Deja Vu

Recuerdo que era tarde en la noche. Veníamos de cenar y los de arriba no habían llegado a su departamento. Recuerdo que le comentaba a mi señora, esa noche de verano calurosa, pegajosa y húmeda, que todo estaba muy tranquilo. Eso me mantenía nervioso.
Llegamos y nos pusimos a ver una película en AXN, para no acostarnos enseguida. Poco a poco el tiempo nos fue venciendo y los parpados se tornaban cada vez más pesados.

-Esta vez te la vamos a dar cabrón.

Recuerdo, dos horas después haberme despertado. Vi a mi señora descansando y el programa que nos habíamos propuesto ver había terminado hacía horas.-Gra, Gra. – Le decía. Ella seguía durmiendo en el sofá grande del living. Miraba y no daba crédito a lo que observaba.
Acostado en el sofá pequeño, lindero al que mi señora se hallaba, contemplaba dos personas vestidas de negro con capa. Las caras se mantenían ocultas y me observaban. Flotaban delante del televisor y por sobre la mesita de noche que hacía juego con los sofás.

-Esta vez te la vamos a dar cabrón.

Intentaron acercase por el franco izquierdo y derecho. Sentí que mis sienes explotaban al momento que una onda de energía brotaba de mi cabeza. Una luz se interpuso entre ellos y yo. Era una pared plana, lisa y sin muestras de relieve. Era la forma de la energía que se interpuso entre mi cuerpo físico y los espectros que rondaban delante mió. Recuerdo que los envolvió, como si de un capullo se tratase. Una explosión destellante y contenida en ese manto energético se produjo. Mi cuerpo físico fue impulsado hacia delante, generando una serie de movimientos involuntarios. La energía de la implosión se trasmitió por mi cuerpo como una onda expansiva.
Mi señora se despertó, y me vio durmiendo. –Lo dejo –Pensó. Me veía en un sueño placido. –Ya vendrá. –Se fue a dormir al dormitorio.
-Gra, Gra. – Le decía. Ella seguía durmiendo en el sofá grande del living.

En un tiempo impreciso. Madrugada.

-Esta vez te la vamos a dar cabrón.

La luz de la veladora que estaba sobre la mesita del teléfono, brillaba de un tinte extraño. Recuerdo claramente un hombre obeso, marcando un número telefónico. Vestía de payaso, el cuerpo redondo como un balón de fútbol. Mi miró y sonrió. –Tranquilo, tranquilo, sentía en mi cabeza. Era la voz de mi señora que me hablaba.
-Gra, mirá. –No me contestaba. Giré la cabeza hacia la dirección de la voz. No la encontraba.
Dos pasos dio el payaso hacia delante, pasando por medio de la mesa de cena. Fue lo último que hizo. Una luz se interpuso entre ellos y yo. Era una pared plana, lisa y sin muestras de relieve. Era la forma de la energía que se interpuso entre mi cuerpo físico y el payaso de forma de un balón de fútbol que rondaba delante de mí. Recuerdo que lo envolvió, como si de un capullo se tratase. Una explosión destellante y contenida en ese manto energético se produjo. Mi cuerpo físico fue impulsado hacia delante, generando una serie de movimientos involuntarios. La energía de la implosión se trasmitió por mi cuerpo como una onda expansiva.

-Rubinstein soy yo. –Mi señora me decía mientras me propiciaba una serie de sacudones. –Es hora de ir a la cama.