Noo

Durmiendo volaste a otra dimensión. Estabas en el cuarto de un motel. Cuadro a cuadro te viste volar de la cama cuando hacías el amor. Te tomó del pie y giraste dos veces los trescientos sesenta grados; percibiste la veladora, el muro rosa, la puerta de madera que conectaba con el corredor por el cual habías llegado, el televisor amurado a la pared y el ventanal. En éste último, como un fotograma apreciaste claramente el árbol que daba a la calle, el caniche de peluche que estaba en la cómoda, el libro de estudio en la mesa de luz. Cuando te soltó, vistes la lámpara que pendía del cielorraso desaparecer, como pelota golpeaste tu cuerpo contra esa pared descolorida.
Gritaste.
-Noo
Saltaste de la cama con el corazón desbocado, cuando tu señora encendió la luz de su mesita. Una gota de transpiración brotó de tu mejilla, y la camiseta de dormir empapada estaba. Te encontrabas en el dormitorio de tu casa.