Tiempo muerto

- Socorro. El hombre se sostenía con los dedos de un acantilado. Poco a poco sus dedos se aflojaban. Sobre su cabeza pequeñas nubes corrían lentamente. Una corriente cálida de aire cruzaba los peñascos afilados como navaja. Muy abajo afloraban las copas de los pinos. Los halcones peregrinos surcaban el cielo, oteando alguna que otra presa, o simplemente disfrutando la corriente cálida que los favorecía e incitaba al vuelo.

En algún lugar intermedio.
La ruta serpenteaba ondulante por la montaña cubierta de vegetación tupida. Un Land Rover Discovery surcaba raudo por la misma, cruzando valles y picos. Cada tanto un túnel cortaba un peñasco y salía a un precipicio por el lado del acompañante. Por el lado del conductor una pared de montaña cubierta de vegetación sumamente agreste y salvaje, por momentos se entremezclaba con la puerta del conductor.
Steven, un hombre del entorno de los cuarenta y tanto años, de origen galés manejaba el todo terreno.

Entre el aquí y el allá. Tiempo muerto.
Cuando asomé la cara por entre los peñascos, que cortaban a filo de navaja la montaña, un hombre de unos cuarenta y tanto años lo veo venirse abajo. Lo único que escuché cuando eso sucedía era un desgarrador – ¡SOCORRO…! que desvanecía mientras el cuerpo iniciaba la caída libre hacia abajo.

- ¿Y qué más observó?

En algún momento – Imágenes inconexas.
Una curva cerrada, El Land Rover Discovery derrapando. Pequeñas piedras se desprendían del barranco, acción de las ruedas todo terreno. Un camión ascendiendo por la cuesta. El hombre intentando un esquive, pero no lo puede controlar. El vehículo cae, dando vueltas golpea varias veces contra la roca terminando en una parte de la carretera, cien metros más abajo.

Entre el aquí y el allá. Tiempo muerto.
-Si eso se vio claro. Lo que nos interesa es ¿Qué hizo usted? -No se si llego a ser claro.

En algún momento – Imágenes inconexas.
Me encuentro mirando el cuerpo que se desvanecía por la distancia. Extiendo mi mano derecha. El conductor es izado lentamente hacia arriba, cuando las leyes de la física indicaban que eso no podía ser. Es así que el conductor es depositado sobre una roca en la saliente. Con cara de asombro e incredulidad, y el corazón latiendo fuertemente, pregunta.
-¿Quién eres? -¿He muerto?


En algún lugar intermedio.
El Land Rover Discovery, era un pedazo de chatarra. Detrás de él había una ambulancia. Delante un camón y una grúa que levantaba lentamente lo que en un momento atrás era un todo terreno.
- ¿Morí? – Steven me preguntaba mientras se sentaba tomándose con las manos su cabeza
-¿Eso deseas? –contesto.
- No.
- Vuelve. Y lo jalo hacía su cuerpo.
Los paramédicos que atendían el cuerpo destrozado de Steven en la ambulancia, lo iban a tapar, considerando la muerte clínica como un hecho. Es en ese instante, que los aparatos de sustentación de vida comienzan a emitir el zumbido de que, todavía no esta todo perdido.

Entre el aquí y el allá. Tiempo muerto.
En la sala cerrada, los tres grandes me observaban callado. Escriben una nota y dicen:
- Retorna a tu cuerpo físico. Es todo por ahora.



Rubinstein
Gurú de las Artes predictivas y mentalistas.
Viajero y guerrero astral. Médico en lo paranormal.