Don Jacinto

Caía agua a borbotones, miro a trabes de la ventana y la montaña que siempre se me presentaba inamovible, parecía desdibujarse a causa de la cortina de agua que caía sobre el alero, el cual sonaba como una campanilla en mis oídos.

El camino de piedra, que conduce al valle 1000 metros más abajo se antojaba una silueta traslucida.

En eso me encontraba, cuando un sonido de nudillos se hace oír a trabes de la puerta de madera de la choza al costado del camino.

-¿Don Jacinto, don Jacinto?, la voz del rapaz un tanto apurada se hace sentir.

-Mi mama, mi mama….

De la mesa de madera que estaba exactamente en el centro de la choza, con una mano adquiero el maletín y cierro la puerta. Corro a la camioneta vieja, que duras penas puede consigo, y en camino me pongo cuesta abajo.

Al llegar a un recodo del camino, sea por el apresuramiento, sea porque tuvo que suceder, esta derrapo y me vi en medio de ramas, árboles, enredaderas y tierra que golpeaban con fuerza la cabina del vehículo.

La camioneta toda destrozada se detuvo al final del barranco, y un cuerpo sobresalía por el costado de la ventana del conductor.

Parado debajo del follaje de un gran árbol, por mi mente pasa “debo asistir a ese conductor”. Intento tomar la mano para saber el pulso del mismo, y esta sigue de largo.

-¿Qué pasa? Me pregunto, una gota de transpiración corre por mi cabeza.

-¿Don Jacinto, don Jacinto…?

Abro los ojos, y mi familia se encontraba a mí alrededor.

-Gracias a dios, el doctor atina a decir, en mi cama me encontraba luego de una enfermedad viral muy fuerte. Como lejos escucho, o me pareció, -un mes, sin conocimiento Don jacinto estuvo.