Pendejo

"!Estupido! !impotente!", eran algunas de las palabras que habían salido de la boca de la chica mientras lanzaba sus ropas hacia el pasillo y le obligaba a salir desnudo tras ellas movido mas por la vergüenza que por las fútiles e ingeniosamente escatológicas amenazas que recibía de la mujer. Sus ojos verdes no dejaban lugar a dudas de su indignación y odio, su cabello dorado estaba enmarañado por la furia y apenas cubría su busto desnudo antes de cerrar la puerta ante sus narices.

Imágenes de una mente torturada

Imágenes de una mente torturada

A mi libro.
Anotaciones en carácter biográfico
Sobre notas de
"Un libraco enamorado"
Rubinstein

Rodeado de colinas verdes, y césped cortado con mucho esmero, el Palacio, es un clásico de la Arquitectura del Siglo XVIII. La construcción del mismo, es de mármol. Su fachada muestra una brillante interpretación de los modelos italianos, adaptados al trabajo en ladrillo; se articulan en tres pisos con el número de vanos creciente en altura.
Los espacios esplendorosos y la inspiración cartesiana serían los protagonistas en la búsqueda de la perfección simétrica y de una perspectiva guardada por tilos, robles, álamos, fresnos, cerezos o hayas, ante la que la vista se pierde. El eje visual que se propone quiere dejar sentir su rango de absoluto: su principio, en el castillo, y su fin, en el infinito. Las cinco alas de la Clínica están esparcidas en forma de un pentagrama. Cada Diagonal de la misma, posee un ala que cubre las distintas necesidades del Reino. En el centro de cada diagonal existe un Palacio de las condiciones descriptas anteriormente.

La occisa.
-No más –Decía María Isabel. Ella, una muchacha embarazada se hallaba dentro del mundo del sarcófago. La imagen que se presentaba daba una visión desenfocada en la periferia, enfocada en el centro. Su forma era circular, trasmitiendo la sensación de lejanía pues obligaba a enfocar la retina en el centro de la misma, no en lo que sucedía en el borde.

El Sala de los Galenos.
Una mesa ovalada, para seis personas estaba en el centro de la Sala de los Galenos. Unicamente, en este caso éramos tres médicos. Delante de mi, vidrios. Cuatro en total. Estos cubrían la pared frontal. Auspiciaban de monitores. A mi izquierda la puerta, por donde entramos. “La Sala Consultante”.

En los cuatro vidrios una sola imagen: una sala blanca, sin nada distintivo. Lo diferente era una mesa de cirujanos. En ella una mujer rubia a punto de parir. Se produce un cambio de situación. Una nube blanca cubre la Sala donde se hallaba la difunta, Los monitores se tiñen de una nube blanca, con relieve. Una forma oscura comienza a adquirir espacio. El manto de nubes desaparece lentamente, pasando a tomar forma el cadáver de la difunta madre. No se halla la mesa de cirujanos. Sólo ella, ocupa el lugar. Se halla en el centro, flotando.

-¿Y ahora doctor? –escucho decir.

-Veamos.

Imágenes de una mente torturada.
Un rancho de madera podrida, de techo a dos aguas, en medio de una selva oscura, impenetrable, comienza a formarse. La parte lateral de la imagen esta cubierta de un manto de nubes espesas. Las mismas poseen relieve. Pero la imagen enfocada desde arriba y el centro, parece no dar importancia al contorno, sólo se vislumbra movimiento en la periferia de la visión. Lo claro es la edificación mencionada. Se ve desde arriba. La parte central esta cubierta de una reja desvencijada por el tiempo.

La hiedra, los matorrales y el tiempo han hecho del mismo, un lugar inhabitable por si mismo. Por el lugar y lo que deja ver, una selva. Dos hombres con manto oscuro visto desde la espalda, entran al mismo arrastrando el cadáver de la joven madre. Cierran la puerta con candado y cadena y se van.

El Sala de los Galenos.
-¡Y doctor? –me pregunta Estefanell.

-Estamos extrayendo las primeras imágenes de la mente de la occisa –contesto.

El monitor izquierdo de la punta al lado de la puerta de entrada, cubre el cuerpo de la madre a punto de parir.

El segundo vidrio mostraba la imagen del rancho de madera podrida, de techo a dos aguas, en medio de una selva oscura. Los otros dos restantes, estaban cubierto de un manto de nubes blancas, con relieve, formas que se quería perfilar pero no llegaban a dar forma.

Primavera de 1810. Nueva Gales del Sur.
Noche. Llovía a cántaros. El carruaje corría a trabes del sendero. Un gran risco a la izquierda. El mar rugiendo con fuerza descomunal. La oscuridad total, era iluminada fugazmente por relámpagos que teñían el cielo nocturno cargado de nubes que presagiaban lo inevitable. Sobre su derecha, a lo lejos encima del peñasco, la casa de las Brujas del Condado de San Nícolas.

De momento, otro cambio de imágenes. Nos se ve nada, sólo la sala de éstas. A su izquierda una estufa a leña. A su costado sobre un caldero hirviente las tres brujas recitando un conjuro.

El resto de la sala se desdibuja. La imagen se centra en el accionar de las tres mujeres. A lo lejos, el carruaje cae al precipicio, cuando iba en dirección al pueblo.

El Sala de los Galenos.
-¿Seguimos?-Me pregunta el doctor Marques.

-Si –digo instintivamente.

El tercer vidrio adquiere forma lentamente, comienza a formarse la imagen de un carruaje corriendo debocado por un sendero serpenteante entre el mar rugiente y la colina, A su izquierda un risco bañado por furiosas aguas. Las otras imágenes se mantienen fijas. El cuarto y último monitor se mantiene cubierto de una nube blanca con relieves de algo con vida.

El mundo del más allá.
-Socorro –María Isabel decía mientras el carruaje se desbancaba al rugiente mar. De momento otro cambio de imagen. Todo se oscurece y a lo lejos un rayo de luz. Al principio un puntito de luz en medio de la oscuridad y el silencio. Luego todo lo cubre. Ella se ve flotar cuando el sepelio. Siente escalofríos, al ver como echan tierra en su lápida. Un sarcófago de madera de roble. Un cambio de imagen. Todo se pinta de un color carmesí sangre. Se encuentra en un rancho de madera podrida, de techo a dos aguas, en medio de una selva oscura, impenetrable. La periferia de la imagen esta cubierta de un manto de nubes espesas. Las mismas poseen relieve.

Pero la imagen enfocada desde arriba y el centro, parece no dar importancia al contorno, sólo se vislumbra movimiento en la periferia de la visión.

El Sala de los Galenos.
-No entiendo –Dice el doctor Estefanell.

-¿Qué es lo que no entiende?-contesto.

-Verá usted, cuando entró al cerebro de la occisa, veo saltar una imagen y otra aparentemente sin sentido.

-El sentido es, que para saber en que parte de esta mente torturada, la mujer y su hijo se encuentran, se debe saber que pasó. Como eso no lo sabemos todavía, se deja que las imágenes broten libres. Ya se va ver un punto conductor. Estas nos han de mostrar un punto de quiebre, en donde el trauma aflora. Conociendo el motivo, se sigue una línea directriz. ¿Me explico?

-Claro. -contesta.

-Una vez que sepamos el motivo del trauma, encontraremos la ubicación donde ella se oculta y retiene su niño nonato. Por ello debemos seguir explorando la mente del cadáver.

-Entiendo. –contesta el doctor Estefanell.

-¿Seguimos?- pregunta el doctor Marques.

-Si, un momento. –Respondo.

Mi cuerpo comienza a desvanecerse, y lentamente comienza a surgir el sueño profundo.

El mundo del sarcófago.

De golpe la imagen desapareció y fue como si un camarógrafo la enfocase dentro del rancho rotoso ese. Había un gran salón, recubierto de madera desvencijada, y entre los intersticios de ésta se colaban raíces y la hiedra.

-No más –Decía María Isabel. Ella, una muchacha embarazada se hallaba dentro del mundo del sarcófago. Al costado izquierdo, sobre la pared lateral que daba esquina con la pared de enfrente, desde una puerta, dos hombres vestidos de negro arrastran al salón a la occisa madre a punto de parir.

Hubo tres cambios de imagen relatando dicho accionar. Al principio desde arriba y atrás de lo que sería la puerta. Mostraba dos hombres con capa arrastrando la occisa mediante una cadena. Esta iba atrás forcejeando y moviéndose queriéndose escapar. La segunda enfocando directamente a la altura de la cabeza de dichos hombres, como pasaban a través de la puerta interior y arrastraban el alma con su nonato retoño. La tercera, siguiéndole movimiento de dichos hombres y como era arrastrada por el suelo de tierra el alma de esa mujer. En todo momento se apreciaba la fuerza con que ella se oponía a lo inevitable. En La Clínica, una nube blanca cubre la Sala donde se hallaba la difunta. Los monitores se tiñen de una nube blanca, con relieve. Una forma oscura comienza a adquirir espacio. De pronto todo se borra, El primer monitor comienza a cambiar las imágenes, una nube blanca ocupa el lugar donde se hallaba la occisa. Comienza a adquirir forma una estufa a leña apagada y carcomida por el tiempo frente a nosotros. Delante de ella estaba colgada por cadenas una mujer a punto de dar a luz, atada de los tobillos y las muñecas abiertas, estirada vertical al suelo. Las cadenas nacían desde el techo y desde el piso, haciendo que esta alma estuviese colgada a medio metro en el aire sin poder moverse.

Se notaba en las facciones de la finada, que su boca había sido atada con un hilo de coser matambre.

-No más –Pensaba María Isabel. Ella, una muchacha embarazada se hallaba dentro del mundo del sarcófago. No podía emitir un murmullo. Por momento todo cambia de nuevo. Aparecen escenas entrecortadas de Nueva Gales del Sur.

Un relámpago. Por momento un carruaje. Otro relámpago. Una caída sin fin. Una boca grande se abre y el carruaje es engullido. Una ola gigantesca cubre el carruaje cayendo de espalda, con las ruedas para arriba, toca por vez primera el mar.

Otro relámpago. Dolor. Imágenes entrecortadas de la vida de una Condesa. Corría el año 1800. Una gran mansión con jardines a su alrededor, sol, un unos niños jugando y columpiándose. Hay grandes árboles en los jardines, estatuas de ángeles en mármol y muchas fuentes. Entre estatuas y jardines bellamente cuidados, María Luisa tejía sentada en una mecedora debajo de un gran ciprés. Otro relámpago dolor. Cambia la imagen.

Se ve alguien de mando. Un general entró en el rancho carcomido. Dos guardaespaldas se hallaban a los costados de lo que en otra época fuese una puerta. Las alimañas corrían de un lado a otro, y se escondían en la oscuridad de los intersticios de la madera putrefacta. Cuando se acercaba a la mujer colgada mediante cadenas, las enredaderas, hiedras y demás especies rastreras dejaban el surco para qué este llegase a su destino.

-Esta a punto –tronó.

-Buen trabajo-concluyó.

Extrajo un cuchillo de mediano porte y se disponía a desviscerarla.

La Sala de los Galenos.

El monitor izquierdo, ubicado en la “Sala de los Galenos” que da a la punta al lado de la puerta de entrada, cubre el cuerpo de la madre a punto de parir.

El segundo monitor mostraba la imagen del rancho de madera podrida, de techo a dos aguas, en medio de una selva oscura.

Los otros dos restantes, estaban cubierto de un manto de nubes blancas, con relieve, formas que se quería perfilar pero no llegaban a dar forma.

El tercero, adquiere forma lentamente, comienza a formarse la imagen de un carruaje corriendo debocado por un sendero serpenteante entre el mar rugiente y la colina, A su izquierda un risco bañado por furiosas aguas.

El cuarto y último monitor, muestra las imágenes cuando María Isabel era arrastrada a la fuerza. Los tres cambios de enfoque de una misma imagen, se producía a través del cuarto y último monitor.

-Fue ahí cuando usted, Rubinstein extrajo esa alma de se lugar y la trajo a la Recepción de La Clínica –El doctor Marques, que hasta ese momento había estado observando adujo.

Si, les muestro–Contesto.

Los otros monitores quedan fijos en las últimas escenas que sustrajeron, excepto uno.

El rescate
De pronto en uno de los monitores aparece un manto blanco con relieve. Poco a poco fue aclarándose. Me encontraba volando por encima de una espesa selva. Por encima de mi cabeza se hallaba un manto de nubes rojas, con una textura movible. Adquirían por momentos forma humana parte de huesos de almas en pena. Entre planicie, montañas y quebradas un manto verde oscuro pasaba rápidamente por debajo de mí.

De golpe se borro esta escena, como si el director de la película quisiera mostrarme una nueva escena. De golpe me encontré ante un viejo y añoso cementerio. Las arcadas de hierro estaban llenas de moho y carcomidas por el paso del tiempo. El nombre del cementerio se había borrado. Encontré una lápida sin nombre.

De momento hubo otro cambio de escena. Y entré. Se hallaba tapada de zarcillos y maleza. Había una escalera metálica que daba a un recinto vacío, con una puerta de metal forjado abierta. Pasé por la puerta, y me encontré ante un jardín lleno de alimañas, ratas e inmundicias por doquier. Los árboles cubrían el pasaje.

Sus ramas poseían vida propia. Las ramas se movían solas y formaban figuras de esqueletos vivientes. El suelo estaba cubierto de una enredadera que quería tragarme los pies y jalarme para abajo. De momento todo vuelve a cambiar y aparece el rancho. De ahí la sustraje, cuando estaban por desviscerarla.

-Hasta ese momento había estado de observador. En su pecho noté el crucifijo que la hacía participe del Reino del Señor.

La imagen era como si un camarógrafo enfocase la escena desde arriba y un costado por encima de la cabeza y lateral del hombre que estaba a la izquierda. Mi presencia no había sido notada. Le caí de la pared carcomida, en forma lateral con una espada láser y cortando al guarda izquierdo desde la primera cervical hasta la última vértebra del esternón. Proseguí con un giro en sentido contrario rebanando a la altura de la vértebra cervical, al segundo guarda. La cabeza no había llegado al piso, cuando el general comenzaba a girar y extraer su pistola. Dos espadas láser pequeñas terminan de hacer su trabajo, mientras que con una, rebané la cabeza al nivel de la nuca con la otra le hice un corte en chanfle al nivel de la aorta mayor. El mal me hizo sacudir el cuerpo astral, como si una ola me golpease fuertemente.

La Sala de los Galenos.

-Entonces según esto, hasta el momento podemos decir que la mujer que usted rescató vivía por el año 1810, en Nueva Gales del Sur. Que por algún motivo desconocido, en la primavera de dicho año, el carruaje en que viajaba se desbancó. Llovía, producto de una tormenta infernal, y sobre el risco las aguas rugían descomunalmente. Posteriormente, ella vio su entierro, y lo que sintió. Entre el momento del fallecimiento y el entierro no se sabe que pasó. Si, que no fue a parar a donde debía, sino al Purgatorio. –El doctor Estefanell, sabiamente resumió.

-Podríamos decir que si, pero falta rellenar los huecos de lo acontecido y encontrar en esa mente perdida y torturada a su dueña y su hijo. –Me atrevo a acotar.

Imágenes de una mente partida.

Todos los monitores de la “Sala Consultante” mientras platicábamos mantenían una única imagen: “El momento en que arribo a la Recepción de la Clínica con María Luisa y su hijo nonato.”

-Veamos que podemos sacar en conclusión entre todas estas imágenes –pronuncio.

Los doctores Estefanell y Marques se acomodan en sus butacas respectivas y comienza el sondeo, ya en condición de una búsqueda más profunda.

El primer monitor, el izquierdo, el de la punta al lado de la puerta de entrada, comienza a adquirir vida. Es así que, comienza a aparecer vistas aéreas del jardín de La Cínica.

Entre colinas levemente onduladas, tilos, robles, álamos, fresnos, el jardín se mostraba en todo su esplendor.

Resaltaban las estatuas de figuras angelicales, como así, fuentes basadas en el Renacimiento. María Luisa se hallaba sentada debajo de un gran ciprés mirando la lejanía. Se le notaba cambiada, parecía estar bien.

Percibía algo subyacente que no era propio de ella, a pesar de considerarla una paciente, mi instinto me decía que no se la podía dar de alta. No poseía ya su hijo, hablaba como si nada le importase.

-Que piensa Doctor- me dice Estefanell.

-¿Quien fue quien la atendió al principio? –pregunto.

-Yo –contesta Estefanell.

-Me muestra que hizo.

Flashes inconexos.
-Cuando usted la dejó en la Clínica ella quedó a mi cargo, No sabía que hacer, y dejé que brotase las primeras imágenes de la mente. Recuerde que estaba torturada por mucho tiempo. –Claro –admito.

-No era gran cosa. Pequeños momentos de su vida antes de casarse con el Duque. Como se divertían con amigas, en los jardines posteriores del Palacio de su padre. Por momentos aparecían otras imágenes de momentos posteriores, ya casada con el Duque. Su vida matrimonial. Eso si le puedo mostrar como interesante.

Los monitores durante todo es tiempo mostraba una muchacha de alrededor de unos 18 años, riéndose entre un jardín, cuando era soltera. Se sucedían velozmente cambios bruscos de estas, al momento que el doctor Estefanell, relataba lo que pudo extraer.

Otro cambio de escena brusco. Se apreciaba al Doctor Estefanell, en su consultorio observando imágenes para hacerse idea de que pasa por su mente. Se le ve cuando dos ángeles enfermeros la llevan para dar a luz.

Todo vuelve a cambiar. Una sala blanca inmaculada, sin nada distintivo. Sólo María Luisa sobre una mesa hecha de nubes dando a luz el hijo que no pudo nacer. Se aprecia cuando se lo entregaban a dos ángeles adultos. Los padres adoptivos celestiales.

Es que no había tiempo, por eso se le llamó Rubinstein. –comenzaba a escuchar, absorto en los cambios bruscos de escenas y como se producían.

-¿Me decía? – atino a decir, casi sin habla.

-Cuando estaba sondeando su cabeza, le llegó la hora de parir Doctor- decía Estefanell.

-Si, si. –digo sin decir, mirando fijamente las imágenes que se sucedían a velocidades muy rápidas. Buscaba algo que uniera, todavía no podía encontrarlo.

-Muéstreme su vida matrimonial. Doctor- digo.

Su vida matrimonial.

Otro monitor cobra vida. Ella ya casada. Se denotaba tristeza, pena. Ella durmiendo en una sala en otra ala del Palacio del Duque. Escenas de desarraigo total.

Este último no se dejaba ver, sólo de noche, le cubría la cara una máscara, y siempre acarreaba guantes. De momento se borra de vuelta la imagen, y aparece un ella y el Duque, el día de su matrimonio. Mientras toda la escena se desarrollaba en el segundo monitor, todo se entrecortaba. Surgen voces. Se le asigna su lugar en otro lugar del Palacio del Duque. Nunca, pero nunca debía ella entrar al dormitorio de él. Las escenas eran de desarraigo total.

-Acá hubo algo de interés. Otro cambio brusco de imágenes. Ella esta entrando al dormitorio del Duque –escuchaba decir, mientras mi mente trabajaba a mil por hora.

La escena se presentaba de día. El dormitorio de quién fuese su marido. No había nadie. Una gran cama frente a ella. Vacía. Los muebles de la época. Un gran espejo frente a la cama.

Esta se hallaba lateral frente a ella. Los costados de la visión eran como un túnel, todo borroso a su costado. De pronto, se ve a ella mirando el gran espejo que daba a los pies de la cama del Duque, su marido. Surgen pensamientos.”¿Dónde esta mi marido?”

De momento ella deja de reflejarse en el espejo y éste, se convierte en un túnel que da hacia abajo. Se ve impulsada a trabes del mismo. Hay una escalera de piedra que mediante una curva apunta hacia abajo. En las paredes, antorchas encendidas. Cuando lo traspasó una pared de piedra se formó donde estaba el espejo.

-Doctor. Doctor – escucho decir. Era el Doctor Marques. –¿Se encuentra bien?

-Si, si gracias, un poco cansado.

El gran bacanal.
Un gran recinto vacío. Paredes de mármol, estatuas y vigas del mismo material. Este se hallaba vacío, excepto por cuatro ataúdes de madera forjada macizos antiquísimos. De pronto la imagen se fija en ellos, como si algo la atrajese. Otro cambio de imágenes brusco, muy brusco, los monitores parecen no dar a basto. Una fiesta en el Palacio del Duque, su marido.

Todo el mundo de fiestas. Todos con trajes de etiqueta, propios de la realeza. María Luisa era el centro de la atención. Los carruajes, no terminaban de llegar, entraba uno a la entrada principal y salía otro. Las damas con ropa de fiesta. Corría la primavera de 1810, Nueva Gales del Sur. En un cambio de escena, la cámara se sitúa por encima de María Luisa, enfocando la Sala Principal. Un baile vienes. Comienza a cambiar la escena como si la cámara fuese girando. Se enfoca en María Luisa y el Duque en un trono. Se escucha el sonido de la música, pero no los invitados. Sólo los anfitriones. El duque, y la duquesa, la señora María Luisa. Una máscara de oro y diamantes cubre la cara de su esposo, guantes blanco de etiqueta su mano. Ella con guantes turquesa, hasta el codo.

Otro cambio de escena, se cierran las puertas y ventanas de golpe. Comienza la orgía. La servidumbre cae desde todas partes, hacia los invitados. Se denota los vampiros alimentándose.

De golpe, un silencio total, las imágenes se tornan en “off”.

María Luisa sale corriendo, en un carruaje, se hallaba embarazada. Llovía a cántaros. –Deténgalan -Un grito de ultra tumba se hace oír.

El carruaje corría a trabes del sendero. Un gran risco a la izquierda. El mar rugiendo con fuerza descomunal. La oscuridad total, era iluminada fugazmente por relámpagos que teñían el cielo nocturno cargado de nubes que presagiaban lo inevitable. Sobre su derecha, a lo lejos encima del peñasco, la casa de las Brujas del Condado de San Nícolas.

El nacimiento de un angelito.
Todo cambia, los monitores se tornan en blanco. Aparece la figura de una sala inmaculada, hermosamente bella. En el centro una mesa de operaciones. Las paredes sin rasgos distintivos, completamente blancas, así como el techo.

Sobre una de éstas últimas un gran ventanal. Tres hombres vestidos en túnicas blancas, alrededor de la mesa.

En ella, una mujer y su bebe. El jefe de ellos, con la mano izquierda sobre el vientre de la mujer, paso su mano de izquierda a derecha. En el mismo, se encontraba enroscada una especie de cordón umbilical. Luego volvió a realizar el gesto de derecha a izquierda con la misma mano, al tiempo que con la otra la pasaba por su cabeza. La forma de pasar la mano derecha, fue desde los pelos incipientes, hasta su papada de arriba hacia abajo. El cordón desapareció.

El bebe abre los ojos y un hombre, que se encontraba sobre su regazo, lo lleva al ventanal, pasa a través de él. Sus padres se encontraban. Hay una sonrisa de felicidad en ellos, la mujer lo toma en los brazos y se desplazan por el corredor en que estaban por el aire. Una puerta se abre, y una luz enceguece dora los baña. María Luisa retorna a La Clínica.

La Sala de los Galenos.

-Ahora entiendo –Dice el doctor Estefanell.

-¿Qué es lo que entiende?-contesto.

-Verá usted, cuando entró al cerebro de la occisa, vi saltar una imagen y otra aparentemente sin sentido.

-El sentido es, que para saber en que parte de esta mente torturada, la mujer y su hijo se encontraban, se debía saber que pasó. Como eso no lo sabíamos todavía, se dejó que las imágenes brotasen libres. Ya se iba ver un punto conductor. Estas nos irían de mostrar un punto de quiebre, en donde el trauma aflorase. Conociendo el motivo, se siguió una línea directriz. ¿Me explico?

-Claro. -contesta.

-Una vez que supimos el motivo del trauma, encontramos la ubicación donde ella se ocultaba y retenía su niño nonato. Por ello debimos seguir explorando la mente del cadáver.

-Entiendo. –contesta el doctor Estefanell.

Todos los que en la Sala nos hallábamos nos desvanecimos.


** Opiniones **




Rubinstein
Gurú de las Artes predictivas y mentalistas.
Viajero y guerrero astral. Médico en lo paranormal.

Un libraco enamorado

Hola querido libro que descansas en mi mesa de luz. –Hola –este siguió descansando, se denotaba en el hecho que cuando respiraba las hojas del mismo se hinchaban, cual el aire entrase en los pulmones.
Tengo una historia para relatarte. –Déjame en paz, Rubinstein, estaba soñando con un libro muy femenino, de una encuadernación muy labrada escrita por una dama madrina.
Te va a gustar, trata de viajes fantásticos. –¡hee!, ¿qué me has dicho?
Eso. Este salta de la cómoda y pone nuevas hojas y me mira expectante.
Te acuerdas que dormía ayer a los sobresaltos. –Si.
Me encontraba volando por encima de una espesa selva. Por encima de mi cabeza se hallaba un manto de nubes rojas, con una textura movible. Adquirían por momentos forma humana parte de huesos de almas en pena. –Siempre te alcoholizas Rubinstein.
No. En serio escúchame, va más bien disponte a escribir. Era como si una cámara planeara entre el cielo y la tierra. Salvo que no era en el plano terreno.-Zaz, empezamos de nuevo, y soy yo que me lo tengo que soportar, cuando Rubinstein se siente solitario.
Entre planicie, montañas y quebradas un manto verde oscuro pasaba rápidamente por debajo de mí. –Si ya se te encontraste con los marcianitos verdes, Jajajaja. No libro perspicaz. Entre ese manto de nubes y lo que sería el manto arbóreo, sobrevolaban “las aves del trueno”, esto es, eran unas aves enormes, mucho mayor que los aviones que podemos contemplar hoy. No batía sus alas, ni una sola vez. Era blanca por debajo y negra por encima. Paneaban –El que vas a planear sos vos, cuando te de con la tapa de atrás por la nuca y te haga caer en la realidad.
Escribí libraco tozudo, te pareces a mí. –Esta bien, no te me enojes patroncito.
De golpe se borro esta escena, como si el director de la película quisiera mostrarme una nueva escena. –Si. Descubrites la gallina de los huevos de oro Nop. Te equivocas libro pillo. De golpe me encontré ante un viejo y añoso cementerio. Las arcadas de hierro estaban llenas de moho y carcomidas por el paso del tiempo. –El tiempo te va a caer a vos, Rubinstein donde sigas con esa historia, Me sacaste de un sueño con una preciosura. Vestía minifalda negra, con detalles plateados, zapatos de taco con punta cerrada y una remerita blanca que dejaba uno de sus hombros al descubierto. Su cabello castaño claro, lacio, apenas tocaba sus hombros, y un flequillo casi espumoso acariciaba sus pestañas.
De que me estas hablando ahora libraco, te voy a poner en penitencia. -Te hablaba que soñaba con una hermosa encuadernación de lo más feminista y hermosa. Estoy enamorado, mis hojas palpitan al son de sus movimientos ondulantes.
Ya te voy a dar salir con un libro de anaquel femenino. –No me regañes.
Bueno, te contaba hasta el nombre del cementerio se había borrado. Cuando pasaba el pasaje desparecía por causa de la maleza exuberante existente en el lugar.
-Y ya que estamos en estas… ¿qué encontraste?
Encontré una lápida sin nombre. De momento hubo otro cambio de escena. Y entré en la misma que se hallaba tapada de zarcillos y maleza. –Ja, que sueño.
Pues no libraco. Había una escalera metálica que daba a un recinto vacío. -¡Que..!-no estaba la fulana pues.
Efectivamente no había nadie. Sólo una puerta de metal forjado abierta. –Rubinstein me perdí. Me estas hablando de sarcófago.
Si, de eso estoy hablándote. –¿Qué pasó luego?
Pasé por la puerta, y me encontré ante un jardín lleno de alimañas, ratas e inmundicias por doquier. Los árboles cubrían el pasaje, Sus ramas poseían vida propia. Las ramas se movían solas y formaban figuras de esqueletos vivientes. El suelo estaba cubierto de una enredadera que quería tragarme los pies y jalarme para abajo. –Si; ¿qué te tomaste todo cuando saliste de cena con tu esposa; ¿qué te cayo mal?
¡Hay libraco…! Que voy a hacer contigo. –Dejarme soñar con esa hermosura de encuadernación fíjate que el relieve poseía: 1.76 mts, una cintura de 62 cm, caderas de 90 cm y unas tetas de 95 cm, que con una espaldita más bien chica parecen más grandes. Lo mejor son sus pezones, rosados, sin desagradables cicatrices, de grandes aureolas. Pechos suaves, chupables.
Me estas hablando de la cara que tenía la encuadernación. –¡Hayy, el amor! Este flota ante mis narices y suspira hondo, se denota en como se inflan las hojas.
Esta bien libraco enamorado, luego te sigo con lo que pasó a continuación.
-¡Hay las golondrinas y las plantas con sus florcitas! El libro gira como haciendo una danza en patín sobre hielo y se desvanece.
Hago lo mismo.


Un libraco enamorado
Cáp. 2 - El sarcófago

¡Hay libraco…! Que voy a hacer contigo. –Dejarme soñar con esa hermosura de encuadernación fíjate que el relieve poseía 1.76 mts, una cintura de 62 cm, caderas de 90 cm y unas tetas de 95 cm, que con una espaldita más bien chica parecen más grandes. Lo mejor son sus pezones, rosados, sin desagradables cicatrices, de grandes aureolas. Pechos suaves, chupables.
Me estas hablando de la cara que tenía la encuadernación. –¡Hayy, el amor! Este flota ante mis narices y suspira hondo, se denota en como se inflan las hojas.
Esta bien libraco enamorado, luego te sigo con lo que pasó a continuación..
-¡Hay las golondrinas y las plantas con sus florcitas! El libro gira como haciendo una danza en patín sobre hielo y se desvanece.
Hago lo mismo.

El sarcófago.
Pasé por la puerta, y me encontré ante un jardín lleno de alimañas, ratas e inmundicias por doquier. Los árboles cubrían el pasaje, Sus ramas poseían vida propia. Las ramas se movían solas y formaban figuras de esqueletos vivientes. El suelo estaba cubierto de una enredadera que quería tragarme los pies y jalarme para abajo.
-Otra vez. No, vez que sueño con esa encuadernación estilo barby.
Es que los otros días… -Esta bien, por ser vos. El libraco suspira hondo y las hojas se hinchan de amor por poseerla.

Era un rancho a dos aguas de tierra y adobe cubierto por la maleza exuberante de alrededor. Había una pequeña escalera de dos escalones cubierta por la espesa vegetación.
-¿Y…? –Si tan sólo tuviese la encuadernación de esa preciosura cuyo relieve poseía 1.76 mts, una cintura de 62 cm, caderas de 90 cm y unas tetas de 95 cm, que con una espaldita más bien chica parecen más grandes. Lo mejor son sus pezones, rosados, sin desagradables cicatrices, de grandes aureolas. Pechos suaves, chupables. Rubinstein, ¿cuando me has de cambiar la encuadernación añosa que poseo?
Hayyy, que te voy a botar por el ventanal, ¡carajo!
De golpe la imagen desapareció y me encontré dentro del rancho rotoso ese. Te contaba, al entrar había un gran salón, recubierto de madera desvencijada, y entre los intersticios de ésta se colaban raíces y la hiedra. Las hojas putrefactas estaban por doquier en el suelo de barro. –Barro tendrá tus pies cuando fuiste al fondo darle agua a las plantas del terreno de tu casa, escritor con intención de serlo.
Te voy a matar libraco. Termina con tus comentarios. –Huy, se me enojo el palomo. Mirá como tiemblo. El libro hizo un giro en el aire y me hizo sentir la brisa fresca de hojas nuevas.
Solamente yo lo aguanto. Te sigo. Pone más hojas y no sigas pensando en esa encuadernación, porque no pienso cambiarte nada.
-¡Pafff! -El libro se cerró y se puso serio.
Abrí donde quedamos. –No.
¿Por…? –Hasta que respetes mi amor por ella. Esta bien, perdóname.
Seguimos. Sigo describiendo la escena. Había una estufa a leña apagada y carcomida por el tiempo frente a mi Delante de ella estaba colgada por cadenas una mujer a punto de dar a luz, atada de los tobillos y las muñecas abiertas, estirada vertical al suelo. Las cadenas nacían desde el techo y desde el piso, haciendo que esta alma estuviese colgada a medio metro en el aire sin poder moverse.
-Hay que miedo… Queres relatar una escena de terror y me mato de risa.
Silencio –dije secamente.
Por momento no volaba una mosca. Aunque hablando de ello. Se notaba en las facciones de la finada, que su boca había sido atada con un hilo de coser matambre. La escena era como si un camarógrafo tonase esta desde arriba y la pared externa del rancho. O sea mi cuerpo estelar estaba sumergido entre las maderas del rancho.
¿Y qué pasó entonces. Dos hombres, eso era lo que parecía ser, con capas oscuras y pistolas láser en ambas cinturas entraron y se pusieron de guardia en lo que sería la puerta. Si se puede decir, ya que esta no poseía madera ni marco. -Terminá el cuento? Eran humanos que procedían de una galaxia muy lejana. Tan lejana, que no figuraba en ningún mapa estelar del Reino.
-Zas, los hombres verdes de Marte. –Lo que faltaba oír para escribir.
¿Y….?
De golpe todo se oscureció me quedé profundamente dormido.
-Una vez que me engancha en el relato este Rubinstein se va a dormir, si será que dejó el té a medio terminar, al lado de la mecedora. Esta bien seguiré pensando en esa preciosura de encuadernación repujada en cuero. ¡Hay las golondrinas y las plantas con sus florcitas! El libro gira como haciendo una danza en patín sobre hielo y se desvanece.


Un libraco enamorado
Cáp. 3 - La fulana



Silencio –dije secamente.
Por momento no volaba una mosca. Aunque hablando de ello. Se notaba en las facciones de la finada, que su boca había sido atada con un hilo de coser matambre. La escena era como si un camarógrafo tonase esta desde arriba y la pared externa del rancho. O sea mi cuerpo estelar estaba sumergido entre las maderas del rancho.
¿Y qué pasó entonces. Dos hombres, eso era lo que parecía ser, con capas oscuras y pistolas láser en ambas cinturas entraron y se pusieron de guardia en lo que sería la puerta. Si se puede decir, ya que esta no poseía madera ni marco. -Terminá el cuento? Eran humanos que procedían de una galaxia muy lejana. Tan lejana, que no figuraba en ningún mapa estelar del Reino.
-Zas, los hombres verdes de Marte. –Lo que faltaba oír para escribir.
-¿Y….?
De golpe todo se oscureció me quedé profundamente dormido.
-Una vez que me engancha en el relato este Rubinstein se va a dormir, si será que dejó el té a medio terminar, al lado de la mecedora. Esta bien seguiré pensando en esa preciosura de encuadernación repujada en cuero. ¡Hay las golondrinas y las plantas con sus florcitas! El libro gira como haciendo una danza en patín sobre hielo y se desvanece.

La fulana.
El general entró en el rancho carcomido. Los dos guardaespaldas se hallaban a los costados de lo que en otra época fuese una puerta. Las alimañas corrían de un lado a otro, y se escondían en la oscuridad de los intersticios de la madera putrefacta. Cuando se acercaba a la mujer colgada mediante cadenas, las enredaderas, hiedras y demás especies rastreras dejaban el surco para qué este llegase a su destino.
-Deja de escuchar Chopin, libraco porque tienes que escribir lo que te dicto.
-Jaja. No me digas, que miedo, Rubinstein.
Voy a tener que contratar una dactilógrafa y botarte libraco temperamental.
-Esta bien papito, no te me enojes. Sigo con las hojas nuevas. Mira estoy atento, a pesar que me dejaste en lo mejor porque decidiste dormirte.
Bueno, como te contaba. El general se acerco a la victima y con la mano izquierda la tomó del pómulo y la observó. Las facciones no existían. Su boca era una línea, lo que serían sus ojos, sólo estaban las cuencas de los mismos. De nariz, ni hablemos. La suelta y pone su mano diestra en el vientre de la embarazada.
-Esta a punto –tronó.
-Buen trabajo-concluyó.
Extrajo un cuchillo de mediano porte y se disponía a desviscerarla. Hasta ese momento había estado de observador. En su pecho noté el crucifijo que la hacía participe del Reino del Señor.
La imagen era como si un camarógrafo enfocase la escena desde arriba y un costado por encima de la cabeza y lateral del hombre que estaba a la izquierda. Hasta ese momento, mi presencia no había sido notada. Le caí de la pared carcomida, en forma lateral con una espada láser y cortando al guarda izquierdo desde la primera cervical hasta la última vértebra del esternón. Proseguí con un giro en sentido contrario rebanando a la altura de la vértebra cervical, al segundo guarda. La cabeza no había llegado al piso, cuando el general comenzaba a girar y extraer su pistola. Dos espadas láser pequeñas terminan de hacer su trabajo, mientras que con una, rebané la cabeza al nivel de la nuca con la otra le hice un corte en chanfle al nivel de la aorta mayor. El mal me hazo sacudir el cuerpo astral, como si una ola me golpease fuertemente.
-Vaya cuento Rubinstein. Si no te conociera diría que me estas pasando una mala jugada.
No libraco, sigue que estoy por terminar.
Corté las cadenas que la tenía atada y de golpe vi desde arriba una luz blanca que en forma de cono iluminaba la escena donde me hallaba.
Me desvanecí, y aparezcí con una mujer trigueña a punto de parir en la Recepción de La Clínica.
-Si. Si. Contame las historias que me lo voy a creer y todo. Dime Rubinstein ¿me vas a cambiar la encuadernación?
No. Me desvanezco.

-¡Hay las golondrinas y las plantas con sus florcitas! El libro gira como haciendo una danza en patín sobre hielo y se desvanece.


** Opiniones **


Rubinstein
Gurú de las Artes mentalistas y predictivas.
Viajero y guerrero astral. Médico en lo paranormal.

Rubinstein - Sus inicios

La historia de Rubinstein
Cap. 1
Sus inicios


Gurú de las Artes mentalistas y predictivas.
Viajero y guerrero astral.
Médico en lo paranormal.


Aquí Radio Gurí trasmitiendo para todos los queridas escriba-escuchas de este foro tan prestigioso. En esta ocasión tenemos como entrevistado estelar al Gurú en las artes mentalistas y predictivas, el tan afamado Rubinstein. Viajero y guerrero astral. Más conocido como “el Gurú”

-¿Cómo le va Maestro?
Rubinstein, se acomoda las gafas, toma un sorbo de agua y me mira con esos ojos verdes, con ese toque que le da la melena blanca en canas. Sobre su diestra descansa “el libro”. -Bien Botija. Es un gusto volver a saludarlo.
-Verá Rubinstein, quería comentarle sobre sus principios en este plano terreno, ¿Cómo empezó?
Se acomoda sobre el asiento de la butaca, y con su mirada plácida, siento que me va tranquilizando y me dice: “Un día mis padres, que en paz descansen me dejaron en la casa de campo de mis tíos don Esteban y doña Mercedes. El lugar era una campiña en medio de la nada donde el tren llegaba una vez al mes y siempre con retraso. Recuerdo que estaba parado en medio de la nada, cuando a lo lejos una polvareda se aproxima a mí. Era un sulky, una especie de carro tirado por un caballo que apenas podía con sus huesos.
Doña Mercedes, mi tía, por aquella época una mujer de unos treinta y tanto de años, rubia de tez morena como el azabache, se baja del sulky. -¿Rubinstein? Pregunta. ¿Mercedes? le contesto un tanto temeroso, pues siempre había escuchado decir de mis padres que ellos eran gente extraña y peligrosa, de un mal pasado. –Sube hijo, que debemos llegar a la hacienda antes de la lluvia que se aproxima. Yo exhorto no me había percatado de la tormenta que por el oriente se aproximaba, más allá de las Tres Marías, un peñasco que más adelante supe el motivo de dicho nombre. Una valija pequeña era toda mi pertenencia.
Mi padre había fallecido en un enfrentamiento en la Dictadura de Terra en Uruguay, un tirano que se convirtió en dictador luego de una cruenta batalla por el poder. Mi madre, juntó lo que pudo y me envió a casa de mis tíos, mal le pesara era toda mi familia que me quedaba. Con los años me enteré que loca de atar falleció en el manicomio de la ciudad. Entre traqueteo y traqueteo, llego a la hacienda, que no era más que un rancho de adobe y paja a dos aguas en medio de una colina. Cuatro perros, una vaca escuálida que a duras penas daba leche, tres o cuatro gallinas sueltas y gallo flaco eran todas las pertenencias de esta familia de campo. Detrás de la “Hacienda” como le definían ellos, un pequeño espacio arado donde albergaban papas, y otras especies similares. Entre ellas, legumbres y demás pero no en demasía. Sólo para el sustento diario. Mi tío Esteban, se hallaba arando el monte lindero cuando arribé a media mañana. Un hombre blanco de mediana edad, curtido al sol, huesudo y rudo, con ojos saltones, se me presentó. Dicen que durante la Guerra Civil española, este logró escapar entre los exiliados de Guernica. ¿Se acuerdan los niños olvidados de América?Este matrimonio poseía dos hijos, Mercedita y Joaquín. Con ellos congenié de entrada. A diferencia de mis tíos, estos eran alegres y extrovertidos.
Mis tíos, por el contrario denotaban un aura de misterio y de que algo oculto se encontraba en sus pasados.
En tiempo posterior me enteré que tía Mercedes abortó otro pequeño cuando poseía 18 años, un varoncito que tenía como nombre Joaquín. De ahí que asumo que mi primo actual, lleva el nombre de su hermanito fallecido.


-¿Qué recuerda de la época de “La Hacienda”
Recuerdo el primer día que pase con tía Mercedes y tío Esteban en la Hacienda. Para que tengan una idea, el casco de la misma se situaba sobre la punta de una colina. Al oriente daba un pequeño arrollo cubierto de espesa vegetación. Al occidente se extendía un valle cubierto de árboles autóctonos. Al norte, había un barranco, a cuyo lado una catarata golpeaba sobre el fondo de piedra formando una playa pequeña. Al sur, a lo lejos se apreciaba las luces de la ciudad de donde provenía, pero era más un resplandor que otra cosa. Sólo se apreciaba a buena vista si el cielo nocturno se apreciaba claro.

-¿Recuerda su primera noche, Rubinstein?
Los dormitorios se encontraban en la parte alta. A la izquierda sobre el recodo que da la escalera de madera, el dormitorio de mis tíos. A la derecha los dormitorios de mis primos. Entre medio un pasillo de madera. Sobre la pared, la cabeza de un alce. Yo dormía con mi primo Joaquín. Mi madre me había entregado como su bien más preciado “el libro” en un paquete. Recuerdo lo que ella me dijo cuanto me lo entregó: - No lo pierdas será tu compañero de andanzas y lo más preciado que te pueda acompañar en tu peregrinaje por la vida.
Esas frases me sonaron como un presagio, y temor, pero haciéndome de valor acepte el obsequio.

-Como final, ¿cuéntenos algo sobre la vida en “La Hacienda?
Un día apareció un forastero. Tío Esteban había ido a realizar unas diligencias al pueblo donde procedía. Necesitaba semillas de varios tipos para su plantío. Tía Mercedes, había pedido que comprase unas telas pues se avecinaba el cumpleaños de Mercedita mi prima de diez años y quería hacerle un vestido para esa ocasión. Lo acompañó en esa diligencia mi primo Joaquín, de ahí que quedamos solos ella y yo. La lluvia del día anterior todavía no había parado.
Es así, que me recluí en mi habitación, mientras Tía Mercedes estaba tejiendo sentada en una mecedora bajo el alero, mientras que parecía que el mundo se venía abajo por el aguacero.
En ese momento una ventisca se formó inesperadamente; un forastero con un nombre extraño y acento de otro lugar se presentó El caballo negro y grande, tan grande como el tamaño de un adulto de estatura normal, se presentó ante mi tía. Realizó un resoplido y se paró en dos patas frente al portal. De complexión grande, mirada que parecía penetrar el alma, con una cara de color cetrino pálido donde los pómulos sobresalían, vestido de negro, poncho negro y un sombrero de paja todo andrajoso del mismo color, así se presentó ante tía Mercedes y de un salto se apoyó sobre la baranda de la casa.
Con los ojos vidriosos y penetrantes miró a mi tía que casi se cayó de la mecedora donde estaba tejiendo un abrigo para su hijo menor. El tiempo pareció detenerse. El hombre de negro que se posaba sobre el terreno rojizo, girando su cabeza en busca de Mercedes. Los utensilios de tejer que ésta poseía cayendo al piso, mientras el codo de la mujer golpeaba el vaso de agua que se encontraba en la mesita.
El forastero que acomodaba el sombrero mientras el caballo tiraba una patada al aire y emitía un resoplido que perforaba el alma de de ella.
Doña Mercedes que trastabillaba mientras que con la otra mano se aferraba al pretil de su casa, sus ojos parecieron por un instante salirse de su órbita. Vaya uno a saber que saco entre su ropaje, el cual comenzó mostrárselo. Fue así que el forastero se detuvo frente a ella y dijo "Vendré por ti de noche".De un salto subió al caballo, que al sentir de nuevo el peso del mismo se paró en dos patas y con un relincho salió al galope.-Si te dejó, he hizo un ademán con las manos y de su boca salieron frases que nunca había llegado a escuchar, siento procedente de ella. Entró y me vio con “el libro”. Sonrió. Me asusté.
-Ya has de entender – dijo y se fue.
Estaba estupefacto, cuando del libro brota la voz de mi madre: -tranquilo hijo estas en buenas manos, sino fuese así, no estarías con tu tía Mercedes. Yo quedó mirando el libro que se había colocado a mi lado. En ese instante a lo lejos llegaba el sulky, el carro tirado por un caballo que a duras penas podía consigo mismo. Me dispuse a leer lo que mi madre había escrito.

-¿Qué sucedió con el forastero?
Hacía un momento que había parado de llover. El forastero no se había presentado, y yo no me animé a abrir “el libro”
La casa era de construcción rústica de dos plantas hecha de troncos y techo de paja. Al entrar un gran estar, muy amplio. A su derecha se encontraba la cocina. Frente a la puerta sobre la pared opuesta, una gran estufa de madera, que se acostumbraba a cocinar, poniendo un brasero. Al costado de la pared de la cocina del lado del estar, una gran escalera de madera rústica. Allí los dormitorios, el de nuestros tíos en la esquina derecha, en el medio el baño, y otro dormitorio siguiendo la línea del corredor. Al final de éste, el estudio de tío Esteban.
El corredor poseía una pasarela que cuando nos asomábamos, veíamos todo el estar, en el piso abajo.
-Cuidado, te va a jalar pa bajo el Ñancurutú. La voz sonaba grave.
El estar se componía principalmente por una gran mesa rectangular en el centro. Sobre la estufa de madera, se encontraban fotografías de nosotros. En la chimenea la cabeza de un gran jabalí cazado mucho tiempo atrás en una excursión de caza.
La casa se encontraba rodeada de árboles, que cubrían el frente y los laterales de la misma. Grandes ventanales poseía y teníamos luz natural desde temprano en la mañana hasta la tardecita, dada la ubicación respecto al sol.
-Cuando la luna llena, donde las Tres Marías, las estrellas del sur estén sobre el cenit.
Detrás un camino serpenteante que daba a la playa, que daba sobre el océano atlántico.
Disfrutábamos con mis primos, andando en bicicleta por los caminos de tierra que daban hacia los médanos de la playa.
-El Ñancurutú, te va a jalar pa bajo.
Nunca le hacíamos caso al folclore que representaba el Ñancurutú, pues jamás habíamos apreciado en nuestra corta vida a que se refería el Ñancurutú. La gente de la zona, aquella que vivían todo el año, muy anciana por cierto, tenían anécdotas escalofriantes que nos reíamos como si fuesen cosas de viejos lugareños. Esa noche de verano, la Tres Marías, las estrellas del sur, sobre el cenit se ubicaban.Yo dormía placidamente. En el dormitorio, de mi primo se encontraba.
Siento que me jalan, de la cintura para abajo y como si fuese una aspiradora me voy disgregando en medio de la noche
-Socorro.
Me despierto en medio de la noche junto a primos en la Hacienda. Sentado en la cama y una gota de transpiración por mi mejilla izquierda digo:
-El Ñancurutú.
Voy al cuarto de mis tíos Esteban y doña Mercedes, Estos no estaban. Sobre la pared, escritos en sangre: -Te dije que iba a venir.

-Ahora si que nos dejó intrigados, ¿cuéntenos más?
Desorientados estábamos los tres ¿qué pasó con los tíos? Mis primos y yo entramos en el despacho de tío Esteban. Todo estaba en orden, con excepción de “el libro” que se encontraba sobre el escritorio. Este se encontraba brillando, nos quedamos mirando los tres y optamos por abrirlo.
El despacho estaba conformado de madera, era oscuro ya que las cortinas que cubrían los ventanales que daban para el fondo, se hallaban cerradas. Nos acomodamos en unos sillones desvencijados y comenzamos la lectura.

Queridos hijos:
Si lo que voy a relatarles, ustedes lo leen es porque nos encontramos prisioneros. Querido sobrino, mi estimado Rubinstein, si logras destramar la trama de lo acontecido, será porque ya eres uno de los nuestros por tanto, tu tiempo en la hacienda a de finalizar. Si decides seguir adelante, te tengo que decir que te han de seguir tiempos tormentosos y difíciles.
Hijos míos, si optan seguir a Rubinstein por el peregrinaje que le depara, se les abrirá un mundo nuevo, lleno de fantasías y complejidades. Pero como todo en la vida, no exento de gratos momentos.
Los tildaran de locos, extraños, pero serán signados por el destino, el recorrer un camino que a muy pocos les han sido otorgados. Si optan deberán introducirse en la imagen del hormiguero que se encuentra a la izquierda. Se preguntarán como, sólo introdúzcanse. Es el mundo del Ñacurutú.
Los queremos
Tíos Esteban y Mercedes.

Nos quedamos estupefactos, el libro hablaba por si sólo con la voz de mis tíos. Nos miramos los tres, y tomados de la mano nos introducimos en la imagen, que cobraba vida a medida que nuestros cuerpos se introducían.

-Siga, siga, por favor Rubinstein
Mire Botija, se me hace tarde pero le diré esto. Nos quedamos estupefactos, el libro hablaba por si sólo con la voz de mis tíos. Nos miramos los tres, y tomados de la mano nos introducimos en la imagen, que cobraba vida a medida que nuestros cuerpos se introducían.
La habitación donde nos encontrábamos era el de un hotelucho de mala muerte, metida en el corazón de la gran metrópoli.
En la misma, sobre la pared opuesta a la puerta que da al pasillo, dos camas de una plaza. Sobre la pared lindera a ésta última, un gran ropero con un espejo, que lo que menos reflejaba era la imagen de uno. Al lado del ropero, una puerta de hierro oxidado se hallaba. Era el retrete.
La pared frontal a la del ropero, una pequeña terraza que daba a un callejón sin salida. Las paredes de la habitación lo que menos tenía era una mano de pintura.
Como llegamos hasta ese lugar, no lo recordamos. Sabemos que hace mucho. Sentíamos presencias a nuestro alrededor. Nos observaban.
Cuando nos cambiamos de ropa y nos miramos al espejo, nos vimos como eramos, con la ropa vieja de siempre y nuestra cara escuálida.
De repente todo se nos oscurecíió a nuestro alrededor, y en el espejo vimos una gran mansión con jardines a su alrededor, sol, un unos niños jugando y columpiándose.
Hay grandes árboles en los jardines, estatuas de ángeles en mármol y muchas fuentes.
Sentimos la risa de los mismos. Moríamos por reírnos como ellos, pero no podíamos por más que lo intentemos. Cuanto daríamos por hacerlo. En nuestra cabeza sentíamos un canto, que nos atraía como un imán.
Observabamos la imagen en el espejo, y los niños ahora estában alrededor de la gran alberca que se encuentra en la parte posterior de la mansión.
Una niña de unos 10 años, de tez morena como el azabache se hallababa cantando y dos jóvenes a su alrededor. Los niños, junto a ellos sobre la mesa de hierro, al costado de la gran alberca se encontraban.
No nos podíamos resistir, nos acercamos más a la imagen, y vemos el agua.
-Socorro. Nuestro cuerpo se desdibujo del hotel.
Mientras éste se desvanecía una voz llega desde la imagen “los tengo”.
Mi primo cae de bruces sobre la gran mesa de hierro, y los nosotros nos levantamos.
-Muchachos es hora de irnos, dejen a los tíos descansar en paz.
Lo último que recodamos, unos ojos de una joven de unos 10 años, dos muchachos de aproximada edad mirando desde el agua de la alberca y una mano que nos jalaba para el interior.
-Bueno, la muchacha dice. Ahora podremos estar tranquilos, los tíos retornaron. El Ñacurutú no tuvo suerte.

-¿Fue ahí que se fue de La Hacienda”?
Efectivamente Botija. Tío Esteban y tía Mercedes se encontraban desayunando temprano. – Gracias Rubinstein, - ella me dijo.
No fue sólo mío el mérito para llegar a donde vosotros estaban. También fueron de Joaquín y Merceditas. Fundamentalmente Merceditas que hizo el contacto de entrada. Joaquín me ayudo a extraerlos de donde se encontraban. Fue Merceditas quién con su canto hizo que se acercaran vosotros al espejo. El libro descansaba ya sobre mi regazo. Entendemos – nos dice tía Mercedes. Ustedes tres ya formáis la cofradía de los Magos de Villa Esperanza. Con esto, querido Rubinstein, has de seguir lo que te mande tu destino - tía Mercedes me dice. Nos sin antes darme el siguiente consejo: - Cuando cruces “Las Tres Marías” al oriente verás el caserío de Don Torcuato, no te detengas más que para pernoctar una noche. No es conveniente quedaros más de ese tiempo, luego podéis proseguir vuestro itinerario. Nuestro espíritu os acompañará. -Un guía los a de acompañar, mas adelante. Cuando se contacten ingresaran al mundo de "La Cofradía".
Así sin más me despedí de mis tíos con el corazón acarreando un peso que no sabía como sacarlo. Mis primos me siguieron en la nueva travesía juntos. Una valija era mi acompañante. En ella, mi libro.

Como siempre sus historias. Se nos fue el tiempo que teníamos previsto en demasía.
Gracias por venir Rubinstein. En otra ocasión lo invito para platicar sobre el mundo ese de las almas malditas. –Cuando guste, Botija. Se desvanece en el aire, dejando una aureola de bienestar, paz y amor.



Una audición de Radio Gurí
La emisora más oriental de los pagos rioplatenses.

Manuela

Porque siempre es bueno reirse
de uno mismo.


Era una delicia. Desde el primer momento nos compenetramos totalmente y nos comunicamos de forma sencilla, sin falsos pudores ni oscuros recovecos. Como si nos hubiéramos conocido de toda la vida. Me llamaba todos los días y me tentaba con su aroma. Ella, la llamaré Manuela, tenía diecisiete años, a punto de los dieciocho, casi un año más que cuando yo comencé a gozar, y tenía toda la osada imaginación de sus años, y una extraordinaria virtud: quería aprender, ser discípula y enterarse de todo. Se situaba en una dulce pasividad que la hacía más atrayente y que me sumió en una turbadora dedicación hacia aquella chiquilla encantadora.

-Dale botija, largá la petaca del whisky que quiero un trago también.

-- oo --


Aquí Radio Gurí desde los foros mas orientales del por aquí rioplatense, trasmitiendo pa tuitos ustedes la interviú del Botija. El entrevistador es Rubinstein, el gurú de las artes gnósticas, predicativas, maestro entre los maestros. Doctor en Ciencias paranormales. Viajero y guerrero astral.

-Vio don Botija, ahora me toco estar de su lado en la Radio más prestigiosa del foro.
Ya veo maestro. Me acerco un vaso con agua, y me sirvo una galletita del Maestro Cubano. La panificadora por excelencia.

-¿Qué nos cuenta de la Manuela?
Y… que la Manuela era una delicia. Desde el primer momento nos compenetramos totalmente y nos comunicamos de forma sencilla, sin falsos pudores ni oscuros recovecos.

-¿Era como si se hubieran conocido de toda la vida?
Efectivamente. Me llamaba todos los días y me tentaba con su aroma.

-Permítame Botija tengo a un lobo en la línea. ¿Diga Don lobo estepario, que tiene para decirle al Botija?
Que gracias por estos minutos de gozo y reflexión que me ha dado al escucharlo hablar sobre la Manuela, y después pensar, que no era lo que yo imaginaba. Sabía Botija que soy soy la sombra del tiempo.
La verda e que no sabía lobo. Gracias por sus comentarios audio-escrito.

-Si, ¿quién habla?
Loscuentosdelbondi.
-Mire Botija, un vecino rioplatense.
Ya veo Maestro.

-Qué cuenta loscuentos?
Que la Manuela son de aquellas que te sorprenden al final, pero al reescucharlas comprendés que cada frase era la correcta, a pesar de que uno rumbeara para otro lado. Particularmente para el "lado de los tomates".

-Otro llamado. Resultó ser popular Don Botija.
Qué quiere que le diga Maestro de los maestros. Uno e como e

-¿Quién habla?
Mononauta.

-¿Qué opina usted de la Manuela?
Que con unos usos exquisitos de las frases y la elección más acertada de adjetivos brillantes pero no brillosos, nos ha regalado un momento con toda la ternura de la que es capaz el recuerdo. Un típico golazo charrúa...

Bueno eso es todo señores y señoras de este foro más prestigioso del ciberespacio.

-Y Botija que le pareció, sentarse del otro lado del Banquillo?
Distinto. Emocionante.

-Usted apaga la luz Botija.
Sip. El Gurú se desvanece en el aire dejando una aureola de bienestar, amor y paz.

Referencias de mi micro relato
Manuela


Rubinstein
Gurú de las Artes predictivas y mentalistas.
Viajero y guerrero astral. Médico en lo paranormal.

Fué una audición de Radio Gurí
La emisora más oriental de los pagos rioplatenses

Castillo viejo

La audición.
Aquí Radio Gurí desde las afueras de Castillo Viejo, trasmitiendo en vivo para todos los escriba-escuchas de este foro tan letrao que no me acuerdo que les iba a escribir.
A si, Don Antonio Lopez el que se jue como alma que la busca el demonio.

-Don Lopez, ¿qué nos puede contar sobre los entretelones de esta magnífica puesta de escena?
Sabrá usted don Botija, iba a Santiago andando, en cumplimiento de una promesa que le había hecho al apóstol cuando estudiaba Medicina. Esa misma mañana me había despedido de mis padres y había salido de Tarifa. Hacía unas horas que había divisado una fortaleza desde lejos y decidí ir a verla.

-Fue cuando vio este pedazo de ruina vieja que otrora se denominaba "Fortaleza de los Moros"
Vera señor Botija, hacía unas horas que había divisado una fortaleza desde lejos y decidí ir a verla. Ya sólo faltaban unos metros de subida, venía muy cansado.

-Cuéntenos con sus palabras lo que acontecio esa noche.
Cuando encontré un boquete suficientemente grande para permitir el acceso, Introduje primero mi mochila y luego me descolgé por la abertura. Sólo queria dormir al amparo. Vera la inclemencia del tiempo...

-Ahora hablemos de lo que presencio en el interior.
¡Calla, mal nacido! Te arrancaré la lengua y se la comerán las ratas. Te cortaré la cabeza y se la enviaré a tu señor.

-¿Cómo?
Perdone don Botija de ¿Como dijo que se llamaba su radio?
-Radio Gurí. La más prestigiosa de esta zona del Rio de la Plata, ya que es la más oriental de pura cepa.

-Bueno, retornando López, ¿es cierto que vio lo que vio?
Bueno.. este..
-una calavera oscura cubierta con una piel momificada.
Verá Botija....

-Señores y señoras tenemos la Jeniffer. Es una calavera andante mujer. ¿Qué nos tiene que decir doña?
¿Le gusta mi look?

-Esta hermosa. Le sienta bien el aspecto cadavérico.
Gracias que galante, pero retornando a lo que vine a decirle: ¡Deteneos, mi señor! No lo matéis, dejadmelo a mi, os lo ruego. Este infeliz no es más que un mensajero hambriento, que arriesga su vida por una causa que le es extraña. Dejadle con vida, Botija locutor,
seré de él, le pertenezco en cuerpo y alma. Es mi López al fin y a cabo. Si ha tenido agallas para venir él mismo a rescatarme y no deja en otros ese honor, le entrego mi cuerpo y mi alma. Seré suya, mi López, solamente tuya… Dejad que este infeliz no se se vaya.

-¿Y López? Zas, se volvio a dormir.
No. No era una calavera. Es mi Jeniffer. ¡Mi amor mi amor!, vení...
Antonio López sale corriendo tras la calavera de la Jeniffer López,


Bip.Bip.Bip.
Seores y señoras de ste prestigioso foro se nos cortó el interviu que teníamos pa todos ustedes. Cuando se nos haga la luz. ¡Estos cortes!




El Botija
Radio Gurí

No somos nada

A Juanpan. Basado en una obra literaria escrita por él, movida a Quejas.
Título: No somos nada.
Una relato de su autoría
Por los comentarios que ésta trajo en el foro.
Porqué siempre es bueno reirse de un mismo.
¿Qué se siente pasar de escritor a protagonista en una historia?
No te me enojes Juancito.
Se te estima



Radio Gurí, la radio más prestigiosa de los pagos rioplatenses trasmitiendo para los escriba-escuchas de este foro tan prestigioso.
En una mesa ovalada esta vez tenemos varios comensales, pues hoy trataremos si somos nada o no.

-Diga Don Juan, ¿somos o no somos nada?
Vera usted don Botija, no se si usted lo sabrá, como decía, antes de borrar mis textos debía de acudir al foro de quejas, pero...¿Se han dado cuenta de en qué cosa se ha convertido ese foro?
Ayer puse una queja y hoy ya no está. Era sobre la lentitud de la página. Que barbaridad.

-Y si, amigo Juan a veces se torna así. ¿Y usted que opina Don Forke?
Esta muy bien. Sobre todo, me gusto la velocidad, la cadencia que tiene el texto. Si lo hubiera hecho un poco mas lento no seria lo mismo. Es mi opinión sabe don locutor. ¿Cómo dijo que se llama?

-Botija Forke.
Cierto.

Gracias dice Juan.
Contento de saludarte después de un tiempo alejado del foro. Gracias por tu valiosa opinión. Nos seguimos platicando, ¿vale? Saludos.

-Demos la bienvenida a croustovsky
Pla,pla,pla (suenan las manos)
Este gracias,por permitirme opinar señor locutor. Este...
Vera, opino que hay personas que les importa realmente poco lo que los demás vean en ellas y se apegan mucho a la materialidad de la belleza, dándole un toque de mal gusto a la situación.

-Si Casablanca ¿qué tiene que decir que lo veo inquieto?
Gracias Botija. Vera Juan. Ella se lo pierde, seguí caminando con la cara en alto, cruzá la calle con un caminado decidido, eso si, no mires atrás. Verás que en unos años ella va a estar arrugada y la osteoporosis no la va a dejar caminar, y vos estarás alegre, sano y en tu gloria. Ella se lo pierde. La cosa con las princesas como ella es que no son amigas del tiempo, esperáte y verás como termina la pobre: sola, vieja y olvidada.

Hola Juan,dice panchitor. Un excelente retrato psicológico de un tipo de fémina que no es raro encontrar. Se ponen en un escaparate y después 'se molestan' si las miran. Tu historia contiene mucho humor y mucho acierto. ¡Dios nos libre de estos ejemplares!

-Gracias por opinar sobre este tema dice Juan. Me alegro de que lo hayas encontrado bueno.
Respecto a ti Casablanca. Lo malo es que para mí también pasan los años, y... Yo también me lo he perdido, carajo, que ella estaba muy buena.Gracias por tu comentario. Saludos.
Panchitor: Te agradezco tu aportación, ya creo que lo he corregido.Lo cierto es que esa clase de mujeres te miran de reojo y en menos de un segundo deciden que actitud tomar: si te ven salir de un Audi o un Mercedes con chófer y todo hasta te sonríen y cambian el paso para que te fijes en ella; pero si lo único que llevas en la mano es un llavero de Seat Ibiza o te ve descender del autobús...

- ¡¡Por supuesto que ella se lo pierde JUAN!!!...y bien merecido lo tiene...¡Por vanidosa y superficial! opino como que me llamo leny.

Juanpan se encuentra meditabundo, callado, escuchando la opinión de los comensales de la mesa. Entretanto toma una gaseosa y se fuma un cigarro. No opina..Piensa.

Si me permites decirte algo Juan, dice Blanca Miosi. Retrato o ¿experiencia? Como a casi todos, me gustó que sea ágil y al mismo tiempo ameno. Pero déjame decirte que eso no sólo ocurre con las "féminas" hay hombres que también son altivos, lejanos, que viven envueltos en una burbuja, y miran a las mujeres como si les hicieran un favor...
Válgame Dios, por favor.

-Mira Leny dice Juanpan luego de estar callado y fumado un habano. Es agradable saber que escuchas mis temas; valoro mucho tus opiniones y te admiro como escritora. Espero escuchar pronto algo nuevo tuyo aquí y en tu blog, pues me pasé varias veces y aún sigues con el tema de terror.
En todo caso, los que se lo pierden son los otros.

No voy a ser yo, después de leer el acertado comentario anterior de mis colegas, dice mononauta, la que insista sobre el acierto en la velocidad de la platica. Solo lo reafirmo.
Con respecto a la historia en si misma, sin ánimo de "barrer para casa", debo decir que creo que es más común que eso suceda siendo la mujer protagonista, pues la artillería de las "armas de mujer" es mucho más agresiva que la de los hombres. Se puede decir que muchas son portadoras de "armas de destrucción masiva".
No obstante, es cierto lo que dice B.Miosi, hay engendros masculinos del tipo "metrosexual" que nacieron para exhibirse.
Parece que se repite siempre una contradicción entre la coquetería y la intelectualidad. Los esteriotipos intelectuales son generalmente poco sexys.

Juan que se había callado anteriormente con la intervención de Mononauta, reinicia su agumento.
Hola, Blanca. Es cierto que existen hombres que hacen lo mismo, te miran y no te ven, o parece que te perdonan la vida; pero esos no me preocupan. Me preocupan ellas. También es cierto que nos lo perdemos también nosotros; pero ellas más, porque al ser diosas no encuentran fácilmente a su pareja, mientras que nosotros, los mortales, la sustituimos rápidamente. Por lo menos, lo intentamos.
Respecto a ti Mononauta. Gracias por tu comentario.Es muy razonable lo que dices en cuanto a la historia y las armas de destrucción masiva. Ya sabes: para salir a la calle, chaleco antibalas y casco.
Oime Star, te veo venir, antes que opines, ¿Y por qué sobra esa frase? Ellas saben que lo están y lo dicen. Fíjate si no en ese anuncio de una margarina, donde ella se mira al espejo y le dice a su amiga: "Pues yo creo que estoy muy buena". Ya sé que ésa afirmación popular es falsa, pues la decimos sin haberla "probado" antes y no se puede saber si lo están o no.Pero bueno, no vamos a ser tan quisquillosos.Cuando todos lo decimos será verdad.
Ademas,Seguro que ya conoces el chiste, pero para aquellos que no, lo cuento:
Un hombre que le decía a su amigo:
-Tío, no sé lo que me pasa, pero a mí, excepto mi mujer, todas las mujeres me gustan, me fijo en todas y me vuelven loco.
- Pues a mí me gusta hasta la tuya- respondió el amigo.
Y vos Pepe Fierro. Gracias por pasarte por este rincón de la Radio y escuchar mi...¿qué es esto, coño?¿un artículo, opinión o qué?
Desde luego, no debes de hacer sufrir a las damas. No hay que tener en cuenta lo que ellas hacen con nosotros, no ser vengativos,sino tener siempre en la mente el dicho: " Lo que se van a comer los gusanos, que se lo coman antes los cristianos"

-El que no hablaba, como se nos puso el Juan.
Ni tanto, ni tanto Botija, es que cuando a uno le llega a saturar, me sale la Gallegada. Vió.

-¿Si Temple? - El hombre quedó mudo con la perolata de Juanpan
Gracias Botija. Este.. mirá Juan. Realmente no puedo decir nada mas de lo que ya han dicho antes. Muy bueno tu alocución. Temple se quedó mudo y con la cabeza para abajo.

-Gracias, Temple, dice Juanpan. Casi me lo podías haber dicho gritando, estamos casi enfrente. Tú en una orilla y yo en la otra del Estrecho, en El Puerto de Santa María. Si pones las manos al lado de la boca y gritas seguro que te oigo.

El Plató de la Radio se llena de un silencio mortal. Por ahí levanta la mano Efimera.

-Si Efímera. ¿Que tienes para aportar?
Mire Botija, antes que nada gracias. Esta genial. La verdad que es una escena frenética y urbana convertida en una pequeña tragicomedia. Es muy original. Tu punto de vista es muy especial, Juan.

-Gracias por detenerte a leer y comentar, dice Juan. Tu punto de vista es muy importante. Espero escuchar pronto alguna creación tuya.

-Y si Juan - Dice Boris Rudeiko. Una reflexión sobre lo superficial y vano que puede ser una persona, en este caso mujer, pero podría ser al revés. Bien llevado el diálogo. Corto, y preciso. Veo que te fijas en el mundo que nos rodea.
Quizá nos llega tu texto porque no es algo que te pasa sólo a tí, sino que es universal.

- Y si Juan dice Jibaricua, nuestro amigo Raffie. Breve pero sustancioso. !Qué remedio! Si no reaccionamos como lo has hecho tú, nuestro factor H queda en deterioro. Arrogancia con arrogancia se paga.

Luego de la ravieta anterior, Juanpan mas sereno reinicia su alocución de la siguiente forma:
Boris. Agradezco tu opinión y comentario. Evidentemente, me fijo en todo cuanto me rodea, estoy vivo. Es cierto que la historia sucede a veces al revés,los hay también asquerosamente arrogantes. ¡Así es la vida!

-¿Si Anis? - pobrecita recién comienza a participar.
Gracias señor locutor. Verá, en lo que se refiere el señor Juian es como un piropo arenoso que vomita el mar cuando lame los pies de las princesas que caminan por el litoral, buscando al principe del mercedes benz azul. Hasta que un pez negro salte y se las trague. Es mi humilde opinión. Gracias por permitirme opinar - dice Anis, en forma tímida.

-Encantado de saludarte Anis -dice Juan. Te agradezco que te hayas molestado en leer y opinar. Supongo que te ha gustado. Yo le lamería los pies a una princesa aunque careciera del título nobiliario, y nunca se me ocurriría vomitarle encima.También me encantaría ser ese pez negro
del que hablas.

Una pausa silenciosa y no vuela una mosca en el plató.

-Bueno,ustedes entenderán que como locutor no debo opinar. En este caso haré una salvedad.
Juan escuchame. Esas mujeres, como la de tu personaje que describes muy bien, son sólo eso, "Barbies"
Más allá de lo bien que esta escrito tu relato, que coincido es ágil y ameno, en el fondo el personaje tuyo es como un "Iceberg".
Quiero decir, lo que se denota en primera instancia es el personaje. Su altivez en la vida y lo que ocasiona en la gente. Lo describes muy bien. Es la parte visible.
Lo que no se ve y creo que es lo que más debe importar, es que el personaje no es la dama ni el caballero, a mi humilde juicio, sino "¿qué interpretamos nosotros como la belleza?, y a su vez ¿que concepto tenemos de nosotros mismos" Esto último se refiere a la subvaloración de lo que somos capaz de tener.

-Muchas gracias por escuchar y comentar, amigo Botija. Buenas preguntas haces, me has dejado pensando, y tienes razón: a veces infravaloramos lo que de verdad vale.

-Bueeeno amigos escribalectores. Vamos dejando por aquí. La tanda de la audición hace un rato necesita su lugar.
Gracias a todos ustedes por venir y opinar.
-Juan, ¿todo bien?

La historia de "No somos nada". Escrito y producido por Juanpan.





Una audición de Radio Gurí
http://radioguri.blogcindario.com
La emisora más oriental de los pagos rioplatenses