El cuarto planeta - La invitación

Querido libro, que descansas en el cajón superior de mi mesita de luz, te quiero contar el último viaje que tuve o experiencia en lo paranormal. ¿Te acuerdas lo que te comenté en “El cuarto planeta”? –Si.

Que me encontraba con mi señora platicando banalidades en la cocina de tarde, cuando un sueño muy grande me vino de golpe. Parecía que estaba borracho, pero era conciente que no había tomado ni un sorbo de bebida que me afectara la razón. Fue así que le dije que me voy a recostar un rato. La recuperación de un grupo de humanos tomados prisioneros en una luna del cuarto planeta en el entorno de Antares en el cuello de la constelación de escorpión. Estrella binarias y demás.

-Si.

-¿Sabes que pasó a continuación de esta saga?

-Dime.

La invitación.
El planeta de color verde anaranjado giraba en torno a Antares y Sigma, dos estrellas binarias muy especiales ya que ésta última, Sigma giraba en torno a Antares. Pues bien llegue a la superficie de la misma.

-Si no me trates de borracho, que lo máximo que tomo de alcohol es una copa de un Monje Era la zona verde donde los humanos habitan. Dos guardias me ceden el paso y abren los portones al Castillo de su Alteza real el Rey Escorpión. –Déjate de reír que no me dejas escribir en tus páginas libro tonto.

El castillo de su realeza se encontraba inmerso entre un valle de colinas verdes y frondosas. Un gran camino recto de piedra caliza rodeado de árboles por ambos lados daba hacia el frente del Castillo de su Alteza el Rey Escorpión. En todo su entorno, vehículos descapotables volaban por su alrededor. Uno de ellos, vino a mi encuentro.

-Vaya historia que tuviste hombre.

-Te dije que no te ibas a arrepentir.

Sobrevolamos en un vehículo descapotable para dos personas el área circundante del Castillo. Colinas y valles se veían a todo su alrededor. Al sur, en el horizonte lejano un poblado. El vehículo hace un giro y se deposita suavemente sin hacer ruido ante las escalinatas frontales hechas de mármol.

-Uhh, ¿qué pasó?

Te cuento querido confidente de viajes, dos guardias armados con pistolas y rifles me abren el ingreso al castillo.

Un camino con alfombra roja estilo persa eso me pareció, había entre la puerta y el trono de su alteza real. A los costados sirvientes por doquier. Al fondo lo primero que sobresalía era el trono del Rey Escorpión. A su costado derecho su alteza la Majestad Escorpiana y dos hijos: el príncipe Samuel el mayor de unos veinte tantos años e Isaías, el menor de unos quince años aproximadamente. A su derecha la princesa Lara dos años menor que Samuel, rubia de medidas aproximadas de 90-82-93.

-Rubinstein si que tuviste un viaje real. –Se puede decir que si, querido libro de confidencias.

Luego de las reverencias correspondientes ante su Alteza Real, soy invitado a una cena de gala, por haber liberado de los insectoides a su príncipe heredero Samuel.

-Cuéntame. Cuéntame ahora soy todo hojas blancas para que me alimentes.

Te cuento querido confidente de viajes astrales, luego de un banquete señorial, me invita a presenciar el paisaje al salir a la terraza privada del monarca. Veo a Antares ocultándose por el occidente, debajo de éste Sigma mas pequeño siguiéndolo.

A unos 45 grados a la derecha de donde estábamos ubicados se veía de lado la Vía Láctea de costado. –Ahí es de donde usted proviene; me dice Su Alteza Real, el Rey Escorpión.

Sobre el cielo veo como luces de bengala por todo el entorno del mismo.

-¿Sabe que es eso?, me dice. -No, atino a contestarle.

-Son los proyectiles que nos acosan permanentemente. Estos provienen de las naves insectoides que están en el espacio

-Rubinstein me has dejado sin páginas, que bobo que soy. Quedé extasiado, espera que construya más. Cuenta.

Te cuento pequeño libro de confidencias. Parece ser que eso que veía como luces de bengala era un campo gravitacional electromagnético que cubría lo que quedaba de los humanos. Era producto de un complejo de maquinas que varios años atrás habían construido los escorpianos en el Castillo. Parece ser según palabras del Rey Escorpión que no hay quien lo repare y temía por la caída de su reino.

-Cuenta, Rubinstein, sigo con hojas blancas ávidas de escritura.

Bien querido libro, redondeando, tuve que hacer una demostración amistosa de lucha con el Príncipe Samuel. Quedaron extasiados por las técnicas ninjas y samurais del cual proviene mi conducta guerrera. El lugar era como valga la diferencia el Coliseo romano.

Les diseñé un sistema luego donde todo su reino quedaba protegido de los insectoides.

- Si que fue un viaje el que tuviste, Rubinstein.

-Sip.

El sistema consistía en hacer invisible al reino de los sistemas de detección insectoide y hacer que los rayos que bombardeaban el Reino desde las naves alienígenas se volvieran contra ellos mismos.

-¿Qué pasó?

Se autodestruían. Bueno me tengo que ir querido libro mi cuerpo físico me pide que vuelva.

-Ve.

-Luego te cuento la tercera parte la visita del Príncipe Samuel a mi casa en las primeras horas de la navidad.

Rubinstein.