Un pestañeo de vida

Era una sala, o así lo parecía. Dos cosas se destacaban por encima de otras que se me antojaban en penumbras, o se hallaban ocultas en la oscuridad. Todo se me antojaba que era una sala, pero, no lo era.

Lo que fuere.

Lo primero que se destacaba era el haz de luz. Luego seguía el suelo. En lo referente al primero, de forma cónica iluminaba verticalmente desde arriba hacia abajo. Se notaba la forma cilíndrica que iluminaba el suelo. Más allá, el haz la luz se difuminaba hasta desaparecer en la oscuridad total.

En referencia a lo segundo, el suelo. Este era liso, monolítico y negro. Ninguna rugosidad presentaba al tacto. Que fue lo primero que hice, agacharme y palpar la forma del mismo. Si hubiese paredes y techo, no se percibía de modo alguno.

- ¿Qué estoy haciendo aquí? – Me preguntaba hasta que todo se precipitó.

De lejos, como una sombra que iba paulatinamente adquiriendo forma humana, un hombre comenzaba a acercarse a donde me hallaba, el centro de luz. Vestido como un monje de la edad media, éste se sentó en la silla que traía consigo, dentro del haz de luz pero alejado de mí. A su derecha, una veladora de pie y una mesita donde reposaba un libro. Comenzó a leer para si mismo, mientras acomodaba sus gafas.

- Heyy, tu. ¿Quién eres? – Pregunte en forma bien audible, mientras me mantenía en pie.

Como no me contestaba me acerqué a él, gire alrededor del mismo, pero, seguía en su lectura, no mostraba señal alguna de mi existencia en dicho lugar. Para él, no existía.

- Hombre. - Dije, casi gritándole.

Cuando puse la mano en el hombro, ésta desapareció dentro de su cuerpo, pero seguía viendo lo que había detrás del mismo.

- Ya. Es un holograma. – Pensé para mí.

El seguía con su lectura, ahora sólo se había cruzado los pies. Al terminar la página, continuó con la siguiente, sin antes, no olvidarse de tomar un sorbo de agua, ya que el vaso se hallaba sobre la mesita. Reacomodó de nuevo las gafas y siguió leyendo.

- Vamos a ver cuanto real eres. Me dije.

Tomé impulso y corrí directo a él. O se desviaba, o le caminaba por arriba pasando mesita, veladora de pie o lo que existiese. No se inmutó, lo crucé de lado y me frene al otro lado. Lo volví a hacer y nada.

- ¿Y esto? – Me dije.

Bueno. Me puse frente a él, con una silla en la mano. Me sentaré y no me moveré hasta que note mi presencia. Al hacerlo, me caí de bruces al suelo. La silla había desparecido.

El seguía en su lectura, tranquilo.

- Ufa. Ya me está cansando. Veremos cual real eres. - Pensé.

Tomé mi catana, mi espada japonesa, y me puse en posición de ataque. Descargué un golpe certero de arriba hacia abajo y costado, apuntando cortar desde al primera cervical hasta rozar el hombro izquierdo. No pasó nada. El hombre seguía ahí., tranquilo enfrascado en su lectura.

- No eres real. – me dije.

Ya casi desistiendo, me dije esto no puede ser. Corrí con todo mí ser de costado tratando de volcarlo de su silla. Cuando crucé a trabes de él, esta vez si hubo un cambio imperceptible.

Un instante en el tiempo muerto.

Lo veía de costado, con su libro en el regazo. Corría para golpearlo nuevamente, y fui a cruzarlo todo se hizo en cámara lenta. Al traspasar su cuerpo vi dentro de él, dos macizos montañosos, una selva exuberante, y un cielo con pocas nubes. Terminé de cruzarlo y casi me caí por el envión que traía. Me levante y lo miré.

El seguía en al postura anterior, salvo que esta vez, depositó el vaso de agua vacío sobre la mesita, apagó la luz, tomo su silla y se fue por donde había venido.

Instantes de sueños y no tan sueños.

- ¿Eso era lo que querías que escribiese? – Mi libro que siempre a descansado sobre la mesa de luz de mi dormitorio me decía.

-Hee. Hee. Uia me quedé dormido en el sofá. - Me levanté y me fui a acostar como correspondía.


Rubinstein
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Gurú de las Artes predictivas y mentalistas.
Viajero y guerrero astral. Médico en lo paranormal.