Un libraco enamorado. -Entrevista a Rubinstein

Más vale tarde que nunca. Haciendo una revisión de relatos pasados, me encontré con el comentario de una hermana argentina, que le pido mil perdones por no haber contestado como correspondía. Me refiero a ti Susana Rodríguez.

En virtud de ello, me tomé el atrevimiento de hablar con El Botija, el locutor de Radio Gurí. Estuvo de acuerdo, luego de una cena de entrevistar al afamado Rubinstein.

Pasó el tiempo y por motivos que no vienen al cuento, desempolve de un armario una vieja entrevista que El Botija había hecho y por asuntos ajenos, huelgas de por medio, la Radio Gurí no lo pasó en su época.

Es así que, solicité a EL Botija si podía emitirla. Los tiempos han cambiado, y si se dio la oportunidad, de emitirlo al ciber espacio para que los escriba-oyentes del foro.

Tengo el grato honor de pasarles la emisión que no fue trasmitida en su época. Espero que la disfrutéis, tanto como yo.


Una emisión de Radio Gurí.
Radio Gurí tiene el gran honor de ser visitado por el Gurú por excelencia, maestro en las artes predicativas, guerrero y viajero del más allá. Os presentamos a Rubinstein y su famoso libro el libraco enamorado.

-Es un gran honor para nosotros tenerlo de nuevo por el Plató Rubinstein.
El honor es mío Botija. Un hombre de mediana edad, medio calvo y con gustos de los habanos cubanos se hallaba frente al locutor. Decía eso, mientras depositaba sobre la mesa oval de caoba, un vaso de agua.

- Para los escriba-oyentes, que no tuvieron el privilegio de conocerlo, ¿podría decirnos como fue que su libro de confidencias, que siempre descansa en su mesa de luz se enamoró?
Si. Fue en una noche que me encontraba volando por encima de una espesa selva. Por encima de mi cabeza se hallaba un manto de nubes rojas, con una textura movible. Adquirían por momentos forma humana parte de huesos de almas en pena. Le decía al libro que tenía una historia para comentarle, y el me tomó el pelo. El siguió descansando, se denotaba en el hecho que cuando respiraba las hojas del mismo se hinchaban, cual el aire entrase en los pulmones. Se hallaba como ido, como enamorado. Vio.

-Reacuérdenos la historia Rubinstein.
Era como si una cámara planeara entre el cielo y la tierra. Salvo que no era en el plano terreno. Entre planicie, montañas y quebradas un manto verde oscuro pasaba rápidamente por debajo de mí. Entre ese manto de nubes y lo que sería el manto arbóreo, sobrevolaban “las aves del trueno”, esto es, eran unas aves enormes, mucho mayor que los aviones que podemos contemplar hoy. De golpe me encontré ante un viejo y añoso cementerio. Las arcadas de hierro estaban llenas de moho y carcomidas por el paso del tiempo. Encontré una lápida sin nombre. De momento hubo otro cambio de escena. Y entré en la misma que se hallaba tapada de zarcillos y maleza. Había una escalera metálica que daba a un recinto vacío.
Sólo una puerta de metal forjado abierta.

Pasé por la puerta, y me encontré ante un jardín lleno de alimañas, ratas e inmundicias por doquier. Los árboles cubrían el pasaje, Sus ramas poseían vida propia. Las ramas se movían solas y formaban figuras de esqueletos vivientes. El suelo estaba cubierto de una enredadera que quería tragarme los pies y jalarme para abajo.

- Espere Rubinstein. Tenemos una cantidad de SMS, no dan a vasto los operadores de la Radio. – Vo Juan dejá esa muñeca inflable y rebobina que no tenemos tuito el día. Disculpe Rubinstein, Juan es el operador de la consola, y siempre con sus gustos atrofiados.
No se preocupe Botija, entiendo perfectamente.

- Mire Rubinstein tenemos un tal Boris Rudeiko que le envió un SMS y dice, sito textualmente: “Un diálogo muy imaginativo. Saludos”
Gracias Boris por pasar a escuchar. Le mando un saludo grande, y espero encontrarlo en el más allá. No se me asuste, lo digo si viaja, nos tomaremos alguna cerveza negra, de las alemanas.

-Mire un tal Lanzas le manda decir Rubinstein: “Una plática muy original sobre los "libracos" que guardan tantas aventuras y tantos cuentos.
Gracias Lanzas, por escucharme. Veo que siguen atentamente la entrevista Don Botija. Y tenemos más. Pero lo pasaremos más adelante.

- Recién nos decía que entró en una lápida, y que la misma que se hallaba tapada de zarcillos y maleza. Había una escalera metálica que daba a un recinto vacío. Sólo una puerta de metal forjado abierta.
Cierto Botija. Pasé por la puerta, y me encontré ante un jardín lleno de alimañas, ratas e inmundicias por doquier. Los árboles cubrían el pasaje, Sus ramas poseían vida propia. Las ramas se movían solas y formaban figuras de esqueletos vivientes. El suelo estaba cubierto de una enredadera que quería tragarme los pies y jalarme para abajo.
Era un rancho a dos aguas de tierra y adobe cubierto por la maleza exuberante de alrededor. Había una pequeña escalera de dos escalones cubierta por la espesa vegetación. Al entrar había un gran salón, recubierto de madera desvencijada, y entre los intersticios de ésta se colaban raíces y la hiedra. Las hojas putrefactas estaban por doquier en el suelo de barro. Había una estufa a leña apagada y carcomida por el tiempo frente a mi Delante de ella estaba colgada por cadenas una mujer a punto de dar a luz, atada de los tobillos y las muñecas abiertas, estirada vertical al suelo. Las cadenas nacían desde el techo y desde el piso, haciendo que esta alma estuviese colgada a medio metro en el aire sin poder moverse. Se notaba en las facciones de la finada, que su boca había sido atada con un hilo de coser matambre. La escena era como si un camarógrafo tonase esta desde arriba y la pared externa del rancho. O sea mi cuerpo estelar estaba sumergido entre las maderas del rancho.

- Disculpe Don Rubinstein, Juan me esta haciendo señas que tiene una cantidad enorme de llamadas de teléfono. Empecemos por algunas.
Como usted desee señor locutor.

-Si, ¿quién habla?
Maria del Carmen, señor locutor.

- ¿Qué desearía comentarle al señor Gurú de las artes predictivas?
Gusto en escucharlo Rubinstein Rubula, me estoy enamorando de usted y su libro, bueno me gusta más el libraco, lo único que nunca entendí ni entiendo porque el libraco debe ecuchar en vez de dejarse escuchar. Es sólo una duda.
Estimada María.
No me nombre al libraco ese que estoy por botarlo por una dactilógrafa que no me cuestione tanto.
Este libraco lo heredé de épocas remotas. Ya poseía su personalidad.
Ahora que esta un tanto añoso, no hay quien pueda con él.
Posee un temperamento de los mil demonios. Le encanta que le rasque el lomo y como esta un tanto gastado, me pide una encuadernación mas "Barby", no se si me entiende. Se quiere hacer un lifting de encuadernación.

Bueno Rubinstein, como siempre el tiempo se nos fue volando, Antes de irnos una última. ¿Cómo terminó la historia?
Por momento no volaba una mosca. Aunque hablando de ello. Se notaba en las facciones de la finada, que su boca había sido atada con un hilo de coser matambre. Mi cuerpo estelar estaba sumergido entre las maderas del rancho. Dos hombres, eso era lo que parecía ser, con capas oscuras y pistolas láser en ambas cinturas entraron y se pusieron de guardia en lo que sería la puerta. Si se puede decir, ya que esta no poseía madera ni marco. Eran humanos que procedían de una galaxia muy lejana. Tan lejana, que no figuraba en ningún mapa estelar del Reino. El general entró en el rancho carcomido. Los dos guardaespaldas se hallaban a los costados de lo que en otra época fuese una puerta. Las alimañas corrían de un lado a otro, y se escondían en la oscuridad de los intersticios de la madera putrefacta. Cuando se acercaba a la mujer colgada mediante cadenas, las enredaderas, hiedras y demás especies rastreras dejaban el surco para qué este llegase a su destino. Se acerco a la victima y con la mano izquierda la tomó del pómulo y la observó. Las facciones no existían. Su boca era una línea, lo que serían sus ojos, sólo estaban las cuencas de los mismos. De nariz, ni hablemos. La suelta y pone su mano diestra en el vientre de la embarazada.
-Esta a punto –tronó.
-Buen trabajo-concluyó.
Extrajo un cuchillo de mediano porte y se disponía a desviscerarla. Hasta ese momento había estado de observador. En su pecho noté el crucifijo que la hacía participe del Reino del Señor. Terminó en la Clínica.


Buenos señores y señoras, queridos escribas escuchas, esto a sido todo por hoy.



Una audición de Radio Gurí
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La emisora más oriental de los pagos rioplatenses.