Brujas, brujitas, brujas

Esta no era una selva cualquiera. Quién la observase desde donde yo me hallaba diría que ella tenía una particular vida propia. Sobre la periferia de mi visión, no se apreciaba nada, sólo contornos que manifestaban la existencia de vida verde.

-Vida. ¿Qué vida?
Sólo se apreciaban penumbras, excepto un sendero entre la maleza y los árboles.

-¿Sigo? – Le pregunto.
-Si. Entra – Recibo como única respuesta.

En ese instante se hizo una claridad, y pude apreciar por vez primera que había realmente delante de mí. Por la senda, en fondo, vi colinas y ondulaciones que se me asemejaban a crearse la idea de un valle verde y frondoso. La realidad era otra. Enseguida, la claridad, se tornó penumbra, dejando paso a la realidad en la que me hallaba inmerso.
Apenas di los primeros pasos por ese túnel de maleza frondosa y exuberante, enredaderas y lianas que se movían serpenteando por el suelo, cubierto de pastizales rastreros, medio muertos medio vivos.
Isofacto me detuve y dudé.

-Continua –Recibo.

Apenas entrar a caminar por el sendero, toda la vegetación pareció cerrarse delante mío impidiéndome circular libremente. La frondosidad y la semi oscuridad de la selva, aunado al silencio reinante, hacía del lugar, algo tenebroso.
La poca luz, aunada al silencio que era cortado únicamente por el siseo de las ramas de los árboles al entrechocar, más las lianas, largas y gruesas que se arrastraban por el piso, hacían que mi mente dudara cosas que parecían ser, y que no lo eran. Sorpresivamente vi una cara de mujer vetusta que me dijó “¡¡No!!”. Al mismo tiempo, me parecío percibir dos brazos en forma de cruz, como significar: -¡¡Aquí no pasarás!! Al fijar la vista, observe la maleza y las ramas de los árboles caídos delante de mí, rodeados de un musgo verde pálido, en medio de una marisma. Traté de tranquilizarme: “Mi mente me está haciendo una mala jugada”, pensé.

-Sigue adelante.

Nuevamente una luz se comenzó a aparecer, he hizo retroceder esa maleza prehistórica. Las pequeñas zarzas retrocedían en la medida que me adentraba el lúgubre sendero. Muy al fondo, inmerso entre montañas, ya oscuras por la poca visibilidad que existía, surgió una figura.
Se me asemejó la estructura de una cabaña putrefacta cuya única puerta estaba cerrada. De hecho, la cabaña formaba un todo con la selva que la rodeaba. Repentinamente la puerta se transformó en una gran boca, con dientes putrefactos y los dos ventanales desvencijados fueron sus ojos. En ese momento trastabillé porque me sentí atrapado por vez primera, y el miedo caló mis huesos.

-¡¡Dadme fuerza!!

Cuando mi mente se aquietó, me di cuenta que había caído de bruces sobre una rama y mi cara se cubrió de lodo.
Aquí, la cabaña pareció cobrar vida. Sus zócalos se me antojaron como pies, y ella comenzó a erguírse por encima de mí, mostrándome su enojo y malestar por mi presencia. El techo a dos aguas, se convirtió en la melena de la mujer vetusta y enojada.
Volví a caer de bruces.

Una casa que se mueve y me grita.

Haciendo acopio de valor, con una luz espiritual me introduje en las fauces de la vieja. Silencio mortal.

-Dame fuerzas.
¡¡La tienes!!

El suelo y la bóveda de la boca semejaban una sala donde sólo se apreciaba una mesa carcomida por las alimañas del lugar.

-Fuera- escucho decir.

En ese momento una rama me golpea haciéndome nuevamente caer. Trato que mi cuerpo forme un círculo de luz . Nuevamente la mujer intenta golpearme con sus brazos-ramas pero, al hacer contacto con yo circulo de luz, ellos retroceden.
Comencé a sentir que levitaba, cual burbuja luminosa y flotando me acerqué a unas de las ventana-ojos, y miré.

-No puede ser.
-¡¡Es, continua!! -
Escucho

Vi una niña de unos ocho años abrazada a su muñeca de trapo. Llorisqueaba en un rincón, y por delante se hallaba un círculo y un pentagrama.

La selva oscura se tornó un color carmesí y de entre el follaje dos parlantes, se apoyan en la ventana, y le gritan. Di un giró y entré en lo que sería la cabeza. Desde ahí miré hacia el círculo de luz. No lo era. Era un círculo de fuego. En su centro se hallaba Lucifer.
Como si un camarógrafo, enfocase la escena de lo que sería la mujer, este filma haciendo un planeo desde atrás, por la izquierda hacia delante de la cara.

-¿Es lo que veo, cierto?
-Es. –Recibo como repuesta.

Una niña de unos ocho años, con su muñeca de trapo atrapada entre sus brazos, lloriqueando se hallaba en un rincón de lo que sería una choza de madera. Delante, un círculo y un pentagrama.
Se abrió la puerta de la choza y un anciano con cabeza tapada de melena blanca y un bastón la toma de las axilas. –Ven. –Le dijo.
Ella lo acompañó.

-¿Es todo?
-Observa.

Al salir el anciano, se la entrega a una mujer, la cual le da las gracias y las veo partir. La mujer mayor toma de la mano a esa niña, que mira hacia donde me hallo. Con la otra mano asía su muñeca de trapo.

-Es todo hijo. Puedes volver.
Me desvanecí.



** Opiniones **



Rubinstein

Gurú de las Artes predictivas y mentalistas.
Viajero y guerrero astral. Médico en lo paranormal.


Un instante en la vida

La Gran Avenida corría de este a oeste. Era un mundo de gente que por ella pasaba. El ruido de las bocinas y el griterío de la gente, fue lo primero que me impactó. La primera impresión que tuve, fue que era un hormiguero, pero de personas que iban y que venían, que se entrechocaban entre si.

Casi rozándome salió un ejecutivo desde un hotel, y prácticamente tocándome paso delante mío con la mano levantada.

-Taxi –gritó mirando en la acera hacia mi espalda. Todo se tornó en cámara lenta. En la mano izquierda sostenía un maletín, la mano derecha, la mantenía levantada en signo de “alto”.Un taxi amarillo se detuvo bruscamente pegándose a la calzada. Había llovido. Del charco de agua, que había en la calzada brotó una nube en forma de gotas, mojando a los transeúntes. Estas, en cámara lenta traspasaron mi cuerpo, mientras observaba la escena estáticamente.

Cuando tomé conciencia donde me hallaba, me estremecí. Las personas golpeándose unas con otras, sin conocerse cruzaban a través de mi cuerpo, por delante y por detrás.

En la esquina anterior, un ómnibus (micro) había aplastado a un transeúnte cuando el cambio de luces del semáforo. Le había destruido la cabeza con las ruedas traseras.


** Opiniones **

Juera daquí

-¿Estás seguro que este es el lugar? –pregunté.
-Sólo observa- me contestó.
Me hallaba en medio de la sala principal. Una bóveda de unos seis por cuatro metros cuadrados se apreciaba. Las formaciones rocosas, apenas permitían el paso de un humano, y éste, de costado únicamente. De momento toda la imagen gira y es como si un camarógrafo enfocase la escena desde arriba y desde atrás de donde me hallaba. Al instante la imagen se torna más clara, y lo que sería la sala principal, estaba formada por una especie de huevos grandes. Por lo pronto se apreciaban dos formaciones rocosas en forma de huevos, colgados desde la cima de la bóveda hasta cerca del piso. Las paredes poseían una estructura rugosa, calcárea y porosa. No había lugar para el pasaje salvo un laberinto. Sin embargo, la imagen se hallaba enfocada desde arriba y atrás. Lo que permitía apreciar la sala principal en su conjunto. Al fondo se visualizaba, una especie de ventanales, pero no lo eran.
El suelo estaba conformado por una viscosidad, que parecía tener vida. Si miraba detenidamente, veía movimientos de surcos y ondas que cambiaban de forma. A mi izquierda y sobre mi espalda, se apreciaba un túnel de forma curva.
A mi derecha otro túnel, por la forma, se denotaba que éste era más grande. Algo me hizo dirigir hacia éste último.
La escena volvió a cambiar, y ahora era como si un camarógrafo filmase desde mis ojos.Un túnel largo y recto se percibía en su magnitud. Dos cámaras se hallaban enfocando ese cambio brusco de escena. La primera desde arriba y atrás, la segunda desde mis ojos. Existía un pasadizo estrecho y serpenteante. La primera cámara, mostraba el túnel en su magnitud. A la mitad se apreciaba dos entradas. Al fondo y a la izquierda existía otra. Este desembocaba en otra sala de menor tamaño y forma, de unos tres por cuatro metros.
Las paredes apenas permitían el pasaje de una persona y ésta, debía agacharse. Donde se hallaban las dos entradas, en el medio del túnel, otra formación en forma de huevo de igual tamaño y forma que en la sala principal.
Existían dos salas iguales. Una al medio del túnel principal, paralelo a éste, y otra al final también a la izquierda. El pasaje obligaba a pasar por un sendero serpenteante y curvilíneo.

-Observa. Me dijo.
Eso hice.
Me hallaba en la sala intermedia del túnel. La cámara, comenzó a dar giros lentos desde arriba. Me hallaba a su entrada, que como había dicho, era más pequeña. Esta, daba a la pared lindera con el dormitorio principal Su forma era rectangular. A la izquierda donde estaba parado, había dos camas y una mesa de luz en el medio. En la pared que daba al dormitorio principal, se encontraba una litera donde dormía el pequeño. En el techo colgaba una lámpara. Sobre la pared paralela al corredor principal, una mesita de luz.
Toda la escena, de momento se tornó irreal. Era como si dos planos colisionasen en un apartamento que daba a la calle. Un mundo alienígeno, sin serlo. Donde estaba, la lámpara del techo pendía de un hilo una formación rocosa en forma de un huevo gigante.

-¿Esto es real? –Le pregunto.
-Si. –Recibo como única repuesta.
El dormitorio de una de las hijas, y el contenido de una de las salas menores de la caverna coincidía plenamente. De hecho toda la caverna, concordaba con el diseño del apartamento. La escena por momento era como transparente.
Lo sólido por instantes, era la formación rocosa de la sala menor y su pasaje curvilíneo y serpenteante. Esto obligaba a un cristiano a ir de costado y arqueado por momentos.
Lo transparente, por consiguiente era el dormitorio de una de las hijas del matrimonio y su sobrino. En dichas condiciones, los insectos, en forma de arácnidos, nacían de los huevos, que cada tanto hacían eclosión, y éstos, entraban en los cuerpos de los humanos que habitaban el dormitorio.
De momento lo sólido, por decir de alguna manera era el dormitorio de dichos humanos. Lo transparente, por ende, era la sala menor de la caverna. De pronto, todo comenzó a adquirir forma, El suelo de la caverna estaba formado por un manto de serpientes de toda clase y color. Las había de dos cabezas, rojas, con círculos en su cuerpo.
Cuando se unía las dos escenas, todo cerraba. Una hija del matrimonio dormía en la cama. Por las patas de la misma, subían reptando las serpientes y formaban un manto protector sobre las mantas de la cama, metiéndose en el cuerpo de ellas. Al niño lo dejaban en paz. Existía una aureola que protegía y repelía esas criaturas. Lo que parecía arañas se metían en la cara, por los orificios nasales de la mujer, como así la boca y orejas. Esta era la bruja menor.
En que sería la cocina, se hallaba la señora de la casa. La bruja mayor.
Los pelos de ella eran serpientes, que se movían al son de una música infernal.
Estas se embutían a trabes de las orejas, nariz y boca. Las arañas se introducían en su cabeza.
y los huevos, germinaban en el cerebro de la misma. Se alimentaban de la locura de ella, de sus pensamientos.
El esposo, se hallaba en la sala principal, sobre la mesa, arreglando la documentación de su trabajo. A el, tampoco lo dejaban en paz. Desde las paredes salían arañas y las serpientes se entrelazaban por sus pies.


-¿Y? -Me preguntó.
-¿Es la cuenta final, para que la bruja mayor y la aprendiza a serlo, nos dejen en paz?-contesto.
-Se esta llegando al final. –Recibo como única repuesta lacónica.
-Vuelve.
Me desvanecí.
Respiré hondo. Había ido de visita al departamento de los vecinos de arriba. Ahora las invocaciones llegaban a su final.
Era hora.


** Opiniones **


Rubinstein
Gurú de las artes predictivas y mentalistas.
Viajero y guerrero astral. Médico en lo paranormal.

Martín

-Noo…

El viaje.
Rodeado de grandes colinas, me hallaba sentado en una silla mirando sin mirar, con la vista extraviada.

En algún lugar.
-Y doctor, ¿cree que podrá?
-Si.

Escenas fugaces.
La casa estaba inmersa entre grandes árboles que tapaban prácticamente su forma. La visión no permitía ver a los laterales, requería forzar los sentidos visuales y perceptivos.
Un cambio de imagen abrupto. Me hallo entro de la casa. Esta sólo consistía de un gran salón, con una recepción y asientos para esperar. Detrás mío una puerta, delante otra.

En algún lugar.
-Doctor. Es aquí que vienen las almas cuando no poseen cura. –Escuchaba decir en forma tenue y apagada, procedente del Doctor Marqués.

-Pero estamos en el Reino del Señor. –Contesto.
-Si. –El Señor no es perfecto, y no puede con todo. Recibo como contrapartida.
-Veamos.

El nosocomio.
La única habitación que poseía la casa, además de la sala principal donde se hallaba la recepción, se encontraba repleta de almas en estado catatónico. Se hallaban una arriba de la otra, y formaban filas y columnas.

La otra puerta cerrada.

Escenas fugaces.
De pronto todo cambia y me siento catapultado hacia la otra puerta, que se desvanece en un halo de luz, cayendo sobre un jardín completamente espeso, que a duras penas dejaba pasar la luz, a causa del follaje. No se escuchaba nada. Era el sonido de la muerte. Sólo un corredor serpenteante que daba una curva, y se metía en una selva espesa. Las ramas de los árboles, formaban una cúpula de hojas. Otro giro de escena. Me siento transportado a trabes del camino mencionado. En su final, un rancho todo roto y luz adentro. Cuando me acerco, todas las puertas y ventanas se cierran rápidamente. Eso no impide el acceso. Sólo se aprecia una sala, llena de polvo y moho. Papeles por doquier. Cuesta fijar la vista. De golpe otro cambio de escena, y sólo se aprecia un muchacho, de melena rubia de unos veinte años, no mas de veinticinco.

Al verme se acurruca en una esquina. –¿Quién eres?
-Tu tío contesto.
-Noo.
Ambos desaparecemos.

En algún lugar.
-¿Y doctor? –pregunta el doctor Marqués.
-Esta recuperado. Entré a su mente. Ahora que quede en observación.
El había fallecido por una sobredosis de pasta base, en la ciudad de Montevideo, Uruguay. Fue una recaída por los implantes cerebrales.
Lugar: En algún punto del Reino del Señor. Setiembre de 2004. Ala del nosocomio para almas que no poseen cura.
-Queda en vuestras manos. –Me devanesco.


** Opiniones **


Rubinstein
Gurú de artes predictivas
Viajero y médico en lo paranormal