Imagenes de una imagen partida

Cuando entro por vez primera me encuentro con un túnel de acero y concreto. Detrás mío, una puerta de igual material. De un color bronce gastado, todo era una especie de caja larga. No se apreciaba la luz, sin embargo, todo estaba iluminado en penumbras. Lo que sería el suelo, se apreciaba una gran nube espesa que cubría desde el principio al final del túnel, logrando cubrir mis pantorrillas. Al final descubro una curva, En ese lugar, sin seguir por el túnel, otra puerta sellada a cal y acero, conjugando un todo. Me desvanezco.

Reaparezco dentro de un cuarto, de forma de un cubo, sin nada en las paredes, salvo la pared opuesta a mí. Todo simétrico de igual color y contextura que el túnel por el cual hice mi aparición, por vez primera. En esa pared, como peculiaridad, había un cuerpo atado de las muñecas y de los tobillos, parcialmente tapado por una criatura extraña. No me ve ni me percibe.

La Clínica.
Rodeado de colinas verdes, y césped cortado con mucho esmero, el Palacio que tengo a mis espaldas, es un clásico de la Arquitectura del Siglo XVIII. La construcción del mismo, es de mármol. Su fachada muestra una brillante interpretación de los modelos italianos, adaptados al trabajo en ladrillo; se articulan en tres pisos con el número de vanos creciente en altura.
Los espacios esplendorosos y la inspiración cartesiana serían los protagonistas en la búsqueda de la perfección simétrica y de una perspectiva guardada por tilos, robles, álamos, fresnos, cerezos o hayas, ante la que la vista se pierde. El eje visual que se propone quiere dejar sentir su rango de absoluto: su principio, en el castillo, y su fin, en el infinito.

-¿Y doctor? –pregunta el Doctor Marques, psico forense.
-Estamos empezando – contesto raudamente sin mirarlo.

La Caja.
De golpe, un grito de animal. Gira su cabeza hacia mí. No ve nada. Otro gruñido y sigue con su cabeza entre los intestinos. La bestia se estaba alimentando. Cuando dio la vuelta, yo me había mimetizado sobre la pared lateral derecha. De momento veo la vida y la muerte de ese cristiano que estaba en pena, retorciéndose, mientras la bestia se alimentaba.

Vida y muerte de un cristiano, o al menos lo más cercano a eso.
Un pueblito perdido en medio de la nada. Tennessee, 1825. Una calle larga. La comisaría a la izquierda. Más adelante casi llegando a la esquina, la barbería. Haciendo cruz, el bar que auspiciaba de antro. Cuatro a seis casas paralelas a la calle principal, por ambos lados constituía todo el pueblito.

En medio de la calle tres personas. Se gesta un tiroteo. El Sheriff cae muerto de dos proyectiles que se le incrustan uno en el pulmón y otro en el corazón. Los otros dos hombres se retiran y comienzan aparecer las primeras caras de los lugareños. Luego de haberse disipado el ruido de los disparos, el alma del sheriff, comienza a desprenderse.

-¿Dónde estoy? – se pregunta.

El hombre comienza a visualizar la escena, como si de una cámara se tratase. Aprecia los lugareños que tapan algo. -¿Qué es? – se pregunta.

Intenta acercarse, la cámara enfoca la escena desde arriba y un costado. Ve un cuerpo tendido en el suelo. Es él. Se estremece. -¡Dios…! – grita haciendo amago de un crucifijo que supuestamente tendría en su pecho.

La caja.
La bestia sigue alimentándose. Las sobras, producto de su intestino caen sobre el piso del celdario. Ruidos en el piso. Animales, o formas similares, pelean por las sobras que caen de las fauces de la bestia. Se me acaba el tiempo, es un alma de l señor perdida en el camino. -¿Cómo llegó a esta parte del purgatorio? – me pregunto.

De golpe, como un rayo saco mi espada corta y de desde arriba hacia el costado lateral corto el cuerpo de la bestia a la altura de su corazón, y siguiendo la inercia Cambio la mano rebanando el cuello al nivel de la tercera vértebra cervical. Corto las cadenas y una luz blanca me ilumina el camino a la Clínica.

La Clínica.
Una luz recorre el cuerpo del sheriff, cual si este fuese sometido a una tomografía de cabeza a los pies. Se borra toda imagen de martirio.

-Buen trabajo – dice Marques y nos retiramos del Consultorio. Dos ángeles toman el cuerpo repuesto, y lo llevan a un lugar apacible debajo de un ciprés. Por encima de él tres ángeles tocan música de Strauss.

-Bueno. Es hora de retirarme – digo al galeno. Mientras lo saludo me comienzo a desvanecer. El sueño, empezó a ocupar su lugar.


** Opiniones **


Rubinstein
Gurú de las artes mentalistas y predicativas

La ciudad de las almas purgantes

Negro el color de nuestras vestiduras.
No por nosotros sino por vosotros,
Por vuestros miedos y dudas.
Macabra siempre nuestra presencia.
No por maldad en nuestros corazones
Sino por marcar la diferencia.
Oscuros los lugares que frecuentamos.
No por necesidad de escondernos,
Por nuestro miedo a las tinieblas superado.
Vosotros nos señaláis con el dedo
Y nos juzgáis ridículos.
¿De que os reís, necios?
Tenemos el valor de ser distintos.
Vuestro miedo a la oscuridad representamos.

En nosotros veis vuestra propia maldad oculta. Somos la Nación Gótica. La Raza Nocturna...

La ciudad se hallaba en una planicie, circunvalada por grandes riscos, rodeado de una maleza exuberante. La cordillera de los Innombrables, corre paralela a la línea occidental de forma continua, con profundas quebradas, macizos, altiplanicies, llanuras y valles longitudinales y transversales, configurando la región de Los Decapitados. Su morfología es muy compleja, por lo que se divide en tres principales cadenas: la cordillera Occidental, la cordillera Central y la cordillera Oriental, dentro de las cuales se encuentran cadenas menores, como la cordillera Blanca o la cordillera Huayhuash también llamada “La de almas perdidas”. A través del camino de un bosque espeso repleto de altos árboles los cuales forman un techo bajo es Sol, vi a un acantilado donde se visualiza la Ciudad en todo su esplendor. O casi.

La Ciudad.
En la cima de un precipicio de unos mil metros de caída libre, apreciaba la gran metrópoli. Por vez primera pude apreciar el cielo. De color rojizo, se hallaba taponado de nubes rojas, cirrus stratus y cumulus nimbus. Los colores de las nubes eran de un rojo carmesí, en su lugar más espeso, rojo sangre espesa.
Al fondo del horizonte que mi vista me permitía apreciar, sobre la región de Los Decapitados, se apreciaba grandes formaciones de rascacielos. La ciudad, con un estilo gótico resaltaba por los colores oscuros y opacos. Con poca luz en general, era una ciudad extraña. Sobre el cielo, volaban criaturas parecidas a las del Jurásico.

Visiones.
-Bueno es hora de bajar me dije, me desvanecí. Aparezco en un callejón oscuro, lleno de ratas y maloliente. Sobre mi cabeza se denotaba la arquitectura de los godos por doquier. Las almas, miraban para abajo y temían. No me podían ver, pasaban a trabes de mi cuerpo astral, pero apreciaba en sus rostros, miedo y perdición. Un cartel de neon, resaltaba sobre la mitad del callejón. A su costado, recipientes de basura. Ratas e insectos por todos lados. Cada tanto, se escuchaba un grito. Entro al local. Un antro.
En él, resaltaba tenuemente un mostrador, con una luz roja. El fondo, una oscuridad total. De momento veo el mesero. De forma humana, vestido con joyería de plata, cadenas y anillos y ropaje de un monje, la cara regordeta roja, se le marcan dos cuernitos.
El ángel del demonio, servía un cóctel espumoso y caliente. Dos mujeres tomaban el brebaje del mismo recipiente. Era una escena netamente lésbica. De golpe siento sonidos en el fondo.

El show.
No podría describir la escena que presencie. Las almas bailaban apretujadas al son de una música sádica. Se enciende una luz, y comienza un streaptease. Gritos, súplicas, dos guerreros aparecen en escena, las almas se hacen a un costado. Una mujer de escotes exuberantes y un corse increíble, mucho terciopelo y mangas caídas hasta el infinito, que junto con el otro guerrero que usaba una larga gabardina y ropa sencilla, traían un cuerpo encadenado de los tobillos.
Se lo entregan al ser de la Oscuridad, este lo cuelga boca abajo atado. Comienza el show.
Con un grito de ultratumba, este lo desgarra con las uñas, y mete su cabeza en los intestinos. Mientras el alma se comienza a bambolear, varios que estaban alrededor del palco comienzan a alimentarse de las sobras del intestino y tripas.

-¡Mas. Mas! -El grito se hace ensordecedor.

Me retiro del lugar me subo a una cornisa en lo alto de una Catedral que resaltaba por encima de toda edificación. Veo caer almas de ese cielo rojizo. Al mismo tiempo aprecio como las aves se mastican esos cuerpos sin cuerpos.
Siento un grito abajo. Observo. Esos seres oscuros, corrían a las almas y se alimentaban de ellas. Llovía. A lo lejos un rayo, uno blanco otro rojo, más a lo lejos un vendaval. Comienza una
violenta batalla aérea asociada a un centro de baja presión y un núcleo caliente, en donde las almas del lugar giran en contra de las manecillas del reloj. Estas eran succionadas por los seres que utilizaban la baja presión atmosférica reinante. Terminaban el el Lado Oscuro.
Por contrapartida, acompañado de bandas nubosas en forma de espiral, el ojo del vendaval de un diámetro muy variable, que se caracterizaba por ser una zona de calma, con viento débil, poca nubosidad y precipitación, poseía las almas que eran expulsadas del lugar, a los cielos. El ojo se caracterizaba por ser de una luz brillante y muy poderosa. Las almas que por casualidad se hallaban allí, en el lugar del ojo, saltaban a la Clínica directamente.

De momento me siento débil, se me hace la oscuridad. Comienzo a desvanecerme.



Rubinstein
Gurú de las Artes mentalistas y predictivas.



Ufale, libro tonto

Oh, mi querido libro que descansas en un cajón de la mesita de luz, tengo una anécdota que contarte. –Jaja jaja, vos y tus anécdotas. El libro se cayó. La tapa de la encuadernación tapizada en cuero estaba sobre el piso. Movía las hojas de un lado a otro, con movimientos espasmódicos producto de la risa. Cuando se cansó de reírse, al verme mirándolo con la ceja fruncida, este me dijo: “esta bien, Rubinstein, déjame poner hojas nuevas.”
El gallego, un hombre de mediana edad había llegado a la terminal francesa del Eurotúnel, en Calais. Mientras hacía tiempo para abordar el Eurostar, desayunó una merienda pasajera y compró “Le Figaro”. Mientras ojeaba las noticias matutinas, miró su reloj por enésima vez, tomo su chaqueta de cuero, el maletín, y entró al tren.
-¿Eso es todo, Rubinstein? Espera un poco libraco. Tienes un carácter de los mil demonios vos. Ya te cuento. Escribe.

En algún lugar entre el cielo y la Tierra.
-¿Tiene alguna novedad para mi? –Pregunto a la recepcionista. -Déjeme ver. Si. Tiene un paciente en el consultorio. –Bien.

Cuando entro. Me encuentro sobre la camilla un hombre que parecía europeo. Cuando me siento, sobre el escritorio, una nota. –Vea este caso doctor. Llego esta mañana procedente del purgatorio. Firma Doctor Estefanell. Psico traumatólogo forense.

Eurotúnel. En algún momento.
Reuters. Ultimo momento. Atentado con gas sarín en el Eurotúnel. Todavía no hay noticias, ya que el Eurostar, se encuentra en un punto inaccesible en medio del Canal de la Mancha. Aparentemente muchos muertos. Tanto ingleses como franceses tratan de llegar al punto donde esta el tren. Ampliaremos.

En algún lugar entre el cielo y la Tierra.
Por los monitores adosados a la pared, frente al escritorio comienzan a aparecer las primeras imágenes del atentado. El gallego al abordar el tren abarrotado de personas que se dirigía a Inglaterra, dejó caer un paquete con sarin líquido, envuelto en periódico y plástico, en el piso de uno de los vagones, al abrir la maleta que portaba. Más tarde agujereo éste con un objeto punzante. Ese vagón, por su ubicación y el equipo de aire, hacía que fuese especial. No portaba máscara ni bufanda, que lo protegiera del agente nervioso. El gas se esparció rápidamente a través de los conductos de aire por todo el Eurostar, matando a las personas casi inmediatamente.

El libro.
-Vaya cuento que me estas dando. ¿Cuento eso que extrajistes de la memoria del gallego, cuando estabas en La Clínica?
Si. Te dije que me dejaras contarte, libro querido. –Bueno esta bien, sigue, ya que me estoy cansando de poner hojas, borrar y rescribir nuevamente.
Cuando el gallego se mató, su alma no fue directamente con Ala, Dios o como quieras llamarlo, sino que se quedó en el tren viendo como se desprendían las almas de los infieles. Se lleno de espíritus de luz y de la oscuridad. -¿Qué te tomaste Rubinstein, me vas a hacer creer eso y todo? Si se que eres incrédulo librito. Pero todo ello fue extraído de los registros que existen en la Clínica. En los monitores se mostraban como eran conducidos. Unos, al plano de la Clínica, otros a otros lugares. Los cuerpos quedaban esparcidos como si alguien dejase la ropa tirada por el piso en vez de guardarla al acostarse. Al final dos seres de la Oscuridad se lo llevaron al gallego. Posteriormente se descubrió que estaba en el Purgatorio y fue trasladado por un Guia como soy yo, al Reino.

El final.
-Jajaja. Contame un cuento. El libro se cayó. La tapa de la encuadernación tapizada en cuero estaba sobre el piso. Movía las hojas de un lado a otro, con movimientos espasmódicos producto de la risa. –Te lo voy a creer y todo.
Ufa. Ya no puedo con este libro perspicaz. Me desvanezco lentamente mientras él se iba solito al cajón de la mesita de luz, meciéndose de risa.

Rubinstein


** Opiniones **


¿Qué promoción?

No aparentaba mas de una treintena, la mezcla de una anatomía perfecta y su jovial carácter, la hacen una chica impresionantemente irresistible. Lo mejor sin duda, su culo, siempre resaltado por unos pantalones ceñidos o una faldita estrecha. Su camisa dejaba ver sus exuberantes pechos, que parecían pedir a gritos que los liberasen alguien de la estrechez y eso precisamente es lo que yo me propuse.

-Socorro que alguien me salve de este maniático. Ella sale corriendo, cuando la estaban sacando del embalaje. El nuevo envase de promoción. Un whisky escocés etiqueta negra en el stand del Supermercado.

Muñecota

Vestía minifalda negra, con detalles plateados, zapatos de taco con punta cerrada y una remerita blanca que dejaba uno de sus hombros al descubierto. Su cabello castaño claro, lacio, apenas tocaba sus hombros, y un flequillo casi espumoso acariciaba sus pestañas. De 1.76 mts, una cintura de 62 cm, caderas de 90 cm y unas tetas de 95 cm, que con una espaldita más bien chica parecen más grandes. Lo mejor son sus pezones, rosados, sin desagradables cicatrices, de grandes aureolas. Pechos suaves, chupables. El juego previo fue de besos profundos, nada difería de otros besos con mujeres, ella me acariciaba el cuello, la espalda, me desvestía tomando la iniciativa.

El Yorkshire Terrier se había subido a la cama y me lambeteaba la cara mientras dormía.

Otto, una sanación angelical

-Alguna novedad para mi – digo al llegar al la Cínica.
La recepcionista, una mujer delgada de mediana edad, deja sus papeles sobre su escritorio y me dice:
-Hola doctor, ¿Cómo le va? –Efectivamente los doctores Estefanell y Marques desean hablar con usted.
-Bien – digo como única repuesta y me dirijo al consultorio que tengo asignado.

En algún lugar en la Tierra
Otto, un hombre rayano a los sesenta y tantos años, de buena contextura, trabajaba como costumbre en el Minimarquet de la Estación de Servicio. Era de noche y ya cumplía prácticamente el doble horario, que tenía asignado. Dresden, ciudad fronteriza con la República Checa era el marco geográfico, donde la Estación de Servicios Shell se hallaba.

En algún lugar entre el Cielo y la Tierra.
-Adelante- en tanto acomodaba las pertenecías que había traído. El doctor Estefanell, un psico traumatólogo forense, es el primero en llegar. Un hombre de mediana edad de pelo rubio y contextura atlética. Le sigue el doctor Marques, un psico diagnosticador forense. Un hombre pequeño, de pelo morocho y desgarbado. Luego de las presentaciones, el doctor Estefanell me dice: -tenemos un caso para usted, deseamos cotejar nuestras impresiones con usted.

En algún lugar en la Tierra
Era tarde en la estación de Servicio. Caía nieve fuerte sobre la autopista que une Hamburgo con Dresden. El hombre hacía el recuento de caja y se quería ir a su casa, sita en ésta última. Dos hombres irrumpen el Minimarquet al costado de la Sede de la Estación. Provenían de Nassau. De unos treinta y tantos años, uno de ellos, árabe y otro latino lo asaltan matando al anciano Otto frente a la caja registradora, se suben a su volvo beige y siguen rumbo a la frontera con Polonia.

En algún lugar entre el Cielo y la Tierra.
En las pantallas de televisión delante de mí aparecen las primeras imágenes, mientras el psico traumatólogo forense comienza a mostrarme las primeras imágenes de la vida de Otto. Aparece un hombre servicial, que ayudaba a la gente con los paquetes y conversaba afablemente con las personas que surcaban la autopista que unía el Mar del Norte con la frontera entre la República Checa y Polonia. De repente aparece un hombre quemado completamente.
-¿Qué le paso?
Esas personas de paso, no sólo lo habían matado a mansalva con una escopeta calibre doce sino que habían incendiado el lugar con su cuerpo adentro. Más adelante fueron capturados al llegar a la frontera con Polonia. Le incautaron 10 kgs de cocaína pura proveniente de Asia.
-¿Cómo se encuentra ahora?- atino a decir. -¿Desea verlo, acompáñenos?
En medio de colinas verdes y praderas ondulantes al costado de la Recepción se hallaba Otto, un alemán de unos sesenta y tantos años, sentado leyendo un libro. Unas hadas le movían las hojas del mismo cada tanto. Sobre su cabeza, tres ángeles tocaban una serenata angelical.

Sobre el final.
Muy buen trabajo de sanación doctores.
Me empiezo a desdibujar y retornar a mi plano terreno.

Hokey en las nubes

Querido libro te he dejado de lado estos tiempos, recién arribo de La Ciudad de los Adultos, y quería ponerme al día contigo.

-Si, ya se ya me dejas por esas salidas fugitivas en nombre de tu patrón, y yo ¿Qué?

Se que tienes motivo para enojarte pues te he tenido olvidado en un cajón de la mesita de luz pero permite que te cuente.

-Bueno, pero que sea rápido pues no tengo animo para escucharte esas sandeces de tus viajes por trabajo en las estrellas.

Fui los otros días a visitar a mi sobrino fallecido Pepe. ¿Te acuerdas? -¿El mayor?

Efectivamente. Se halla de profesor de Educación física. Me llevó al estadio donde entrena la Selección Nacional de Almas Profesionales. Dame hojas que tengo varias noticias. –No te doy y me estoy aburriendo déjame dormir. Ya se, espera que te rasco el lomo de cuero con el membrete de la Orden de los Caballeros sin Caballo. –Esta bien no sigas más. Una risa entrecortada brota entre sus hojas amarillentas. Se denota el sacudón producto del espasmo de risa. De momento todas sus hojas escritas saltan solas.

–Cuéntame, mientras hago acopio de más hojas para ti.

La Ciudad de los Adultos se enorgullece de contar con una gran variedad de espectáculos y atracciones para todas las edades. Conciertos de música angelical, ballet, ópera, teatro y recitales de artistas de renombre terreno. Los clubes deportivos más comunes son los de golf y equitación. -Si.

Bueno he de parecerte un profesional de turismo, pero no soy. –A no, y que eres ya que me describes en que se caracteriza la Ciudad, esa ¿cómo dijistes que se llama?

La Ciudad de los Adultos, se encuentra allá arriba entre las nubes. –Como en las que andas vos, Rubinstein. Bueno bueno. El estadio que me llevó mi sobrino… -El Pepe. Si pareces tonto a veces, Pepe, si. Estaba inmerso en una zona de planicies y colinas suavemente onduladas. La forma que tenía, era como el Estadio de la ciudad de México. –Nunca me llevaste ahí. Ese estadio en cuestión tiene la forma de sombrero que usan los cuates aztecas. –Ahh, espera que estas llegando al final, debo poner más hojas. Estaban entrenando para la Gran Olimpíada de las Almas del Reino, practicaban hokey en las nubes. ¿Conoces el hokey en hielo? –Tan burro no soy Rubinstein. Bueno. Cuando lo vi y aprecié la magnitud del Estadio, le dije que podría modificar el juego. -¿A Pepe? Sip. -¿Qué pasó?. Por lo pronto le puse una escoba voladora y un stik de madera.-Contame, ¿en qué consiste el juego? El juego se divide en tres tiempos de veinte minutos a reloj parado a lo largo de los cuales los dos equipos deberán tratar de meter la pastilla o puck en la portería contraria. Para ello contarán con un stick metálico o de madera, un casco y diversas protecciones para amortiguar posibles golpes en distintas zonas del cuerpo. Los jugadores se desplazan sobre patines de cuchilla, distintos a los que se usa en el patinaje sobre hielo, ya que la bota es más baja y resistente, y la cuchilla es algo más corta.

Los equipos de hockey estaban formados por un portero y cinco jugadores, quienes eran sustituidos constantemente por sus compañeros de banquillo, lo que dota de un mayor dinamismo al juego. Hay también numerosas expulsiones de jugadores, que, dependiendo de la gravedad de la infracción, durarán 2, 5 o 10 minutos.-¿Y? Espera libro. No era un hokey común sino que se caracterizaba por que las almas volasen subidos a una especie de escoba y con el stik de madera golpeaba al balón.-Me entusiasmé Rubinstein. ¿Rubinstein….? Me hallaba profundamente dormido junto a mi señora, en el dormitorio matrimonial.

-Ufa.

Como alma que se la lleva el demonio

Atravesar el puente, incluso a pie, no fue algo sencillo. Las alambradas de púas dejaban poco espacio para pasar, y hacerlo a través de armas apuntándote no resultó una experiencia agradable. Una mujer gruesa, de unos cincuenta años, echaba pestes y respiraba con dificultad. Dos todo terreno estadounidenses venían de la dirección contraria -donde se encuentra la Zona Verde- seguidos de una coche con las ventanillas tintadas y otros tres todo terreno.
Frank Toledo, un mexicano radicado en los Estados Unidos, comandaba el pelotón que custodiaba la Sede de Estado Iraquí. Al pasar la mujer la alambrada de contención se inmola explotando una carga explosiva en nombre de “Ala el poderoso”.La onda expansiva rompe los ventanales frontales de la Sede de Gobierno iraquí. Uno de los todo terreno estadounidenses queda de costado sobre el pavimento, mientras el otro golpea de frente contra el primero. El coche con las ventanillas tintadas queda trasversal a la calle. Mientras que, de los otros tres todo terrenos que seguía la comitiva bajan varios militares estadounidenses. Gritos por doquier, hedor de los cuerpos chamuscados por la metralla. Una gran bola de humo se extiende a lo largo del Tigris, kilómetros a la redonda.


En algún lugar entre el Cielo y la Tierra.
-Alguna novedad para mí, pregunto al arribar a “La Clínica” La enfermera mira el catálogo de órdenes y me dice: -En el Pabellón Este tiene un paciente doctor.
“La Clínica” es una sola ocupando varias hectáreas de terreno, repartidas en cuatro pabellones. El Pabellón Norte, trata enfermos psiquiátricos. El Este trata de Guerreros del Señor o Almas Perdidas. El Sur, trata almas de ángeles y, por contrapartida el Pabellón Oeste trata de casos varios. El pabellón de recepción se halla en el centro del cuadrilátero.
Al arribar al Pabellón Este, el militar estadounidense se hallaba sobre una camilla con severas laceraciones por todo el cuerpo producto de una explosión.
-¿Dónde estoy? me pregunta. -Esta en el Reino del Señor, va a estar bien.
Al ser revisado, dos ángeles lo trasladan al patio delantero donde una gran alberca rodeada de pinos silvestres se halla.


Parte Diario.
El pasado jueves, 23 de marzo, un soldado norteamericano resultó muerto al estallar una bomba al paso de un convoy militar en las proximidades de Basora.


En algún lugar en Bagdad, Irak. Tiempo presente.
En un pabellón de un nosocomio en el centro de la ciudad, un ala de éste, fue asignada para colocar los cadáveres de soldados norteamericanos para ser trasladados a su origen en los Estados Unidos.
El Teniente Coronel Toledo se hallaba en el catre de campaña. El Sargento de Primera Marques, un puertorriqueño estaba poniéndole la bolsa para el traslado.
En ese momento El Teniente Coronel abre los ojos y respira profundamente. Marques, trastabilla y sale como alma que se la lleva el demonio. El cuerpo del Teniente Coronel se levanta del catre sin un rasguño.

Rubinstein, sus comienzos

Aquí Radio Gurí, desde el charco más oriental del Río de la Plata trasmitiendo para la audiencia de este foro literario tan prestigioso. Hoy el botija de la Radio tiene para todos vosotros queridos escriba-lectores una entrevista en exclusiva con el gurú médico en artes predicativas y mentalistas, el mundialmente llamado Rubinstein. Nos encontramos en el plató central de la Radio. Una mesa ovalada nos separa entre ambos.

-Hace tiempo que no lo veíamos por estos lares señor Rubinstein, ¿qué nos cuenta?
He estado ocupado últimamente con “La Clínica”. Me he dedicado a remodelar a la misma.

-Según tengo por acá, déjeme revisar,…. ¿usted nació en un pueblito del interior del Uruguay?
Efectivamente. Vera usted señor Botija, nací en una ciudad llamada Carmelo, que esta precisamente en el interior de ese pequeño país.

-¿Nos puede contar alguna anécdota?
Un día mis padres, que en paz descansen me dejaron en la casa de campo de mis tíos don Esteban y doña Mercedes. El lugar era una campiña en medio de la nada donde el tren llegaba una vez al mes y siempre con retraso. Recuerdo que estaba parado en medio de la nada, cuando a lo lejos una polvareda se aproxima a mí. Era un sulky, una especie de carro tirado por un caballo que apenas podía con sus huesos.
Doña Mercedes, mi tía, por aquella época una mujer de unos treinta y tanto de años, rubia de tez morena como el azabache, se baja del sulky. -¿Rubinstein? Pregunta. ¿Mercedes? le contesto un tanto temeroso, pues siempre había escuchado decir de mis padres que ellos eran gente extraña y peligrosa, de un mal pasado. –Sube hijo, que debemos llegar a la hacienda antes de la lluvia que se aproxima. Yo exhorto no me había percatado de la tormenta que por el oriente se aproximaba, más allá de las Tres Marías, un peñasco que más adelante supe el motivo de dicho nombre. Una valija pequeña era toda mi pertenencia.
Entre traqueteo y traqueteo, llego a la hacienda, que no era más que un rancho de adobe y paja a dos aguas en medio de una colina. Cuatro perros, una vaca escuálida que a duras penas daba leche, tres o cuatro gallinas sueltas y gallo flaco eran todas las pertenencias de esta familia de campo. Detrás de la “Hacienda” como le definían ellos, un pequeño espacio arado donde albergaban papas, y otras especies similares. Entre ellas, legumbres y demás pero no en demasía. Sólo para el sustento diario.
Mi tío Esteban, se hallaba arando el monte lindero cuando arribé a media mañana. Un hombre blanco de mediana edad, curtido al sol, huesudo y rudo, con ojos saltones, se me presentó. Dicen que durante la Guerra Civil española, este logró escapar entre los exiliados de Guernica.

-Que interesante, sobre lo que fue de su vida, poco se sabe.
Recuerdo el primer día que pase con tía Mercedes y tío Esteban en la Hacienda. Para que tengan una idea, el casco de la misma se situaba sobre la punta de una colina. Al oriente daba un pequeño arrollo cubierto de espesa vegetación. Al occidente se extendía un valle cubierto de árboles autóctonos. Al norte, había un barranco, a cuyo lado una catarata golpeaba sobre el fondo de piedra formando una playa pequeña. Al sur, a lo lejos se apreciaba las luces de la ciudad de donde provenía, pero era más un resplandor que otra cosa. Sólo se apreciaba a buena vista si el cielo nocturno se apreciaba claro.
Mi madre me había entregado como su bien más preciado “el libro” en un paquete. Recuerdo lo que ella me dijo cuanto me lo entregó: - No lo pierdas será tu compañero de andanzas y lo más preciado que te pueda acompañar en tu peregrinaje por la vida.
Esas frases me sonaron como un presagio, y temor, pero haciéndome de valor acepte el obsequio. Nunca más vi a mi madre.

Bueno señores y señoras de este prestigioso foro, el tiempo se ha ido volando como siempre. Rubinstein, un hombre delgaducho de mediana edad con cierto inicio de canas, toma un trago de agua y deposita suavemente el vaso de agua con su mano diestra en la mesa y se desvanece literalmente del plató. Un aro de paz y amor quedó impregnado en toda la zona.

Rubinstein
http://rubinstein.blogcindario.com/
Gurú de las Artes mentalistas y predictivas

Maria Elizabeth

Maria Elizabeth se llamaba la mulata. Oriunda de del estado de Louisiana provenía de una clase media. Su madre, de nombre Francis, una blanca, nacida en el estado de New Yersey se había mudado a New Orleands, por motivos de un cargo directriz en el área de Informática del cual ella vivía.
Su padre, de nombre Steven, oriundo de dicha ciudad, un negro que gustaba del boxeo profesional, se encontraron en una Sede de Convención a orillas del Río
Mississippi, cuando Francis tuvo que abrir “La quinta Convención Nacional de Informática de los Estados Unidos”.
De ahí en más se casaron en una Iglesia Baptista. A los dos años nació Maria Elizabeth.


Unos cuantos años después.
Ubicada al margen del río Mississippi y fundada hace más de dos siglos y medio, allí la naturaleza es pródiga en colores y en variedad de flora y fauna. Su gente es una mezcla de negros africanos, nativos del Caribe, españoles y franceses; una amalgama de razas que se refleja en una cultura única; diversidad gastronómica; arquitectura hispano-francesa de balcones de hierro forjado llenos de helechos verdes y una música con cadencia y saxofón que se traduce en jazz y que hace que cualquiera caiga rendido con la magia de este lugar. En este entorno fue que Maria Elizabeth, hija de Francis
una blanca, nacida en el estado de New Yersey y Steven, oriundo de dicha ciudad, un negro que gustaba del boxeo profesional, se crió. Los tiempos no fueron lo felices como le depararon en su infancia; ya desde la escuela, fue una niña problemática. A los 16, dejó su casa para irse a vivir con un negro que vivía a orillas del Mississippi. La los pocos meses la droga comenzó a correr y la prostitución comenzó a tomar forma en su vida. Su esposo, vivía de los magros recursos que adquiría de esta profesión. Pasó el tiempo y con un embarazo no deseado, a los 18 años de edad, con sida, Maria Elizabeth falleció en un callejón portuario. Cuando ella comenzó con la prostitución y la droga su padre Steven, al poco tiempo se separó de su esposa Francis que fue a al Condado de Oregon, donde con el tiempo se volvió a casar. Francis ya viejo y canoso se dispara un tiro en la cabeza.

En algún lugar.
-¿Donde estoy? Pregunta María Elizabeth hija de Francis oriunda de New Jersey y Steven, oriundo de New Orleands.
-Recuperándose le contesta Rubinstein, el gurú médico experto en artes predicativas y mentalistas.
-¿Estoy muerta? El silencio fue la única repuesta.

El final.
Luego de ser sanada en “La Clinica”, María Elizabeth da a luz a su hijo fallecido. Este es extraído y entregado a unos padres adoptivos, ángeles adultos. De su vientre nace un angelito negro, que fue contagiado de Sida cuando ella, su madre lo tenía en el vientre. Ahora sano, se halla en el Reino del Señor. En la actualidad, ella espera el dictamen final del Señor.

Manuela

Era una delicia. Desde el primer momento nos compenetramos totalmente y nos comunicamos de forma sencilla, sin falsos pudores ni oscuros recovecos. Como si nos hubiéramos conocido de toda la vida. Me llamaba todos los días y me tentaba con su aroma. Ella, la llamaré Manuela, tenía diecisiete años, a punto de los dieciocho, casi un año más que cuando yo comencé a gozar, y tenía toda la osada imaginación de sus años, y una extraordinaria virtud: quería aprender, ser discípula y enterarse de todo. Se situaba en una dulce pasividad que la hacía más atrayente y que me sumió en una turbadora dedicación hacia aquella chiquilla encantadora.

-Dale botija, largá la petaca del whisky que quiero un trago también.

Sarah, retorna por favor

La Subaru todo terreno corría velozmente por la autopista hacia Capetown, ciudad fundada en 1652 como almacén de abastecimiento para los buques holandeses que se encuentra al pie de la majestuosa Table Mountain.
Sarah, una subsahjaariana de estirpe Tswana llegaba tarde al trabajo y por ende su pequeño hijo de tres meses iba en el asiento trasero. Debía dejárselo a Jhon un británico nacido en Pretoria, su marido.
A si izquierda la majestuosidad de Table Mountain en todo su esplendor tapaba el vidrio lateral izquierdo. Sobre su derecha, Capetawn se extendía en toda su dimensión. La carretera serpenteaba por entre la montaña. A pesar de haber salido con el clima nevando desde su casa, al llegar a la zona de Table Mountain, este se tornó soleado con algunas nubes que ocultaban parcialmente la Ciudad del Cabo. Escuchando una melodía Afrikáans giró su cabeza hacia donde su pequeño se hallaba. El biberón había rodado por el piso de la Subaru todo terreno. Esta corría a 100 kms por hora cuando al alargar la mano para asirlo, el vehículo impacta de frente contra un camión cargado de trabajadores de la etnia Zulu que iban en dirección contraria hacia una de las minas de oro en Johanesburg,
la Nueva York de Africa, donde llegan gentes de todos países africanos en busca de trabajo y para vender sus bellos productos hechos a mano.

Tres años después.
Una negra de nombre Sarah de estirpe Tswana retorna a la vida luego de un período de tres años de estado vegetativo. Los médicos que la atendían no daban crédito a sus ojos. Cuando la revisaron la encontraron despierta y con conciencia. El médico que estaba de guardia en el nosocomio, un afrikáans de origen tsonga levanta el tubo del teléfono y llama a quien fuere su marido, Jhon.

Intermedio.
El Subaru había rodado varias vueltas sobre si y parte del camión con los trabadores zulúes se hallaba sobre el mismo. Policías desviando el transito a otros carriles y dos autobombas socorrían a los accidentados. Sarah, se hallaba volcada sobre el lateral izquierdo con su cabeza partida en dos. Milagrosamente el niño se hallaba con vida y sano.

En algún lugar entre el Cielo y el Infierno.
-¿Dónde estoy?, decía Sarah incongruentemente.
-En la Clínica, uno de los doctores le contestó.
A los lejos entre planicies suaves y onduladas, se hallaba en la parte posterior del ala oeste de la misma.
-¿Estoy muerta?
-No. Esta de visita por estos lares le contesta Rubinstein.
Se hallaba en silla de ruedas y sobre su cabeza tres ángeles tocaban una melodía de Strauss.
-¿Estoy en el cielo? Un silencio se hace notar. Una tonada de pequeños pajaritos, como única repuesta fue su única contestación.
-¿Le damos de alta? Pregunta el galeno a Rubinstein, el médico gurú.
-Si, pero antes borrémosle su vivencia en el Reino del Señor.
-Que retorne.

La Clínica

El camión a duras cuestas subía la empinada loma, tras un largo peregrinaje por los Alpes suizos. Al llegar a la cima, Don Pascual, un gallego de mediana edad no prestaba atención al entorno que sólo se da en la alta montaña. A su derecha un precipicio de unos 1000 metros caía como si éste fuese tallado por un gran cuchillo, a su izquierda, el magnifico valle cubierto del hielo invernal que solamente se da en esa parte de Europa. Pegando la curva a luego de la loma, un puente. Los vehículos detenían un tanto su marcha. En ese instante, al estar unos 50 metros, fué que todo sucedió. Una cubierta explotó ladeando el trailer que poseía. Vehículos que iban y que venían golpeaban contra el camión, unos caían por la baranda del puente sobre el río helado; otros lo hacían sobre la rivera del mismo. Varios se superponían sobre otros en el puente.
-¿Qué me sucede?, don Pascual se preguntaba ya que veía la escena como si flotase. Varios humanos observaba que se levantaban entre los hierros forjados a fuego y desechos.


Un hombre con coraza negra ya armadura del medioevo lo jala como si una bolsa de patatas fuese cuando se trenza en batalla feroz con seres del inframundo. Uno de ellos parte la cabeza de ese ser acorazado en dos y Don Pascual desaparece.
-¿Estoy muerto? - pregunta el ser acorazado con vestimenta del medioevo.
-Recuperándose – recibe como lacónica repuesta por parte del Doctor.
En medio de una vista celestial de praderas, lagos, árboles y valles ondulados se hallaba “La Clínica”.
El guerrero del Señor, estaba allí para recuperarse del enfrentamiento con los seres del inframundo, cuando intentó acompañar a Don Pascual, el camionero en su travesía. Una vez recuperado, “La Clínica” le dio “el alta”.


Hacía un mes que Otto, un alemán de mediana edad se hallaba en estado de coma en un Hospital en Alemania. A su esposa le habían dicho que no tenía posibilidad de vida. Le sugerían un que lo desconectaran de los aparatos de sustentación de vida. Ella se opuso tenazmente.
En un instante dado, su señora dormía al lado de la cama del paciente. Otto comenzó a despertarse. Los médicos no daban crédito a lo que veían. Retornaba paulatinamente a la vida.
Llorando de alegría le pregunta a su marido ¿como se encuentra? El lo único que recuerda en un accidente en los Alpes Suizo, un gran choque cuando un camión con trailler obstruyó la entrada al puente.
-Tuve un sueño raro, querida – atino a decirle. Era un guerrero del Señor que fui muerto por seres del Inframundo que me partieron la cabeza con una espada y estuve en una clínica.


-No se preocupe señora, le dicen los doctores que atendieron al alemán.
-Es común esto de ver seres alados, aquellos que han tenido una experiencia tan traumática como tuvo su esposo Otto.

Ella

Ella tenía unos gruesos labios amarronados, y se dejaba hacer en silencio. Yo se la empapé de besos y saliva, y ella dejaba cada tanto un flujo en mi boca, como un manjar. Era una diosa colosal. Y yo tenía la fortuna de tenerla entre mis manos y poder hacerle el amor, sentirme amada por ella.

-Vo deja el pedazo de pan, y trae la mermelada pa ca. ¡Carajo!