Juera daquí

-¿Estás seguro que este es el lugar? –pregunté.
-Sólo observa- me contestó.
Me hallaba en medio de la sala principal. Una bóveda de unos seis por cuatro metros cuadrados se apreciaba. Las formaciones rocosas, apenas permitían el paso de un humano, y éste, de costado únicamente. De momento toda la imagen gira y es como si un camarógrafo enfocase la escena desde arriba y desde atrás de donde me hallaba. Al instante la imagen se torna más clara, y lo que sería la sala principal, estaba formada por una especie de huevos grandes. Por lo pronto se apreciaban dos formaciones rocosas en forma de huevos, colgados desde la cima de la bóveda hasta cerca del piso. Las paredes poseían una estructura rugosa, calcárea y porosa. No había lugar para el pasaje salvo un laberinto. Sin embargo, la imagen se hallaba enfocada desde arriba y atrás. Lo que permitía apreciar la sala principal en su conjunto. Al fondo se visualizaba, una especie de ventanales, pero no lo eran.
El suelo estaba conformado por una viscosidad, que parecía tener vida. Si miraba detenidamente, veía movimientos de surcos y ondas que cambiaban de forma. A mi izquierda y sobre mi espalda, se apreciaba un túnel de forma curva.
A mi derecha otro túnel, por la forma, se denotaba que éste era más grande. Algo me hizo dirigir hacia éste último.
La escena volvió a cambiar, y ahora era como si un camarógrafo filmase desde mis ojos.Un túnel largo y recto se percibía en su magnitud. Dos cámaras se hallaban enfocando ese cambio brusco de escena. La primera desde arriba y atrás, la segunda desde mis ojos. Existía un pasadizo estrecho y serpenteante. La primera cámara, mostraba el túnel en su magnitud. A la mitad se apreciaba dos entradas. Al fondo y a la izquierda existía otra. Este desembocaba en otra sala de menor tamaño y forma, de unos tres por cuatro metros.
Las paredes apenas permitían el pasaje de una persona y ésta, debía agacharse. Donde se hallaban las dos entradas, en el medio del túnel, otra formación en forma de huevo de igual tamaño y forma que en la sala principal.
Existían dos salas iguales. Una al medio del túnel principal, paralelo a éste, y otra al final también a la izquierda. El pasaje obligaba a pasar por un sendero serpenteante y curvilíneo.

-Observa. Me dijo.
Eso hice.
Me hallaba en la sala intermedia del túnel. La cámara, comenzó a dar giros lentos desde arriba. Me hallaba a su entrada, que como había dicho, era más pequeña. Esta, daba a la pared lindera con el dormitorio principal Su forma era rectangular. A la izquierda donde estaba parado, había dos camas y una mesa de luz en el medio. En la pared que daba al dormitorio principal, se encontraba una litera donde dormía el pequeño. En el techo colgaba una lámpara. Sobre la pared paralela al corredor principal, una mesita de luz.
Toda la escena, de momento se tornó irreal. Era como si dos planos colisionasen en un apartamento que daba a la calle. Un mundo alienígeno, sin serlo. Donde estaba, la lámpara del techo pendía de un hilo una formación rocosa en forma de un huevo gigante.

-¿Esto es real? –Le pregunto.
-Si. –Recibo como única repuesta.
El dormitorio de una de las hijas, y el contenido de una de las salas menores de la caverna coincidía plenamente. De hecho toda la caverna, concordaba con el diseño del apartamento. La escena por momento era como transparente.
Lo sólido por instantes, era la formación rocosa de la sala menor y su pasaje curvilíneo y serpenteante. Esto obligaba a un cristiano a ir de costado y arqueado por momentos.
Lo transparente, por consiguiente era el dormitorio de una de las hijas del matrimonio y su sobrino. En dichas condiciones, los insectos, en forma de arácnidos, nacían de los huevos, que cada tanto hacían eclosión, y éstos, entraban en los cuerpos de los humanos que habitaban el dormitorio.
De momento lo sólido, por decir de alguna manera era el dormitorio de dichos humanos. Lo transparente, por ende, era la sala menor de la caverna. De pronto, todo comenzó a adquirir forma, El suelo de la caverna estaba formado por un manto de serpientes de toda clase y color. Las había de dos cabezas, rojas, con círculos en su cuerpo.
Cuando se unía las dos escenas, todo cerraba. Una hija del matrimonio dormía en la cama. Por las patas de la misma, subían reptando las serpientes y formaban un manto protector sobre las mantas de la cama, metiéndose en el cuerpo de ellas. Al niño lo dejaban en paz. Existía una aureola que protegía y repelía esas criaturas. Lo que parecía arañas se metían en la cara, por los orificios nasales de la mujer, como así la boca y orejas. Esta era la bruja menor.
En que sería la cocina, se hallaba la señora de la casa. La bruja mayor.
Los pelos de ella eran serpientes, que se movían al son de una música infernal.
Estas se embutían a trabes de las orejas, nariz y boca. Las arañas se introducían en su cabeza.
y los huevos, germinaban en el cerebro de la misma. Se alimentaban de la locura de ella, de sus pensamientos.
El esposo, se hallaba en la sala principal, sobre la mesa, arreglando la documentación de su trabajo. A el, tampoco lo dejaban en paz. Desde las paredes salían arañas y las serpientes se entrelazaban por sus pies.


-¿Y? -Me preguntó.
-¿Es la cuenta final, para que la bruja mayor y la aprendiza a serlo, nos dejen en paz?-contesto.
-Se esta llegando al final. –Recibo como única repuesta lacónica.
-Vuelve.
Me desvanecí.
Respiré hondo. Había ido de visita al departamento de los vecinos de arriba. Ahora las invocaciones llegaban a su final.
Era hora.


** Opiniones **


Rubinstein
Gurú de las artes predictivas y mentalistas.
Viajero y guerrero astral. Médico en lo paranormal.