La Clínica

El camión a duras cuestas subía la empinada loma, tras un largo peregrinaje por los Alpes suizos. Al llegar a la cima, Don Pascual, un gallego de mediana edad no prestaba atención al entorno que sólo se da en la alta montaña. A su derecha un precipicio de unos 1000 metros caía como si éste fuese tallado por un gran cuchillo, a su izquierda, el magnifico valle cubierto del hielo invernal que solamente se da en esa parte de Europa. Pegando la curva a luego de la loma, un puente. Los vehículos detenían un tanto su marcha. En ese instante, al estar unos 50 metros, fué que todo sucedió. Una cubierta explotó ladeando el trailer que poseía. Vehículos que iban y que venían golpeaban contra el camión, unos caían por la baranda del puente sobre el río helado; otros lo hacían sobre la rivera del mismo. Varios se superponían sobre otros en el puente.
-¿Qué me sucede?, don Pascual se preguntaba ya que veía la escena como si flotase. Varios humanos observaba que se levantaban entre los hierros forjados a fuego y desechos.


Un hombre con coraza negra ya armadura del medioevo lo jala como si una bolsa de patatas fuese cuando se trenza en batalla feroz con seres del inframundo. Uno de ellos parte la cabeza de ese ser acorazado en dos y Don Pascual desaparece.
-¿Estoy muerto? - pregunta el ser acorazado con vestimenta del medioevo.
-Recuperándose – recibe como lacónica repuesta por parte del Doctor.
En medio de una vista celestial de praderas, lagos, árboles y valles ondulados se hallaba “La Clínica”.
El guerrero del Señor, estaba allí para recuperarse del enfrentamiento con los seres del inframundo, cuando intentó acompañar a Don Pascual, el camionero en su travesía. Una vez recuperado, “La Clínica” le dio “el alta”.


Hacía un mes que Otto, un alemán de mediana edad se hallaba en estado de coma en un Hospital en Alemania. A su esposa le habían dicho que no tenía posibilidad de vida. Le sugerían un que lo desconectaran de los aparatos de sustentación de vida. Ella se opuso tenazmente.
En un instante dado, su señora dormía al lado de la cama del paciente. Otto comenzó a despertarse. Los médicos no daban crédito a lo que veían. Retornaba paulatinamente a la vida.
Llorando de alegría le pregunta a su marido ¿como se encuentra? El lo único que recuerda en un accidente en los Alpes Suizo, un gran choque cuando un camión con trailler obstruyó la entrada al puente.
-Tuve un sueño raro, querida – atino a decirle. Era un guerrero del Señor que fui muerto por seres del Inframundo que me partieron la cabeza con una espada y estuve en una clínica.


-No se preocupe señora, le dicen los doctores que atendieron al alemán.
-Es común esto de ver seres alados, aquellos que han tenido una experiencia tan traumática como tuvo su esposo Otto.