Socorro

El vehículo derrapó sobre la calzada, dando tumbos pasó girando de costado a dos peatones, que sobre la grava se hallaban pidiendo un aventón. Tres vueltas en el aire éste dio. Con las cuatro ruedas al aire, meciéndose como una cuna al golpear contra el mojón izquierdo del túnel, quedó.

Un humo negro proveniente del motor comenzó a brotar. La mujer de unos treinta años, rubia, delgada de cabeza al piso se encontraba. Desesperada trataba en vano de desprenderse el broche de seguridad del cinto que cubría desde el hombro izquierdo a su cadera del lado derecho. Las llamas comenzaron a brotar en el panel del vehículo que seguía meciéndose.
El olor a quemado paulatinamente comenzó a fundirse con la carne quemada de sus extremidades inferiores.

Un grito desgarrante se hizo oír en la oscuridad de la noche.
Paula, la mujer de unos treinta años, rubia, delgada de golpe se sentó en la cama y una gota de transpiración por su mejilla izquierda comenzaba a surcar.