Un viaje por ahí nomás

Querido libro:

Los otros días fui a la Constelación de Virgo. – ¿Es lo que me comentaste cuando me mandaste decirle al General Yang, sobre la locación de las 64 almas guerreras? Efectivamente. En esa Constelación encontré un pequeño planeta que posee alrededor de un 20 % de la masa de Plutón. La morfología para ser preciso es similar a la de la Tierra, sólo que esta gira alrededor de una estrella neutrónica. Este planeta esta inmerso en una extensa nube de gases ionizados.
-¿Qué encontraste allí, Rubinstein? Que en ese planeta existen humanos como en la Tierra, que habitan en una ciudad parecida a la que hay en la misma.
- ¿Qué pasó a continuación? Ah, te has interesado librito. – Claro. Llegue de noche, pues me costó tuve que orientarme por las Constelaciones de Escorpión y Libra. Me encontré con una ciudad devastada, en medio de una calle desolada, donde existía una especie de fábrica. La fluorescencia en la noche no me dejaba apreciar el contexto en que estaba, pero te diré que me eleve un poco.
- ¿Qué vistes, Rubinstein? Una ciudad destruida a causa de un holocausto nuclear. Vehículos autómatas propulsados por inteligencia; naves robots sobrevolando el centro de lo que antaño fue una gran metrópoli. –Ohh.
Cuando fijé la vista enfrente a mi estaba un lugar que tenía el cartel que decía “Cima”.
-¿Cima? Si. Centro de Investigaciones Médicas Alternativas. – Ya, te sigo, espera que pongo más hojas. Bueno.
Yo estaba vestido de guerrero ninja con dos espadas láser en mi espalda y otra en mi cintura. Frente a mi el Centro se apreciaba como un gran hangar desolado con vehículos estacionados. El hangar, estaba vacío, por tanto entré.
- ¿Qué pasó a posterior? Te sigo el relato, querido libro de cabecera. Había un pasadizo al costado del hangar. Al final una puerta. Sale un hombre, y me pregunta ¿qué quién soy? –Y…. Le dije que era un viajante. Me quiso hacer pasar, pero algo me llamó la atención y me negué.
-¿Te negaste? Si, eso hice. Entonces intentó aferrarme la mano izquierda y vi que la mano no correspondía bien a la anatomía de una mano humana. Lo hice caer, pero le quebré la muñeca en el camino. ¿Sabes lo que me encontré libro? –No, Rubinstein. Que poseía forma humana, pero era medio maquina. Entré por una escalera metálica que poseía un descanso y proseguía para abajo.
- ¿Qué había dentro Rubinstein? Laboratorios donde experimentaban con humanos convirtiéndolos en máquinas.
-¿Esos humanos, supongo?
Pues te equivocas, eran máquinas que experimentaban con humanos. ¿Y…?
Me retire rápidamente cuando tuve que luchar con dos de ellas en el corredor, lindero al hangar.
-¿Qué pasó a posterior?
Me tuve que venir de golpe pues mi tiempo fuera de mi cuerpo había pasado el límite prudencial.
- Hace mal, ¿no? Claro libro, si estas por demás fuera de tu cuerpo físico, puedes dañarte físicamente. Te comento eso aconteció cuando tu brillabas por la anotación que el General Yang te hizo hacer, referente al Torneo en el “más allá”
- ¿Te refieres al General que vivió en el plano terreno durante la Dinastía Zen y tu te habías reencarnado en un señor feudal en Japón?
Si, estimado libro, ese General el que te mandé que le informaras sobre la locación de las 64 almas guerreras. –Entiendo.

Rubinstein.