Una noche fría

Una noche fría. Caía agua a borbotones, no alcanzaba la fuerza para caer con más intensidad. La ruta por la que usualmente transitaba a diario, se tornaba más espesa a consecuencia del tránsito.
La velocidad hubo por instantes que bajarla a cero, dado que no se lograba ver más allá del frente del coche.
Un camión cisterna, obstruía el acceso al túnel que comunicaba la ciudad donde trabajaba con el condado donde nací.
Un accidente. Un camión estaba de costado, dos coches se habían dado de frente contra el tanque de gasolina que transportaba.
Como médico me bajé presuroso para atender los heridos. Cuando estaba en ello un camión con remolque, transportando madera resbaló a causa de la ruta mojada y comenzó a patinar.
Lo vi venir impotente. Cerré los ojos y me tapé la cara como queriendo en vano frenar ese bólido sin control.
-Dios… alcancé a mencionar. Silencio.

Abrí los ojos me toco, la cara el pecho, las piernas. Nada.
¿Cómo…?
Me levanté para atender los heridos, y jalé el asa del maletín médico que a mi lado se encontraba. Mi mano siguió de largo a través de ésta.
-Raro, pensé.
Gritos, sirenas, humo.
Un señor se encontraba con la cabeza afuera del ventanal del Subaru azul. En ese instante, el conductor del camión cisterna salió a rastras de la cabina del vehículo,
Traté de ayudarlo. Le tomé del brazo y la mano siguió de largo a través de su brazo.
Cuando lo llamé, pasó a gatas a través de mí.
-¿Qué me esta pasando?
Silencio.
Un señor de blanco se acerca a mí, mirándome fijo. Lo observo, quiero preguntarle ¿qué pasa?, Me dice que estoy muerto. Me siento de bruces.
-Loco, pienso para mí.
Me quiero levantar, y asir mi maletín. No puedo.
Me dice que fallecí al golpearme el camión conteniendo maderos. La policía y los bomberos corrían y pasan a través de mi espalda. Grité. Nadie me dio corte.
Miro al hombre de vestimenta blanca, me dice -“Vamos…”.
Siento elevarme, la escena que vi se oscurece.
Ya hace un año de esto.

La calle estaba oscura, caían algunas gotas cuando quería. Un farol se encendía y se apagaba al final de la cuadra meciéndose con el viento como si de una mano se tratara.
El niño dormía placidamente en su cama. La veladora siempre estaba encendida, pues así el sueño se hacía más plácido caso contrario sufría de pesadillas.
Pasada la medianoche, la veladora junto al farol mencionado se encendía y apagaba intermitentemente.
-Mamá, mamá, el grito del niño como un ahogo cercano se hizo sentir. La madre se levantó rápidamente y acudió en ayuda de su hijo.
Lo que vio a continuación de espanto le llenó. El niño flotaba por encima de la cama en forma horizontal. El abrigo de la misma, lo cubría por entero. Un frío intenso corrió por la espalda de la mujer. El espejo de la cómoda que se encontraba frente a la cama, era un torbellino en forma de espiral como si de un ciclón se tratase, el cual quería aspirar todo lo que en esa habitación existía.
-Basta. La mujer ordenó, asiendo con una mano un amuleto que como talismán, una bruja india alguna vez le dio. El cuerpo del niño cayó súbitamente sobre su lecho. La luz dejó de encenderse y apagarse. El espejo adquirió su forma normal. Una gota de sudor surcaba por la mejilla izquierda del rapaz.
Ella se inclinó suavemente, besó la mejilla de él, le acomodó el acolchado y le apagó la veladora.
Cuando estaba por cerrar la puerta del dormitorio, lo miró y la vio placidamente dormido. Optó por entrecerrar la misma dejando la luz del corredor encendida.
En el espejo una frase parece diluirse a través de sus letras:-Hijooo, hijoo....

--Fin--