Un alma entre otras

Tengo algo para contarte libro.

- Déjame en paz Rubinstein. Hoy no tengo mucho humor.
El libro se hallaba reposando sobre la mesita de luz, pero poseía la encuadernación arqueada hacia abajo como cabizbajo.

Ya se si me dejas hacerte una confidencia, te prometo que podrás ir al anaquel femenino que tanto te gusta. No digas que no lo se pues amas esa encuadernación tipo barby toda repujada y delicada.

- Me pondrías una encuadernación mejor y más moderna, y me dejarías bailar con la del otro estante. Esa que es como Jennifer López.
Si, si me dejas contarte la historia que tengo para ti.

Siento un aire en la cara, producto del movimiento de hojas cuando este se estira alegre y radiante.

- Soy todas hojas nuevas para ti, papi.

El nosocomio
El pasillo del nosocomio se hallaba atestado de personas, unas en sillas de ruedas, otras los enfermeros acompañaban los pacientes, llevando suero que corrían por sus cuerpos. Algunos estaban vendados y otros enyesados.

- Ja quieres que ponga eso, ¿quién se lo va a creer que no seas vos?
No seas tan inquisitivo libraco, que si te quiero narrar una historia.

- Si de esas fantásticas, como el mundo de maravillas y las hadas madrinas. Déjame en paz Rubinstein.
Mira que tengo acá – La encuadernación de su sueño, bien femenina reposaba en mis manos.- ¿No era qué querías salir con ella?

El libraco se para sobre su grosor y comienza a levitar de alegría moviendo las hojas de un lado a otro.
-Ahora me tienes todo para ti, ¡Cuenta, cuenta! Mientras se ponía rojo de vergüenza ante esa encuadernación que lo miraba indiferente.

El hombre.
Una anciana se hallaba junto a su hijo mayor en el pasillo del cuarto piso del nosocomio. Era El Centro De Cuidados Intensivos, CCI como lo conocían los internistas. Cuando arribé, el médico le decía que no tenía mucho tiempo de vida. Su esposo, poseía cáncer de pulmón.

-Ja, y de golpe salio de fiesta el inminente finado. Andá a contar esas sandeces a otro
Libraco…
- Esta bien papacito.


La sala de cuidados intensivos
La habitación donde el anciano se encontraba, en se hallaba penumbras. El hombre yacía en la cama, con una máscara adosada a su nariz. La poca luz que en esta se veía era la de los equipos de sustentación de vida.

- Si, y ahora el cristiano se va a bailar la samba, a Río de Janeiro.
Libraco…
- Esta bien papacito. – el libro me retrucaba.

Cuando miraba los monitores, fue cuando escuche la voz.
- Zaz, Rubinstein y sus delirios. ¿A quien viste? - al Papa.


Una conversación sin trascendencia
- Esa alma no es para ti – la voz me dijo.

Cuando me di vuelta, vi un señor muy pulcro, con traje de Armani, pelo corto bien arreglado y corbata haciendo juego con su vestimenta un hombre vestido con ropa de Armani sacando del bolsillo interior de su saco negro una cigarrera de plata donde tenía unos pitillos. Se disponía a encender uno.

- Zaz, el hombre mono vestido de gala.
Libraco, te voy a reventar.

- ¿Por aquí de nuevo? – le dije.
Este aspiró profundamente el cigarrillo, y me manifestó: - ¡que rico se siente! - Mientras una voluta de humo se esparcía por la sala.
Me miró y respondió: - Pues si. Eres el hombre que viaja entre el mundo de los vivos y los muertos.
Tengo trabajo que hacer. Así que hazme el favor, no interrumpas. – le mencioné.
- Tengo toda la eternidad, y si me gustaría saber como lo salvarías, de todas maneras a de ser mío – El convidado contestó.

Desplegué un velo que cubría al anciano y éste desapareció de la vista de ese extraño. El visitante, miró desconcertado, se levantó y sólo vio la cama vacía. Fue cuando se acercó. Fue repelido por el manto que al salir expulsado hizo que se abriera un portal al más allá.
Lo último que escuché fue: - Jaja, estaremos en contacto nuevamente Rubinstein.

- Esa si que fue la historia Rubinstein. ¿Y quién era ese? – el libro me dijo.
Alguien sin importancia. Solo la muerte libraco. Ahora vete a bailar con tu Jennifer.

Me evaporé en el aire, emitiendo una luz en el aire que desaparecía a medida que mi cuerpo astral retornaba a mi estado terreno.


Tiempo después
El hombre se hallaba en el jardín del fondo de su casa, en las afueras de la ciudad. Junto a él unos niños jugaban.
Abuelo… abuelo, se escuchaba decir.



Rubinstein
http://rubinstein.blogcindario.com/
Gurú de las Artes predictivas y mentalistas.
Viajero y guerrero astral. Médico en lo paranormal.

Ruidos en el techo - Un relato de Esthercita

Aquí Radio Gurí trasmitiendo pa tuitos los escriba-escuchas de este foro tan ilustrao. El tema que atañe a la radio es el bochinche en el tejao.
En el plató de la Radio se encuentra sentao El Botija con su mate y su clásica alpargatas comiendo tortafritas con dulce de leche. Por el otro lado, la entrevistada de honor doña Esthercita.

- Disculpe doña, vo Juan deja esa muñeca inflable y empezá a recepcionar los mensaje tamo.
Si patroncito.

- Así que le andaban bailando un malambo con todos lo de la ley por el tejado los felinos.
Vea compadre Botija, si es que me permitís, luego que despertara el dolor; no ese punzante de una muela infectada ni el lacerante de una herida, sino el sordo dolor de los músculos agarrotados sobre huesos equivocadamente acomodados. Otra vez me había dormido en el sillón del comedor viste che, el esqueleto mal apoyado sobre el respaldo, la cabeza caída a un costado, los músculos del cuello tironeando para mantener todo junto. Me levanté con cuidado, intentando flexionar fibras o ligamentos o tendones o arterias o lo que sea que se requiera flexionar para que la maquinaria eche a rodar. Es cuando fui a la cocina, llené medio vaso de agua de la heladera, y busqué la tirita de píldoras en la frutera falsa del aparador. Estaba apartando las facturas impagas que flotaban en su superficie cuando me congeló el ruido en el techo. El galope retumbante, las chapas desencajándose unas de otras casi como si se viniera el techo abajo, y yo parada allí, frágil en medio de un anunciado derrumbe. Pero no, eran los gatos del vecino, insoportables criaturas insensibles a mi sensibilidad, siempre ocupadas en ignotos menesteres en horarios imposibles.

- Espere Doña, este Juan que me tapa el plexiglas que nos separa de la cabina de recepción, con su muñeca inflable parecida a esa tal Gardner que actua en Alias, parece que nos quiere decir algo.
Juan, ¿qué cornos pasa?
Hay mensajes patroncito, y no se enoje tamo.

- Larga Juan
Dice un tal Sierrra Sila, Sila Sierra o como diantre se llame que ultimamente, gracias a Saki y a Monterroso, ha aprendido que no todo diálogo tiene que ser magalómano. Que pueden ser... carentes de pretensiones. Pero este me esa vagamente aburrido, Esther. Que pensó que su comentario lo había inspirado un poco, eso sí tiene que reconocerlo, ya se volvió a ir todo a la mierda. Supone que la musa también necesita vacaciones, la muy perra...
Su bloqueo le está dando una depresión salvaje. Llegará el momento en que tomará un texto de Cervantes, o de Cortazár.

- ¿Qué tiene que decir al respecto, doña Esther?
Veras Botija. No me encanta tanto el que le haya resultado aburrido. A decir verdad, me encanta una nada. Pero uno está aquí para aprender, que si todo lo que uno hace fuese perfecto, sería un encanto de aburrimiento.
Veremos si en alguna otra oportunidad solucionamos este problema de aburrirse con un diálogo...


- ¿No se trataba de gatos?
No precisamente Botija.
Esa noche, como anoche y la otra noche... reaccioné con rapidez y cerré la ventana de la cocina, vidrio contra vidrio, madera contra madera. Me apresuré, repasando el mapa mental de la casa y tal cual la había dejado antes del televisor y el sillón y el sueño. El baño no, el ventiluz es pequeño, no interesa. Al comedor ahora, enredarse en las cortinas de puntillas y encaje, cerrar las hojas de vidrio, tironear la cinta atascada hasta conseguir bajar la persiana. Pasar de largo el dormitorio, las ventanas las cerré antes de la película truncada, correr a la galería, los amplios ventanales abiertos de par en par, que si la galería no sirve para refrescar en verano para qué otra cosa puede servir.

- Que te pasa Juan, dejate de jugar con esa muñeca y atende la llamada pues.
- ¿Quien habla?
El Angel of Musik.
A la perinola la música tiene un ángel. – No Botija mi nombre es Angel y mi apellido es Of Musik.

- Ahh… ¿Y que tiene pa decir a doña Esther?
Gracias Botija por darme la palabra. Vera Señora Esther, tras semana y media de batallar con mi conexión de red, consigo conectarme y me encuentro con este estupendo diálogo. Me ha gustado mucho la forma en que tratas algo tan cotidiano como una tormenta con apagón incluido, con el ya mencionado ritmo que mantiene una adecuada tensión en todo momento. Y también me ha gustado el comentario sobre los gatos de arriba.

- A se trataba del apagón entonces Esther.
Así es Botija, pero permítame decirle algo a Angel.

- Pa eso esta la radio, despalyese.
Bueno, me alegra que hayas pasado por aquì y que te haya gustado. Sobre todo por ser lo primero que encontraste tras la desconexión (veo que no sólo a mí me pasa el tener problemas de internet...)!!!.
La historia, como decís, es totalmente cotidiana. Incluidos los gatos...que son realmente insensibles a toda sensibilidad ajena.

Bueno esto ha sido todo por hoy en Radio Gurí.

Un rato después.
Viste Juan nos vamos pa arriba, ya estamo en interne.



Una audición de Radio Gurí
http://radioguri.blogcindario.com
La emisora más oriental de los pagos rioplatenses.

Un mundo de sueños

Un mundo de sueños
Cap. 1 – La selva


...te torturás vos
-yo dejé de echarle la culpa a dios cuando me di cuenta que es culpa de los humanos
-y dejé de echársela a los humanos cuando me di cuenta que es culpa mía
-y no me reproché más cuando descubrí que lo hago a propósito.


La sala no tenía contornos ni relieve. Un espacio muerto sin paredes ni techo. Una luz iluminaba desde arriba, por lo que me percaté de la existencia del suelo. Parecía surgir desde un punto arriba dando la sensación de un cono. En el medio del mismo, me hallaba parado. Fuera del círculo penumbras existían, más allá, oscuridad. Siento que alguien se acerca, la imagen al principio es borrosa pero poco a poco a medida que la luz lo envuelve, el contorno humano se hace visible. Trae una silla consigo. Se sienta delante de mí y me observa.

-¿Qué? – Digo, no recibo repuesta únicamente se dedica a observarme.

La selva.
Me hallaba bordeando un acantilado, donde la vegetación era tan espesa y exuberante que costaba cruzar. El cielo no se veía, si un resplandor púrpura. Cuando caminaba sentía el zigzagueo de los arbustos y las ramas abrirse paso y cerrarse luego de cruzar por cada lugar. Tobías, mi guía me acompañaba en la prueba. Llegamos a la cima del desfiladero, en la cima del acantilado, y por vez primera pude apreciar el entorno en que me hallaba.
A la derecha del acantilado, una catarata caía rugiente hacia un vacío insondable. Dos líneas de montañas cortaban el terreno, como si con un cuchillo fuese creada. Sobre mi izquierda a unos treinta metros se apreciaba un puente en forma de arco que unía los dos macizos montañosos. El cielo se hallaba encapotado y en la lejanía se veía llover.

- ¿Esta seguro de seguir, guerrero? – escuchaba a Tobías decirme, mientras me hallaba exhorto en medio de la vegetación exuberante, tanto por la forma del paisaje como su fauna y flora.
- Si contesto. Sin mirar.
-¿Cree en los sentidos Rubinstein? – Tobías me dice arropado con el típico atuendo de un monje de la edad media.
- Si.
- ¿Seguro? – siento su voz en mi cabeza. Lo miro como preguntándome que me quiere decir.
El hombre vestido con la capa de sacerdote medioevo, con una cruz blanca en el pecho estira la mano y me dice: “Observe”

La selva, o lo que ella fuere.
Cuando subía por el acantilado, eso que parecía maleza rastrera y hojas muertas de los árboles, no eran más ni menos que húmeros humanos a medio corroer, con vestigios de carne putrefacta. Lo que se me antojaban hojas, eran pedazos de calaveras, algunas medias partidas, otras con algún ojo suelto y pedazos de mechones de pelo ensangrentados. En todas ellas, se mostraban el sufrimiento y el altísimo dolor que debían soportar.
Cuando cruzaba veía un pedazo de una mandíbula correr hacia mis tobillos. Pero como pasaba desparecían y se convertían de nuevo en maleza rastrera y hojas a medio descomponer.
Al arribar a la cima del acantilado, eso que se me había antojado una cascada de agua tuve que mirar detenidamente más arriba, tres ángeles con las alas cortadas y las muñecas aprisionadas con grilletes de hierro lloraban mientras mantenían la cabeza agachada. Las gotas se tornaban hilos de sangre que formaban una catarata. La cima de la catarata poseía la forma de un rostro desencajado con la boca abierta mostrando unos pocos dientes y carcomidos por las caries y una encía llena de pus.
Lo que era un puente que unía los dos acantilados eran cuerpos en descomposición y calaveras que al cruzar querían morderme, mientras que alguna mano, con algo de carne en los huesos y sangre coagulada pretendían asirse de mis tobillos. Las nubes, estaban formadas de cuerpos de humanos en descomposición que efecto del peso caían a la selva. Era la lluvia que había observado anteriormente en la lejanía.


- ¿Esta seguro de seguir, guerrero? – escuchaba a Tobías decirme, mientras me hallaba exhorto en medio de la vegetación exuberante, tanto por la forma del paisaje como su fauna y flora.
- Si contesto. Sin mirar.
-¿Cree en los sentidos Rubinstein? – Tobías me dice arropado con el típico atuendo de un monje de la edad media.
- Si.
- ¿Seguro? – siento su voz en mi cabeza. Lo miro como preguntándome que me quiere decir.
-Sigue creyendo en los sentidos. Lo miro sin estar tan seguro y le contesto que si.

El monje del medioevo hace un movimiento de manos y en el cielo de color púrpura se aparece la figura de octaedro. Se caracterizaba por los colores del aura. Flotaba ante mí, y giraba. Por cada giro un color distinto se producía en cada las caras del mismo.


Un mundo de sueños
Cap. 2 – El Octaedro

...te torturás vos
-yo dejé de echarle la culpa a dios cuando me di cuenta que es culpa de los humanos
-y dejé de echársela a los humanos cuando me di cuenta que es culpa mía
-y no me reproché más cuando descubrí que lo hago a propósito.


¿Esta seguro de seguir, guerrero? – escuchaba a Tobías decirme, mientras me hallaba exhorto en medio de la vegetación exuberante, tanto por la forma del paisaje como su fauna y flora.
- Si contesto. Sin mirar.
-¿Cree en los sentidos Rubinstein? – Tobías me dice arropado con el típico atuendo de un monje de la edad media.
- Si.
- ¿Seguro? – siento su voz en mi cabeza. Lo miro como preguntándome que me quiere decir.
-Sigue creyendo en los sentidos. Lo miro sin estar tan seguro y le contesto que si.

El monje del medioevo hace un movimiento de manos y en el cielo de color púrpura se aparece la figura de octaedro. Se caracterizaba por los colores del aura. Flotaba ante mí, y giraba. Por cada giro un color distinto se producía en cada las caras del mismo.

El Octaedro.
- Posee los colores del aura humana – Digo a Tobías, mientras observo esta figura flotar en medio de la nada, entre los dos acantilados y delante de la cascada de sangre que corría a nuestro lado.

- Acérquese – Escucho la voz decir.
Con un giro de muñeca le disparo una bola de energía al centro del mismo. Un rayo de luz me golpea en la cabeza, haciéndome caer sobre un árbol añoso como el tiempo mismo, dejándome medio cegado.
El monje se acerca y se arrodilla a mi lado. –Se encuentra bien – escucho decir.
- Si. – Contesto como un autómata y sin saber que pasó. Me levanto y vuelvo a acercarme al mismo.
- Debes decirle gentilmente, que estas en una prueba y debes seguir tu camino, identificándote de por medio.- el monje del medioevo me dice y observa a la bola girar. En cada giro por cada capa, cambia de color. Dentro del mismo, los colores parecen fusionados, pero no.
Es así que me identifico, y que estoy ante una prueba dada por el Concilio de los Tres Grandes, que soy aprendiz, y que para seguir a la nueva etapa de la misma debía cruzar por medio de él.
El octaedro deja de girar por un instante y se me acerca una cara del mismo, con el mismo color de mi aura. Se detiene ante mi cara por un momento que me parece una eternidad.

- ¿Qué esta haciendo? – Pregunto a Tobías.
- Shhh, lo esta evaluando.
-Ahhh. –Atino a decir.
Dicha cara cambia de color y se torna blanca, pero con relieves.
- Cruza. – Escucho decir cuando mi cuerpo astral pasa por dicha puerta.

Ahora me hallo ante una gran ciudad, llena de rascacielos y movimiento. Una gran avenida de doble vía se interpone entre nosotros y la ciudad. Detrás de mi, una gran avenida de peatones y más allá el océano.

- ¿Esta seguro de seguir, guerrero? – escuchaba a Tobías decirme, mientras me hallaba exhorto en medio de la vegetación exuberante, tanto por la forma del paisaje como su fauna y flora.

- Si contesto. Sin mirar.
-¿Cree en los sentidos Rubinstein? – Tobías me dice arropado con el típico atuendo de un monje de la edad media.
- Si.
- ¿Seguro? – siento su voz en mi cabeza. Lo miro como preguntándome que me quiere decir.
- Observe.

La gran metrópoli desaparece. Aparece la Gran Sala. No tenía contornos ni relieve. Un espacio muerto sin paredes ni techo. Una luz iluminaba desde arriba, por lo que me percaté de la existencia del suelo. Parecía surgir desde un punto arriba dando la sensación de un cono. En el medio del mismo, me hallaba parado. Fuera del círculo penumbras existían, más allá, oscuridad. Siento que alguien se acerca, la imagen al principio es borrosa pero poco a poco a medida que la luz lo envuelve, el contorno humano se hace visible. Trae una silla consigo. Se sienta delante de mí y me observa.

-¿Qué? – Digo, no recibo repuesta únicamente se dedica a observarme.
- Retorna – escucho decir escuetamente. Mi cuerpo astral se desvanece en medio de un instante de luz. He vuelto a mi cuerpo físico.



** Fin **


Rubinstein
http://rubinstein.blogcindario.com/
Gurú de las Artes predictivas y mentalistas.
Viajero y guerrero astral. Médico en lo paranormal.



Un mundo de sueños
La entrevista



Aquí Radio Gurí trasmitiendo para todos vosotros una entrevista al afamado Gurú de las artes predictivas y mentalistas, estamos hablando nada más y nada menos que del señor Rubinstein.

- Un gusto de nuevo tenerlo por el plató.
Lo mismo le digo Botija.

- Tengo en relación a su último escrito denominado “Un mundo de sueños”, interesante novela de contrastes que nos transporta a un mundo de épocas encontradas según un espectador que leyó su última novela. ¿Conoce a Lanzas?
No. No lo recuerdo Botija. Leyó su novela y nos mandó un SMS a la redacción de la Radio, una serie de preguntas.

- Puede aclararnos que motivó esa redacción, Rubinstein?
Verá usted, se trataba de una prueba de habilidad, para mostrar si la realidad que estamos inmersos, el mundo tangible, nuestras vidas, que tanto nos aferramos, es tan real como lo es un sueño muy vívido.
Disculpe al libraco, es que me mira molesto, pues no le gusta que hable sobre lo que él, debe escuchar en confidencias.

- Ahh, vino con su amigo de cabecera. Es ese de tapas bordadas. Recuerdo una anécdota cuando él estaba enamorado y usted quiso comentarle una anécdota de una alma perdida de hacía mucho tiempo.- acoto.
Tiene buena memoria Botija, - el libraco se acurruca más entre sus manos.

- ¿Siempre fue tímido su libro de confidencias?
No. Lo es cuando lo saco como es en esta ocasión.

- Sobre “El mundo de sueños”, que no a sido lo suficientemente promocionado, ¿puede explicarnos a nosotros los simples mortales, que no nos desdoblamos como lo hace usted, como es el caso de su anteúltimo libro, denominado “El niño”, ¿cómo hace para viajar.
Se siente toser al libro, como indicándole ¡Cuidado con lo que dices!. Se denotaba en el hecho que cuando respiraba las hojas del mismo se hinchaban, cual el aire entrase en los pulmones. El libro se hallaba nervioso.
Verá Botija, no es que me desdoble simplemente se abren portales a otras dimensiones paralelas al mundo terreno. Son mundos tan reales como es el que estamos ahora.

- No todos podemos alcanzar eso, Rubinstein, accedamos a ello.
Efectivamente Botija, en ello radica el asunto. –Si. Descubrites la gallina de los huevos de oro Nop. Te equivocas libro pillo. Disculpe Botija es que el libro es un tanto entrometido. No te metas libraco o no te saco más, ¿me escuchaste?.
- Me sacaste de un sueño con una preciosura. Vestía minifalda negra, con detalles plateados, zapatos de taco con punta cerrada y una remerita blanca que dejaba uno de sus hombros al descubierto. Su cabello castaño claro, lacio, apenas tocaba sus hombros, y un flequillo casi espumoso acariciaba sus pestañas. De que me estas hablando ahora libraco, te voy a poner en penitencia. -Te hablaba que soñaba con una hermosa encuadernación de lo más feminista y hermosa. Estoy enamorado, mis hojas palpitan al son de sus movimientos ondulantes.
Ya te voy a dar salir con un libro de anaquel femenino. –No me regañes.
Disculpe Botija, no puedo seguir, siempre es tímido y le cuesta hablar cuando se halla afuera, Ahora se le dio por hablar por demás.

- Esta bien Rubinstein , pero antes una última pregunta?
Diga.

- Los principios físicos que rigen esos mundos paralelos, son similares a los que existen en el mundo terreno?
Todo se basa en el principio de la incertidumbre Botija. Esta prueba consistía en saber diferenciar lo real de lo imaginario.

Gracias Rubinstein, Y con ello damos por terminado esta audición.

Retirándose.
–Si; te tomaste todo cuando saliste de cena con tu esposa; ¿qué te cayo mal?
¡Hay libraco…! Que voy a hacer contigo. –Dejarme soñar con esa hermosura de encuadernación fíjate que el relieve poseía: 1.76 mts, una cintura de 62 cm, caderas de 90 cm y unas tetas de 95 cm, que con una espaldita más bien chica parecen más grandes. Lo mejor son sus pezones, rosados, sin desagradables cicatrices, de grandes aureolas. Pechos suaves, chupables.
Me estas hablando de la cara que tenía la encuadernación. –¡Hayy, el amor! Este flota ante mis narices y suspira hondo, se denota en como se inflan las hojas.


Una audición de Radio Gurí
http://radioguri.blogcindario.com
La emisora más oriental de los pagos rioplatenses.

El niño


Acababa de arribar al andén del metro y me disponía a esperar el tren, cuando miro alrededor mío. Este, se hallaba vacío. Dos o tres personas desperdigadas a la derecha, perdidas en sus pensamientos o hablando entre ellas. A la izquierda otras tantas pero más separadas. Bueno debo asumir que era tarde en la noche y por tanto pocas personas esperaban la línea que debía abordar.

- Cuéntenos, ¿y qué más vio?

Al notar la poca gente que esperaba por la línea roja, miré el reloj. Una vez hecho ello, me llamó la atención una señora y un niño de unos diez años aproximadamente que se hallaban a escaso un metro de mi. La mujer no me llamo la atención, de hecho era una más, treinta y tanto, vestida como gente pobre, un sacón gris medio carcomido. El pelo revuelto, eso lo recuerdo bien así como una marca en el pómulo izquierdo. Se notaba que era de una herida antigua.

- ¿Y el niño?

El si me llamó más la atención les diría. Vestía de un pantalón holgado, una campera que le llegaba a la cintura y un pasamontañas. Algunos rulos rubios sobresalían de su cara ovalada y flacucha. Los ojos… Los ojos fueron lo que me llamaron la atención. Estos eran redondos y negros como la noche misma. Percatado del hecho, los olvide isofacto pues arribaba al andén el tren marcado como línea roja.

- ¿Qué hizo después?

Aborde el primer vagón cercano a donde me hallaba y preferí no sentarme, aunque espacio había en cantidad. Me así a una agarradera que estaba sujeta al techo. Dos personas entraron al vagón, y esta pareja que parecían madre e hijo. Esta vez les presté más atención. Su atuendo era de por los años mil novecientos a no mas de mil novecientos veinte. Una anciano, muy abrigado iba a disponer a leer el diario de la primera hora de la noche, cuando decide levantarse y acercarse a mi.

- Cuéntenos sobre él.

Lo que me llamó la atención es que cuando él lo hizo me iba a desviar para cederle el paso, pero el traspasó mi cuerpo como si no existiese. Nadie se percato de ello, seguro ni siquiera él, si el niño, que no dejaba de mirarme a tal punto, que me empecé a sentir incomodo.

- Cuéntenos sobre esa experiencia.

Al sentirme incómodo decidir cambiarme de vagón y me dirigí hacia delante. Al querer abrir la puerta que daba el vagón con el delantero mi mano pasó a trabes de ella, como si de un fantasma se tratase. No me asusté, y pasé por las dos puertas cerradas del tren. Bueno hasta ahí todo bien, al fin y a cabo de un viaje se trataba la cuestión.

- Pasó al otro vagón, ¿y ese niño?

Verán, miré para delante y los costados y se hallaba vacío. Pero algo me hizo voltear la cabeza hacia mi espalda, y si les puedo asegurar que ese niño se hallaba parado mirándome fijamente con esa cara delgaducha y ojos grandes y oscuros como la noche.

- Termine el relato guerrero.

- ¿Quién eres? – pregunté. El abrió la boca como aquel que pone cara de asombro o un tenor en medio de la opera, y no se escucho emitir sonido alguno. La onda sonora fue tan grande que casi me hizo tambalear. Como lo miraba directamente a los ojos, negros como la noche, vi la onda dirigirse a mí en forma tubular. Imagínese como el sonido se propaga a trabes del agua y uno mira las ondas agrandarse en forma de círculo. Así se apreciaba. Desplegué mi escudo, que tengo en la mano izquierda desviándola. Se caracterizaba, por extraño que pareciere, el hecho de no poseer sonido. Apreciaba la energía.

- ¿Y que pasó con ella?

Pues verán rebotó en el escudo, y vi parte de ella esparcirse por el vagón rompiendo los cristales de las ventanas. El niño seguía parado y mirándome fijo.

- ¿Qué hizo para defenderse?

Me desdoblé en dos, para que la atención del pequeño recayese sobre el otro cuerpo astral. Al hacerlo, la postura del rapaz fue otra, ahora se hallaba de costado a mí. El escudo lo apunté hacia el techo, desviando la energía hacia ese lugar. El costado del cuerpo del niño quedó expuesto y le envíe una bola de energía que al colisionar contra él, hizo que el pequeño rapaz se desvaneciera.

- Descanse guerrero. Pongo mis manos detrás de la espalda y abro un poco mis piernas.
A sido todo por hoy puede retornar a su materia física. Una luz se hizo en el cuarto y me desvanecí.

Estaba durmiendo arriba de una roca, escuchando el mar y los pájaros. Había pasado esa prueba, faltaban otras…


Rubinstein
Gurú de las Artes predictivas y mentalistas.
Viajero y guerrero astral. Médico en lo paranormal.

Piercings- Un relato de Boris Rudeiko


Aquí Radio Gurí trasmitiendo para todos los escribas escuchas desde esta zona rioplatense del ciber – foro.
En el plató de la Radio, nos hallamos por el lado de la Radio El Botija y por el lado de los entrevistados el catalán, Don Boris Rudeiko. El tema que nos atañe hoy son los piercings.
Acomodo mis gafas, y miro al entrevistado de hoy que llevaba puesto una campera de antílope africano.

-Don Boris voy a abrir la entrevista de hoy, con un comentario de un tal Quijote, que no es el de la Mancha, precisamente. Dice, déjeme ver entre estos papeles, por ahí se me caen algunos: “Está claro que no se puede coger a nadie que hace autostop. Si no te roban o te violan, se te muere por piercings: ¿Y cómo explica a la policía cómo llegó ese muerto a sus manos?”
Vera Botija, antes que nada gracias por permitirme expresarme, me había sentado en uno de esos taburetes altos de la barra y pedí un café. Mientras disolvía el azúcar con la cucharilla en la taza humeante, mirando al vacío, se acercó una mujer que llevaba el labio, la nariz, las cejas, y quién sabe qué más, cosidas de piercings, como una de esas mujeres negras de una tribu primitiva. Se sentó en el taburete de mi derecha. Lo acercó previamente hacia mí, como si buscara compañía. Pidió una Coca cola. Y me miró con una mirada turbia de pestañas largas.
--¿Vas a Madrid?--preguntó, tuteándome.
--Sí--le dije.
--¿Me llevas?--dijo, como dejando caer un pañuelo en el suelo.
Debí decirle que no, pero pensé que podía ligármela. Así que cuando acabamos el café y la Cocacola, pagué y nos fuimos al coche. Lo que pretendía era ligarmela ya que se dio. Uno no es de palo, si bien no me falta, tampoco me sobra, el frío… hizo lo suyo.

El locutor de radio Gurí observaba atentamente lo que el entrevistado decía y cada tanto miraba la pantalla del monitor donde los mails se sucedían uno detrás del otro.

- ¡Joroba! Nunca creí que esta historia terminara así. Lo de los Piercings es para dar asco y pena, pero no pensé la muerte.
Por un rato creí que te acabaría robando todo, hasta el coche, por querer aprovecharte de ella, pero morirse... Interazul.

- Qué opina lo de Interazul Don Casanova?
Hola, Interazul, está claro que ese final te ha sorprendido. Lo normal seguramente es que la cosa hubiera acabado en un robo, como dices, o algo así, no sé, yo intentaba que ese final fuera inesperado, extraordinario. Así que me alegra que hayas empezado tu comentario con ese "¡joroba!" tan expresivo.
Gracias por escuchar.

- Don Casanova hay varios SMS, le leo: “Piercings mortales. Oscar A”
Hola, Oscar, espero que la respuesta salga porque en el caso de mi respuesta a Interazul tuve grandes problemas y perdí mucho tiempo para enviarla.
Me alegra que te parezca un buen relato, y ciertamente da para muchas variantes, como he podido leer más arriba.
¿Pueden unos piercings matar a alguien?


- Aureliano dice:” Me sucede algo grave.
No puedo hacer la crítica si no tengo claro una situación que ojalá me hagas el favor de aclararme (aunque en realidad la duda es ya un mal síntoma de tu plática):
¿Se muere porque se le infectó la perforación del piercing?
Si la respuesta es sí, no diré más. Un mal diálogo. Pero si es no... no lo sé, debo pensar.
Creo que si es no la respuesta, estamos frente a una plática fantástica. No muy bien logrado, pero aceptable.

- Qué tiene para decirle Don Casanova?
Hola, Aureliano, la respuesta es no. Es decir, no muere de una infección de le perforación. Entonces, siendo así, me alegra que te parezca un diálogo fantástico aceptable. Pero no me dices por qué, y eso me inquieta demasiado. Anda, dime algo al respecto.
Por otra parte si vuelves a leer el relato, te darás cuenta de que no se habla para nada de infecciones y sí, de sangre.
Es siempre estimulante leer tus críticas. Me hacen pensar.

Dice Elizabeth: “Caray, Boris Vaya final tan drástico y sangriento. Para según qué freakies de los piercings, puede sonar a moralina macabra. Pero está muy bien narrado y despierta el interés hasta el final.”
Gracias, Elisabet,
Me alegra que te haya parecido bien narrado y te haya despertado el interés. Es cierto que el cuento está lleno de sangre y el final es algo drástico. Quería sorprender al lector.

-Vio Don Boris, tiene la clientela de radio Gurí expectante, desborda el ciber-plató.
Veo Botija, veo.

Es un buen dialogo Boris, pero; ¿Cómo mataste a la chica? Para llegar a conclusiones debes darme datos, más allá de un sangrado causado por un arete en la nariz.
¿Qué te parece esto?
"La poseí con vehemencia, con locura; entonces me di cuenta de que estaba lívida. Se tumbó en la cama, como si estuviera agotada, y cerró los ojos. Me preocupé. La sangre brotaba del pequeño orificio de la nariz como si de un surtidor se tratara. Descolgué el teléfono sin saber qué número marcar. Colgué y bajé corriendo a la planta baja en busca de ayuda. El conserje estaba archivando papeles en una carpeta; le pedí que llamara a un médico urgentemente. Luego subí deprisa a la habitación. Sofía yacía en un charco de sangre. Le toqué la muñeca. Ya no tenía pulso. Las marcas en su cuello hicieron temblar mis manos adoloridas.
Chico: La estrangulaste sin darte cuenta al desatar la furia de tus deseos. Recuerda que la poseíste con locura.
Ja, ja, ja.

- Mire Don Boris lo que le mando decir Jibaricua.
Hola Raffie, cuánto tiempo hacía que no te veía por aquí, Quiero decir, por uno de mis diálogos. Tampoco mucho por el foro. Es cierto que está demasiado lento y se pierde mucho tiempo en contestar y en abrir. Ayer estuve horas para enviar unas contestaciones, algunas de las cuales se repitieron y otras no salieron, así que es desesperante.
Sobre el tema, agradezco tu opinión. Y en cuanto a cómo maté a Sofía, no lo hice estrangulándola como sugieres, claro está, pero eso hubiera estado bien para un final. Lo cierto es, como le he dicho a Panchitor, que la dejé morir como consecuencia de ese pinchazo en la nariz. Algo fantástico.
Don Boris se toma un sorbo de agua, y me mira como diciendo “Y Botija… ¿para cuando?
-Déjeme ver Boris, pues se termina el tiempo un tal “Panchitor” le envió este SMS, sito: “Hola Boris, está tan bien narrado que no sé si te vamos a creer cuando nos digas que esto no te sucedió realmente, ja ja, al menos la primera parte del relato. Lo has imaginado con todo detalle y un realismo sorprendente.
Evidentemente la chica no murió desangrada, nadie se desangraría por una hemorragia así, sino por otro motivo del que la hemorragia nasal era un síntoma más.
Hay una frase: "Subió de nuevo al coche y, me avergüenza decirlo, me preocupé por si manchaba el asiento de sangre". No me avergüenza decir que si alguien subiese a mi coche y sufriese una epistaxis me jorobaría un montón que manchase la tapicería y procuraría evitarlo por todos los medios. Puede que yo sea un monstruo por ello, insensible a las hemorragias nasales de los demás. O puede que, simplemente, me resista a aceptar esa absurda y necia mojigatería con la que nos bombardean subliminalmente por todas partes. Como en el cuento del sastre, si veo al rey desnudo digo que va desnudo. No sé por qué me da la impresión de que has intentado 'vestir' un rey que ves tan desnudo como yo. No vale la pena, es perjudicial. Que piensen lo que quieran.
Los diálogos, sobresalientes, casi perfectos, y sin menoscabo de tu agudeza narrativa habitual. Por decir algo, cuida las repeticiones -dije, dijo, etc- y evita los pronombres a no ser que resulten imprescindibles -le pedí, le dije, le pregunté...-
Verá Panchitor. Hola, Fernando, me llena de satisfacción lo que dices en relación a la narración y a los diálogos.
Tomo nota del tema de las repeticiones y el uso excesivo de los pronombres. También abuso de las conjunciones, y es un defecto que debo pulir, sin duda. Hay también el asunto de vestir al rey, como dices, y eso va en el propio carácter del autor. Qué difícil es separar autor de narrador. Pero, es cierto, que cada cual piense lo que quiera.
El tema que me preocupa es el final del cuento. Creo que es precipitado, como comenta ñam. Intenté preparar el terreno de la sangre para llegar a ese "final fantástico" en el que la protagonista muere debido a la sangre que le brota como un surtidor del orificio del piercing. Es poco verosímil que alguien pueda morir por una cosa así, que en este caso no es una epistaxis como le dices a Aureliano, es una hemorragia por el orificio que no es la primera vez que le ocurre (¡joder, otra vez no!), y por eso cabe suponer que Sofía padece una enfermedad de la coagulación, hemofilia? o algo así?.
Lo cierto es que al final todo ocurre muy rápido para hacer creíble que la chica se desangra y de ahí tu acertada lectura. Yo sin embargo me planteé que ella muriera de la hemorragia (yacía en un charco de sangre): debido a una taquicardia, a un shock hipovolémico, no sé.
En este cuento quise mezclar lo que parece real, habitual, con lo extraordinario, con lo fantástico. Pero insisto, el final tendré que trabajarlo.

Bueno eso a sido todo por hoy señores y señoras de este ciber foro.




Una audición de Radio Gurí
http://radioguri.blogcindario.com
La emisora más oriental de los pagos rioplatenses.

Tus labios en mí

Me dijo, Amor, no sabes cuando quería tener tus labios junto a los míos y yo le dije que yo también, y le pedí ir paso por paso, a lo que él me respondido OK, entonces me agarra de la mano y me pidió ser su enamorada, yo me quede atónito.

La petaka de Jhonnie Walker etiqueta azul

La bomba. Un relato de Boris Rudeiko

quí Radio Guri trasmitiendo para todos los escriba-escuchas de este lado del Rio de la Plata y del ciberespacio para este foro tan ilustrado. Hoy tenemos como entrevista al islamista en el Plató de la Radio.

- ¿Que nos cuenta Mustafá? –Digo.
Con voz grave y acento árabe el hombre, cargado de una barba espesa – Y aquí, hombre.

- Según tengo entendido, usted iba en el autobús hablando fuerte a trabes de su celular.
Efectivamente, pido disculpas públicamente. Estaba hablando con mi madre que se halla en Ferrol. No era mi intención que me escucharan, es que hablo fuerte siempre.

- ¿Desde cuanto hace que vive en España?
Desde hace ya unos años. Soy oriundo de Bagdad en realidad. Me trajo mi padre, escapando de los ataques luego de la caida de Sadam, cuando apenas tenía ocho años.

- Si ahora que lo escucho hablar, se le nota el acento de Oriente medio.
Mire señor Botija, hablo en mi lengua nativa en contadas ocasiones. Con mis familiares, amigos de mi misma procedencia, Etc.

- Entiendo Mustasfá. Tenía usted adelante suyo un madrileño, que se hizo la película de que fuese usted un terrorista, con eso de lo de Atocha, vio.
Si vi cuando el hombre se bajo. Me miró extraño. Yo trabajo de chef de cocina árabe.

-Hay una cantidad de llamadas y SMS, a raíz de su bolso y lo que la gente de aquí pensaba. Sabe que llegaron a pensar que tenía usted una bomba.
Ni idea, sólo llevaba la ropa al lavadero.

- ¿Quién habla?
Ñam8.

- ¿Que nos cuenta estimado escriba escucha?
jaja, así son las cosas.
Muy bien, me pasé el relato esperando el boom y ahí que viene la vida a darme, como al protagonista, una lección.

- ¿Se refiere al madrileño que iba delante de Mustafá?
De quién sino, hombre.

Mire tiene un mensaje de texto a trabes de la línea, Mustafá
Un tal Juan Pang que se ríe dicho sea de paso, Y yo esperando algo sensacional! Sí, a veces no comprendemos el porqué de que la gente chille tanto en público y decimos que están mal educados.
Muy bien la emisión Botija , me gusta leer tus su forma de entrevistar a los personajes..

- Ups, Disculpe Mustafá, esto era para mi se ve que es un gran admirador del programa que emito al ciber aire.

- Tenemos un tal Panchitor. Me ha gustado mucho, como casi todas sus emisiones. Adoro a ese observador detallista que narra imbricando lo objetivo y lo subjetivo en perfecta armonía, que aparece en casi todas tus entrevistas. El realismo de la historia es total, una vez más parece algo vivido.

- Bueno hay más llamadas. Pero se nos acabó el tiempo. ¿Algo para decir a la platea de la Radio Mustafá? Si, verá en referencia a Ñam8, tiene razón en que las cosas son así, eso creo yo. Lo normal es esperar que la bomba estalle, pero eso no ocurre cada día.
También es normal ver la paja en el ojo ajeno y no ver...

- En referencia a Panchitor, Sus comentarios siempre son motivadores para mí. Me alegra que te guste. Una de las cosas que me preocupaba es que me pudiera interpretarse como xenófobo; no es esa mi intención. Las cosas a veces no son como parecen. Pero nos dan miedo. Hablo sobre el tema porque lo tenemos "encima de la mesa". Así que me gusta lo que dices: "Para mí el tema no es político, ni xenófobo, sino humano, psicológico".

Bueno señores y señoras de este foro tan letrao, esto a sido todo por hoy. Hasta otra ocasión.



Una audición de Radio Gurí
La emisora más oriental de los pagos rioplatenses.

Un libraco enamorado. -Entrevista a Rubinstein

Más vale tarde que nunca. Haciendo una revisión de relatos pasados, me encontré con el comentario de una hermana argentina, que le pido mil perdones por no haber contestado como correspondía. Me refiero a ti Susana Rodríguez.

En virtud de ello, me tomé el atrevimiento de hablar con El Botija, el locutor de Radio Gurí. Estuvo de acuerdo, luego de una cena de entrevistar al afamado Rubinstein.

Pasó el tiempo y por motivos que no vienen al cuento, desempolve de un armario una vieja entrevista que El Botija había hecho y por asuntos ajenos, huelgas de por medio, la Radio Gurí no lo pasó en su época.

Es así que, solicité a EL Botija si podía emitirla. Los tiempos han cambiado, y si se dio la oportunidad, de emitirlo al ciber espacio para que los escriba-oyentes del foro.

Tengo el grato honor de pasarles la emisión que no fue trasmitida en su época. Espero que la disfrutéis, tanto como yo.


Una emisión de Radio Gurí.
Radio Gurí tiene el gran honor de ser visitado por el Gurú por excelencia, maestro en las artes predicativas, guerrero y viajero del más allá. Os presentamos a Rubinstein y su famoso libro el libraco enamorado.

-Es un gran honor para nosotros tenerlo de nuevo por el Plató Rubinstein.
El honor es mío Botija. Un hombre de mediana edad, medio calvo y con gustos de los habanos cubanos se hallaba frente al locutor. Decía eso, mientras depositaba sobre la mesa oval de caoba, un vaso de agua.

- Para los escriba-oyentes, que no tuvieron el privilegio de conocerlo, ¿podría decirnos como fue que su libro de confidencias, que siempre descansa en su mesa de luz se enamoró?
Si. Fue en una noche que me encontraba volando por encima de una espesa selva. Por encima de mi cabeza se hallaba un manto de nubes rojas, con una textura movible. Adquirían por momentos forma humana parte de huesos de almas en pena. Le decía al libro que tenía una historia para comentarle, y el me tomó el pelo. El siguió descansando, se denotaba en el hecho que cuando respiraba las hojas del mismo se hinchaban, cual el aire entrase en los pulmones. Se hallaba como ido, como enamorado. Vio.

-Reacuérdenos la historia Rubinstein.
Era como si una cámara planeara entre el cielo y la tierra. Salvo que no era en el plano terreno. Entre planicie, montañas y quebradas un manto verde oscuro pasaba rápidamente por debajo de mí. Entre ese manto de nubes y lo que sería el manto arbóreo, sobrevolaban “las aves del trueno”, esto es, eran unas aves enormes, mucho mayor que los aviones que podemos contemplar hoy. De golpe me encontré ante un viejo y añoso cementerio. Las arcadas de hierro estaban llenas de moho y carcomidas por el paso del tiempo. Encontré una lápida sin nombre. De momento hubo otro cambio de escena. Y entré en la misma que se hallaba tapada de zarcillos y maleza. Había una escalera metálica que daba a un recinto vacío.
Sólo una puerta de metal forjado abierta.

Pasé por la puerta, y me encontré ante un jardín lleno de alimañas, ratas e inmundicias por doquier. Los árboles cubrían el pasaje, Sus ramas poseían vida propia. Las ramas se movían solas y formaban figuras de esqueletos vivientes. El suelo estaba cubierto de una enredadera que quería tragarme los pies y jalarme para abajo.

- Espere Rubinstein. Tenemos una cantidad de SMS, no dan a vasto los operadores de la Radio. – Vo Juan dejá esa muñeca inflable y rebobina que no tenemos tuito el día. Disculpe Rubinstein, Juan es el operador de la consola, y siempre con sus gustos atrofiados.
No se preocupe Botija, entiendo perfectamente.

- Mire Rubinstein tenemos un tal Boris Rudeiko que le envió un SMS y dice, sito textualmente: “Un diálogo muy imaginativo. Saludos”
Gracias Boris por pasar a escuchar. Le mando un saludo grande, y espero encontrarlo en el más allá. No se me asuste, lo digo si viaja, nos tomaremos alguna cerveza negra, de las alemanas.

-Mire un tal Lanzas le manda decir Rubinstein: “Una plática muy original sobre los "libracos" que guardan tantas aventuras y tantos cuentos.
Gracias Lanzas, por escucharme. Veo que siguen atentamente la entrevista Don Botija. Y tenemos más. Pero lo pasaremos más adelante.

- Recién nos decía que entró en una lápida, y que la misma que se hallaba tapada de zarcillos y maleza. Había una escalera metálica que daba a un recinto vacío. Sólo una puerta de metal forjado abierta.
Cierto Botija. Pasé por la puerta, y me encontré ante un jardín lleno de alimañas, ratas e inmundicias por doquier. Los árboles cubrían el pasaje, Sus ramas poseían vida propia. Las ramas se movían solas y formaban figuras de esqueletos vivientes. El suelo estaba cubierto de una enredadera que quería tragarme los pies y jalarme para abajo.
Era un rancho a dos aguas de tierra y adobe cubierto por la maleza exuberante de alrededor. Había una pequeña escalera de dos escalones cubierta por la espesa vegetación. Al entrar había un gran salón, recubierto de madera desvencijada, y entre los intersticios de ésta se colaban raíces y la hiedra. Las hojas putrefactas estaban por doquier en el suelo de barro. Había una estufa a leña apagada y carcomida por el tiempo frente a mi Delante de ella estaba colgada por cadenas una mujer a punto de dar a luz, atada de los tobillos y las muñecas abiertas, estirada vertical al suelo. Las cadenas nacían desde el techo y desde el piso, haciendo que esta alma estuviese colgada a medio metro en el aire sin poder moverse. Se notaba en las facciones de la finada, que su boca había sido atada con un hilo de coser matambre. La escena era como si un camarógrafo tonase esta desde arriba y la pared externa del rancho. O sea mi cuerpo estelar estaba sumergido entre las maderas del rancho.

- Disculpe Don Rubinstein, Juan me esta haciendo señas que tiene una cantidad enorme de llamadas de teléfono. Empecemos por algunas.
Como usted desee señor locutor.

-Si, ¿quién habla?
Maria del Carmen, señor locutor.

- ¿Qué desearía comentarle al señor Gurú de las artes predictivas?
Gusto en escucharlo Rubinstein Rubula, me estoy enamorando de usted y su libro, bueno me gusta más el libraco, lo único que nunca entendí ni entiendo porque el libraco debe ecuchar en vez de dejarse escuchar. Es sólo una duda.
Estimada María.
No me nombre al libraco ese que estoy por botarlo por una dactilógrafa que no me cuestione tanto.
Este libraco lo heredé de épocas remotas. Ya poseía su personalidad.
Ahora que esta un tanto añoso, no hay quien pueda con él.
Posee un temperamento de los mil demonios. Le encanta que le rasque el lomo y como esta un tanto gastado, me pide una encuadernación mas "Barby", no se si me entiende. Se quiere hacer un lifting de encuadernación.

Bueno Rubinstein, como siempre el tiempo se nos fue volando, Antes de irnos una última. ¿Cómo terminó la historia?
Por momento no volaba una mosca. Aunque hablando de ello. Se notaba en las facciones de la finada, que su boca había sido atada con un hilo de coser matambre. Mi cuerpo estelar estaba sumergido entre las maderas del rancho. Dos hombres, eso era lo que parecía ser, con capas oscuras y pistolas láser en ambas cinturas entraron y se pusieron de guardia en lo que sería la puerta. Si se puede decir, ya que esta no poseía madera ni marco. Eran humanos que procedían de una galaxia muy lejana. Tan lejana, que no figuraba en ningún mapa estelar del Reino. El general entró en el rancho carcomido. Los dos guardaespaldas se hallaban a los costados de lo que en otra época fuese una puerta. Las alimañas corrían de un lado a otro, y se escondían en la oscuridad de los intersticios de la madera putrefacta. Cuando se acercaba a la mujer colgada mediante cadenas, las enredaderas, hiedras y demás especies rastreras dejaban el surco para qué este llegase a su destino. Se acerco a la victima y con la mano izquierda la tomó del pómulo y la observó. Las facciones no existían. Su boca era una línea, lo que serían sus ojos, sólo estaban las cuencas de los mismos. De nariz, ni hablemos. La suelta y pone su mano diestra en el vientre de la embarazada.
-Esta a punto –tronó.
-Buen trabajo-concluyó.
Extrajo un cuchillo de mediano porte y se disponía a desviscerarla. Hasta ese momento había estado de observador. En su pecho noté el crucifijo que la hacía participe del Reino del Señor. Terminó en la Clínica.


Buenos señores y señoras, queridos escribas escuchas, esto a sido todo por hoy.



Una audición de Radio Gurí
http://radioguri.blogcindario.com
La emisora más oriental de los pagos rioplatenses.

Maldita Internet. Un relato de Juan Pang

Aquí Radio Gurí trasmitiendo pa tuitos los escriba-oyentes de este foro tan letrao. El tema hoy, es la maldita Interne o como se llame.
Hoy en el Plató de la Radio, El Botija entrevista al señor Cornichelli.

- ¿Cómo dice que le va Don Cornichelli? –Pregunto mientras me acomodo en mi silla y tecleo las últimas letras del sitio que se dice ser de chateo.
Como vera Don Botija, un tanto molesto pero así es la vida.

-Permítame presentarlo antes que nada ante la audiencia del foro que esta pendiente como si el partido de peñarol y nacional jugara y se intercambiaran camisetas.
El hombre asiente con un movimiento de cabeza. - Cuidado hombre no me vaya a golpear con las astas.
Es nuevo en estos lares: Su nombre ya lo saben, está dicho anteriormente, dá igual. Su edad no viene a cuento, de todas formas es libre de poner la que quiera, será una falsedad. Digamos que tiene las pilas bien cargadas. Todas las pilas. Su dirección, esa sí que jamás la sabrán, ya se cuidará él.
El motivo de platica es porque dicen que el desahogarse es bueno para la salud, de eso sabe mucho su siquiatra, que pasa muchas horas escuchando los desahogos de los pacientes.

- Don Cornichelli, las malas lenguas que andan por la maldita Interne dicen su santa mujer se pasaba el día con la cara seria, mustia, con un rictus torcido como sonrisa, quejándose de que la vida era un asco, una rutina: trabajar, trabajar y trabajar todos los días del año. Cuando llegaba la noche le daba la espalda y nunca lo deseaba, “Estoy muy cansada”, decía. ¿Qué hay de ello?
Hay mucha verdad Don Botija. Verá usted, un día me suplicó que le explicase la forma de entrar en la Red, una herramienta fundamental para mí, que me dedico a promocionar, vender los productos y atender los pedidos de los clientes de una conocida marca bodeguera. Soy trabajador autónomo y trabajo a comisión. Pero esto no importa, no era eso lo que quería contarles.
Me rogó que la enseñase a comunicarse con sus amigas por Internet, o sea: a chatear.
Yo acepté, muy contento de poder complacerla en algo, ya que nada parecía conseguirlo. Le dejaba el PC durante una hora después de cenar, mientras yo miraba las noticias y mi serie preferida en televisión. Luego necesitó dos horas, tres, cuatro…

- ¿Era cierto que tenía un amante?
Un tal Ramón se hacia llamar el fulano, Cambiarme por mi, el muy ladino. Verá Botija, Tenía 40 años y decía que ella (mi esposa) era lo único en su vida, su sueño, su alegría, sus ganas de vivir, que moría de amor por ella y que tenía orgasmos mirándola en las fotografías. El tío era bajo, más bien gordo y medio calvo, y me había suplantado a mí, que medía 1´90 y tenía un cuerpo modelado durante muchos años en el gimnasio, y conservaba todo mi cabello largo y plateado. Lo conoció por Internet en una charla de esas. Que embroncao estaba don.

- ¿Luego eso pasó?
La verdad tarde o temprano aflora Botija. Ella ya no quiso más Internet, ni más fotos ni más cartas: lo dejaba todo y volvía a mi cama y con amor me abrazaba y besaba. Yo quité la cámara, el micro y el Messenger, que en mi casa nada de eso hacía falta. Y volvieron los años mozos de recién casados, el amor y sus pecados… Me faltaba tirarme de la liana a la cama como Tarzán.
- Tengo por la web messenge o como se llamé a su señora. ¿Qué cuenta Doña Renata?
Un gustazo hombre pues. El se cree que ahora lo amo más que nunca. “Ay, mi amor… Si tú supieras que he estado a punto de abandonarte para irme lejos, muy lejos…”, le digo mientras cruza las piernas sobre él. Guarda silencio y se guardo secreto mientras me ama.

- ¿Y cual es su secreto Mujer?
Pues verá don Locutor ahora me voy sola a la cama y lo dejo trabajar tranquilamente en el ordenador. Sabe que me tendrá dos veces a la semana como antes, como siempre…
El no sabe que, yo se que, desde hace un par de días, el se escribe con una tal Alicia, una mujer preciosa según su opinión. De ojos color turquesa, y labios que destilan miel. Le ha enviado un par de fotos, es preciosa… Eso dice, pero…

- ¿Pero qué?
Pues eso, que por la Web cámara salen todos los defectos, y que mi esposo no tiene veinte años como la que aparecía en las fotos que él había enviado: los años no pasan en balde. Y que la enamorada también la había engañado con las fotos, y que ella era un él.

- Un él, uste no stara insinuando que…?
La que mi esposo veía por el monitor y su picha era mucho más corta aún que en la foto, y claro, pienso yo que fue por eso: nadie cambia una autopista por una vereda, ni un lomo ibérico por un frankfurt. Lo que no mostraba la webcam era cuando iba al baño la fulana lo seguía él. Después siguió con el maquillaje, por lo que ella le puso una base clara, luego unas pestañas postizas, unas sombras en tonos morados y azules, rimel y delineador azul, rubor, labial, uñas postizas que pintó del mismo color morado del labial y una peluca negra larga; todo esto le tomó casi una hora, pero cuando por fin se vio al espejo mi marido, en verdad no se reconoció, Se veía increíblemente bien, la excitación era tremenda y más que evidente por parte de ambos, así que se acercó y se besaron. Resultó que la que tenía la picha era ella/él.

- ¿Don Cornichelli…?
Si me resultó del otro cuadro. Ambidiestro jugaba de medio campo como dicen en
fútbol.

Esta a sido una audición de Radio Gurí pa tuitos los escriba oyentes de este foro tan zafao.



Una audición de Radio Gurí
http://radioguri.blogcindario.com
La emisora más oriental de los pagos rioplatenses.

Un destello de luz

Me llamaba la atención el fenómeno de levitar ya que entre el dormitorio al living, existe unos buenos cuatro metros separados por un corredor. El sofá en que me encontraba efectuando eso, se hallaba pegado a la pared que daba al corredor por el cual entramos al mismo.
Pues bien, mirando hacia la salida me vi frente a al palco de un circo. Al fondo del mismo, payasos y trapecistas. La visión que tenía del lugar era desde la entrada de la carpa.
Fui catapultado al centro de la escena, donde se encontraba la arena. No era la arena del circo, ahora se me antojaba una selva.
La canoa serpenteaba plácidamente por el lago. La estela de la misma dibujaba su contorno a medida que esta se desplazaba por babor. Las ramas de los árboles golpeteaban la proa de la misma.
El hombre anciano remaba lentamente, sobre su costado una carabina de gran poder de fuego descansaba. El se encontraba en la popa.
Me acuerdo que iba en la parte de de la proa, mientras el anciano metía la pala del remo por el flanco de babor yo lo hacía por estribor. Al girar a babor suavemente depositaba la pala de mi remo paralelamente al agua, a su estribor.
-Shh, el anciano me dijo colocando suavemente su remo y yo haciendo lo mismo, luego de dejar caer suavemente la última gota de la pala del remo sobre el lago.
La pequeña embarcación surcaba los últimos metros, mientras mi mano levantaba la maleza que nos cubría.
No era una selva cualquiera. Quién la observase desde donde me hallaba diría que ésta tenía vida propia. Sobre la periferia de la visión, no se apreciaba nada, sólo contornos que inducían a la existencia de vida.
-Vida. ¿Qué vida?
Sólo se apreciaba penumbras, excepto un pasadizo entre la maleza y los árboles.

- Baang, - resonó sobre mis oídos y una voluta de humo salió del caño de la carabina. El carpincho cayó del barranco, mientras el anciano depositaba suavemente su arma sobre su regazo. Tomando el remo, lo introdujo a estribor suavemente, como si una mano acariciara suavemente la tez de un pequeño, pero firme induciendo a la canoa un pequeño movimiento hacia delante.
De momento se hizo una claridad, y pude apreciar por vez primera que había delante de mí. Por el pasadizo al fondo vi colinas y ondulaciones que inducían a crearse la idea de un valle verde y frondoso. La realidad era otra. Enseguida esa claridad, se tornó en penumbras, dejando paso a la realidad en la que me hallaba inmerso.
Cuando surcamos los primeros pasos por ese túnel de una maleza frondosa y exuberante, enredaderas y lianas se movían serpenteando por el suelo, cargado de pastizales rastreros medios muertos medios vivos.
Medio me detuve y dudé.
A los dos o tres pasos al entrar por el sendero de agua, toda la vegetación de la selva pareció cerrarse delante mío y no permitir circular libremente. La frondosidad y la semi oscuridad de la selva, aunado al silencio reinante, hacía del lugar, algo tenebroso.
La poca luz, el silencio cortado únicamente por el siseo de las ramas de los árboles al entrechocar entre si, las lianas, que de grandes, éstas se arrastraban por el piso cargado de maleza rastrera, me hacían dudar. Mi mente comenzaba a mostrarme cosas que parecían ser, pero que no lo eran.
La horqueta de un árbol sostuvo por el cuello el animal, que ante mi vista, pareció desapercibida.
Luego de depositarlo sobre el piso de la pequeña embarcación, llegamos al pequeño embarcadero ya apagándose los últimos rayos del sol.
Ya siendo de noche, a la luz del farol, al frente de la choza nos preparábamos a cenar cuando mi cuerpo se distorsionó como si fuera nubes de humo.

Vuelvo sobre mi cuerpo, luego que el médico depositara por cuarta vez los electrodos en mi pecho, luego de observar con horror la línea que surcaba el aparato de sustentación de vida.
Este, ya se había dado vuelta y sobre mi cuerpo habían depositado una sábana blanca que cubría mi cabeza.

-Bip, bip, el equipo suena, los médicos no llegan a creer. La línea del osciloscopio comenzaba a adquirir forma.


Rubinstein
http://rubinstein.blogcindario.com/
Gurú de las Artes predictivas y mentalistas.
Viajero y guerrero astral. Médico en lo paranormal.