Un caso de exorcismo

Era una caverna grande, amplia y abierta. En el centro se hallaba el podio, dos escalones le precedían. Una bóveda abierta era lo que más se asemejaba a lo que veía. La imagen enfocaba la escena desde arriba y lateral izquierdo. El trono se hallaba vacío. Por momento la imagen comenzó a virar lentamente de izquierda a derecha, de arriba hacia abajo, en un planeo lento. Giraba tratando de visualizar el trono de frente.
Al principio pareció que lo había logrado. Pero esa imagen visual de movimiento, se logro mantener fugazmente.
Algo me atraía a él. No era la forma, pues ésta estaba bien definida. El ser de la oscuridad, ocupaba su lugar como diciendo “el que mando soy yo”. Pero detrás de él, tres seres, igual de malignos lo antecedían. Normalmente “ellos” se hallaban de pie, cuando el ser de la oscuridad gobernaba.
Ello no fue lo que me llamó la atención. El trono se hallaba vacío, Los “seres" que normalmente lo precedían no se hallaban. ¿Qué me llamaba la atención pues?

Se produjo un cambio de imagen, y se comenzó por fin a ver de cerca el trono, y el suelo.
La imagen comenzó a girar lentamente alrededor de él. Los detalles del suelo como de la bóveda, se comenzaron a notar más nítidos. El suelo poseía movimiento, ondulaciones, por momentos se formaban como figuras humanas que se movían al son de una música infernal. Por momentos apreciaba el relieve del trono. Formas de calaveras, húmeros y caras desvirtuadas por el dolor y el sufrimiento, conformaban el asiento del mismo.
La caverna era pequeña. Las paredes de la misma, poseían relieve de figuras que se movían al son de una música infernal. Cada tanto un humero salía de las paredes por ahí, un pedazo de un hueso de la cara por allá. Todos mostraban el desgaste y el dolor. El sufrimiento era patente.

Un cambio de imágenes.
Flotando me acerqué a una de las paredes de la bóveda. Al hacer contacto con la superficie, esta se abrió permitiendo entrar a trabes de ella. Cuando tome conciencia del acercamiento, aprecie que la rugosidad de las paredes, eran consecuencias de las almas que penaban. Estas estaban conformadas por huesos partidos, con pedazos de carne putrefactos, y jirones de algo que parecía tela. Más tarde recapitulando lo que había vivido, tome conciencia que esa “tela” era piel adherida a pedazos de carne.

Otro cambio de imágenes.
La caverna se tornó más pequeña. Las paredes de la misma tocaban mi cuerpo astral. Manos con pedazos de piel y jirones de carne putrefacta me quería jalar para dentro. De golpe, una luz blanca se apoderó de todo mi cuerpo astral. Se limpio el espacio circundante. Buscaba. ¿Qué buscaba?
-El trono –pensé.

Se produjo de nuevo un cambio en las imágenes.
Ahora el trono lo veía de cerca. Pero desde atrás. Flotaba sobre ese suelo, que me quería jalar para dentro. Una cara cadavérica sale por momentos del respaldar de Lucifer. Pedazos de húmeros y huesos partidos formaban un relieve al son de una música que no comprendía su significado.

Un cambio de imágenes.
La cara me absorbió dentro de su interior. En él, colgaba de grilletes lo que parecía ser un cura. Un aura blanca y encandilante cubría mi cuerpo astral, mi alma. Cuando mi visión astral se hizo más nítida, aprecié en lo que sería el cuello del cura, jirones de una vieja sotana. De las cuencas de los ojos del cristiano, salían lo que parecía ser arañas e insectos rastreros. El cuerpo, o lo que quedaba de él, estaba como adherido a dicha superficie rugosa y siempre con vida.

Una vida de sufrimiento y dolor. Vida igual. De un saco extraje un polvo que se encontraba entre mi ropaje de guerrero.
Lo esparcí sobre la cara del cristiano. Las paredes que lo mantenían prisionero comenzaron a resquebrajarse y de un tirón su cuerpo carcomido por el sufrimiento fue expulsado violentamente sobre mi espalda, transportándolo a “La Clínica”.

Un cambio de imágenes. La Recepción de la Clínica. Reino del Señor.
-De nuevo por aquí – La recepcionista, un ángel femenino, me dijo.
-Traigo un sacerdote. –Dije, desvaneciendome en el aire.

Rubinstein
Gurú de las Artes mentalistas y predictivas.
Viajero y guerrero astral. Médico en lo paranormal.



Deseo

Desnuda, recostada contra la cabecera de mi cama, contemplo el espejo de mi soledad mientras oigo avanzar uno tras otro los hermosos cuartetos de Beethoven. Entre almohadones bermellón y mullido azul marino, veo el cuerpo que soy, miro el cabello cubriéndome los hombros mojados por la luz de la mañana; observo la imagen en reposo de mi cuerpo; la extensión torneada de mis piernas, mi piel transpirando a goterones mi deseo. Por la ventana abierta, el calor seco y veraniego se filtra en susurros de la calle donde nadie transita el domingo en que te aguardo.





Había dejado ...

Había dejado el alcohol, porque tenía miedo a sufrir de cirrosis. Había dejado de fumar por miedo de cáncer de pulmón. Había dejado de comer por miedo de sufrir de bulimia nerviosa. Había dejado el sexo por miedo al sida. Había dejado…

Firma: La vida lo dejo.
PD: Lo dejé por miedo a vivir.