No entrar como turista al corazón de una mujer. Un relato de Artemisa

Por directivas de la emisora, se opto hacer pública la siguiente audición. Basado en un texto honónimo de una escritora.
Sintonice el dial en la siguiente frecuencia, para ver sus antecedentes: No entrar como turista en el corazón de una mujer.


Para todos los escribas-escuchas.
La emisora más oriental del charco rioplatense,
con humor basado en un relato de Artemisa
tiene el agrado de presentarles:


No entrar como turista en el corazón de una mujer
Una entrevista de Radio Gurí

Miembro de la
Cofradía de las Tres Marías
Reino entre el Aquí y el Allá


Aquí Radio Gurí trasmitiendo para todos los escriba-escuchas de este foro tan mentao.
- ¿Qué tiene para contarnos José María? – el locutor de la radio le comenta mientras revee unos papeles que tiene sobre la mesa de los entrevistados.
Antes que nada, muchas gracias Botija por entrevistarme, aunque creo que no es para tanto. Las manos del hombre se mueven solas como siguiendo un sonido imaginario.

-¿Qué hay de cierto de que usted es fotógrafo?
Hay mucho de cierto de eso, pero yo me refiero al estado del alma. Como que saco una instantánea, un santiamén en el alma de una mujer. Haciendo fotos, dejando latas de cervezas, buscando solo catedrales inmensas y estatuas transparentes con la mochila llena de mapas, y haciendo comidas rápidas, hay un país donde existen siete ciudades una cordillera y un invierno en el corazón de una mujer.

- Se nota por lo expuesto que hubo una fémina en un momento de su vida que lo marcó a fuego. ¿Qué tiene para decirnos al respecto?
No, no es así como parece don Botija. Verá, no bebas sólo un vaso de mar allí,
no entres en avión, toma el tren de la media luna, no reveles allí tus fotos en una hora
si no hace demasiado frío, entra desnudo no lleves paraguas, y sobre todo no tales árboles en el corazón de una mujer.

-¿Por….?
No acostumbran volver a crecer. En pocas palabras, no se debe entrar como turista en el corazón de una mujer.

Esto ha sido todo por hoy en Radio Gurí, la más oriental de la zona rioplatense del ciberespacio cibernético.


Una audición de Radio Gurí
http://radioguri.blogcindario.com/
La emisora más oriental de los pagos rioplatenses.




Fuera de línea:
Me gustó mucho lo que escribistes.

Para José Antonio. Un relato de Nienna

Por directivas de la emisora, se opto hacer pública la siguiente audición. Basado en un texto honónimo de una escritora.
Sintonice el dial en la siguiente frecuencia, para ver sus antecedentes: Para José Antonio


Para todos los escribas-escuchas.
La emisora más oriental del charco rioplatense,
con humor basado en un relato de Nienna
tiene el agrado de presentarles:


Para José Antonio
Una entrevista de Radio Gurí

Miembro de la
Cofradía de las Tres Marías
Reino entre el Aquí y el Allá


Aquí Radio Gurí, trasmitiendo para tuitos los escriba-escuchas de este foro tan mentao y paranormal, trasmitiendo en vivo desde allá donde nace el viento y cobran vida los sueños. Se trasmite desde este ciber-espacio rioplatense. Nota: del lado oriental, por si no lo saben.

- ¿Qué cuenta Doña Nienna?
Pues aquí me ve Botija.

-¿Qué tiene para contarle a José Antonio?
Vera señor locutor, adoro cuando su recuerdo llega a mi como una brisa calida que acaricia mi rostro y revuelve mi cabello, el pensarle, es como acercarse al fuego en el polo norte, recordarle, es amarle aun sin conocerle, pero como amas a alguien que quizás no existe y solo en la evocación de un sueño, un dulce sueño del que no quisiera despertar… txtrñmchpp

- ¿Qué querés Juan? – Discúlpelo al pobre, es el telefonista de la radio, es un tanto falto de neuronas. – Juan dejá esa muñeca inflable y pasá las llamadas.

-Si, ¿Quién habla?
Thous.

-¿Qué tiene para aportarnos Don?
Emhhh..., ¿Qué pasó en la entrevista? ¿Es un idioma desconocido o se acabó la inspiración?
La verdad es que yo lo he traducido, pero es para que quede claro...XD.
Quien no vea la respuesta, que me envíe 10 € por correo y se la doy por MP, jajjaja!!

- Hay me pasas 5 que la idea fue mía. Dice Nienna.
-¿5? Mhhh...que sean 2. – Dice Thous.

- Bueno.vamos a tener que poner orden en el Plató de la radio cibernética, que digo radio del ciber-espacio.

- Discúlpenos Botija, sabe como es eso de los negocios y propiedad intelectual. –Mencionan ambos.

- Si Juan, que tenemos varios mails. Ok. Te entendí. Disculpen a Juancito esta atorado de mails, SMS y quiere jugar con su muñeca inflable, el pobre.

El locutor de la radio se acomoda sus gafas y comenta:
-Veran entre los mails, hay uno de un tal Odracir Lobrojo. Les quiere decir a usted Thous: “no se le olvide que hay que pagar impuestos... Son otros dos de impuestos y otros 5 por los honorarios del contador..” y a usted Nienna: “Por cierto... Es bellísimo este pensamiento... Y el segundo mensaje no requiere pagar los euros... “

-Viste Juan. Nos vamos para arriba. Podrían tirar algún que otro euro para esta parte de la costa oriental del ciberespacio rioplatense, ¿no?
-Ehh, ehh. –Juan estaba metido besuqueandose con su muñeca inflable. Se cree que es la Jennifer López.

- Bueeeeno, dejemoslo en 3 € y Loborojo...ya me ocuparé de hacerte chantaje para que guardes silencio, jejejeje.... –comenta Thous.

Bueno señoras y señores de este foro tan inspirado, esto a sido todo por hoy en Radio Gurí.


Una audición de Radio Gurí
La emisora más oriental de los pagos rioplatenses.


Eden de Dios. Una entrevista de Radio Gurí

Eden de dios.
Una entrevista de Radio Gurí.


Radio Gurí trasmitiendo para todos los escriba-escuchas de este foro tan letrado. Con música de Los Olimareños, en un ambiente distendido se encontraban El Botija, o sea, el locutor de la Radio, por el otro Daniel, Ruben, Teresa y Adriana.
La dirección de la Radio, reacomodó el Plató de entrevistas especialmente para la ocasión.
Alrededor de una mesa semicircular, se hallaban los entrevistados del momento y el locutor, un tanto separado. En la sala se apreciaban arreglos con frutas artificiales y veladoras. Jarrones de un sólo frente se visualizaban, para ubicar a los lados de la sala.
En el fondo, una platea de entrevistadores se apreciaba.

- Bueno. ¿Cómo se sienten? – El locutor atina a decir.
Un coro de voces se hace oír, mostrando que todos estaban pendientes de lo que se les preguntaría.

- Para empezar, si ustedes me permiten, haré una pequeña introducción. – El Botija les dice a los entrevistados.
El tema a tratar hoy, es ¿qué hacían ustedes en medio de la montaña? – Ruben, tiene usted la palabra.
Vera señor locutor – Ruben decía. Ese día, en particular íbamos con Daniel al lago, en el otro lado de la montaña. Veníamos de la ciudad, y pensábamos pasar un fin de semana de pesca en el rancho que poseo, al costado del lago. Había sido una invitación mía.

- Si Teresa, ¿qué tiene para aportar?
Vera usted, señor Botija, nosotras somos oriundas de la zona en cuestión. Nos ganamos la vida vendiendo frutos del bosque, que cultivamos con mi socia, Adriana, aquí presente. Teníamos un local allá en la alta montaña, que fue arrasado como usted sabrá por el ómnibus que bajaba la cuesta.
- Como dice mi socia Botija – Adriana acotaba – Era un lugar de descanso para aquellos que transitaban por la carretera. Surtíamos de nafta, a los vehículos, dábamos un refrigerio, un descanso en el camino. Vio.

- Si se entiende Adriana. Pero verán hubieron comentarios que surgieron de las entrevistas luego del hecho, donde quedaron planteadas ciertas incongruencias. Según el relator, el señor Rúbula, existieron manifestaciones que no concordaban. – El locutor de la Radio, les decía.
Los entrevistados escuchaban atentamente, mientras unos tomaban un sorbo de agua, otros, encendían un pitillo.

- Como les decía, siguiendo la línea de la entrevista. Deinost, ¿qué tiene para decir, que pueda aclarar la circunstancia del hecho? - El Botija caminaba hacia el estrado donde se hallaban los entrevistadores.
Gracias por permitirme la palabra Botija. Ya que mencionó a Rubula Después de la Gurisada y el tema de la Radio, encuentro este pasaje donde mi entrevista arroja un par de comentarios.
Una descripción típica de un poblado, de la naturaleza, Juan Rulfiana, diría sin exagerar.
Me parece que no hay mucho material para localizar un drama más allá de las campesinas y los Daniel y Rubén, sin embargo puede obtenerse la imagen que se admira. No soy un aficionado a las deidades per se, pero aquí hay una muestra que representa la posición de un ente superior, y no necesariamente el Dios de las guerras, la inquisición o los elegidos.

- Y bueno, ¿quién desea contestarle? – El botija se dirigía hacia los entrevistados, que se hallaban callados.
Yo le contesto Deinost. – Daniel salió al paso. –Verá cuando con los últimos estertores del motor, el coche se detuvo al final de una curva donde había una casa de adobe y paja. Teresa y Adriana que aquí se hallan presentes, dos campesinas del lugar, vendían desde melocotones, hasta todo tipo de frutas tropicales, así como brindaban un refrigerio para los transeúntes ocasionales. Fue allí que aconteció el incidente. Sabrá usted algo de las montañas, la ruta serpentea y por momentos se aprecia a los lejos un vehículo que viene y por momentos, esa visión es tapada por un macizo montañoso. Ya estábamos sentados, con Ruben, tomándonos un refrigerio, cuando aconteció. Ese ómnibus había sido pasado ya en otras ocasiones, en el trayecto.

- ¿Me permite Botija? – se ve a lo lejos la mano de Esthercita, otra entrevistadora del incidente. – Adelante contesto.
Esthercita revisa sus legajos, y entre sus papeles saca uno. –¿Quién me contesta a esto? "El auto apenas subía, dado que la cuesta bordeaba la montaña." Inmediatamente se dice lo mismo. ¿Eliminar o modificar?
"Al costado de ésta, se veía un valle salpicado de abetos. Daniel me decía:" ¿Quién es ésta? ¿Daniel me decía o me dijo?
"Nos sentamos en la mesa, detrás de la casa donde nos detuvimos, así pudimos contemplar el paisaje. " ¿pudimos o podíamos?
"Un omnibus atestado de pasajeros, bajaba la cuesta por donde veníamos" Aquí me pierdo. Al leer "donde veníamos" supuse que bajaba la cuesta por donde ellos habían subido antes, para llegar a la casa. Pero no puede ser, porque en ese caso el vehículo, al derrapar, no chocaría contra la casa, ya la había dejado atrás y más arriba.

-Verá señora entrevistadora – Ruben le decía a Esthercita – Como le dijo Daniel a Deinost, hace un momento, el auto apenas subía, dado que la cuesta bordeaba la montaña. Desde mi lado veía un gran precipicio a medida que el coche a duras penas subía el escarpado. A través de la otra ventanilla se veía una pared de granito. De mi lado, el borde del acantilado estaba salpicado de nubes bajas que cubrían el valle.
En lo referente a cuanto nos sentamos a tomar un refrigerio y vimos el paisaje, le afirmo podíamos verlo.
En lo referente al vehículo que ocasionó el incidente, dice usted que se halló perdida en ese momento de la entrevista. Como dijo Daniel, ya lo habíamos pasado en otras ocasiones. El lugar, se hallaba a mitad de camino. El incidente se dio mientras reposabamos.
Ruben se recuesta sobre el respaldar de la silla, y mira a Daniel, y hace un gesto con los hombros, como diciendo “Se le contestó, ¿nó?”

- Bueno, bueno. Dice El Botija despacio. El tiempo se ha ido volando. Esto ha sido una entrevista de Radio Gurí.


Una audición de Radio Gurí
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La emisora más oriental de los pagos rioplatenses.

Eden de dios


- Vamos, vamos, no te quedes atrás, acelerá - me decía Daniel. El auto apenas subía, dado que la cuesta bordeaba la montaña. Desde mi lado veía un gran precipicio a medida que el coche a duras penas subía el escarpado. A través de la otra ventanilla se veía una pared de granito. De mi lado, el borde del acantilado estaba salpicado de nubes bajas que cubrían el valle.

Con los últimos estertores del motor, el coche se detiene al final de una curva donde había una casa de adobe y paja. Teresa y Adriana dos campesinas del lugar vendían desde melocotones, hasta todo tipo de frutas tropicales, así como brindaban un refrigerio para los transeúntes ocasionales.

Era paradisíaco. Al costado de ésta, se veía un valle salpicado de abetos. Daniel me decía: "vamos Ruben a comprar unos melocotones y de paso tomar algo".

Nos sentamos en la mesa, detrás de la casa donde nos detuvimos, así pudimos contemplar el paisaje. En el fondo, allá a lo lejos en el valle, el lago se apreciaba. Un omnibus atestado de pasajeros, bajaba la cuesta por donde veníamos. Era amarillo, su techo estaba salpicado desde gallinas, valijas y las cosas que sólo en ese lugar podían apreciarse.

- Que lugar Daniel. - Nos encontrábamos en la cima donde Dios pinceló el mundo.

Por un instante pareció que el tiempo se detuviese. El vehículo de pasajeros, perdió el control. Derrapó y se fue derecho hacia la casa. No nos dio tiempo a acabar la cerveza cuando sentimos un gran estrépito y vimos desmoronarse la cabaña...


La sandía. Un relato de Esthercita


Aquí Radio Gurí trasmitiendo para todos vosotros, queridos escriba-escuchas desde la zona más oriental del charco rioplatense del ciberespacio.

Con todos ustedes, el locutor de la radio así como Doña Sandia, la entrevistada del momento.

Estimado radio escucha de este foro, dado que: el cerebro se declaró en huelga, falta de pagos y demás reivindicaciones. Si decide seguir adelante, es por su propia cuenta y riesgo. Aclaro, pues.
Yo, El Botija
Locutor de radio Gurí

Nos encontramos en el Plató de la radio Sandy, el corrector, la maestra y Jorgito.

- Doña Sandy, ¿así es que se sintió cómoda donde estaba ubicada?
Nací en el jardín de atrás, imposible parto que aún no han podido explicar. Se llamó al veterinario de la otra cuadra, se le preguntó ¿y por qué? Como no era vaca o caballo o perro o gato, no supo qué decir. Pero, ya que estaba, dio algunos consejos útiles para combatir los caracoles, los gorriones y los elefantes. Todo eso sin cobrar un centavo, aunque eso sí, le regalamos una docena de huevos. Por lo de los caracoles, porque los gorriones no hacen mucho daño. Elefantes, no se vio nunca por ahí.

- ¿Cómo la trataban los humanos, doña?
Me trataban bien. Me hallaba detrás del rosal que plantaron el año pasado y al costado del gallinero. No era muy grande, pero quizás por juventud, no por miserable. Toda verde y blanca. Me pusieron como nombre: Sandy. Me lavaban todos los días para que luciera hermosa, me secaban con un trapo limpio, en fin, me cuidaban muchísimo.
Le enseñaron al nene a no tocarla y a los perros a no hacerme pipí encima. Convencer a las hormigas que no se acerquen fue un poco más difícil, pero luego de aniquilarlas completamente lograron convencerlas. Todas las noches mi la mujer me ponía un nylon encima, por el frío. Y claro, si no llovía había que regarla; de eso se encargaba el hombre, que del agua sabía mucho porque hacía changas como bañero en el balneario.

- Qué opina don Corrector?
Permítame tomar un sorbo de tinta del baso, Botija. Carajo, este tal Jorge logró escribir incluso fin con faltas de ortografía.

- ¿Y usted Maestra?
Muy bien diez, Jorgito!! Sigue adelante!!! Estoy segura que tu próxima audición será todavía más linda.

Estamos pasados de tiempo. Hay varios emails, SMS, y notas dejadas en el contestador. A Juan, el que arregla las composiciones y atiende el teléfono lo tienen loco. Corre de un lado para otro con su muñeca inflable.
Les comento de pasada. Dice Lilita: “Será que soy muy simple, o lo que es más probable, que la audición infecta humor a las personas, pero todavía me estoy riendo por el comentario de Don Corrector.”
Otro comentario, éste proveniente de Juan Pang: “Acabo de iniciar la semana con una sonrisa. Me he divertido con todos: el niño, el corrector y Sandy. Gracias por tan divertida audición. Saludos.”
Según Ñam8, sito textualmente: “jua, jua, jua... Hola Esthercita, me encanta como empieza el cuento. El primer párrafo no tiene desperdicio. Sólo una cosa, el elefante... No sé cómo explicarlo... es el típico animal exótico susceptible de aparecer en todo cuento mágico-surrealista, no sé...”

- Para terminar, ¿qué opina doña Sandía?
Pues que me alegro que se hayan divertido. Les confieso que me senté a escucharlos porque, justamente, estaba necesitando un poco de humor para combatir el cansancio (que es más difícil que combatir a los caracoles). Al final, Sandy parece que resulté un tanto tierna y querida. Así que Juan, si empezaste un lunes con un poquito más de ánimo, está todo bien. Como dice Lilith, no da para críticas complicadas.
Aunque, Ñam, tomo nota de tus observaciones con respecto a un par de frases. Tienes razón!!!. Y lo del elefante...bueno, justamente, es exótico..es en lo que Jorgito pensaría, puesto a fantasear, no?

- Bueno, queridos escriba-escuchas. Esto a sido todo por hoy.



Una audición de Radio Gurí
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Un pestañeo de vida

Era una sala, o así lo parecía. Dos cosas se destacaban por encima de otras que se me antojaban en penumbras, o se hallaban ocultas en la oscuridad. Todo se me antojaba que era una sala, pero, no lo era.

Lo que fuere.

Lo primero que se destacaba era el haz de luz. Luego seguía el suelo. En lo referente al primero, de forma cónica iluminaba verticalmente desde arriba hacia abajo. Se notaba la forma cilíndrica que iluminaba el suelo. Más allá, el haz la luz se difuminaba hasta desaparecer en la oscuridad total.

En referencia a lo segundo, el suelo. Este era liso, monolítico y negro. Ninguna rugosidad presentaba al tacto. Que fue lo primero que hice, agacharme y palpar la forma del mismo. Si hubiese paredes y techo, no se percibía de modo alguno.

- ¿Qué estoy haciendo aquí? – Me preguntaba hasta que todo se precipitó.

De lejos, como una sombra que iba paulatinamente adquiriendo forma humana, un hombre comenzaba a acercarse a donde me hallaba, el centro de luz. Vestido como un monje de la edad media, éste se sentó en la silla que traía consigo, dentro del haz de luz pero alejado de mí. A su derecha, una veladora de pie y una mesita donde reposaba un libro. Comenzó a leer para si mismo, mientras acomodaba sus gafas.

- Heyy, tu. ¿Quién eres? – Pregunte en forma bien audible, mientras me mantenía en pie.

Como no me contestaba me acerqué a él, gire alrededor del mismo, pero, seguía en su lectura, no mostraba señal alguna de mi existencia en dicho lugar. Para él, no existía.

- Hombre. - Dije, casi gritándole.

Cuando puse la mano en el hombro, ésta desapareció dentro de su cuerpo, pero seguía viendo lo que había detrás del mismo.

- Ya. Es un holograma. – Pensé para mí.

El seguía con su lectura, ahora sólo se había cruzado los pies. Al terminar la página, continuó con la siguiente, sin antes, no olvidarse de tomar un sorbo de agua, ya que el vaso se hallaba sobre la mesita. Reacomodó de nuevo las gafas y siguió leyendo.

- Vamos a ver cuanto real eres. Me dije.

Tomé impulso y corrí directo a él. O se desviaba, o le caminaba por arriba pasando mesita, veladora de pie o lo que existiese. No se inmutó, lo crucé de lado y me frene al otro lado. Lo volví a hacer y nada.

- ¿Y esto? – Me dije.

Bueno. Me puse frente a él, con una silla en la mano. Me sentaré y no me moveré hasta que note mi presencia. Al hacerlo, me caí de bruces al suelo. La silla había desparecido.

El seguía en su lectura, tranquilo.

- Ufa. Ya me está cansando. Veremos cual real eres. - Pensé.

Tomé mi catana, mi espada japonesa, y me puse en posición de ataque. Descargué un golpe certero de arriba hacia abajo y costado, apuntando cortar desde al primera cervical hasta rozar el hombro izquierdo. No pasó nada. El hombre seguía ahí., tranquilo enfrascado en su lectura.

- No eres real. – me dije.

Ya casi desistiendo, me dije esto no puede ser. Corrí con todo mí ser de costado tratando de volcarlo de su silla. Cuando crucé a trabes de él, esta vez si hubo un cambio imperceptible.

Un instante en el tiempo muerto.

Lo veía de costado, con su libro en el regazo. Corría para golpearlo nuevamente, y fui a cruzarlo todo se hizo en cámara lenta. Al traspasar su cuerpo vi dentro de él, dos macizos montañosos, una selva exuberante, y un cielo con pocas nubes. Terminé de cruzarlo y casi me caí por el envión que traía. Me levante y lo miré.

El seguía en al postura anterior, salvo que esta vez, depositó el vaso de agua vacío sobre la mesita, apagó la luz, tomo su silla y se fue por donde había venido.

Instantes de sueños y no tan sueños.

- ¿Eso era lo que querías que escribiese? – Mi libro que siempre a descansado sobre la mesa de luz de mi dormitorio me decía.

-Hee. Hee. Uia me quedé dormido en el sofá. - Me levanté y me fui a acostar como correspondía.


Rubinstein
http://rubinstein.blogcindario.com/
Gurú de las Artes predictivas y mentalistas.
Viajero y guerrero astral. Médico en lo paranormal.

La gurisada


- ¿Una monedita? – El niño corrió hacia mi cuando iba a hacer las compras de la casa.

Un rancho de lata en los suburbios de la metrópoli.
Camino de tierra en la zona perimetral de la ciudad. Una manada de perros, flacos, sarnosos, corrían por aquí y para allá, ladrando a todos los que por allí se aventurasen.

Algún foco de luz por allí, otro por allá. De un lado casas de adobe y latas recolectadas por las personas que habitaban el barrio. En vez en cuando un taxi pasaba, tratando de ir lo más rápido posible. Destino. Sólo dios y el chofer lo conocían. El día, como otro de los tantos.

El sulky, el medio de transporte, si era el bien más preciado. Un carromato tirado por un caballo que a duras penas podía con sus huesos. A tres cuadras de ahí, la calle pavimentada, cada tanto se arrimaba algún que otro colectivo.

Un momento en la vida en la barriada.
Gran bullicio. Sirenas. Algún que otro camión en hora pico, se detenía para descargar materiales en algún que otro comercio. Zona llena de edificios y otros en construcción. La casa de la viejita de al lado, que había fallecido tiempo atrás, aparecía con un cartel muy grande, “Edificio en construcción próximamente”. Puestos de venta en la vereda, colocados sin permiso vendían hasta la abuela si podían. Los negociantes, ubicados allí desde hacía mucho, los querían correr.

Una pequeña empresa se había instalado hacía un mes, ahora cerró. Las ganancias no daban para mantener los impuestos, tributos y aranceles que el Estado exigía. Consecuencia, más gente al Seguro de paro.

Un momento en los suburbios.
Doña Nicanora se hallaba en un parque sentada, frente al hipermercado. Con ella, cuatro niños de distinta edad y procedencia. Un bolso a su lado. Dentro de él, ropa sucia y raída.

Cada persona que pasaba por la puerta del negocio o simplemente caminaba por la vereda, como manada de perros los niños salían a su paso. Era tiempo de escuela, pero ellos no iban, si, estaban vestidos de colegiales. Algunos les daban pena y recibían una bolsa de leche o arroz. Pasada ciertas horas, se subían al sulky, y revendían lo que la gente les obsequiaba, en un Mercadillo de Pulgas en los suburbios.

El Estado le suministraba atención médica, algo de dinero, creaba escuelas en las zonas más cadenciadas. Ellos, usaban el dinero para comprarse un celular. Detenían el sulky frente al contenedor de basura en cualquier parte de la metrópoli, hurgaban dentro, ajenos al bullicio que ocasionaban por la detención del tráfico. Se les denominaban Recolectores de basura, cobraban por kilo de material reciclable seleccionado.

-¿Una monedita? – El niño corrió hacia mi cuando iba a hacer las compras de la casa.

- Si nene. Toma….

Nota.
Me olvidaba, - ¿Una monedita por favor? – Necesito para el colectivo, Me robó la gurisada. Perdón los botijas, niños, como gusten decirlo.

Ahh…Si no lo dejo, y me defiendo de la jauría de botijas. Voy preso.