Sarah, retorna por favor

La Subaru todo terreno corría velozmente por la autopista hacia Capetown, ciudad fundada en 1652 como almacén de abastecimiento para los buques holandeses que se encuentra al pie de la majestuosa Table Mountain.
Sarah, una subsahjaariana de estirpe Tswana llegaba tarde al trabajo y por ende su pequeño hijo de tres meses iba en el asiento trasero. Debía dejárselo a Jhon un británico nacido en Pretoria, su marido.
A si izquierda la majestuosidad de Table Mountain en todo su esplendor tapaba el vidrio lateral izquierdo. Sobre su derecha, Capetawn se extendía en toda su dimensión. La carretera serpenteaba por entre la montaña. A pesar de haber salido con el clima nevando desde su casa, al llegar a la zona de Table Mountain, este se tornó soleado con algunas nubes que ocultaban parcialmente la Ciudad del Cabo. Escuchando una melodía Afrikáans giró su cabeza hacia donde su pequeño se hallaba. El biberón había rodado por el piso de la Subaru todo terreno. Esta corría a 100 kms por hora cuando al alargar la mano para asirlo, el vehículo impacta de frente contra un camión cargado de trabajadores de la etnia Zulu que iban en dirección contraria hacia una de las minas de oro en Johanesburg,
la Nueva York de Africa, donde llegan gentes de todos países africanos en busca de trabajo y para vender sus bellos productos hechos a mano.

Tres años después.
Una negra de nombre Sarah de estirpe Tswana retorna a la vida luego de un período de tres años de estado vegetativo. Los médicos que la atendían no daban crédito a sus ojos. Cuando la revisaron la encontraron despierta y con conciencia. El médico que estaba de guardia en el nosocomio, un afrikáans de origen tsonga levanta el tubo del teléfono y llama a quien fuere su marido, Jhon.

Intermedio.
El Subaru había rodado varias vueltas sobre si y parte del camión con los trabadores zulúes se hallaba sobre el mismo. Policías desviando el transito a otros carriles y dos autobombas socorrían a los accidentados. Sarah, se hallaba volcada sobre el lateral izquierdo con su cabeza partida en dos. Milagrosamente el niño se hallaba con vida y sano.

En algún lugar entre el Cielo y el Infierno.
-¿Dónde estoy?, decía Sarah incongruentemente.
-En la Clínica, uno de los doctores le contestó.
A los lejos entre planicies suaves y onduladas, se hallaba en la parte posterior del ala oeste de la misma.
-¿Estoy muerta?
-No. Esta de visita por estos lares le contesta Rubinstein.
Se hallaba en silla de ruedas y sobre su cabeza tres ángeles tocaban una melodía de Strauss.
-¿Estoy en el cielo? Un silencio se hace notar. Una tonada de pequeños pajaritos, como única repuesta fue su única contestación.
-¿Le damos de alta? Pregunta el galeno a Rubinstein, el médico gurú.
-Si, pero antes borrémosle su vivencia en el Reino del Señor.
-Que retorne.