El tesoro perdido

Ya hace cerca de un mes que Mario y Estela llegaron a la isla ubicada en la costa meridional de China. Desde la ventana del hostal donde están alojados aprecian las colinas y montañas escarpadas del norte.

Es temprano cuando optan por salir a la calle. Recorren las calles mezclándose entre chinos, taiwaneses, y americanos. Lo primero que los arremete es la cacofonía de los coches, buses y peatones.

El olor de la comida inunda sus sentidos al acercarse al mercado ubicado en las postrimerías del puerto.

Bordean éste y entran al puerto. Entran al bar de Charlie. Este es un americano, que según cuentan los que allí habitan, optó por quedarse en la isla cuando los ingleses entregaron a la misma a los chinos.

“¿Charlie?

“Si”

“Nos llamamos Mario y Estela, nos cuentan que usted es marino”

¿Quién le dijo?. Yo no soy”

Se da vuelta a atender un chino

“Andrew, el americano”

“No conozco ningún Andrew”

Y cuando se da vuelta, como para dejarlos, Estela dice:

“Su hijo”

Se detiene bruscamente y los mira

“¿Qué desean?

“Alquilar el bote” dice Juan

“No me interesa”

Estela saca de la cartera un papel amarillo y se lo muestra, en el figura un mapa de un naufragio y se lo muestra.

¿Dónde saco eso?

“No importa, si nos alquila el bote, y encontramos lo que vinimos a buscar un un décimo de las ganancias es para usted” dice Juan

Charlie los mira y luego de discutir el precio optan por salir a alta mar.

La embarcación surca las aguas del mar meridional de china y el calor se hace insoportable a medida que se acercan más y más al continente chino.

Pasan tres semanas buceando y buceando y nada.

“Se aproxima el monzón” atina decir Charlie cuando el sonar detecta algo sólido hundido en el lecho marino.

Es así que los hombres se sumergen y descubren el galeón hundido con joyas y monedas de oro de la época de los bucaneros.

Ella disfruta del sol, mientras la nave se mece suavemente sobre el oleaje. Cuando están terminando de recolectar los tesoros hallados, Juan y Estela deciden sumergirse de nuevo, pero esta vez para disfrutar del paisaje marítimo.

Charlie enciende el motor de la embarcación y deja a ambos buceando solos.

Cuando suben a la superficie el mar se encontraba encrespado y el cielo mostrando el advenimiento del monzón. Se encuentran solos en medio del mar meridional de China, rodeado de tiburones.