Habitación 405, Hospital Santa Escilda

En el capítulo anterior: Rubinstein - La Hacienda, su arribo


** Habitación 405- Hospital Santa Escilda **
Rescatando almas – Epoca actual.

Cap. 2

Sede Central de Rubinstein
Cofradía de las Tres Marías
El Reino entre el Aquí y el Allá



La Situación.
La habitación donde el anciano se localiza, se hallaba en penumbras. El hombre yacía en la cama, con una máscara adosada a su nariz. La poca luz que en ésta, se veía, era la de los equipos de sustentación de vida.
El cuerpo del octogenario se encontraba inerte, pero erráticamente el osciloscopio revelaba pulsaciones y líneas rectas, repitiéndose el proceso una y otra vez. El sonido de una campanilla era permanente.
Dos enfermeras y el doctor de guardia se hallaban a su lado; el médico poniéndole en el pecho los electrodos para activar el corazón, las enfermeras monitoréando el instrumental. –Despejen, preparados- Al principio no respondía, pero luego aparece la forma de una cresta en el osciloscopio.
Cuando al fin logran estabilizar al paciente de nuevo, se produce otro paro cardiopulmonar, pero esta vez, el osciloscopio queda mostrando una línea recta permanente. El médico se retira, dejando la nurse tapando el cuerpo, y la otra enfermera desconectando los equipos médicos involucrados. Apagan la luz y se retiran.

La otra cara de la moneda.
Un señor muy pulcro, con traje de Armani, pelo corto bien arreglado, y corbata haciendo juego con su vestimenta, se presenta en Recepción preguntando por la habitación del anciano.
Llega a la habitación del mismo, luego de sortear una serie de camilleros y personas en sillas de ruedas. Golpea la puerta y entra.
Se acomoda al lado del anciano en una butaca para los acompañantes y espera.
-¿Quién eres?- dice el anciano -Quien te va a acompañar.
-Mi familia, tengo cosas que hacer- comenta el anciano –Ya.
El hombre de unos 42 años, cruza los pies en cruz y fuma un cigarro extraído de su cigarrera de plata. El anciano se sienta a la derecha de la cama y se pone a observar trabajo del médico y las enfermeras. Al principio nada, luego se percata de la existencia del individuo.
-¿Y ese?- Pregunta el anciano. -Ese eres tú.
Su cuerpo se hallaba inerte.
-¿Me vienes a buscar?- Si.
Ambos cruzan la puerta de la habitación y ven frente a ella, una anciana, sentada en un asiento de varios cuerpos.
-¿Ana?- El anciano atina a decir. -Si
Su anciana esposa ya fallecida besa en la mejilla al hombre del traje de Armani. -¡Gracias!- atina a decirle ella.
Mientras ambos se abrazan y se besan, una sonrisa parte del anciano a medida que se diluía en una luz blanca.

Cuando todo terminó, el hombre del traje de Armani saca del bolsillo interior una pequeña libreta y tilda -Eduardo Nuñez, Habitación 405. Hospital Santa Escilda, Montevideo, Uruguay hora 21 GMT del 23 de junio de 2005. -Bueno es hora de irme, trabajo finalizado – esfumándose en la nada.

Esta historia continua en:
Imágenes de una mente torturada - Visiones
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