Un alma entre otras

Tengo algo para contarte libro.

- Déjame en paz Rubinstein. Hoy no tengo mucho humor.
El libro se hallaba reposando sobre la mesita de luz, pero poseía la encuadernación arqueada hacia abajo como cabizbajo.

Ya se si me dejas hacerte una confidencia, te prometo que podrás ir al anaquel femenino que tanto te gusta. No digas que no lo se pues amas esa encuadernación tipo barby toda repujada y delicada.

- Me pondrías una encuadernación mejor y más moderna, y me dejarías bailar con la del otro estante. Esa que es como Jennifer López.
Si, si me dejas contarte la historia que tengo para ti.

Siento un aire en la cara, producto del movimiento de hojas cuando este se estira alegre y radiante.

- Soy todas hojas nuevas para ti, papi.

El nosocomio
El pasillo del nosocomio se hallaba atestado de personas, unas en sillas de ruedas, otras los enfermeros acompañaban los pacientes, llevando suero que corrían por sus cuerpos. Algunos estaban vendados y otros enyesados.

- Ja quieres que ponga eso, ¿quién se lo va a creer que no seas vos?
No seas tan inquisitivo libraco, que si te quiero narrar una historia.

- Si de esas fantásticas, como el mundo de maravillas y las hadas madrinas. Déjame en paz Rubinstein.
Mira que tengo acá – La encuadernación de su sueño, bien femenina reposaba en mis manos.- ¿No era qué querías salir con ella?

El libraco se para sobre su grosor y comienza a levitar de alegría moviendo las hojas de un lado a otro.
-Ahora me tienes todo para ti, ¡Cuenta, cuenta! Mientras se ponía rojo de vergüenza ante esa encuadernación que lo miraba indiferente.

El hombre.
Una anciana se hallaba junto a su hijo mayor en el pasillo del cuarto piso del nosocomio. Era El Centro De Cuidados Intensivos, CCI como lo conocían los internistas. Cuando arribé, el médico le decía que no tenía mucho tiempo de vida. Su esposo, poseía cáncer de pulmón.

-Ja, y de golpe salio de fiesta el inminente finado. Andá a contar esas sandeces a otro
Libraco…
- Esta bien papacito.


La sala de cuidados intensivos
La habitación donde el anciano se encontraba, en se hallaba penumbras. El hombre yacía en la cama, con una máscara adosada a su nariz. La poca luz que en esta se veía era la de los equipos de sustentación de vida.

- Si, y ahora el cristiano se va a bailar la samba, a Río de Janeiro.
Libraco…
- Esta bien papacito. – el libro me retrucaba.

Cuando miraba los monitores, fue cuando escuche la voz.
- Zaz, Rubinstein y sus delirios. ¿A quien viste? - al Papa.


Una conversación sin trascendencia
- Esa alma no es para ti – la voz me dijo.

Cuando me di vuelta, vi un señor muy pulcro, con traje de Armani, pelo corto bien arreglado y corbata haciendo juego con su vestimenta un hombre vestido con ropa de Armani sacando del bolsillo interior de su saco negro una cigarrera de plata donde tenía unos pitillos. Se disponía a encender uno.

- Zaz, el hombre mono vestido de gala.
Libraco, te voy a reventar.

- ¿Por aquí de nuevo? – le dije.
Este aspiró profundamente el cigarrillo, y me manifestó: - ¡que rico se siente! - Mientras una voluta de humo se esparcía por la sala.
Me miró y respondió: - Pues si. Eres el hombre que viaja entre el mundo de los vivos y los muertos.
Tengo trabajo que hacer. Así que hazme el favor, no interrumpas. – le mencioné.
- Tengo toda la eternidad, y si me gustaría saber como lo salvarías, de todas maneras a de ser mío – El convidado contestó.

Desplegué un velo que cubría al anciano y éste desapareció de la vista de ese extraño. El visitante, miró desconcertado, se levantó y sólo vio la cama vacía. Fue cuando se acercó. Fue repelido por el manto que al salir expulsado hizo que se abriera un portal al más allá.
Lo último que escuché fue: - Jaja, estaremos en contacto nuevamente Rubinstein.

- Esa si que fue la historia Rubinstein. ¿Y quién era ese? – el libro me dijo.
Alguien sin importancia. Solo la muerte libraco. Ahora vete a bailar con tu Jennifer.

Me evaporé en el aire, emitiendo una luz en el aire que desaparecía a medida que mi cuerpo astral retornaba a mi estado terreno.


Tiempo después
El hombre se hallaba en el jardín del fondo de su casa, en las afueras de la ciudad. Junto a él unos niños jugaban.
Abuelo… abuelo, se escuchaba decir.



Rubinstein
http://rubinstein.blogcindario.com/
Gurú de las Artes predictivas y mentalistas.
Viajero y guerrero astral. Médico en lo paranormal.