El misterio de nacer

Nota editorial.
Este es un caso muy antiguo, data por agosto del 2005. Disponía problemas de todo tipo como ser, el mal manejo de los verbos y frases no muy bien trabajadas. Ha sido nuevamente trabajado y aquí está otra vez. Eso no quita que no existan otros errores. Antiguamente poseía más datos que no conducía al contenido, sino que actuaba como relleno. Les presento a:

El misterio de nacer

La habitación se encontraba poblada de almas, prontas para el evento. Se veía hileras e hileras de cunas de niños y niñas prontas para el viaje de su vida. Cada tanto se encendía una luz y un alma cruzaba un pasillo iluminado. No se volvía a ver nada más ni a saber de ella.

María una rubia de ojos celestes, delgada de tez blanca era la próxima candidata para entrar al pasadizo. Feliz se le notaba. Un niño gordo la empuja y cruza sin pedir permiso, pues las almas luchaban entre si por estar en la primera fila.

-¡¡Epa!! - atina a decir, pero éste le había ganado de mano.

Cuando esto sucede comienza a rejuvenecerse. Llega a tal punto que cuando se abre la puerta del otro lado, ingresa al cuerpo de la niña que estaba esperándola.
El nombre de Juan aparece a continuación y éste se mete por el pasillo. A igual que el caso anterior, un niño lo esperaba del otro lado de la puerta.

Cuando le toca el turno a Carlos pasar por el túnel, Sábina una rubia de ojos grises pequeña de estatura, irrumpe junto con éste por el conducto.

De este lado.
En la sala de parto un grito sonoro se hace oír. Un llanto femenino se escucha por toda la sala de parto. El doctor muestra una hermosa rubia.

-Se llamará María -piensa el padre.

En Nigeria estaba totalmente prohibido las relaciones sexuales prematrimoniales. La madre debía abstenerse durante tres años después del parto, lo cual promovía el espaciamiento adecuado de los nacimientos. Pero un cacique nigeriano quería a toda costa procrear un hijo. Sería su primogénito, el que llevaría el nombre de la familia. Fué así que mediante el trabajo del brujo usando rituales, métodos con hierbas, nace Juan.
En la misma fecha en la otra parte del mundo, EEUU, nace Carlos. Hijo de emigrantes latinos. Su familia trabajaba en California.

El devenir del tiempo y sus efectos.
María esta juntada con Inés, quién fuere su primer amor. Cuando están en la cama, ella actúa dominante con connotaciones sexuales netamente masculinas.
Juan, el africano se casa y es feliz en su vida matrimonial. Carlos disfruta travistiéndose, su nombre en las páginas de Internet: "Sábina, un sexo diferente".
** Antecedente del mismo **
Quiénes así optasen por conocer el origen del mismo y los comentarios que suscitó, tengan la amabilidad de dirigirse a:
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Si uno no pone el alma, no construye nada personal. Escribir desde ese lugar implica conectarse con los afectos para poder redactar aquello que, sea bueno o malo marca la diferencia, es de uno.

Yaa

Carlos iba camino a la estación de servicio, cuando sufrió un mareo en medio de la autopista. El coche patinó de costado y golpeó el lado del acompañante contra la barra de contención sita a su izquierda.

Es en ese instante que un camión con remolque venía del lado opuesto, golpeó la parte trasera del mismo haciéndolo girar sobre si sin volcar.

El conductor recibió un golpe causado por el impacto de su cabeza contra el parabrisas del mismo.

Ya paso seis meses de esto. Carlos se encuentra en estado vegetativo. Su esposa es la única que se encuentra en la sala junto a él, ya le dijeron que no iba a pasar la semana que transcurría. Ella, con sus ojos lagrimosos, mira por última vez a su marido, le toma de la mano y desconecta el aparato de sustentación de vida. Sentada en una butaca observa pausadamente como lentamente la línea de vida que muestra el osciloscopio cada vez se torna más recta, una lágrima comienza a brotar de su ojo izquierdo. Cierra la puerta y desaparece en el pasillo.

Nadie más supo de ella. Una noche, dormía en su casa en otro Condado. Sonó el teléfono que estaba sobre su mesita de dormir, cuando levantó el tubo del mismo, nada.

Otra noche, las luces del pasillo se encendían y apagaban sin un sentido aparente. Otro día la batidora, y la radio que en otra época fuera de su marido, se encendían solas como si una mano se tratase.

-Mama, escucho una noche de invierno, cuando una gran ventisca y nieve cayó sobre su domicilio. Era su hija de 10 años que la llamaba desde el dormitorio que lindaba con el suyo.

Al encender la lámpara del dormitorio de su hija, ella estaba sentada en la cama y dijo:

-Papa, estuvo conmigo.

La tomo en su regazo y la acunó.

-Mal sueño, pensó y la volvió a acostar, sin antes besarle la mejilla.

Otra noche, ella soñó con su marido, cuando se habían casado y fueron de luna de miel.

-Carlos, atinó a decir.

La luz del dormitorio de su hija se encendía y apagaba. Cuando fue, vio quien fuese fruto de su amor flotando dormida sobre su cama.

-¡Basta ya!

¿Carlos...?

-Terminá.

Don Felipe

Cuenta la historia, que allá por la época de Don Felipe, el terrateniente del condado de San Fermín cuando corría los albores del siglo XX, se produjo una serie de hechos que conmocionaron a los lugareños que por aquel período habitaban.

Según cuentan los relatos basados en los hechos posteriores, Doña Paola, una tana oriunda de de la región de Abruzzo, cuando arribó al Condado, su belleza y gracia cautivó a Don Felipe. Era un tanto regordeta en su fisionomía, rubia, alta, y como dirían después locuaz.

Arribó en un sulqui tirado por dos caballos negros y grandes, que apenas dos hombres de buena contextura podían con ellos.
Dicen que éste esperaba su arribo con impaciencia, cuando un aguacero de proporciones épicas se descargó al cruzar la alta montaña, que cubría el oriente del condado, por donde su prometida debía venir.

Según los relatos mencionados, Don Felipe era un español de pura cepa, proveniente de Cataluña, que en su época de mozo, arribó con una mano adelante y otra atrás al Condado de de San Fermín.
Las malas lenguas dicen que éste había conocido a Doña Paola, cuando sus padres visitaron Italia por motivos de negocios en Abruzzo. Por ese período, él era un niño y Doña Paola poseía cinco años menos que él. Otros cuentan que la relación entre éstos se gestó cuando, arribó a la capital, sita a dos días y medio a caballo por alta montaña.
Ya entrado en los primeros albores del siglo XX, doña Paola pasó sus mejores momentos de moza en La Hacienda, una estanzuela de alrededor de unas setecientas hectáreas cuadradas.
Por motivos que Dios sabrá, jamás pudieron procrear un hijo. El tiempo y la rutina fue carcomiendo la relación entre ambos, es así, que paulatinamente Doña Paola fue adquiriendo una especie de desazón en la vida matrimonial, que desencadenó en una serie de hechos fortuitos:

Don Felipe, tenía relaciones con las criadas de La hacienda; Doña Paola vivía recluida en la alacena sur, que daba a un recodo del río San Sebastián; El terrateniente se pasaba largas jornadas que duraban días fuera del casco de La Hacienda; los empleados que estaban para las tareas dentro de ésta, se pasaban entre chismes y chismes.

Es así, que un día estando en ese período de melancolía, él se presentó en la alacena mencionada, encontrando quién en otra época fuese su amor, con el hijo del capataz.
Fue así que Felipe en un momento de arrebato de furia, tomo su revolver y descargo dos proyectiles en la cabeza del amante de turno y mató a su esposa en el camino, estando ella en paños menores en la cama.

Ahora La hacienda ya no existe. Pasó mucho tiempo. Don Felipe abandonó su trabajo y dejó venir abajo lo que tanto forjó en su vida.
Quien pasa por esos terruños, solo encuentra descampado y desolación. De lo que fuera en su período La hacienda, queda solo los cimientos esparcidos por el pasto.

Hubo quien, que dijo que vio a Don Felipe merodeando por los bajos de la capital, como alma sin pena. Otros dicen que se volvió en barco a su país natal, España. La cuestión es que de este hombre, solo él y el tiempo darán cuenta.