el peligro inminente de una pelea sin sentido. Se hizo un vació en mi cabeza, entré en lo que definiría más tarde como un túnel energético.
-¿Porqué digo ello?
Pues era lo más semejante a un eso. Parecía que sus paredes cóncavas, tenían vida propia. Eran las personas y el ajetreo del mundo que me rodeaba. Sólo escuchaba el ruido de las cubiertas de un vehículo que nos seguía. Las palabras, buscando que me detuviese y presentase batalla. Yo le contestaba y él tipo buscaba a toda costa que me parase y peleara.
De repente sentí una voz que me dijo:” Vení entra acá”. Era el puestero de los quesos y fiambres que me introdujo adentro, junto a mi señora.
El tiempo comenzaba a tomar forma normal. Saliendo de ese túnel que me cubría, comenzaba a sentir hablar a mi señora con el puestero.
La camioneta se había detenido delante mío y el tipo desde ella me hacía muecas a que viniese donde él. Si escuchaba las palabras “maricón , cagón” cuando me caí sentado en el suelo.
Ya había visto demasiado, para saber como contener una agresividad cuando aparece.
Hasta ese momento todo alrededor de mi, era silencio, tenía un vacío en mi cabeza. Cuando terminé de tomar conciencia, empecé a sentir hablar al puestero. El automóvil se había ido. No quise pelear por algo que en definitiva fue causa de que me asustara al cruzar dos avenidas, por un conductor que prácticamente nos atropellaba.