El recinto de las almas malditas

Repletos de altos árboles los cuales formaba un techo que tapaba la poca luminosidad del ambiente, no permitía visualizar la morfología del ecosistema, que me tocó ir a explorar. Bajo la bóveda se apreciaban árboles pequeños adaptados más a la sombra, que la que ya había de por si. Más abajo aún, las hierbas y retoños tolerantes a condiciones sombrías formaban el extracto mas bajo. Entretejidas en las ramas de los árboles se encontraban: lianas, orquídeas, bromelias y helechos. Estas últimas adaptadas prácticamente a la penumbra que no llegaba a definirse como oscuridad, pero era algo muy similar. Ese era el entorno que bordeaba La Ciudad de las Almas Purgantes.
Recuerdo el cielo taponado de un manto de nubes espesas de un color rojo sangre es sus lugares más espesos. Entre ese cielo y la bóveda, sobrevolaban aves pequeñas como gorriones, y otras, tan grandes que cada ala medía tanto como un autobús.

El recinto.
Me costó agudizar la vista. Al principio me tenía que adaptar al medio ambiente circundante. No podía decir que me percibían estos tipos de reptiles voladores, algunos lograban pasar a través de mí, no sin antes producirme cierto escozor. Al principio, recuerdo que lo descarté, para dedicarme a apreciar el entorno aéreo de esa selva que me circundaba. Luego hubo algo que me llamó la atención. Había una construcción ahí abajo. De forma de un pentagrama, se visualizaba algo así como un techo de una construcción humana.
Pero no podía ser, no me encontraba en el plano terreno, tampoco había viajado en una nave espacial. No era un planeta, pero si lo parecía. Luego recordé cuando me desprendí de mi cuerpo. Simplemente se me presentó un manto de nubes blancas que paulatinamente fueron adquiriendo color y textura. Cuando comencé a acercarme, veía figuras resaltándose entre los extractos más altos de la capa superior.
Luego, una nube adquirió la forma de una cara desdibujada y un grito de terror en ella. Luego, como dos escamas surcando la superficie de ese manto de nubes, hizo desaparecer esa cara. Sobre el manto superior de nubes se vislumbraba movimiento de vida.
Recapitulando más tarde, mis sentidos me hicieron ver formas humanas corriendo, o escapando. -¿Escapando de qué?
Debía ver, mi sentido exploratorio estaba indicándome “Rubinstein debes seguir más adentro”.
Eso hice.
Cuando mis sentidos tomaron en cuenta que el recinto, tenía una forma de pentagrama, ya no me importaba que esos reptiles volantes, cruzasen por mi cuerpo. Quería más. Bajé y entré. El techo recubierto parcialmente de lianas que poseían vida propia y los helechos que parcialmente lo cubrían, no me imposibilitaron hacer contacto con esa superficie. Esta última se desvaneció y entré al recinto.


Cap. 2.
La Silla de los Condenados


Repletos de altos árboles los cuales formaba un techo que tapaba la poca luminosidad del ambiente, no permitía visualizar la morfología del ecosistema, que me tocó ir a explorar. Bajo la bóveda se apreciaban árboles pequeños adaptados más a la sombra, que la que ya había de por si. Más abajo aún, las hierbas y retoños tolerantes a condiciones sombrías formaban el extracto mas bajo.

Luego, una nube adquirió la forma de una cara desdibujada y un grito de terror en ella. Luego, como dos escamas surcando la superficie de ese manto de nubes, hizo desaparecer esa cara. Sobre el manto superior de nubes se vislumbraba movimiento de vida.
Me costó agudizar la vista. Al principio me tenía que adaptar al medio ambiente circundante. No podía decir que me percibían estos tipos de reptiles voladores, algunos lograban pasar a través de mí, no sin antes producirme cierto escozor. Al principio, recuerdo que lo descarté, para dedicarme a apreciar el entorno aéreo de esa selva que me circundaba. Luego hubo algo que me llamó la atención. Había una construcción ahí abajo.


Sus entrañas.
Cuando entré por vez primera me encontré con un túnel de acero y concreto. Detrás mío, una puerta de igual material. De un color bronce gastado, todo era una especie de caja larga. No se apreciaba la luz, sin embargo, todo estaba iluminado en penumbras. Lo que sería el suelo, se apreciaba una gran nube espesa que cubría desde el principio al final del túnel, logrando cubrir mis pantorrillas.

Al llegar al final, seguí por el pasillo. Este doblaba en ángulo recto hacia la izquierda.
La llegar la pared que vi al final del recoveco, esta se convirtió en un manto espeso de nubes, invitando a pasar. A mi izquierda, una puerta blindada a cal y cemento forjado. No se apreciaba bisagras. Opté por meterme en ese lugar.
Al acercarme, me desaparecí y reaparecí en esa otra pieza. Su forma era de un rectángulo. No existían características distintivas. El color desgastado de las paredes de acero y concreto. Nada adosado a las paredes. Ventanales, no existían ni por asomo.
–Que lugar – me dije, y tuve que agudizar mis sentidos de la percepción al máximo. Sentí un desgaste al hacerlo. Pero me sentí catapultado a hacerlo.
Frente a mi comienza a adquirir forma la imagen.
Una silla eléctrica en principio. En ella un cuerpo humano, o su semejanza a ello que se movía pero no se podía escapar. Desde mi izquierda se apareció de la nada, otro humano al menos en apariencia, en bata de técnico. Mirándolo mas detenidamente parecía que el camuflaje no era del todo correcto, de momentos aparecía la esencia de su ser maligno, de momentos se tornaba humano. Al acercarse a esa alma en pena, en un momento de percepción gira hacia mí y un grito gutural sale desde sus entrañas. Su cara poseía crestas, cuernos y estaba dotado de un olfato muy agudo.
La escena se visualizó desde otra perspectiva, hasta ese momento veía desde arriba y un costado.

De golpe es como si un camarógrafo hubiese situado la cámara desde la retina de se ser.
Miraba hacia mí. Un color rojizo pálido pintaba la escena surrealista. Los costados se apreciaban borrosos, pero si nítidos donde estaba, o sea el centro de la escena. No me podía ver. Pero sentí que me percibió de alguna manera. Giró de vuelta y movió una palanca. Por momento me sentí a salvo y suspire profundamente. –Me salve – pensé.
Un olor chamuscado recorrió todos mis sentidos. Vi vibrar la silla, el cuerpo de un humano moverse por arte de magia.
Una nube opaca cubrió mis pantorrillas. Algo se movió debajo de la misma. Se vislumbró dos aletas que se mecían mientras se ocultaban entre esa nube. Despareció.

Mmm, que sabroso. Otro pedacito.
La escena ahora, giro de lugar. Era como si un camarógrafo enfocara la escena desde el costado, y al mismo tiempo otra cámara lo mostrase desde arriba y atrás. Se nota claro la forma del monstruo. Negro, grande, temible.
Tomó un pedazo de su costillar y lo probó. –No - Le faltaba un poco de cocción. Un chasquido de nuevo, el cuerpo adosado a la silla comenzó a moverse sólo, como si algo lo incentivase a escapar. Un grito atroz, surgió desde las entrañas de esa alma en pena. La cara del cristiano, si es que fue, cuando vivió, un poema sádico. –Ahora si – piensa el monstruo de la oscuridad.
Dos cabezas. Una se metió en los intestinos mientras otra arremetió con sus fauces abiertas lo que sería el cuello. Pedazos de carne chamuscada, pedazo de hígado y tripas cayeron al piso. La nube que cubría mis pantorrillas de golpe adquirió vida propia.
Se escuchó un ruido de algo que se arrastraba. Una batalla se tornó de momento por las sobras que caían desde las fauces del Ser.
-No me debo meter –pensé. Me desvanecí. Aparecí de nuevo en el corredor pero en otro lado.


Cap. 3

El mundo de los Condenados

Cuando entré por vez primera me encontré con un túnel de acero y concreto. Detrás mío, una puerta de igual material. De un color bronce gastado, todo era una especie de caja larga. No se apreciaba la luz, sin embargo, todo estaba iluminado en penumbras.
A mi izquierda, una puerta blindada a cal y cemento forjado. No se apreciaba bisagras. Opté por meterme en ese lugar.
Al acercarme, desaparecí y reaparecí en esa otra pieza. Su forma era de un rectángulo. No existían características distintivas. El color desgastado de las paredes de acero y concreto. Nada adosado a las paredes. Ventanales, no existían ni por asomo.
Frente a mi comienza a adquirir forma la imagen.
Una silla eléctrica en principio. En ella un cuerpo humano, o su semejanza a ello que se movía pero no se podía escapar.
Se escuchó un ruido de algo que se arrastraba. Una batalla se tornó de momento por las sobras que caían desde las fauces del Ser.
-No me debo meter –pensé. Me desvanecí. Aparecí de nuevo en el corredor pero en otro lado.


Lo que vino a continuación.
Al final del túnel, se erguía una pared de acero y concreto. No se apreciaba la luz, sin embargo, todo estaba iluminado en penumbras. Continuaba apreciándose una gran nube espesa que cubría desde el principio al final del túnel, logrando cubrir mis pantorrillas. Lateral a la misma, se encontraba la pieza que se ubicaba la Silla de los Condenados. Al cercarme al final del túnel, me desvanecí reapareciendo sobre pasillo metálico que daba a una escalera que terminaba dentro de la selva. El calor y la humedad, resultaba asfixiante. Las ramas de los árboles de la bóveda, obstruían el paso. La selva era tan espesa que no permitía ver más allá de unos pocos centímetros. Las lianas pasaban a trabes de mis tobillos como queriendo jalarme al corazón de ese gran bosque, que por momentos pareciera que tuviese vida propia.
A pesar que mi corazón latía desbocadamente baje por esa escalera, llegando una alcantarilla. Me desvanecí y entre al subsuelo.


El mundo de los condenados.
De momento me encontré dentro de un silo grande y profundo. La oscuridad no permitía ver más lejos que mis pies. Un pasillo metálico me llevaba hacia abajo girando en forma de caracol. Lo que supuse que sería el fondo, me pareció ver a agua, pero resulto ser un gran manto de nubes que parecía tener vida propia.
Llegué a un punto en que la neblina, me tapaba la visión. A mí alrededor escuchaba ruidos, sonidos de animales que se movían. - ¿Qué se movía? – me pregunte.
De golpe una ventana, mucho antes de llegar al fondo, que aunque me esmerase no podía tocarla. Al acercarme el silo se esfumó y aparecí en un gran recinto tubular.
Cerrado hermético sin nada que lo distinguiese, en el centro en forma ovalada, había una mesa con monitores.
Al acercarme al Centro de Control, pude observar por vez primera, varias figuras de forma de animales, de espalda a mí. Delante de la mesa, como que de golpe apareció un ventanal ovalado.
Un gran manto de nubes de un color rojo púrpura apareció de golpe ante mis ojos. Me puse a observar atentamente la escena. Se denotaba que algo iba a acontecer.
La escena era como si un camarógrafo hubiese situado su cámara como si la escena la viese desde mi perspectiva.
De golpe un movimiento espasmódico. Una cara desencajada de lugar, producto de las penurias que pasaba hizo implosión sobre el plexiglas del ventanal ovalado. Una gran mancha de sangre, se hizo presente al explotar la cabeza contra la mampara que me separaba. Me hizo retirar unos pasos atrás. La cara desaprecio de escena, tapada por una estela que marcaba claramente el sentido del movimiento. Luego todo volvió a la normalidad.

-No debo meterme – pensé.
Es hora de retirarme. Comencé a desvanecerme. El sueño paulatinamente comenzó a tomar forma definitiva.

-- Fin --



** Opiniones **


Antecedentes.
La ciudad de las almas purgantes
Imagenes de una imagen partida


Rubinstein
http://rubinstein.blogcindario.com/
Gurú de las Artes predictivas y mentalistas.
Viajero y guerrero astral. Médico en lo paranormal.