Otto, una sanación angelical

-Alguna novedad para mi – digo al llegar al la Cínica.
La recepcionista, una mujer delgada de mediana edad, deja sus papeles sobre su escritorio y me dice:
-Hola doctor, ¿Cómo le va? –Efectivamente los doctores Estefanell y Marques desean hablar con usted.
-Bien – digo como única repuesta y me dirijo al consultorio que tengo asignado.

En algún lugar en la Tierra
Otto, un hombre rayano a los sesenta y tantos años, de buena contextura, trabajaba como costumbre en el Minimarquet de la Estación de Servicio. Era de noche y ya cumplía prácticamente el doble horario, que tenía asignado. Dresden, ciudad fronteriza con la República Checa era el marco geográfico, donde la Estación de Servicios Shell se hallaba.

En algún lugar entre el Cielo y la Tierra.
-Adelante- en tanto acomodaba las pertenecías que había traído. El doctor Estefanell, un psico traumatólogo forense, es el primero en llegar. Un hombre de mediana edad de pelo rubio y contextura atlética. Le sigue el doctor Marques, un psico diagnosticador forense. Un hombre pequeño, de pelo morocho y desgarbado. Luego de las presentaciones, el doctor Estefanell me dice: -tenemos un caso para usted, deseamos cotejar nuestras impresiones con usted.

En algún lugar en la Tierra
Era tarde en la estación de Servicio. Caía nieve fuerte sobre la autopista que une Hamburgo con Dresden. El hombre hacía el recuento de caja y se quería ir a su casa, sita en ésta última. Dos hombres irrumpen el Minimarquet al costado de la Sede de la Estación. Provenían de Nassau. De unos treinta y tantos años, uno de ellos, árabe y otro latino lo asaltan matando al anciano Otto frente a la caja registradora, se suben a su volvo beige y siguen rumbo a la frontera con Polonia.

En algún lugar entre el Cielo y la Tierra.
En las pantallas de televisión delante de mí aparecen las primeras imágenes, mientras el psico traumatólogo forense comienza a mostrarme las primeras imágenes de la vida de Otto. Aparece un hombre servicial, que ayudaba a la gente con los paquetes y conversaba afablemente con las personas que surcaban la autopista que unía el Mar del Norte con la frontera entre la República Checa y Polonia. De repente aparece un hombre quemado completamente.
-¿Qué le paso?
Esas personas de paso, no sólo lo habían matado a mansalva con una escopeta calibre doce sino que habían incendiado el lugar con su cuerpo adentro. Más adelante fueron capturados al llegar a la frontera con Polonia. Le incautaron 10 kgs de cocaína pura proveniente de Asia.
-¿Cómo se encuentra ahora?- atino a decir. -¿Desea verlo, acompáñenos?
En medio de colinas verdes y praderas ondulantes al costado de la Recepción se hallaba Otto, un alemán de unos sesenta y tantos años, sentado leyendo un libro. Unas hadas le movían las hojas del mismo cada tanto. Sobre su cabeza, tres ángeles tocaban una serenata angelical.

Sobre el final.
Muy buen trabajo de sanación doctores.
Me empiezo a desdibujar y retornar a mi plano terreno.