Ufale, libro tonto

Oh, mi querido libro que descansas en un cajón de la mesita de luz, tengo una anécdota que contarte. –Jaja jaja, vos y tus anécdotas. El libro se cayó. La tapa de la encuadernación tapizada en cuero estaba sobre el piso. Movía las hojas de un lado a otro, con movimientos espasmódicos producto de la risa. Cuando se cansó de reírse, al verme mirándolo con la ceja fruncida, este me dijo: “esta bien, Rubinstein, déjame poner hojas nuevas.”
El gallego, un hombre de mediana edad había llegado a la terminal francesa del Eurotúnel, en Calais. Mientras hacía tiempo para abordar el Eurostar, desayunó una merienda pasajera y compró “Le Figaro”. Mientras ojeaba las noticias matutinas, miró su reloj por enésima vez, tomo su chaqueta de cuero, el maletín, y entró al tren.
-¿Eso es todo, Rubinstein? Espera un poco libraco. Tienes un carácter de los mil demonios vos. Ya te cuento. Escribe.

En algún lugar entre el cielo y la Tierra.
-¿Tiene alguna novedad para mi? –Pregunto a la recepcionista. -Déjeme ver. Si. Tiene un paciente en el consultorio. –Bien.

Cuando entro. Me encuentro sobre la camilla un hombre que parecía europeo. Cuando me siento, sobre el escritorio, una nota. –Vea este caso doctor. Llego esta mañana procedente del purgatorio. Firma Doctor Estefanell. Psico traumatólogo forense.

Eurotúnel. En algún momento.
Reuters. Ultimo momento. Atentado con gas sarín en el Eurotúnel. Todavía no hay noticias, ya que el Eurostar, se encuentra en un punto inaccesible en medio del Canal de la Mancha. Aparentemente muchos muertos. Tanto ingleses como franceses tratan de llegar al punto donde esta el tren. Ampliaremos.

En algún lugar entre el cielo y la Tierra.
Por los monitores adosados a la pared, frente al escritorio comienzan a aparecer las primeras imágenes del atentado. El gallego al abordar el tren abarrotado de personas que se dirigía a Inglaterra, dejó caer un paquete con sarin líquido, envuelto en periódico y plástico, en el piso de uno de los vagones, al abrir la maleta que portaba. Más tarde agujereo éste con un objeto punzante. Ese vagón, por su ubicación y el equipo de aire, hacía que fuese especial. No portaba máscara ni bufanda, que lo protegiera del agente nervioso. El gas se esparció rápidamente a través de los conductos de aire por todo el Eurostar, matando a las personas casi inmediatamente.

El libro.
-Vaya cuento que me estas dando. ¿Cuento eso que extrajistes de la memoria del gallego, cuando estabas en La Clínica?
Si. Te dije que me dejaras contarte, libro querido. –Bueno esta bien, sigue, ya que me estoy cansando de poner hojas, borrar y rescribir nuevamente.
Cuando el gallego se mató, su alma no fue directamente con Ala, Dios o como quieras llamarlo, sino que se quedó en el tren viendo como se desprendían las almas de los infieles. Se lleno de espíritus de luz y de la oscuridad. -¿Qué te tomaste Rubinstein, me vas a hacer creer eso y todo? Si se que eres incrédulo librito. Pero todo ello fue extraído de los registros que existen en la Clínica. En los monitores se mostraban como eran conducidos. Unos, al plano de la Clínica, otros a otros lugares. Los cuerpos quedaban esparcidos como si alguien dejase la ropa tirada por el piso en vez de guardarla al acostarse. Al final dos seres de la Oscuridad se lo llevaron al gallego. Posteriormente se descubrió que estaba en el Purgatorio y fue trasladado por un Guia como soy yo, al Reino.

El final.
-Jajaja. Contame un cuento. El libro se cayó. La tapa de la encuadernación tapizada en cuero estaba sobre el piso. Movía las hojas de un lado a otro, con movimientos espasmódicos producto de la risa. –Te lo voy a creer y todo.
Ufa. Ya no puedo con este libro perspicaz. Me desvanezco lentamente mientras él se iba solito al cajón de la mesita de luz, meciéndose de risa.

Rubinstein


** Opiniones **