El cuarto planeta

Querido libro, que descansas en el cajón superior de mi mesita de luz, te quiero contar el último viaje que tuve o experiencia en lo paranormal. No te rías de mí. Me encontraba con mi señora platicando banalidades en la cocina de tarde, cuando un sueño muy grande me vino de golpe. Parecía que estaba borracho, pero era conciente que no había tomado ni un sorbo de bebida que me afectara la razón. Fue así que le dije que me voy a recostar un rato. -¿Sabes que pasó?

Me sentí ir, alejarme de mi cuerpo, pero con mucha facilidad. De golpe me vi frente a un planeta del tamaño de Júpiter se había formado alrededor de a una pareja peculiar de estrellas binarias situadas en el superpoblado centro de un cúmulo estelar. Aprecié el nacimiento de un nuevo día de un planeta ubicado en la cuarta franja de planetas desde Antares y Sigma en la Constelación del Escorpión. –Te dije que no te rías de mi, ¡¡tonto!!

Lo que vi me pareció un planeta, pero luego me di cuenta que no, ya que éste orbitaba en torno a un, este si, un planeta de color verde anaranjado. Vaya sueño que tuve. Toda una historia te diré. –Cuantas veces te diré que no te rías de mí. Era una luna en el cuarto planeta ubicado en el entorno de Antares en el cuello de la constelación de escorpión. El amanecer que vi, era digno de ciencia ficción ya que sobre su horizonte, el de la luna claro, ¡tonto, que más! Giraba una enana blanca que luego estudiando supe que era Sigma, la segunda en el cuello de la constelación. –Sabes que logré bajar a la superficie de esa luna, que desde donde estaba se veía blanquecina. –Si, no te hagas el tonto, te crees que estoy mal de la cabeza y estoy para ser internado, ya se, te conozco mas que bien para tu pesar, querido libro.

Luego de cruzar una eternidad de nubes de una consistencia lechosa, me encontré con una superficie oscura metálica, escarpada y llena de peñascos por donde la vista me permitía apreciar. Logré asirme al borde de un peñasco y me senté a apreciar, lo que humano nunca pudo ver. Me considero un privilegiado. Estaba cómodamente sentado mirando el aguacero que venía desde el oriente, cubriendo la superficie de blanco cuando un ruido me hace voltear. -¿Sabes que vi?

Una cueva, llena de estalgtitas y estalagmitas de algo que parecía metálico. Un ruido de fondo se hizo oír. Una puerta metálica estaba ante mis ojos. –Si, ya se tonto, estaba en un sueño lúdico. Te equivocas querido libro.

Cosa extraña cruce la puerta aún cerrada, como si esta no existiese. –Si ya se descubriste a la Madre Teresa; eso es lo que me vas a decir. No.

Me encontré ante un túnel, pero artificial. A los costados había luces. Este se perdía en la inmensidad del abismo. En medio otro túnel lo cruzaba verticalmente. –Si ya se, me decías que pensaba en cosas de sexo, que mi psiquiatra, y cosas así. No estoy mal de la cabeza, te cuento lo que vi, no es para que me psicoanalices, sino, no te cuento más libro y te dejo archivado.

Bueno siguiendo, me encontré de golpe luchando con unos seres de forma humanoide y cara ovoide. Los ojos era lo más que se resaltaba. Parecían a lo de una mosca. Vistes que tienen como miles de ojos en lo que sería uno sólo. Luego me enteré que son de la clase insectoides. –deja que te cuente, tontuelo, no ves que no puedo escribir en ti si sigues riéndote de mí.

Me encontré luchando como un ninja, un samurai del medioevo, pero usando lanzas que tenían en cada extremo láser. –Si la hoja, de ambos lados. Menos la empuñadura era de láser. Al final del túnel, había una especie de vidriera. Era una caverna que tenía una pasarela metálica. Al fondo había humanos que como esclavos hacían trabajos forzados en la piedra. –Te dije, que era tremenda historia la que pasé. –Ja. Descubriste la gallina de los huevos de oro. No.

Me apuntaban con armas, que nunca había visto en mi vida. Disparaban como un láser y tenían una especie de pistolas que emitían ondas sonoras de alta frecuencia. –Sabías que me rebotaban en una especie de manto, como si algo me cubría el cuerpo.

No se como es que encontré, una especie de celdario en medio de esas piedras mientras mataba cantidad de insectoides a mi alrededor.

Es así que logré sacar una cantidad de humanos, que lo tenían para trabajos forzados y comida. –Espera, te digo no me cierres la tapa, y te quieras ir a dormir que falta. Los llevé a un lugar en esa caverna que era como un gran hangar. –Si ya se me dirás te encontraste dentro de una nave alienígena del tipo insectoide. – Si, precisamente, ¿cómo lo adivinaste?

Ellos se metieron en una nave pequeña, y lograron salir de la cueva por la boca del hangar. Y se fueron conmigo dentro. Detrás seguía una nave insectoide gigantesca.

Nos disparaban unos proyectiles que explotaban a lo lejos. Esa gente me dio las gracias y me dijeron que tenían que ir a su planeta en la constelación del escorpión.

Me desperté 45 minutos después como si hubiera dormido profundamente. Mi señora me sacudía.

-Si ya se. Sigues sin creerme. En la noche tarde me vinieron a visitar. Fue un humano desde el cuarto planeta que se encuentra cerca del núcleo del antiguo cúmulo globular de estrellas M4, localizado a una distancia de 5.600 años luz en la constelación norte-estival de Escorpio.- Sabías que, tarda un siglo en completar cada órbita ese planeta Este posee 2,5 veces la masa de Júpiter.

El que me vino a ver fue el Jefe supremo de los escorpianos, humanos al igual que nosotros, a darme las gracias, pues había liberado a los humanos prisioneros por los insectoides. Sabías que existe una guerra a muerte entre ambos. Me invitaron a visitarlos de nuevo para agradecerme la liberación de un príncipe, llamado Samuel.

-Te dije que no rieras de mí.

Rubinstein.