Déjame tenerte princesa

El tono de su voz decepcionada, ese "no, si te molesto me voy" que no sonaba a chantaje sino a ternura herida. Respiré hondo. Recordé que todo eso que falla en el día a día sólo falla a causa nuestra, vi que era apenas una jovencita, que tenía una hermosura inquieta, que sabía sonreír.

Yo sabía que le gustaba, que su discreción, su cortesía extrema, era una forma de seducción. Recordé que siempre me habían gustado los hombres y pensé que tal vez no tenía caso hacer caso a esa voluntad de sonreírle, de quedar bien, de reparar el daño y conservarla. No obstante la invité a quedarse, tomé su mano, me disculpé y la autoricé a preguntar lo que quisiera.