El niño


Acababa de arribar al andén del metro y me disponía a esperar el tren, cuando miro alrededor mío. Este, se hallaba vacío. Dos o tres personas desperdigadas a la derecha, perdidas en sus pensamientos o hablando entre ellas. A la izquierda otras tantas pero más separadas. Bueno debo asumir que era tarde en la noche y por tanto pocas personas esperaban la línea que debía abordar.

- Cuéntenos, ¿y qué más vio?

Al notar la poca gente que esperaba por la línea roja, miré el reloj. Una vez hecho ello, me llamó la atención una señora y un niño de unos diez años aproximadamente que se hallaban a escaso un metro de mi. La mujer no me llamo la atención, de hecho era una más, treinta y tanto, vestida como gente pobre, un sacón gris medio carcomido. El pelo revuelto, eso lo recuerdo bien así como una marca en el pómulo izquierdo. Se notaba que era de una herida antigua.

- ¿Y el niño?

El si me llamó más la atención les diría. Vestía de un pantalón holgado, una campera que le llegaba a la cintura y un pasamontañas. Algunos rulos rubios sobresalían de su cara ovalada y flacucha. Los ojos… Los ojos fueron lo que me llamaron la atención. Estos eran redondos y negros como la noche misma. Percatado del hecho, los olvide isofacto pues arribaba al andén el tren marcado como línea roja.

- ¿Qué hizo después?

Aborde el primer vagón cercano a donde me hallaba y preferí no sentarme, aunque espacio había en cantidad. Me así a una agarradera que estaba sujeta al techo. Dos personas entraron al vagón, y esta pareja que parecían madre e hijo. Esta vez les presté más atención. Su atuendo era de por los años mil novecientos a no mas de mil novecientos veinte. Una anciano, muy abrigado iba a disponer a leer el diario de la primera hora de la noche, cuando decide levantarse y acercarse a mi.

- Cuéntenos sobre él.

Lo que me llamó la atención es que cuando él lo hizo me iba a desviar para cederle el paso, pero el traspasó mi cuerpo como si no existiese. Nadie se percato de ello, seguro ni siquiera él, si el niño, que no dejaba de mirarme a tal punto, que me empecé a sentir incomodo.

- Cuéntenos sobre esa experiencia.

Al sentirme incómodo decidir cambiarme de vagón y me dirigí hacia delante. Al querer abrir la puerta que daba el vagón con el delantero mi mano pasó a trabes de ella, como si de un fantasma se tratase. No me asusté, y pasé por las dos puertas cerradas del tren. Bueno hasta ahí todo bien, al fin y a cabo de un viaje se trataba la cuestión.

- Pasó al otro vagón, ¿y ese niño?

Verán, miré para delante y los costados y se hallaba vacío. Pero algo me hizo voltear la cabeza hacia mi espalda, y si les puedo asegurar que ese niño se hallaba parado mirándome fijamente con esa cara delgaducha y ojos grandes y oscuros como la noche.

- Termine el relato guerrero.

- ¿Quién eres? – pregunté. El abrió la boca como aquel que pone cara de asombro o un tenor en medio de la opera, y no se escucho emitir sonido alguno. La onda sonora fue tan grande que casi me hizo tambalear. Como lo miraba directamente a los ojos, negros como la noche, vi la onda dirigirse a mí en forma tubular. Imagínese como el sonido se propaga a trabes del agua y uno mira las ondas agrandarse en forma de círculo. Así se apreciaba. Desplegué mi escudo, que tengo en la mano izquierda desviándola. Se caracterizaba, por extraño que pareciere, el hecho de no poseer sonido. Apreciaba la energía.

- ¿Y que pasó con ella?

Pues verán rebotó en el escudo, y vi parte de ella esparcirse por el vagón rompiendo los cristales de las ventanas. El niño seguía parado y mirándome fijo.

- ¿Qué hizo para defenderse?

Me desdoblé en dos, para que la atención del pequeño recayese sobre el otro cuerpo astral. Al hacerlo, la postura del rapaz fue otra, ahora se hallaba de costado a mí. El escudo lo apunté hacia el techo, desviando la energía hacia ese lugar. El costado del cuerpo del niño quedó expuesto y le envíe una bola de energía que al colisionar contra él, hizo que el pequeño rapaz se desvaneciera.

- Descanse guerrero. Pongo mis manos detrás de la espalda y abro un poco mis piernas.
A sido todo por hoy puede retornar a su materia física. Una luz se hizo en el cuarto y me desvanecí.

Estaba durmiendo arriba de una roca, escuchando el mar y los pájaros. Había pasado esa prueba, faltaban otras…


Rubinstein
Gurú de las Artes predictivas y mentalistas.
Viajero y guerrero astral. Médico en lo paranormal.