Un mundo de sueños

Un mundo de sueños
Cap. 1 – La selva


...te torturás vos
-yo dejé de echarle la culpa a dios cuando me di cuenta que es culpa de los humanos
-y dejé de echársela a los humanos cuando me di cuenta que es culpa mía
-y no me reproché más cuando descubrí que lo hago a propósito.


La sala no tenía contornos ni relieve. Un espacio muerto sin paredes ni techo. Una luz iluminaba desde arriba, por lo que me percaté de la existencia del suelo. Parecía surgir desde un punto arriba dando la sensación de un cono. En el medio del mismo, me hallaba parado. Fuera del círculo penumbras existían, más allá, oscuridad. Siento que alguien se acerca, la imagen al principio es borrosa pero poco a poco a medida que la luz lo envuelve, el contorno humano se hace visible. Trae una silla consigo. Se sienta delante de mí y me observa.

-¿Qué? – Digo, no recibo repuesta únicamente se dedica a observarme.

La selva.
Me hallaba bordeando un acantilado, donde la vegetación era tan espesa y exuberante que costaba cruzar. El cielo no se veía, si un resplandor púrpura. Cuando caminaba sentía el zigzagueo de los arbustos y las ramas abrirse paso y cerrarse luego de cruzar por cada lugar. Tobías, mi guía me acompañaba en la prueba. Llegamos a la cima del desfiladero, en la cima del acantilado, y por vez primera pude apreciar el entorno en que me hallaba.
A la derecha del acantilado, una catarata caía rugiente hacia un vacío insondable. Dos líneas de montañas cortaban el terreno, como si con un cuchillo fuese creada. Sobre mi izquierda a unos treinta metros se apreciaba un puente en forma de arco que unía los dos macizos montañosos. El cielo se hallaba encapotado y en la lejanía se veía llover.

- ¿Esta seguro de seguir, guerrero? – escuchaba a Tobías decirme, mientras me hallaba exhorto en medio de la vegetación exuberante, tanto por la forma del paisaje como su fauna y flora.
- Si contesto. Sin mirar.
-¿Cree en los sentidos Rubinstein? – Tobías me dice arropado con el típico atuendo de un monje de la edad media.
- Si.
- ¿Seguro? – siento su voz en mi cabeza. Lo miro como preguntándome que me quiere decir.
El hombre vestido con la capa de sacerdote medioevo, con una cruz blanca en el pecho estira la mano y me dice: “Observe”

La selva, o lo que ella fuere.
Cuando subía por el acantilado, eso que parecía maleza rastrera y hojas muertas de los árboles, no eran más ni menos que húmeros humanos a medio corroer, con vestigios de carne putrefacta. Lo que se me antojaban hojas, eran pedazos de calaveras, algunas medias partidas, otras con algún ojo suelto y pedazos de mechones de pelo ensangrentados. En todas ellas, se mostraban el sufrimiento y el altísimo dolor que debían soportar.
Cuando cruzaba veía un pedazo de una mandíbula correr hacia mis tobillos. Pero como pasaba desparecían y se convertían de nuevo en maleza rastrera y hojas a medio descomponer.
Al arribar a la cima del acantilado, eso que se me había antojado una cascada de agua tuve que mirar detenidamente más arriba, tres ángeles con las alas cortadas y las muñecas aprisionadas con grilletes de hierro lloraban mientras mantenían la cabeza agachada. Las gotas se tornaban hilos de sangre que formaban una catarata. La cima de la catarata poseía la forma de un rostro desencajado con la boca abierta mostrando unos pocos dientes y carcomidos por las caries y una encía llena de pus.
Lo que era un puente que unía los dos acantilados eran cuerpos en descomposición y calaveras que al cruzar querían morderme, mientras que alguna mano, con algo de carne en los huesos y sangre coagulada pretendían asirse de mis tobillos. Las nubes, estaban formadas de cuerpos de humanos en descomposición que efecto del peso caían a la selva. Era la lluvia que había observado anteriormente en la lejanía.


- ¿Esta seguro de seguir, guerrero? – escuchaba a Tobías decirme, mientras me hallaba exhorto en medio de la vegetación exuberante, tanto por la forma del paisaje como su fauna y flora.
- Si contesto. Sin mirar.
-¿Cree en los sentidos Rubinstein? – Tobías me dice arropado con el típico atuendo de un monje de la edad media.
- Si.
- ¿Seguro? – siento su voz en mi cabeza. Lo miro como preguntándome que me quiere decir.
-Sigue creyendo en los sentidos. Lo miro sin estar tan seguro y le contesto que si.

El monje del medioevo hace un movimiento de manos y en el cielo de color púrpura se aparece la figura de octaedro. Se caracterizaba por los colores del aura. Flotaba ante mí, y giraba. Por cada giro un color distinto se producía en cada las caras del mismo.


Un mundo de sueños
Cap. 2 – El Octaedro

...te torturás vos
-yo dejé de echarle la culpa a dios cuando me di cuenta que es culpa de los humanos
-y dejé de echársela a los humanos cuando me di cuenta que es culpa mía
-y no me reproché más cuando descubrí que lo hago a propósito.


¿Esta seguro de seguir, guerrero? – escuchaba a Tobías decirme, mientras me hallaba exhorto en medio de la vegetación exuberante, tanto por la forma del paisaje como su fauna y flora.
- Si contesto. Sin mirar.
-¿Cree en los sentidos Rubinstein? – Tobías me dice arropado con el típico atuendo de un monje de la edad media.
- Si.
- ¿Seguro? – siento su voz en mi cabeza. Lo miro como preguntándome que me quiere decir.
-Sigue creyendo en los sentidos. Lo miro sin estar tan seguro y le contesto que si.

El monje del medioevo hace un movimiento de manos y en el cielo de color púrpura se aparece la figura de octaedro. Se caracterizaba por los colores del aura. Flotaba ante mí, y giraba. Por cada giro un color distinto se producía en cada las caras del mismo.

El Octaedro.
- Posee los colores del aura humana – Digo a Tobías, mientras observo esta figura flotar en medio de la nada, entre los dos acantilados y delante de la cascada de sangre que corría a nuestro lado.

- Acérquese – Escucho la voz decir.
Con un giro de muñeca le disparo una bola de energía al centro del mismo. Un rayo de luz me golpea en la cabeza, haciéndome caer sobre un árbol añoso como el tiempo mismo, dejándome medio cegado.
El monje se acerca y se arrodilla a mi lado. –Se encuentra bien – escucho decir.
- Si. – Contesto como un autómata y sin saber que pasó. Me levanto y vuelvo a acercarme al mismo.
- Debes decirle gentilmente, que estas en una prueba y debes seguir tu camino, identificándote de por medio.- el monje del medioevo me dice y observa a la bola girar. En cada giro por cada capa, cambia de color. Dentro del mismo, los colores parecen fusionados, pero no.
Es así que me identifico, y que estoy ante una prueba dada por el Concilio de los Tres Grandes, que soy aprendiz, y que para seguir a la nueva etapa de la misma debía cruzar por medio de él.
El octaedro deja de girar por un instante y se me acerca una cara del mismo, con el mismo color de mi aura. Se detiene ante mi cara por un momento que me parece una eternidad.

- ¿Qué esta haciendo? – Pregunto a Tobías.
- Shhh, lo esta evaluando.
-Ahhh. –Atino a decir.
Dicha cara cambia de color y se torna blanca, pero con relieves.
- Cruza. – Escucho decir cuando mi cuerpo astral pasa por dicha puerta.

Ahora me hallo ante una gran ciudad, llena de rascacielos y movimiento. Una gran avenida de doble vía se interpone entre nosotros y la ciudad. Detrás de mi, una gran avenida de peatones y más allá el océano.

- ¿Esta seguro de seguir, guerrero? – escuchaba a Tobías decirme, mientras me hallaba exhorto en medio de la vegetación exuberante, tanto por la forma del paisaje como su fauna y flora.

- Si contesto. Sin mirar.
-¿Cree en los sentidos Rubinstein? – Tobías me dice arropado con el típico atuendo de un monje de la edad media.
- Si.
- ¿Seguro? – siento su voz en mi cabeza. Lo miro como preguntándome que me quiere decir.
- Observe.

La gran metrópoli desaparece. Aparece la Gran Sala. No tenía contornos ni relieve. Un espacio muerto sin paredes ni techo. Una luz iluminaba desde arriba, por lo que me percaté de la existencia del suelo. Parecía surgir desde un punto arriba dando la sensación de un cono. En el medio del mismo, me hallaba parado. Fuera del círculo penumbras existían, más allá, oscuridad. Siento que alguien se acerca, la imagen al principio es borrosa pero poco a poco a medida que la luz lo envuelve, el contorno humano se hace visible. Trae una silla consigo. Se sienta delante de mí y me observa.

-¿Qué? – Digo, no recibo repuesta únicamente se dedica a observarme.
- Retorna – escucho decir escuetamente. Mi cuerpo astral se desvanece en medio de un instante de luz. He vuelto a mi cuerpo físico.



** Fin **


Rubinstein
http://rubinstein.blogcindario.com/
Gurú de las Artes predictivas y mentalistas.
Viajero y guerrero astral. Médico en lo paranormal.



Un mundo de sueños
La entrevista



Aquí Radio Gurí trasmitiendo para todos vosotros una entrevista al afamado Gurú de las artes predictivas y mentalistas, estamos hablando nada más y nada menos que del señor Rubinstein.

- Un gusto de nuevo tenerlo por el plató.
Lo mismo le digo Botija.

- Tengo en relación a su último escrito denominado “Un mundo de sueños”, interesante novela de contrastes que nos transporta a un mundo de épocas encontradas según un espectador que leyó su última novela. ¿Conoce a Lanzas?
No. No lo recuerdo Botija. Leyó su novela y nos mandó un SMS a la redacción de la Radio, una serie de preguntas.

- Puede aclararnos que motivó esa redacción, Rubinstein?
Verá usted, se trataba de una prueba de habilidad, para mostrar si la realidad que estamos inmersos, el mundo tangible, nuestras vidas, que tanto nos aferramos, es tan real como lo es un sueño muy vívido.
Disculpe al libraco, es que me mira molesto, pues no le gusta que hable sobre lo que él, debe escuchar en confidencias.

- Ahh, vino con su amigo de cabecera. Es ese de tapas bordadas. Recuerdo una anécdota cuando él estaba enamorado y usted quiso comentarle una anécdota de una alma perdida de hacía mucho tiempo.- acoto.
Tiene buena memoria Botija, - el libraco se acurruca más entre sus manos.

- ¿Siempre fue tímido su libro de confidencias?
No. Lo es cuando lo saco como es en esta ocasión.

- Sobre “El mundo de sueños”, que no a sido lo suficientemente promocionado, ¿puede explicarnos a nosotros los simples mortales, que no nos desdoblamos como lo hace usted, como es el caso de su anteúltimo libro, denominado “El niño”, ¿cómo hace para viajar.
Se siente toser al libro, como indicándole ¡Cuidado con lo que dices!. Se denotaba en el hecho que cuando respiraba las hojas del mismo se hinchaban, cual el aire entrase en los pulmones. El libro se hallaba nervioso.
Verá Botija, no es que me desdoble simplemente se abren portales a otras dimensiones paralelas al mundo terreno. Son mundos tan reales como es el que estamos ahora.

- No todos podemos alcanzar eso, Rubinstein, accedamos a ello.
Efectivamente Botija, en ello radica el asunto. –Si. Descubrites la gallina de los huevos de oro Nop. Te equivocas libro pillo. Disculpe Botija es que el libro es un tanto entrometido. No te metas libraco o no te saco más, ¿me escuchaste?.
- Me sacaste de un sueño con una preciosura. Vestía minifalda negra, con detalles plateados, zapatos de taco con punta cerrada y una remerita blanca que dejaba uno de sus hombros al descubierto. Su cabello castaño claro, lacio, apenas tocaba sus hombros, y un flequillo casi espumoso acariciaba sus pestañas. De que me estas hablando ahora libraco, te voy a poner en penitencia. -Te hablaba que soñaba con una hermosa encuadernación de lo más feminista y hermosa. Estoy enamorado, mis hojas palpitan al son de sus movimientos ondulantes.
Ya te voy a dar salir con un libro de anaquel femenino. –No me regañes.
Disculpe Botija, no puedo seguir, siempre es tímido y le cuesta hablar cuando se halla afuera, Ahora se le dio por hablar por demás.

- Esta bien Rubinstein , pero antes una última pregunta?
Diga.

- Los principios físicos que rigen esos mundos paralelos, son similares a los que existen en el mundo terreno?
Todo se basa en el principio de la incertidumbre Botija. Esta prueba consistía en saber diferenciar lo real de lo imaginario.

Gracias Rubinstein, Y con ello damos por terminado esta audición.

Retirándose.
–Si; te tomaste todo cuando saliste de cena con tu esposa; ¿qué te cayo mal?
¡Hay libraco…! Que voy a hacer contigo. –Dejarme soñar con esa hermosura de encuadernación fíjate que el relieve poseía: 1.76 mts, una cintura de 62 cm, caderas de 90 cm y unas tetas de 95 cm, que con una espaldita más bien chica parecen más grandes. Lo mejor son sus pezones, rosados, sin desagradables cicatrices, de grandes aureolas. Pechos suaves, chupables.
Me estas hablando de la cara que tenía la encuadernación. –¡Hayy, el amor! Este flota ante mis narices y suspira hondo, se denota en como se inflan las hojas.


Una audición de Radio Gurí
http://radioguri.blogcindario.com
La emisora más oriental de los pagos rioplatenses.