Camaleones del inframundo - La batalla

Hola libro. Quisiera contarte como terminó lo que comencé en el libro anterior titulado “Camaleones del inframundo”. ¿Te acuerdas?

–Un poco refréscame la memoria.

En la primera parte te contaba sobre una pesadilla que tuve. Te decía mientras ponías hojas para que se escribiera en ti, que me encontraba en un monte espeso durmiendo en mi carpa de camping. Esta se encontraba al lado del arrollo. Escuchaba ruidos fuertes de animales, rugidos pisadas, etc.

–Cierto estoy comenzando a recordar, me hablabas de quienes eran los camaleones, que éstos son seres muy inteligentes, que copian técnicas de los guerreros del “más allá” y del “más acá”. Decías que éstos son extremadamente agresivos y violentos.

Si te dije eso libro querido que descansas siempre en mi mesita de luz. Te contaba anteriormente en ese libro al abrir la parte delantera de la carpa que daba sobre el arrollo, vi el corredor de mi casa. Hubo algo que me aspiró por el corredor, y por momento parecía que estaba dormido. Antes de entrar en lo que fue la batalla, te refresco la memoria, mencionándote ¿sabes donde fui a parar? –No.

En el lomo de un camaleón. –Cierto Rubinstein.

Te mencioné que existen 3 muy poderosos. Son del círculo íntimo a Lucifer. Según cuenta la historia estos fueron desterrados del Cielo, junto al susodicho. Cuando se dio la revuelta en el Cielo, estos fueron los que junto a Lucifer crearon el caos que terminó en lo que los cristianos creemos. Adquieren cualquier forma, así como Lucifer. Se dice, que juntos éstos tres seres tiene más poder que Lucifer. –Cierto, me lo mencionaste cuando hubo que diseñar el libro “Camaleones del inframundo”. Ahora pues he de contarte la batalla en si, pero antes debo contarte porque son difíciles de matarlos. –Hazlo.

La morfología real de éstos, es la de un dinosaurio. Pero posen seis alas, colocados en distintas formas en el dorso de ellos. La más grande o externa cubre las otras. La del medio la más chica. Están ubicadas a distintas alturas dentro del dorso. Cuando se logran erguirse en dos pies poseen la estatura de unos dos metros y medio.

Anteriormente te comentaba que no sólo, son difíciles de matar ya que adquieren la experiencia de los guerreros a los que se tienen que enfrentar, sino que además para aniquilarlos hay que decapitarlos desde la base del cuello donde se une con los omóplatos, conjuntamente con la extirpación de su corazón, pues poseen dos cabezas y para lograr hacerlo hay que cortar entre ciertas vértebras cervicales, ni más ni menos.

–Te sigo Rubinstein de hecho veo que estas por finalizar la hoja, así que pongo más. Gracias libro querido que reposas sobre mi mesita de luz. Me acuerdo que me hallaba flotando por encima de uno de ellos, cuando caigo sobre su lomo.

-¿Y…?

Bueno caí sobre su espalda y enseguida me aferre a su cuello y sus ancas. Con la mano izquierda hendí mis dedos, sobre un costado del cuello donde se unen las cabezas mencionadas anteriormente. Y me adentré a su cuerpo achicándome a tal punto que podía percibir su corazón.

–Cuenta, Rubinstein, qué pasó a posteriori?

Todavía estoy por descubrir lo que sucedió. Tengo idea que fue algo así. A gran velocidad, y mira que estos son muy veloces, le extirpé el corazón. Estando dentro de su caja toráxica lo tiré hacia arriba. En el preciso instante que hacia ese movimiento salí de su cuerpo y con una espada corté el cuello entre las vértebras mencionadas. En ese preciso instante, vuelvo a ingresar a su caja toráxica y ya el corazón tocaba las vértebras del tórax.

–Ahora estoy entreverado, mira como quedan las frases cuando tú escribes, Rubinstein. Te estoy comentando a la velocidad que hice la incisión querido libro de confidencias.

-Ahhh.

Ya con la cabeza cortada salgo todo triunfante de su cuerpo ya muerto, mi cabeza con sangre del mismo y cara de júbilo, pero con el corazón del camaleón en la mano. Es ahí que el camaleón que menciono comienza la fase de desintegración. Cuando todo hubo pasado, retorno a mi cuerpo físico luego de dar por concluida la pesadilla que éste me sometió.

–Seguiste durmiendo.

No. Para nada mi corazón latía fuertemente y mi señora me zarandeaba de lo lindo, me decía “despiértate, vamos despiértate”.

–Ahh.

Rubinstein.