La ciudad de las almas purgantes - La Catedral

Negro el color de nuestras vestiduras.
No por nosotros sino por vosotros,
Por vuestros miedos y dudas.
Macabra siempre nuestra presencia.
No por maldad en nuestros corazones
Sino por marcar la diferencia.
Oscuros los lugares que frecuentamos.
No por necesidad de escondernos,
Por nuestro miedo a las tinieblas superado.
Vosotros nos señaláis con el dedo
Y nos juzgáis ridículos.
¿De que os reís, necios?
Tenemos el valor de ser distintos.
Vuestro miedo a la oscuridad representamos.

En nosotros veis vuestra propia maldad oculta. Somos la Nación Gótica. La Raza Nocturna...

La ciudad se hallaba en una planicie, circunvalada por grandes riscos, rodeado de una maleza exuberante. La cordillera de los Innombrables, corre paralela a la línea occidental de forma continua, con profundas quebradas, macizos, altiplanicies, llanuras y valles longitudinales y transversales, configurando la región de Los Decapitados. Su morfología es muy compleja, por lo que se divide en tres principales cadenas: la cordillera Occidental, la cordillera Central y la cordillera Oriental, dentro de las cuales se encuentran cadenas menores, como la cordillera Blanca o la cordillera Huayhuash también llamada “La de almas perdidas”. A través del camino de un bosque espeso repleto de altos árboles los cuales forman un techo bajo es Sol, vi a un acantilado donde se visualiza la Ciudad en todo su esplendor. O casi. Desaparecí

La Catedral.
Reaparecí en la Plaza de los Innombrables. De forma hexagonal, ésta poseía en su centro La Catedral. La imagen era como si un camarógrafo filmara desde arriba y desde un costado. Resaltaba la Catedral como dominando el entorno. Su fachada una obra de 3 dimensiones, cuyo relieve acentuaba las zonas de luz y sombra, poseía 2 arcos apuntados que se cruzaban formando el soporte de la bóveda. El peso de ésta recaía sobre los pilares. Poseía grandes ventanales cubiertos con vidrieras.

El acceso principal de la misma estaba formado por una gran escalinata de mármol, resaltado por dos figuras en mármol de tigres de bengala alados, uno a cada lado. Sus vidrieras se situaban al fondo, de arcos en plena cimbra, y sus torres cuadradas dibujaban un plano poligonal. A pesar de la poca luz reinante, se apreciaba claramente su verticalidad, altura y esbeltez.

Poseía seis escalinatas de mármol, con la misma disposición que en el acceso principal.

La diferencia radicaba que bordeaba la Catedral un corredor externo hecho en mármol de Carrara cubiertas de figuras de guerreros, extraídos muy parecidas al Renacimiento. Cada escalinata estaba ubicada en las puntas de polígono. La parte más alta de la fachada estaba cubierta por dos seres alados, parados en posición de vuelo en cada punto del polígono.

La fiesta.
Al principio resaltaba los asientos y el altar. Quería ver más. La imagen comenzó a rotar, al principio lentamente, luego sobresalió lo que se quería ver. Un monje, vestido de capa negra, con una cruz invertida comenzaba a dar lo que me pareció en principio un sermón. Fue así que me reubique detrás de él, para apreciar el acontecimiento. Detrás de él, un pentagrama con la figura del ser humano invertida. La nave principal estaba media vacía de feligreses. -¿Feligreses, qué feligreses? – me preguntaba cuando mi interés dio un nuevo giro. Quería ver quienes eran los que allí iban.
Cuando mi vista se hubo adaptado, a la luz reinante pude, por vez primera, apreciar las figuras de los mismos. Ahora la imagen era como si el camarógrafo hubiese enfocado delante, el cura, y detrás, las primeras filas por encima de la cabeza de éste.
De forma humana en apariencia esos seres estaban atentos a lo que hacía. Padres, madres, niños todos vestían con el mismo atuendo. Una capa negra y toda la vestimenta negra. De cara humana, no se diferenciaban en nada de un ser humano.
De momento percibí una necesidad imperiosa de ver lo que el cura hacía. Sobre el altar delante de él, el cuerpo de un niño.
Sobre su costado izquierdo una mesa de madera labrada, que denotaba el paso del tiempo. Sobre esta última, instrumentos de incisión. La imagen era enfocada desde arriba y costado del cura que auspiciaba el evento. Estas, estaban en “off”, apagadas. No percibía lo que decía, si lo que hacía.
De momento se borro toda imagen, y apareció resaltado un puñal pequeño en lo alto, sostenido por dos manos. Otro cambio de escena. Ahora me vi entre el altar y los feligreses, pero de espalda a éstos. El cura arremetiendo contra el pecho de esa alma humana. Al instante dos líneas de sangre brotando por el costado del altar, cayendo sobre una especie de alcantarilla sin tapar.

Cambió la escena nuevamente. Vi el líquido rojo correr por los costados de la nave principal. Se denotaba los movimientos de los feligreses, como tomando vida. Empecé a ver la escena desde arriba y un costado del altar. Cuatro mesas a los costados. Cada una, con un alma humana, sangrando.

Desaparecí y reaparecí nuevamente desde la entrada y desde arriba. El cura se esfumó. Cuatro feligreses alimentándose de las almas que estaban en las mesas mencionadas. Cuatro por cada mesa. Sobre la alcantarilla, licántropos peleándose por las sobras vertidas en la alcantarilla. Los feligreses, se alimentaban. Otra imagen, ahora desde el exterior. Los tigres mencionados, doce en total, dos por cada escalinata adquirieron vida. Comenzaron a alimentarse de las almas que se encontraban en la Plaza de los Innombrables. Los seres alados, adquirieron vida y abriendo sus alas, comenzaron el vuelo. Los guerreros, que habían estado como un mural de piedra en las paredes exteriores, arreaban las almas al centro.
Otro cambio de imagen. Me vi volando. La imagen era amarilla. Era los ojos de una de esas bestias voladoras. Las almas humanas se apreciaban transparentes, resaltando el rojo de su corazón. Estas se abatieron sobre ellas.

De momento todo cambió. Me desvanecí. Mi cuerpo me decía “Rubinstein es hora de dormir”.



Rubinstein
Gurú de las Artes mentalistas y predictivas.
Viajero y guerrero astral. Médico en lo paranormal.