La arena y el mar

Cuando la vi, ella estaba acostada de espalda sobre la arena, bañada por el mar. Me le acerqué y levantó su cabeza sonriéndome. Esa melena rubia enredada, que caía sobre sus hombros y ese bikini que sólo cubría parte de su cadera, me hizo decirle un “hola” apenas balbuceado por mi, casi sin aliento.

-Hola, me replica, cuando le alcanzo el termo y el mate que portaba.

El cielo se me antojó más azul y límpido que siempre, al tiempo que el agua besaba sus pies como con ternura se tratase.

Me acurruco a su lado y de mi un ronroneo melodioso brota de mi ser interior, cuando nuestros cuerpos se funden en uno junto al agua y la arena, a pesar de llevar ya muchos años de tenerla junto a mi.

A mi señora