Insectolandia

Querido libro, que descansas en el cajón superior de mi mesita de luz, te quiero contar el último viaje que tuve o experiencia en lo paranormal. No te rías de mí, siempre lo haces y últimamente, hasta pareces agnóstico.

Te voy a contar cuando tuve que ir a Insectolandia y rescatar un alma perdida. Ya se que me preguntas “¿y dónde queda eso?” Si te callas y me das páginas en blanco procederé a contarte la experiencia que viví cuando dejé mi cuerpo físico.
Me sentí ir, alejarme de mi cuerpo, pero con mucha facilidad. De golpe me vi frente a un planeta del tamaño de Júpiter se había formado alrededor de a una pareja peculiar de estrellas binarias situadas en el superpoblado centro de un cúmulo estelar. Un planeta ubicado en la cuarta franja de planetas desde Antares y Sigma en la Constelación del Escorpión. –Te dije que no te rías de mi, ¡¡tonto!!
¿Te acuerdas que te comente cuando escribí sobre la experiencia relatada en “El cuarto planeta?” Un planeta de color verde anaranjado. Te comento que Insectolandia es un reino de insectoides del lado rojo de dicho planeta. En este viaje que realicé iba como embajador terráqueo. La tierra era roja devastada por las distintas subespecies de insectos que superpoblaba ese reino, a diferencia de los humanos escorpiones, que luego de una guerra que duró 5 siglos por el rapto de una princesa insectoide, poseían la mitad del planeta, de un color verde a causa de de las colinas levemente pronunciadas salvo algún pico montañoso por aquí, o por allá.
La zona que llegué había grandes montones de termiteros del cuya boca poseía el diámetro de un volcán de mediano diámetro. Cuando me puse en su borde y mire las estrellas, al occidente de donde me hallaba, a unos 35 grados de latitud por encima mío veía la Vía Láctea en forma oblicua girada de lado. Detrás de mí se encontraba la constelación de Libra volcada de tal manera que sólo se veía el anillo superior de la misma; la zona donde los humanos libranos viven.
-¿Me sigues libro tontuelo? Sigo el relato. Alrededor mío existían picos de montañas escabrosas. Me dejé caer por una de esas bocas de los volcanes al instante que veía una nave de forma de insecto salir de una de ellas de lo que yo llamaría volcanes, que en realidad eran termiteros gigantes.

El mundo de los insectos.
Cuando hice pie en el fondo de un túnel escarbado en la roca, una gran cueva se veía frente a mis ojos. –Adelante señor embajador; escucho decir, un moscoide de 1,5 metros de altura de forma humanoide que tenía el deber de escoltarme ante su alteza real “La gran mantis real”. Este, poseía dos brazos en ves de alas, y eran los acróbatas del reino insectoide. La imagen que se me desplegaba a mi vista era un mundo de colinas y montañas de algo que tenía vida propia. Era un mundo de insectos; animales de cuerpo segmentado, con esqueleto externo se apreciaban por todos lados; escarabajos poseedores de brazos delanteros muy duros y posteriores membranosos; por donde la vista me permitía; palotes que atacaban la base del cráneo de las personas y las inmovilizaba; langostas y saltamontes dando saltos muy grandes, es decir, de enorme longitud en relación a su cuerpo, así como grillos que se alimentaban de plantas, materias animales e incluso de individuos de su propia especie por no decir humanos. Estos últimos habitaban en granjas. Animales como la libélula, ojos muy abultados, el abdomen muy largo y el tórax mucho más grueso, desde donde se apreciaban sus dos pares de brazos, se veía por doquier. Era la zona externa a donde la realeza habitaba. Esta era de la familia de las langostas y saltamontes. Este pequeño moscoide, por definirlo de alguna manera me pone en las puertas de la ciudad que denominé Insectolandia dada la variedad de vida insectoide que mis sentidos no podían aceptar. El tamaño estándar de esta especie era del tamaño de un adulto de buena complexión.
–Dame más hojas libro tonto que se me seca la tinta. Sigo el cuento. Cuando arribaba a la Insectolandia, desde una colina, cubierta de algo pareciera a unas chinches, dado el aparato bucal en forma de pico que utilizaban para absorber los jugos humanos que le servirán de alimento, aunque no fuese su fuente primaria de comida, comencé a apreciar por vez primera lo que conformaba el exterior de la ciudad. De lejos, se apreciaba el Castillo Real. Lo más notorio era la gran muralla que cubría Insectolandia. Esta, una proeza de la ingeniería que ha sido muy pocas veces igualada. Esta metrópoli, pues no se puede definir de otra manera, fue un conjunto de pueblos que se unificó en un imperio a partir de una vaga configuración de estados feudales. –Ahh, ahora si te esta interesando el relato, ¡¡libro tonto!!
Las altas murallas de lo que pareciera ser madera, el castillo Real de su majestad se extendían por casi 2.5 kilómetros, Los curvados bastiones de las inmensas murallas eran interrumpidos por impresionantes puertas.-Imagínate libro, si todo esto lo podía divisar desde la colina donde la chinches del tamaño de un niño de doce años se alimentaban de los jugos de los humanos del otro lado del planeta; la zona verde.
-Mi cuerpo físico se halla cansado, me esta reclamando que venga de apuro ya que necesito descansar. Así que dejo por hoy el relato, del mundo insectoide en el cuarto planeta de la constelación de Escorpio. Si puedo, te comentaré más adelante lo que vi en Insectolandia y la entrevista con su realeza insectoide, la mantis real. Antes de irme si es que mi cuerpo astral no se va antes, he de decirte que desde la colina donde veía la mayor parte de Insectolandia, se apreciaban naves voladoras de distintas formas. Existían formas de escarabajos, formas como de langostas, moscas, etc. Impresionante.
Te dejo porque me duermo, nos vemos en otro momento. Ciao

Rubinstein

Un mundo acuoso

Libra es una constelación pequeña y poco visible. Puede localizarse mirando por encima de la Eclíptica a medio camino entre la Spica de Virgo y Antares de Escorpio. Libra es bastante parca, mientras que al norte limita con Serpens Caput y al sur por Lupus y Centauro. Es tan discreta que para localizar esta constelación conviene partir de las estrellas alfa de Virgo y Escorpión.

-Te has convertido todo un astrónomo Rubinstein. –No creas querido libro. Pasa de viajar tanto por las constelaciones, que al final uno termina guiándose por el cúmulo de estrellas que conforman las constelaciones. Pero vamos a lo nuestro, ¿te acuerdas que te comenté cuando vino el príncipe escorpiano de visita a mi morada? –Cierto. Te he de contar la experiencia que tuve al arribar al corazón de libra. –Ok, comienzo a poner hojas soy todo un libro abierto. Sigue la saga de “el cuarto planeta” y demás.

Donde se une los platos de la balanza se halla Zuben-el-Genudi, la pinza austral. En esta estrella, existe un planeta, de los varios que hay que posee otro tipo de vida.

-Dale Rubinstein, me estas tomando de las hojas. ¿Qué te tomaste, el agua del florero?

No, libro suspicaz. Es un planeta completamente formado por hielo polar. Posee varios macizos de montañas donde el Everest queda chico. –Ohh… sigue que pongo más hojas ya que me quede exhorto.

Estaba parado en lo que sería una lagunita rodeada de peñascos muy altos y empinados cuando, algo como un geiser rompe la superficie donde me hallaba y una especie de crustáceo emerge del mismo, falleciendo a unos dos metros escasos de donde me hallaba. –Eso, es lo que querías de cena en las fiestas Rubinstein.

Hay libro mal pensado que te dejo archivado. Las hojas del libro se mueven de risa. -¿Te estas riendo de mí? –No. Siento como se sacude todo y las letras que puse se saltan de lugar. Se estaba riendo de mí.

Bueno libraco tonto, me dejas seguir. –Sabías que hay un mar dentro. Debajo de la superficie fluye un mar de artrópodos, langostinos, pulpos, y un sin fin de este estilo de vida. –Ya se, quisiste ponerte a pescar, te faltaba el aparejo y listo. Me dejas terminar libro tonto. –Si.

En el fondo del mar hay una ciudad cubierta de una gran cúpula. En esta, existen rascacielos y vehículos que andan entre ellos. –Uyy, que fantasía, ¿estás seguro que en navidad no te tomaste el agua de los floreros? No. Si seguís te cierro, estamos. –Hay como tiemblo. Sigo el cuento. En esa ciudad existía atmósfera, no se veía el agua, si fuera de la cúpula estaba llena de vida. –Ahhh.

Sigo el cuento. Los apartamentos de los edificios eran cuevas enclavadas en el fondo marino. En ellas viven familias de calamares y moluscos extremadamente inteligentes. Usaban a los humanos procedentes de lo que sería el asa, en la parte más superior de la constelación de Libra para alimento. –Te dije Rubinstein, tu comiste una paella valenciana y te esta dando los efectos que produce comiendo con los vinos tanant.

No me vas a hacer entrar libro ladino. El asunto es que logré salvar a los humanos y que se fueran sus planetas respectivos. –Eres un héroe Rubinstein. Ni tanto ni tanto. –Deberías aclarar la batalla escritor. No tengo tiempo libro, mi cuerpo físico esta requiriendo que venga de Alfa Librae.

-Entiendo.

Rubinstein

El cuarto planeta - La visita del príncipe

Querido libro, que descansas en el cajón superior de mi mesita de luz, te quiero contar el último viaje que tuve o experiencia en lo paranormal. ¿Te acuerdas lo que te comenté en “El cuarto planeta –La invitación”? –Si. Proviene de la saga del “El cuarto planeta”.

Que llegué al planeta de color verde anaranjado el cual giraba en torno a Antares y Sigma, dos estrellas binarias muy especiales ya que ésta última, Sigma giraba en torno a Antares. Que fui invitado a una cena de gala, por haber liberado de los insectoides a su príncipe heredero Samuel.

–¿Te acuerdas pequeño libro de confidencias? –Si. -¿Sabes que pasó a continuación de esta saga? - La visita del Príncipe Samuel a tu casa en las primeras horas de la navidad.

Te cuento.

La visita del Príncipe.

Recién llegábamos de la reunión con la familia. Te miento si te digo la hora pero era cerca de las 2 de la mañana del 25 de diciembre. Estábamos en los preparativos de acostarnos, cuando mi señora me dice que hay visitantes humanos en el apartamento.

-Si ya se, libro malpensado. Había unos ladrones desvalijando el apartamento mío. Te equivocas, pues.

Un grupo armado de la guardia real del Rey Escorpión, se hizo presente en mi apartamento y se desplegaron estratégicamente por todo el piso. –No, no me tomé tantas copas de más y déjate de mover que sino mi escritura sale mal.

Te sigo el cuento. Todos estaban vestidos con armadura negra con puntas en las articulaciones. Poseían casco formando la armadura. A su costado una pistola que emitía una onda sonora así como rifles que emitían rayos láser. Cuando fui a la sala de estar, se encontraba el Príncipe Samuel con su guardaespaldas, el comandante de las fuerzas especiales de su realeza, el Rey Escorpión. Eran el grupo de guardaespaldas que posee este príncipe. Eran un grupo reducido de seis hombres armados de guerra.

-Si ya se libro malpensado, que me tomé todo en noche vieja. No.

Sigo escribiéndote. -¿Qué le sucede Príncipe?; atino a decir. Lo hago tomar asiento junto a su Comandante. Se reasignan otros militares escorpianos en lugares estratégicos de la sala de reunión. El Príncipe, un hombre de unos 25 años me solicita a que lo acompañe a su planeta que se encuentra cerca del núcleo del antiguo cúmulo globular de estrellas M4, localizado a una distancia de 5.600 años luz en la constelación norte-estival de Escorpio. -¿porqué motivo Samuel; atino a decir. –Nos están eliminando; acota.

Es así que nuevamente debo ir a su planeta, sólo que previo le digo –Príncipe, la próxima vez tenga a bien de anunciarse previamente, así lo recibo como corresponde.

El planeta escorpiano.

El planeta del tamaño de Júpiter se había formado alrededor de a una pareja peculiar de estrellas binarias situadas en el superpoblado centro de un cúmulo estelar. Volví a apreciar el nacimiento de un nuevo día de un planeta ubicado en la cuarta franja de planetas desde Antares y Sigma en la Constelación del Escorpión. –Te dije que no te rías de mi, ¡¡tonto!! Éste libro que se sacude todo.

Ya no se veía todo como cuando fui invitado por vez primera. Según me contó el Príncipe Samuel, cuando estuvo de visita en mi morada, un grupo de insectoides del estilo moscoide se habían infiltrado en el compartimiento de carga de una de las naves escorpianas humanas. Lograron burlar el cerco, y ahora se encontraban combatiendo en la periferia del castillo real. -¿Sabes que aconteció querido libro?

Te cuento. Fuimos con el Rey Escorpión y el Príncipe Samuel a la parte más alta del castillo. Desde ahí se divisaba el humo de las ruinas del poblado humano, que en esa área de la galaxia moraban. Todo lo que daba la vista incluido los cuatro puntos cardinales era un enjambre de insectoides oscuros. –Deja de reírte y dame más páginas libro tontuelo. Cubrí con un manto toda el área circundante al castillo incluido éste.

-Ya se, lo que me vas a decir libro inquieto. ¿hay pobrecito tiene frío? – Nop, te equivocas.

Sigo el cuento, pero dame más páginas libres y no me tomes más el pelo. Estamos. Ese manto hizo que las fuerzas hostiles a los humanos escopianos fallecieran completamente. A su vez las naves insectoides que por el cielo del planeta estaban, caían producto de su mismo fuego. –¿Qué…?, que es lo que no entendiste libro ¡¡tonto!!

Así es que se produjo la claudicación total de esta clase de insectoides.

-Sabías libro tonto que era una guerra gestada hace 5 siglos atrás.

Pareciera ser que antiguamente, estos humanos negociaban y hacían pactos de negocios entre dichas especies. –Si ya se, ¿y…?

En una ocasión, un humano secuestró por amor una princesa insectoide, y fue así que se generó una guerra que duro 5 siglos. Hasta ahora.

Luego te contaré sobre los insectoides acuosos.

Te dejo pues me cansé de viajar y mi cuerpo físico, exige cuanto antes el retorno de mi espíritu viajero.

Rubinstein.

El cuarto planeta - La invitación

Querido libro, que descansas en el cajón superior de mi mesita de luz, te quiero contar el último viaje que tuve o experiencia en lo paranormal. ¿Te acuerdas lo que te comenté en “El cuarto planeta”? –Si.

Que me encontraba con mi señora platicando banalidades en la cocina de tarde, cuando un sueño muy grande me vino de golpe. Parecía que estaba borracho, pero era conciente que no había tomado ni un sorbo de bebida que me afectara la razón. Fue así que le dije que me voy a recostar un rato. La recuperación de un grupo de humanos tomados prisioneros en una luna del cuarto planeta en el entorno de Antares en el cuello de la constelación de escorpión. Estrella binarias y demás.

-Si.

-¿Sabes que pasó a continuación de esta saga?

-Dime.

La invitación.
El planeta de color verde anaranjado giraba en torno a Antares y Sigma, dos estrellas binarias muy especiales ya que ésta última, Sigma giraba en torno a Antares. Pues bien llegue a la superficie de la misma.

-Si no me trates de borracho, que lo máximo que tomo de alcohol es una copa de un Monje Era la zona verde donde los humanos habitan. Dos guardias me ceden el paso y abren los portones al Castillo de su Alteza real el Rey Escorpión. –Déjate de reír que no me dejas escribir en tus páginas libro tonto.

El castillo de su realeza se encontraba inmerso entre un valle de colinas verdes y frondosas. Un gran camino recto de piedra caliza rodeado de árboles por ambos lados daba hacia el frente del Castillo de su Alteza el Rey Escorpión. En todo su entorno, vehículos descapotables volaban por su alrededor. Uno de ellos, vino a mi encuentro.

-Vaya historia que tuviste hombre.

-Te dije que no te ibas a arrepentir.

Sobrevolamos en un vehículo descapotable para dos personas el área circundante del Castillo. Colinas y valles se veían a todo su alrededor. Al sur, en el horizonte lejano un poblado. El vehículo hace un giro y se deposita suavemente sin hacer ruido ante las escalinatas frontales hechas de mármol.

-Uhh, ¿qué pasó?

Te cuento querido confidente de viajes, dos guardias armados con pistolas y rifles me abren el ingreso al castillo.

Un camino con alfombra roja estilo persa eso me pareció, había entre la puerta y el trono de su alteza real. A los costados sirvientes por doquier. Al fondo lo primero que sobresalía era el trono del Rey Escorpión. A su costado derecho su alteza la Majestad Escorpiana y dos hijos: el príncipe Samuel el mayor de unos veinte tantos años e Isaías, el menor de unos quince años aproximadamente. A su derecha la princesa Lara dos años menor que Samuel, rubia de medidas aproximadas de 90-82-93.

-Rubinstein si que tuviste un viaje real. –Se puede decir que si, querido libro de confidencias.

Luego de las reverencias correspondientes ante su Alteza Real, soy invitado a una cena de gala, por haber liberado de los insectoides a su príncipe heredero Samuel.

-Cuéntame. Cuéntame ahora soy todo hojas blancas para que me alimentes.

Te cuento querido confidente de viajes astrales, luego de un banquete señorial, me invita a presenciar el paisaje al salir a la terraza privada del monarca. Veo a Antares ocultándose por el occidente, debajo de éste Sigma mas pequeño siguiéndolo.

A unos 45 grados a la derecha de donde estábamos ubicados se veía de lado la Vía Láctea de costado. –Ahí es de donde usted proviene; me dice Su Alteza Real, el Rey Escorpión.

Sobre el cielo veo como luces de bengala por todo el entorno del mismo.

-¿Sabe que es eso?, me dice. -No, atino a contestarle.

-Son los proyectiles que nos acosan permanentemente. Estos provienen de las naves insectoides que están en el espacio

-Rubinstein me has dejado sin páginas, que bobo que soy. Quedé extasiado, espera que construya más. Cuenta.

Te cuento pequeño libro de confidencias. Parece ser que eso que veía como luces de bengala era un campo gravitacional electromagnético que cubría lo que quedaba de los humanos. Era producto de un complejo de maquinas que varios años atrás habían construido los escorpianos en el Castillo. Parece ser según palabras del Rey Escorpión que no hay quien lo repare y temía por la caída de su reino.

-Cuenta, Rubinstein, sigo con hojas blancas ávidas de escritura.

Bien querido libro, redondeando, tuve que hacer una demostración amistosa de lucha con el Príncipe Samuel. Quedaron extasiados por las técnicas ninjas y samurais del cual proviene mi conducta guerrera. El lugar era como valga la diferencia el Coliseo romano.

Les diseñé un sistema luego donde todo su reino quedaba protegido de los insectoides.

- Si que fue un viaje el que tuviste, Rubinstein.

-Sip.

El sistema consistía en hacer invisible al reino de los sistemas de detección insectoide y hacer que los rayos que bombardeaban el Reino desde las naves alienígenas se volvieran contra ellos mismos.

-¿Qué pasó?

Se autodestruían. Bueno me tengo que ir querido libro mi cuerpo físico me pide que vuelva.

-Ve.

-Luego te cuento la tercera parte la visita del Príncipe Samuel a mi casa en las primeras horas de la navidad.

Rubinstein.

El cuarto planeta

Querido libro, que descansas en el cajón superior de mi mesita de luz, te quiero contar el último viaje que tuve o experiencia en lo paranormal. No te rías de mí. Me encontraba con mi señora platicando banalidades en la cocina de tarde, cuando un sueño muy grande me vino de golpe. Parecía que estaba borracho, pero era conciente que no había tomado ni un sorbo de bebida que me afectara la razón. Fue así que le dije que me voy a recostar un rato. -¿Sabes que pasó?

Me sentí ir, alejarme de mi cuerpo, pero con mucha facilidad. De golpe me vi frente a un planeta del tamaño de Júpiter se había formado alrededor de a una pareja peculiar de estrellas binarias situadas en el superpoblado centro de un cúmulo estelar. Aprecié el nacimiento de un nuevo día de un planeta ubicado en la cuarta franja de planetas desde Antares y Sigma en la Constelación del Escorpión. –Te dije que no te rías de mi, ¡¡tonto!!

Lo que vi me pareció un planeta, pero luego me di cuenta que no, ya que éste orbitaba en torno a un, este si, un planeta de color verde anaranjado. Vaya sueño que tuve. Toda una historia te diré. –Cuantas veces te diré que no te rías de mí. Era una luna en el cuarto planeta ubicado en el entorno de Antares en el cuello de la constelación de escorpión. El amanecer que vi, era digno de ciencia ficción ya que sobre su horizonte, el de la luna claro, ¡tonto, que más! Giraba una enana blanca que luego estudiando supe que era Sigma, la segunda en el cuello de la constelación. –Sabes que logré bajar a la superficie de esa luna, que desde donde estaba se veía blanquecina. –Si, no te hagas el tonto, te crees que estoy mal de la cabeza y estoy para ser internado, ya se, te conozco mas que bien para tu pesar, querido libro.

Luego de cruzar una eternidad de nubes de una consistencia lechosa, me encontré con una superficie oscura metálica, escarpada y llena de peñascos por donde la vista me permitía apreciar. Logré asirme al borde de un peñasco y me senté a apreciar, lo que humano nunca pudo ver. Me considero un privilegiado. Estaba cómodamente sentado mirando el aguacero que venía desde el oriente, cubriendo la superficie de blanco cuando un ruido me hace voltear. -¿Sabes que vi?

Una cueva, llena de estalgtitas y estalagmitas de algo que parecía metálico. Un ruido de fondo se hizo oír. Una puerta metálica estaba ante mis ojos. –Si, ya se tonto, estaba en un sueño lúdico. Te equivocas querido libro.

Cosa extraña cruce la puerta aún cerrada, como si esta no existiese. –Si ya se descubriste a la Madre Teresa; eso es lo que me vas a decir. No.

Me encontré ante un túnel, pero artificial. A los costados había luces. Este se perdía en la inmensidad del abismo. En medio otro túnel lo cruzaba verticalmente. –Si ya se, me decías que pensaba en cosas de sexo, que mi psiquiatra, y cosas así. No estoy mal de la cabeza, te cuento lo que vi, no es para que me psicoanalices, sino, no te cuento más libro y te dejo archivado.

Bueno siguiendo, me encontré de golpe luchando con unos seres de forma humanoide y cara ovoide. Los ojos era lo más que se resaltaba. Parecían a lo de una mosca. Vistes que tienen como miles de ojos en lo que sería uno sólo. Luego me enteré que son de la clase insectoides. –deja que te cuente, tontuelo, no ves que no puedo escribir en ti si sigues riéndote de mí.

Me encontré luchando como un ninja, un samurai del medioevo, pero usando lanzas que tenían en cada extremo láser. –Si la hoja, de ambos lados. Menos la empuñadura era de láser. Al final del túnel, había una especie de vidriera. Era una caverna que tenía una pasarela metálica. Al fondo había humanos que como esclavos hacían trabajos forzados en la piedra. –Te dije, que era tremenda historia la que pasé. –Ja. Descubriste la gallina de los huevos de oro. No.

Me apuntaban con armas, que nunca había visto en mi vida. Disparaban como un láser y tenían una especie de pistolas que emitían ondas sonoras de alta frecuencia. –Sabías que me rebotaban en una especie de manto, como si algo me cubría el cuerpo.

No se como es que encontré, una especie de celdario en medio de esas piedras mientras mataba cantidad de insectoides a mi alrededor.

Es así que logré sacar una cantidad de humanos, que lo tenían para trabajos forzados y comida. –Espera, te digo no me cierres la tapa, y te quieras ir a dormir que falta. Los llevé a un lugar en esa caverna que era como un gran hangar. –Si ya se me dirás te encontraste dentro de una nave alienígena del tipo insectoide. – Si, precisamente, ¿cómo lo adivinaste?

Ellos se metieron en una nave pequeña, y lograron salir de la cueva por la boca del hangar. Y se fueron conmigo dentro. Detrás seguía una nave insectoide gigantesca.

Nos disparaban unos proyectiles que explotaban a lo lejos. Esa gente me dio las gracias y me dijeron que tenían que ir a su planeta en la constelación del escorpión.

Me desperté 45 minutos después como si hubiera dormido profundamente. Mi señora me sacudía.

-Si ya se. Sigues sin creerme. En la noche tarde me vinieron a visitar. Fue un humano desde el cuarto planeta que se encuentra cerca del núcleo del antiguo cúmulo globular de estrellas M4, localizado a una distancia de 5.600 años luz en la constelación norte-estival de Escorpio.- Sabías que, tarda un siglo en completar cada órbita ese planeta Este posee 2,5 veces la masa de Júpiter.

El que me vino a ver fue el Jefe supremo de los escorpianos, humanos al igual que nosotros, a darme las gracias, pues había liberado a los humanos prisioneros por los insectoides. Sabías que existe una guerra a muerte entre ambos. Me invitaron a visitarlos de nuevo para agradecerme la liberación de un príncipe, llamado Samuel.

-Te dije que no rieras de mí.

Rubinstein.

Rubinstein, el gurú médico

Aquí Radio Gurí, desde el charco más oriental del Río de la Plata trasmitiendo para la audiencia de este foro literario tan prestigioso. Hoy el botija de la Radio tiene para todos vosotros queridos escriba-lectores una entrevista en exclusiva con el Gurú médico en artes predicativas y mentalistas, el mundialmente llamado Rubinstein.

Nos encontramos en el plató central de la Radio. Una mesa ovalada nos separa entre ambos.

-Buenos días, señor Gurú.

-Buenos días botija.

Rubinstein un hombre delgaducho de mediana edad con cierto inicio de canas, toma un trago de agua y deposita suavemente el vaso con su mano diestra en la mesa. Me mira inquisidoramente.

-¿Cómo es qué se inicio usted, en estas artes médicas de carácter paranormal?

El hombre, con su traje oscuro se tira hacia atrás; su mano diestra se hace de su habano, mientras una bocanada de humo se perfila por su rostro.

-Verá usted señor botija, si mi me memoria no me falla, en lo que va de mi vida terrena, no hace mucho; “El” me inicio luego de una larga selección de candidatos.

-¿Cuándo usted habla de “El”, se refiere al Señor?

-Si señor botija. El señor ha sido mi mentor.

El aura de paz y espiritualidad nos invade a todos los que en el Plató nos encontramos en él, desde yo que soy el locutor, hasta los encargados del audio.

-Según tengo por acá, déjeme revisar. El locutor de la Radio Gurí, se les cae algunas hojas del cuestionario. -Dicen que usted ha sanado la mente de almas con desasosiego, tristeza y malestar. ¿Qué hay de cierto en todo lo que aquí se dice?

-Mire.Me observa con esos ojos que emanan una bondad y espiritualidad infinitas. Recuerdo un caso, en que un muchacho en Italia fue asesinado porque era hijo de un diplomático. Lo tenían secuestrado en una choza a orillas del mar Tirreno. Este se les escapó de los captores.

El locutor de la Radio lo mira atentamente, mientras toma un sorbo de agua mineralizada. Rubinstein se acomoda sus lentes bifocales, y se sopla la nariz.-Perdone, me dice.

-Como le decía este caso fue asesinado un 20 de diciembre y transportado a su país natal por la familia. El 24 de diciembre a mediodía fue depositado en el Cementerio Central.

-Ohh, justo el día de noche buena, acoto.

-Si y sabe usted, que su hermano menor, esta por fallecer. Lo dice en un tono tranquilo y sosegado, como acostumbrado a presenciar este tipo de situaciones, y fuese lo más natural del mundo.

-El señor tiene previsto la acogida de dicho miembro para el 25 de este mes al mediodía.

-Navidad, digo asombrado y sin dar crédito a lo que oigo.

-Si señor locutor, atina a decir Rubinstein, mientras se sirve otro poco de agua.

-¿Cómo se llamaba el muchacho que fuera asesinado en Italia?

-Juan Carlos, tenía doce años al momento del suceso. Una bocanada de humo del habano Miró sale de la comisura de sus labios. -Este, Juan Carlos, de piel blanca como sus progenitores, y pelo oscuro como el de su madre, heredó el carácter de su padre, que aún vive, al enterarse del futuro fallecimiento de su hermanito, cayó en una depresión mortal, sabe.

Yo, el locutor, lo miro extasiado. No doy crédito a mis oídos. Atino a preguntarle -¿Y qué pasó Rubinstein?

-Hubo que llevarlo a una clínica psiquiátrica, para atenuarle la pesadumbre y tristeza que albergaba en el corazón de su alma.

Hay un descanso, mientras el Gurú médico me mira. –Díganos Señor Rubinstein, ¿Al fallecer el alma vive en los cielos?

El Gurú médico se acomoda nuevamente en el sillón y me mira como meditando. –No es que sólo viva, sino que es un plano diferente, vio. Es como un estado sin materia. Pero yendo al caso de Juan Carlos. Este estaba tan venidos a menos que necesitaba un tratamiento para calmar el dolor del alma.

Yo, lo miro extasiado por la forma como nos habla de las almas y la vida en el “más allá”. Y miren que he tenido experiencias de todo tipo. Digo como que soy el locutor de Radio Gurí, y me llamo botija.

-Cuando lo fui a ver… La voz me había transportado a otro estado de ensoñación.

-¿Si? Atino a decir con la boca abierta de bobo por lo que escuchaba.

-El se encontraba en un cuarto en la segunda planta. El mismo, el cuarto, daba para los fondos de nosocomio. El ventanal daba a la piscina que estaba bordeada de abetos y pinos.

-¿Qué pasó, entonces? Atino a decir cuando casi me atraganto con un sorbo de agua. –

Perdón, señor Gurú.

-No es nada botija. El Señor me dijo que le mirara la cabeza. Había un corredor, al fondo daba vuelta. En las paredes laterales existían tres puertas cerradas. Cuando entre y quise caminar, una cabeza grande se interpuso en el camino. -¿Sabe que pasó, señor botija?

-No, atino a decir.

-¿Quién eres? Me dice en forma imperativa.

-¡¡Ohh!! Me sale bien de adentro.

-Con una mano me levanta en los aires y caigo de espalda sobre la pared donde estaba la puerta por la que había entrado.

-Usted, Rubinstein ¿se refiere a al cerebro humano, como imágenes?

-Si, me contesta. –Las enfermedades del alma parten del cerebro y se ven las causas por medio de imágenes creadas.

-Entonces, ¿el estado de conciencia no fallece al dejar el cuerpo físico, Rubinstein?

-Claro que no.

-Yo simplemente le dije que debía irse, evaporarse, o como quiera usted decirle señor locutor. Y así fue.

En la radio, estábamos todos mudos, desde el operador de consola, hasta el director del programa del cual soy parte como locutor.

-Abro una puerta y veo a Juan Carlos en un colegio en las afueras de Roma, con los pirineos de fondo fumando marihuana.

En otra puerta aparece el demonio ese, y me expulsa contra la pared opuesta del corredor y cierra la puerta de un portazo.

-¿Qué hizo entonces?- Ya atento observo la reacción del Gurú.

-En nombre del Señor tiro abajo la puerta y lo hago desvanecer.

-El cerebro físicamente desparece al uno fallecer, ¿no es así, Rubinstein?

-Mírelo de esta manera señor botija. Dejamos el cuerpo físico como quien se saca la ropa. Imaginase que uno cambia de ropa. El espíritu es lo que realmente uno es.

-Fascinante, atino a mencionar. - ¿Qué pasó con ese tal Juan Carlos? Me inclino hacia delante y lo miro a los ojos color azabache.

-Para achicar el relato, le diré que en ese cuarto estaba él, como un niño desvalido arrinconado en un a punta del cuarto. Muy profundo en su cerebro, esa alma penaba.

Me acurruco a su lado y lo tapo con una frazada. El me muestra escenas de la vida de su hermanito, al iluminar rincones del cuarto así como el comportamiento de sus padres.

-Y…? Mis dedos se mueven de nerviosos.

-Le digo que ahora puede dejar eso atrás. Y lo llevo despacio al corredor. Nos desvanecemos y se lo entrego a una nuerse en el Psiquiátrico del Cielo.

-¿Qué experiencia la suya, Rubinstein?

-Tengo otra botija.

-Dígame esa cara ¿qué era? Atino a decirle al entrevistado estelar.

-Los demonios que esa alma tenía adentro y por la cual los médicos en el Cielo no podían acceder.

-Entiendo.

Se nos fue volando el tiempo Rubinstein, pero lo cito para otra ocasión aquí en el misma sintonía del la Radio, más prestigiosa de éste foro literario.

-Gracias. Deja lo que quedaba del habano en el cenicero y se bebe lo último que quedaba en el vaso.

-Ahora pasaremos al nuevo programa de la tarde señores escriba-lectores.

La espada de Alá


El barco de 22 metros de eslora, 6 metros de manga y casco de fibra se hallaba oscilando a barlovento de la isla de Formentera, a la altura de Illetes el punto más al norte de la isla, y el más cercano a la isla de Espalmador. El agua azul verdosa del mar y el cielo diáfano en su textura hacía de ese día, especial para la inmersión a profundidad. El buque se encontraba solo. Ni un alma a bordo.

Tres meses atrás.
Madrid. España.
Reuters. El Palacio Real o Palacio de Oriente situado en el extremo occidental de la Villa de Madrid, el cual ocupa el mismo lugar que una antiguo fortaleza árabe, es destruido totalmente por un rayo proveniente de los cielos, matando a sus altezas reales los Reyes de España. Ampliaremos posteriormente.

CNN, CBS y Canal 24 horas. Se muestran escenas impactantes de lo que hasta ayer fuera el Palacio de Oriente, fortaleza que en su momento albergó el antiguo Alcázar de los Austrias.
Sede de la OTAN
Prueba de un satélite militar de tecnología experimental es puesto en orbita geosincrónica de baja altitud sobre la zona mediterránea. La curvatura de la Tierra desde esa altitud, permite visualizar al centro el Mar Mediterráneo, Europa en su conjunto al norte, parte de Oriente medio al oeste y la costa este de los Estados Unidos hasta los límites con Canadá al este y la zona del norte de Africa al sur, hasta casi Sudáfrica.



Quince días atrás del hecho.
Barcelona España.
Dos árabes arriendan un yate de paseo en el puerto de Barcelona. Un yate del astillero italiano Azimut, denominado “Port Marú” de 22 metros de eslora y 6 de manga, a un negociante en la avenida Paseo de Colem. Aducen un paseo por las Islas Baleares. Tripulación propia, es el requisito para el arriendo. Por leyes del Perfecto del puerto, un integrante de la Prefectura debe conformar la tripulación, cuando se arrienda un navío y la tripulación es extranjera en su totalidad. Parten del puerto con el personal mínimo.

Diez días atrás del hecho.
Palma de Mallorca. Islas Baleares. España.
La Ciudad, adornada de yates, palmeras y la Catedral al fondo, brinda una visión mágica. Se extiende como una franja de 15 Km. paralela al mar. Tres kilómetros mar adentro, se encuentra fondeado el “Port Marú”. Equipado con dos motores de 1300 HP y cuatro cabinas, es capaz de desplazar 50.000 kgs de agua en su desplazamiento máximo. Una pequeña embarcación ultra rápida parte desde la popa. Esta, la zona de popa, está dominada por una perfecta plataforma de baño, totalmente equipada: pasarela hidráulica, ducha, escala escamoteable, e incluso una gran superficie para transportar una moto de agua o embarcación anexa, aunque esta puede ser cómodamente estibado en el Flybrige mediante el brazo elevador hidráulico. Atraca en una zona aislada del puerto, sobre la antigua “Base de Hidros”. Dice la historia, que antiguamente esa zona, era utilizada por hidroaviones. Suben los demás pasajeros, dejando otros. Uno de ellos, especialista en computación y cartografía terrestre mediante satélites. El prefecto catalán es muerto de una puñalada en un callejón oscuro en la zona del Port de Andratx, cerca del Cap de sa mola.
Interludio.
En alguna parte del mar Mediterráneo.
El Port Marú se hallaba navegando a 20 millas náuticas, surcando las aguas del Mare Nostrum, el Mediterráneo, entre Barcelona y Marcella. El técnico en radio comunicaciones instala una pequeña antena parabólica de 30 cms sobre la cubierta, al lado de la sala de comando del navío. Luego de los ajustes finales, el sistema de rastreo por computadora esta pronto.

El técnico de cartografía terrestre ajusta los parámetros finales para captar la señal procedente del satélite militar, de tecnología experimental. Abre una maleta con clave, y saca una cartilla que decía OTAN – Clasificado. Entra las coordenadas estipuladas mediante código alfanumérico y con un retraso de un minuto la señal del mapsmundi satelital comienza sus pitidos de inicialización. Aparece el mapa de Mediterráneo cubriendo Europa en su conjunto al norte, parte de Oriente medio al oeste y la costa este de los Estados Unidos hasta los límites con Canadá al este y la zona del norte de Africa al sur, hasta casi Sudáfrica.

-Estamos listos –este afirma.

El satélite de la OTAN, deja de funcionar y es manejado por la tripulación del Port Marú.
Sede de la OTAN. Bruselas. Mismo tiempo.
El centro de comando estratégico estaba monitoreando la señal del satélite y la gráfica mostraba su ubicación exacta a 36.000 kms de altitud. De golpe la señal del monitor que ocupa una pared, desaparece quedando la pantalla en blanco.

-El comandante Arthur Mills, que en ese momento se encontraba monitoreando al mismo, llama a su superior, el General de Brigada Sir Thomas Mac Leod.

-Seguro que no es desperfecto de comunicaciones Comandante – le dice.
-No.
-Comuníqueme con el Pentágono, ordena.

Una señal codificada parte desde la sede de la OTAN en Bruselas hacia el Comando estratégico del Pentágono en los Estados Unidos.
-Si Brigadier. El ave ha caído.
Fin de la transmisión.
Tres meses atrás
En alguna parte del mar Mediterráneo.
Una de las cabinas ha sido remodelada para alojar equipos electrónicos de altísima precisión. El espacio y la luminosidad permiten disfrutar ampliamente de la visión panorámica, con grandes volúmenes en todas sus estancias y luz, mucha luz a través de sus magníficos ventanales de bello diseño.

El satélite hace un pequeño giro apuntando hacia la ciudad de Madrid. Si aviso, el técnico en satélites ordena al mismo dirigir un rayo láser de alta frecuencia hacia el blanco. Las pantallas adosadas a los costados de la cabina muestran claramente el Palacio de Oriente en toda su magnificencia.
Madrid. España.
Reuters. El Palacio Real o Palacio de Oriente situado en el extremo occidental de la Villa de Madrid, el cual ocupa el mismo lugar que una antiguo fortaleza árabe, fue destruido totalmente por un rayo proveniente de los cielos, matando a sus altezas reales los Reyes de España. Ampliaremos posteriormente.

CNN, CBS y Canal 24 horas. Se muestran escenas impactantes de lo que hasta ayer fuera el Palacio de Oriente, fortaleza que en su momento albergó el antiguo Alcázar de los Austrias.

Extracto de Investigaciones posteriores al hecho.
De investigaciones del Pentágono.
Cuando se recibe la comunicación procedente de la Sede de la OTAN en Bruselas, el Brigadier Mac Namara llama a la Casa Blanca para hablar con el Presidente.
-¿Por qué motivo?, recibe desde la otra línea.
-El ave ha caído
Venga.

Notas no escritas de la Casa Blanca.

El presidente se encuentra en su despacho privado junto al Secretario de Estado y Defensa, así como la CIA.
-¿Cómo es que el ave ha caído? – el presidente grita al Brigadier Mac Namara, encargado de asuntos estratégicos en Europa y Medio Oriente.
-Si. Balbucea este. Tres meses atrás arrendaron un yate desde el puerto de Barcelona, al parecer dos árabes, para un viaje por las Baleares. He aquí una trascripción del contrato, señor Presidente. Tripulación propia consta en él, según informes de agentes de la CIA en Barcelona.
-Informe a la Inteligencia Española y entregue los informes necesarios a nuestros pares.- el presidente ordena.
-Comuníqueme con el Presidente español.

Notas de la CIA.
Dos libaneses con ciudadanía española arrendaron un buque de paseo denominado “Port Marú” en Barcelona. Agentes nuestros junto con agentes de la Inteligencia Española arribaron a un piso en Barcelona ubicado en Ciutat Vella. Encontraron panfletos de la resistencia Iraquí. De lo que extraemos la posibilidad de una conexión con Al Qaeda.

De notas varias de la OTAN.
De informes vertidos, se extrae que hubo una filtración de los códigos del satélite militar recientemente puesto en órbita.

De notas de la Inteligencia española.
Parece ser que dos supuestos árabes procedentes de Trípoli en vuelo Air Líbano arribaron un año atrás de los hechos a España, y adquirieron ciudadanía un tiempo después al casarse con dos catalanas. De notas privadas de la Inteligencia Americana se extrae que el satélite era un arma experimental que servía para mediante un rayo láser exterminar cualquier célula terrorista en esta parte del mundo.


En otra parte de Europa.
Cita:
Un Brigadier kurdo adjudicado a la sede de la OTAN, en Bruselas poseedor de las claves del satélite militar, muere misteriosamente de un ataque al corazón. Una célula antiterrorista suministra al mencionado una inyección conteniendo una sustancia que se disuelve con la sangre. Produce Paro respiratorio. Fue encontrado en su casa, junto a un vaso de Caballito Blanco.

En una parte del Mediterráneo, tiempo actual.
El barco de 22 metros de eslora, 6 metros de manga y casco de fibra se hallaba oscilando a barlovento de la isla de Formentera, a la altura de Illetes el punto más al norte de la isla, y el más cercano a la isla de Espalmador. El agua azul verdosa del mar y el cielo diáfano en su textura hacía de ese día, especial para la inmersión a profundidad. El buque se encontraba solo. Ni un alma a bordo. Comando de la SEAL, al acceder mueren al explotar el Port Marú. No hay rastros de actividad subversiva ni sospechosa siquiera.
Fin de la Historia.


Postdata: Desde una playa de Illetes en Formentera se da vuelta un libanés con la sonrisa en su rostro; a su diestra un detonador a distancia. -Vamos, trabajo finalizado.

Mmm, ¡qué placer!...

En un simposio de psicólogos

Tomó el puro delicadamente. Lo olfateó, se lo llevó a la boca; lo mordisqueó. Con la izquierda lo sostuvo; con la derecha accionó el encendedor y lo prendió. Aspiró haciendo pequeñas pausas al mismo tiempo que chupeteaba los labios degustando el buqué del habano Miró a la docta concurrencia que incrédula seguía sus movimientos y dijo: -Colegas les recuerdo que también se fuma por placer y no tan sólo por deseos insatisfechos.

Sos mi amigo, ¿no?

Querido libro, que descansas en mi mesita de luz. Te tengo que comentar algo. No se si sabías que existen dos tipos de espíritus, los buenos y los malos. Los llamados buenos, son los que lograron la gracia del señor, se encuentran en el reino de los cielos. Los llamados malos, no sólo no lograron la gracia del señor, sino que por su manera de ser se encuentran en la puerta del infierno.
Los buenos por su naturaleza bondadosa se congratulan cuando hacen el bien. Son espíritus que por su naturaleza de querer brindar ayuda llegan a unificar su conciencia en forma colectiva.
Los así denominados espíritus malos, se caracterizan por camuflarse. Esto es, pueden llegar a imitar la forma de actuar y comunicarse de uno bueno. Algunos son fáciles de detectar, otros no tanto.
Son seres extremadamente inteligentes, temperamentales e ingeniosos. Así como existen espíritus guías en el reino de los cielos, los existen en igual condición en el denominado mundo de la oscuridad.

-Ahhh.. me olvidaba. Perdona es que mi memoria a veces me hace esa jugada tramposa, vistes. ¿Has oido de los espíritus vampiros?
-No.
Bueno te comento, éstos, son seres que no lograron alcanzar la gracia del señor. No son malos, tampoco buenos, simplemente no tienen la energía suficiente para poder elevarse. No se encuentran en el reino de los cielos, tampoco en el reino del infierno, simplemente vagan por entre ambos.
Se pueden considerar juguetones, pero al no tener un cuerpo tampoco se reencarnan.
Son espíritus de niveles bajos, que al estar muertos se dedican a hacer travesuras, son como niños.
Aspiran entrar en el alma de un ser vivo, lo hacen absorbiendo energía vital del huésped.
La manera que utilizan es mediante una puerta de entrada que el huésped posee abierta. Esta es cuando el huésped, el ser vivo, se siente flojo, ya sea por una enfermedad o debilidad espiritual, o algún tipo de falencia que lo dejen expuesto.
No lo poseen simplemente le absorben la energía que posee. De ahí el término espíritus vampiros.

-Estamos en contacto la próxima te comento otra experiencia, sigués siendo mi amigo de confidencia, ¿no?
-Claro.

Te lo dije...

Te dije que te iba a matar. Déjalo, me decías. Que no fumaras tanto, que iba a ser perjudicial a tu salud. ¿Y vos, nene, eso de la canela fina, el alfalfa, que me decías?
Un muchacha le decía a su compañero. Ella, con cáncer de pulmón, él con el cerebro desecho. Ambos internados en coma.

Esteban

Esta historia que paso a relatarles me pasó a mí. En este momento me encuentro muerto pero aunque todavía no se como es que esta historia pasa a manos de ustedes, si les puedo decir que pasó y como.

Me acuerdo que cuando niño, acostumbrábamos a jugar a los cawboys, luego de la escuela en la calle. Mi casa era de tipo humilde, que a pesar de haber vivido en cantegriles, la nuestra se caracterizaba por poseer ladrillo a la vista. Estos eran asentamientos precarios que bordeaban el cinturón externo de la ciudad. Los perros sarnosos, andaban a nuestro alrededor, y el malandraje pululaba por doquier.
La casa de techo de cinc, a doble agua era tipo humilde como todas las que por la zona existían. Pero teníamos televisión. La gente acostumbraba a vivir de lo que podían hurtar o sustraer. La gente que no tenía donde caerse muerta andaban en sulky, una especie de carro tirado mediante un caballo que apenas se sostenía de lo flaco que era. Los caminos del barrio eran de tierra, que cuando llovía no había quien entrara.

Me acuerdo que tenía una hermana, dos años menor que yo. Heredé, la frente de mi abuelo que falleció ya ni me acuerdo cuando. De lo que recuerdo de él es que vivía dos cuadras más abajo, hacia el sur. Lo mataron cuando robó un automóvil. Pero eso es otra historia. Mi cuerpo flacucho, era igual al de mi tía Alejandra, que cuando lo de Franco en España, se casó con un gallego, que había emigrado. Dicen que fue todo un acontecimiento el barco en el puerto. Mi hermana Ana Laura, que creo que vive, y se fue del barrio, logro estudios, y por su inteligencia consiguió una beca en los Estados Unidos. Ella tenía, el pelo trigueño de su madre, y el carácter de su abuelo Sebastián.
Siempre fue tenaz y decidida, todo lo contrario a mí que era tímido y enfermizo.

Si mi memoria no me falla, aunque muerto todavía recuerdo, apenas tenía dos años Ana Laura, cuando mi padre, que fue un diler vendiendo canela fina, alfalfa y anfetas, la de palizas que propiciaba a mi madre, que ante mis ojos siempre fue una santa. Un día, temprano, ella se encontraba en la cocina. Todavía recuerdo que nos calentábamos de la inclemencia del tiempo con el “Primus”, una especie de calentador que funcionaba a base de keroseno. Mi padre de unos treinta y tantos, venía con una borrachera de los mil demonios.
Ni cuenta se dio que estábamos nosotros dos, la tomó a mi madre por detrás, y bruto como lo recuerdo, la violó levantándole la falda, y empujándole la cara contra la mesada de piedra que teníamos en la cocina. Nosotros nos acurrucamos dentro de un armario desvencijado que teníamos como lugar para los trastes. Por un orificio en la madera observaba la escena, tapándole la boca a mi hermana, que estaba arrodillada a los pies míos llorando.
Cuando se satisfizo, de un portazo se fue a dormir, tirándose en el sofá del living como venía sin sacarse la ropa, ni preocuparse por higienizarse.
Otro día, llegó de noche, tan de noche que estábamos dormidos Ana Laura y yo, cuando él dejó el Sulky y guardo el caballo, entro a la casa. Mi madre que era una santa, a mis ojos claro, le había dejado preparado la cena que no era más que un rejuntadero de comidas de otros días que sólo por el hecho de que no le agradó la tomo de los pelos, en la cama y tremenda paliza le propició.
Yo con mis cuatro añitos, veía todo desde mi cuarto hasta sentía como se movía la cama de hierro forjado que había conseguido de un rebusque entre sus compañeros, tan malandras como él.
Luego de ello se puso a mirar la televisión, el único canal local que se podía sintonizar, pues ni antena en el techo tenía. Era un aparato que funcionaba a válvula.
Como el dinero no nos daba para nada, mi madre ejercía la prostitución. Claro está que nos mandaba para afuera o a las clases, ya que ahí, la escuela nos daba desayuno y una magra merienda, pero merienda al fin. Mi padre venía y le extraía buena parte de ese dinero, sin dejar de propiciarle una golpiza. El decía “por si acaso”. Ella quedaba tendida en el piso llorando.
Otro día cansada de las golpizas y el mal trato mi madre lo espero sentada en el living. Cuando el llegó, quería su cena sin importarle si habíamos comido, que dicho sea de paso, eso se lograba por los escasos recursos que mi madre lograba incautar de su ejercicio de meretriz.
Como no tenía nada le fue a dar una tremenda paliza en la cocina. De una gaveta, existente debajo de la mesada, extrajo un cuchillo de mediano porte. El se la sacó de la mano, haciéndola golpear su cabeza contra la punta de una mesa de madera desvencijada que había ahí. El cuchillo, cayó a mis pies que yo así. Recuerdo habérselo incrustado en medio de la espalda, matándolo al instante.

Cuando tenía 18 años, hice mi primer robo y último. Ana Laura, se había desvinculado de nosotros. La policía nos persiguió por varios barrios de la ciudad.
Hasta que nos acorraló cuando incrustamos de frente el Subarú contra el poste del alambrado público cayendo sobre el techo de éste. Yo salí medio ileso, pero Juan mi compinche, estaba volcado sobre el capó del vehículo cuando fue disparado por la ventanal delantero. Murió al instante.
A mi me tenían esposado los policías, cuando me le escapé. Fue lo último. Me mataron por la espalda.
-Ahh, me olvidaba, perdonen, mi nombre es Esteban.

El ser del averno

-Vamos, he dicho fuera de aquí – el pobre hombre iba caminando entre el gentío, que a esa hora acostumbraba a existir pese el calor agobiante. No era que éste fuese tal, sino que la humedad que al llegar al 100% no permitía respirar más que una bocanada de aire caliente.
Un ser de apariencia pseudo-humana, pues se erguía en sus dos pies, poseía una armadura de hierro forjado en el mismo averno. Parecía de forma humana, pero solo superficialmente ya que por debajo de la misma, un dinosaurio existía. Pero dado el camuflaje que poseía adquiría esa apariencia, de unos cercanos dos metros de altura. La coraza que cubría la cara no permitía ver más que sus ojos rojos. De los mismos brotaban chispas.

-Vamos, he dicho fuera de aquí. Un ademán de su mano diestra partió. No era que fuese un viejo, tendría unos treinta y tantos de edad, pero la falta de higiene y su ropa andrajosa, hacía que la gente lo desviara. Los moscones surcaban esa cara bañada de penurias, harto tiempo con él.
Con la cola, zizaguenado para un lado o para el otro, una zancadilla le hizo haciendo trastabillar al hombre. Una botella de vino barato, vuela por los aires, y este se toma de un tronco de uno de los árboles que tanto hacían de esa avenida, fuere lo que fuere.
La mano del menesteroso toma del pescuezo del ser del averno, haciéndolo girar sobre si cayendo de costado. De su otra mano extrae el corazón del ser malévolo. Muriendo al instante.
-Ya, ya – una voz penetrante azota el cerebro del humano.

Los hombres que por la acera atinaban a pasar en su momento, comentan:
-Que asco, que asco. Lo desvían como si una peste poseyera.
Una mujer atraviesa el cuerpo del ser del averno en el instante que el menesteroso le extrae su corazón, y al esto acontecer, desvía su cuerpo, mirándolo como si no fuese un ser humano:

-No me toque - atina a decir asiendo con más firmeza su cartera.


Ella

-¿Puedo? – pregunto a los médicos que la atendían.
-Adelante.
Una gran tormenta cubría el cielo rojizo. Un cielo cargado de nubes pesadas. La noche era iluminada por rayos que surcaban el cielo. Cada vez que esto acontecía se veía una gran selva abajo.
Era una selva completamente oscura y tenebrosa. El agua caía como cataratas que no permitía ver ni medio metro. Un tronco de un viejo abedul cortaba el camino. La frondosidad del bosque era tal que a cada minuto debía desviar las hojas de los grandes árboles milenarios.
Una niña temblorosa, toda sucia por el barro, joven, no poseería más que 20 años, se encontraba acurrucada sobre el tronco de un gran ciprés. El agua caía por su rostro enjuto. Las gotas golpeaban ese rostro pálido y languiducho sacando parte del barro de la cara. Se tomaba las rodillas con sus manos y tiritaba de un aparente frío, pero era más miedo que lo que me parecía al verla.
-¿Quién eres?
-Saúl – vengo por ti en nombre del Señor.
Me siento a su regazo y la abrazo tiernamente de su hombro. Su cara, que denotaba debilidad, cae sobre mis hombros y cierra sus ojos.
El suelo parece poseer vida propia, ya que el agua hacía que éste se desplazara colina abajo. Una catarata de barro se movía como tierra cenagosa.
Cuando esto acontece, sobre nuestras cabezas un cielo azul y de pocas nubes se abre. Fuera de ese círculo, la tormenta arremetía con todo.
-Mira.
Cuando ella lo hace, una luz ilumina el lugar donde estábamos protegiéndonos.
-Nos evaporamos.
Los síntomas del temblequeo del cuerpo, habían cesado. Ahora los médicos la atendían.
-Gracias –me dice uno de ellos.
-No hay por qué. –Contesto.
Ella había fallecido hacía mucho tiempo atrás y no habían podido curarla, sufría de catalepsia severa que quienes la atendían no encontraban su cura. Había logrado entrar en la causa de su enfermedad y sacado de la misma.

-Saúl –Mi señora me sacudía. – De nuevo en las nubes. – Despertá.

La pequeña

Una vez había una procesión de niños corriendo y alegres por el cielo. De pronto una niña se encontraba sola y callada. Uno de ellos le pregunta: - ¿porque no te diviertes con nosotros?

A lo que contesta: -Estoy triste por mi mamá. Le brota una lágrima por sus ojitos, que apagan la lumbre de una vela cuando su madre llora por ella.

Las venas abiertas de una mente en conflicto

Rodeado de colinas verdes, y césped cortado con mucho esmero, el Palacio que tengo a mis espaldas, es un clásico de la Arquitectura del Siglo XVIII. La construcción del mismo, es de mármol. Su fachada muestra una brillante interpretación de los modelos italianos, adaptados al trabajo en ladrillo; se articulan en tres pisos con el número de vanos creciente en altura.
Los espacios esplendorosos y la inspiración cartesiana serían los protagonistas en la búsqueda de la perfección simétrica y de una perspectiva guardada por tilos, robles, álamos, fresnos, cerezos o hayas, ante la que la vista se pierde. El eje visual que se propone quiere dejar sentir su rango de absoluto: su principio, en el castillo, y su fin, en el infinito.
Me encuentro sentado en un banco de mármol y ante mí una mesa ovalada. Un gran ciprés cubre el lugar.
-Carlitos, ayúdame, atino a decir. Un médico esta sentado a mi lado, el cual me habla en forma cariñosa y trato afable.
-¡¡No!! - Me niego a recibir ayuda.

Mi refugio.
Una pieza cuadrada y simétrica, no posee ventanas ni puertas. Es mi fuerte mi refugio, mi lugar. Siento la presencia de mi hermano Carlos, pero no lo veo, sin embargo siento como que esta conmigo. En algún lugar de mi memoria, tanto tiempo olvidada y jamás reconocida.
-¿Porqué estoy aquí? Es que ya no pasé penurias y castigos, ¿Qué hice para estar aquí?
Mi hermano mira a trabes de una ventana, que no se donde la sacó, pues esta pieza no tiene ventanas ni puertas. Me observa y me mira con cariño. Soy un niño asustado y temeroso. Sobre mi cama de madera me acurruco tapado con una manta. Tirito de frío, pero no porque lo haya, sino por miedo.

La ventana.
Observo a mi hermano acurrucado como un niño desvalido en la cama, y mi vista no deja de escudriñar. Cuando veo la ventana, observo porque mi hermano esta donde esta.
Me apiado de él.
Carlos.

El mundo.
El Penal era el centro de presos políticos por excelencia. Estaba ubicado en el corazón de Punta Brava. Se le dice así por los inclementes cambios de temperamento del Dios Eolo. La entrada principal era un patio, donde descargaban a los prisioneros políticos. Ocupaba una manzana cuadrada generosamente hablando, en si es más que esa extensión donde se hallaba.
El patio era precedido por la parte administrativa del penal, seguido por el complejo celdario en si. Luego le seguía un patio, donde nos dejaban pasar una hora en la mañana y otra en la tarde. Al fondo estaba las oficinas de los médicos de la prisión.

La ventana.
Observo a mi hermano como lo llevan en brazos dos militares al centro médico. En él, un habitáculo grande de dos pisos y una fosa, una sala de interrogatorios. Hay una especie de silla eléctrica, y al costado tinajas de agua. Los someten bajo presión dentro de una de las tinas. Lo dejan unos días. Luego otro calvario, los médicos le doblan los dedos de las manos.
Lo miro a mi hermano, tiritando como niño con miedo en la cama, en esa casa que el mismo diseñó. Una lágrima me cae por la mejilla.
Carlos.

La juventud.
Fui producto de una época nefasta. Recuerdo a mi padre como me castigaba, todavía era joven. El maltrato que fui sometido, y la gestación de revuelta que se daba por esa época en mi país, me llevaron a ser lo que fui. Un guerrillero. Luego morí.
Ahora me encuentro aquí, en este lugar, dicen que es para mi bien. Pero no quiero ayuda. Quiero a mi hermano Carlitos, me venga a rescatar.

El Hoy.
Me encuentro sentado en un banco de mármol y ante mí una mesa ovalada. Un gran ciprés cubre el lugar.
-Carlitos, ayúdame, atino a decir. Un médico esta sentado a mi lado, el cual me habla en forma cariñosa y trato afable.
-¡¡No!! - Me niego a recibir ayuda.
El Señor me dice que fue por mi bien, por lo que paso, hace poco tiempo. - Carlitos, ayúdame.

La pieza.
Siento como golpean la puerta, que mi hermano no la ve. Los policías a caballos golpean.
-¡Salga!
Veo una plaza. Los coches bombas, granadas de humo, personas corriendo y arrolladas por los pies de los caballos de los militares.
Mi hermano mayor, es un niño desvalido y temeroso, acurrucado en la cama tapado con una frazada. No es que haya frío, Siento el miedo de él.
Esa memoria fracturada, ese repensar la reformulación del tiempo y sobre todo la relación entre la sensación de amnesia generalizada del presente y la obsesión con la memoria reformulan nuestra relación con el espacio y sobre todo con el espacio cargado de historia.
Carlos.

El Hoy.
-¿Vieron que tiene?, atino a decir al Señor.
-Si. Me dice El.
-Vuelve.
La relación entre trauma y memoria o entre memoria traumática y elaboración o duelo puede y muchas veces se concreta o termina configurando espacios y temporalidades específicos.
Me despierto en la cama, cansado pero feliz encontré a mi hermano, luego de bucear por los recovecos de su mente perdida y trastornada, pero no olvidada.

Yo, Carlos

Medianoche

Medianoche. Parecía que comenzaba a llover, pero el tiempo se encontraba un tanto antojadizo. Frío si había, era tal que calaba hasta la médula ósea. La calle, desabitada se hallaba. Algún que otro vehículo aparcado en la misma, pero ni un alma se veía. Para colmo la neblina se tornaba espesa, a tal punto, que de la farola de la esquina, no se veía más el halo lumínico de esta. La casa de los Smith, que a mitad de cuadra se hallaba, sobre la acera de enfrente, dos plantas poseía. Poseía un jardincito delante y estaba conformada por ladrillos a la vista. La única luz que ésta poseía, identificaba el ático, luego de la segunda planta.
-Mami, no me apagues la luz decía su pequeño retoño a su madre Lucía, una mujer menudita de unos treinta y tantos, ojos castaños oscuros y melena enrulada, con cara un tanto ovoide. El niño, llamado Marcos de 6 años aproximadamente, se encontraba en su cama tapado con frazadas y un acolchado.
-¿A que le tienes miedo? Su madre le dice.
-Al hombre del espejo.

El ático.
Sobre la pared de la izquierda, perpendicular a la puerta de acceso, la cama se encontraba. Era de hierro forjado, de la época en que la Bisabuela de Marcos vivía. Ella dejó el mundo terrenal, cuando el niño poseía 2 meses de edad. Dicen ser que fue por motivos de un ataque al corazón cuando manejaba la vieja Ford T. Pero eso es otra historia.
Sobre la pared que daba la cabecera de la cama, a su costado, hacía la puerta, una vieja mesa de caoba. El tiempo hizo de las suyas sobre la misma, ya que ni lustre poseía. Sobre su cabecera un viejo retrato familiar, que hasta traslúcido se parecía del lo añejo.
Del otro costado de la cama, sobre la pared que hacía cruz con la que la cama se apoyaba, un ventanal chico en forma rectangular, el cual en su parte superior terminaba con en V. Ese ventanal era el que daba sobre la calle desabitada.
La pared siguiente daba a los pies de la cama. Se encontraba pasando sus buenos 3 metros y medio de ancho desde la ubicación de la cama. En esa pared una estantería de juguetes había. Casi enseguida un ropero. En éste último un espejo en la parte delantera.

El hombre del espejo.
-¿A que le tienes miedo? Su madre le dice
-Al hombre del espejo.
-Eso no existe, su madre le dice. Le da un beso en la mejilla, y al salir del ático, mira por última vez al niño, durmiendo placidamente. Deja la luz del pasillo encendida, y se retira a sus aposentos. Los ojos del mismo, se parecen al de su bisabuela que en paz descanse, y la mandíbula al de su padre, que nunca llegó a conocer, sino fuera por los cuentos que su madre le propiciaba. Pero el carácter, eso si, lo heredo de su madre Lucía
Dicen que ésta última, la madre, se había casado con un militar, que en la época de la segunda Guerra Mundial, este falleció cuando aconteció “La batalla de Guadalcanal” en el Pacífico. Era una persona alegre y extrovertida. Siempre con amigos. Ahora ni la sombra de ese pasado, es. Para dormir necesita de pastillas, y cuando éste por fin llega, su sueño no es tan placentero como debiera ser.
Ya entrada a la madrugada, un hombre vestido con armadura y casco, con vestimenta estilo medioevo, se acerca a la cama.
-¿Quién eres? – marco atina a decir.
-Quien te viene a buscar.
-¿Dónde vamos?
-A un paseo.
El niño se diluye al cruzar el espejo, sin antes gritar por su madre. Lucía que comenzaba con sus pesadillas, de lo más profundo de su ser, escucha a su hijo y corre al ático, lindero un piso arriba de donde ella dormía.
Al abrir la puerta y encender la luz, la cama se encontraba vacía.
En el espejo una frase:
-Vendré por ti.

El mundo tras el espejo.
Parecía que comenzaba a llover, pero el tiempo se encontraba un tanto antojadizo. Frío si había, era tal que calaba hasta la médula ósea. La calle, desabitada se hallaba. Sale y entra del ático desesperada, grita en las altas horas de la noche –Marcos. Del espejo una luz rojiza comienza a aparecer. Al mirar a trabes de él, una gruta se ve. Ella cae dentro de ésta.
Lucía se encontraba en un camino serpenteante, hacía abajo. En el fondo había un gran valle. Los macizos rocosos cubrían ambos lados, a derecha e izquierda. El fondo, estaba conformado por colinas y elevaciones de bajo nivel. La superficie, estaba cubierta de lava. Del acantilado ubicado a la derecha brotaba una gran catarata, que emanaba lava sulfurosa. A la derecha, las rocas no eran lo que parecía sino que eran figuras cadavéricas, que gritaban –ayuda. Cada tanto caían del promontorio hacia la planicie, En el horizonte se notaba dos volcanes que emitían permanentemente lava y humo. El olor a azufre por todos lados.
-Marquitos, pensaba Lucía, -Dios mío, ayúdame.
Al dar la primera vuelta por ese camino, dos perros cimarrones, se interpusieron en su camino. Eran negros, con rojos, por sus bocas emanaban volutas de humo.
Cuando atacaron, Lucía extiende la mano izquierda. Una luz potente emana desde sus dedos, desintegrándolos.
Nota una gruta en la pared, cuando desde el piso del acantilado unas manos esqueléticas las quieren jalar hacia abajo. Su cuerpo se cubre de un manto de luz, haciendo que estas desaparecieran en la roca del acantilado. Mirando hacia el valle unas Pterodáctilos sobrevolaban la escena, lanzando bocanadas de fuego por su boca.
Una gran bóveda, cubierta de cuerpos que se retorcían. Cada tanto desde las piedras, se asomaba algún que otro esqueleto. Caía gritando a una gran olla hirviente. El camino de piedra bordeaba las paredes cóncavas hasta llegar al fondo donde el gran caldero se encontraba. Tres seres, de forma humanoide y cuatro alas, vestidos de negros, ojos cadavéricos de un tinte rojizo, revolvían sin cesar la masa de burbujeante de seres penando. Por un lado un codo y se volvía a meter, por otro una cara en forma de esqueleto, con un rictus en la misma. A lo altos los Pterodáctilos sobrevolaban.
Lucía se da vuelta –Marcos, Marquito mío, por Dios ayúdame a encontrarlo.
Cuando sale y sigue su peregrinaje hacia abajo, un ser, de forma humanoide y cola de dinosaurio, cubierto de una coraza negra y una máscara de hierro. Se le presenta y saca una espada. A su costado, de fondo la planicie que sobrevolaban guerreros en aves de rapiña.
-¿Quién eres? Dice y arremete contra ella.
Cuando va a hacer contacto contra su físico, esta salta por sobre su cabeza. Y desde atrás una patada a la espalda le propicia, desestabilizándolo.Con la otra mano le hace girar y caer sobre el camino serpenteante de costado hundiéndole los dedos en su pecho. Es así que sacándole el corazón, este ser muere. Una puerta metálica se encontraba cerrada con candado. Ella se las ingenia como ingresar.
Era una habitación en forma cuadrada donde dos seres como los mencionados, infligían tortura a su querido Marquitos. La pieza no tenía ventanas sólo habían colgadas de la mano cadáveres que se retorcían en la mazmorra.
Su marquito se encontraba en el potro, antiguo sistema de tortura que estiraban a las almas hasta desconyunturlas. Luego todo comenzaba de nuevo para ellas.
-Alto!!! Grita su madre.
Esos seres, se giran al únísono, y el que esta más cerca ataca. Desde la comisura de su nariz volutas de humo brotan. Desde los ojos, brotan chispas. Ella se defiende usando una espada y un escudo. Cuando lo derriba le hunde una la espada en lo más profundo de su caja toráxico, desintegrándolo. Los otros luchan pero no fueron rival para su madre. Logra así sacar a su Marquito de donde estaba. Un haz de luz se forma a su alrededor, desvaneciéndose.

Medianoche. Parecía que comenzaba a llover, pero el tiempo se encontraba un tanto antojadizo. Frío si había, era tal que calaba hasta la médula ósea. La calle, desabitada se hallaba. Algún que otro vehículo aparcado en la misma, pero ni un alma se veía. Para colmo la neblina se tornaba espesa, a tal punto, que de la farola de la esquina, no se veía más el halo lumínico de esta. La casa de los Smith, que a mitad de cuadra se hallaba, sobre la acera de enfrente, dos plantas poseía. Poseía un jardincito delante y estaba conformada por ladrillos a la vista. La única luz que ésta poseía, identificaba el ático, luego de la segunda planta.
Marquitos ya dormía placidamente en el ático.
-Bueno es hora, decía Lucía al tiempo que retornaba a su cuerpo físico. En el espejo de su dormitorio,una frase:
-Vendré por ti.

El corcel y el hombre negro

Era un pasillo oscuro, tenebroso. El inicio de éste, daba la puerta al dormitorio matrimonial y al baño. En la mitad, aproximadamente, sobre la izquierda el cuarto del niño. A esa altura, sobre la derecha, la puerta de la cocina. Al final, el living. Pero todo estaba oscuro, como tenebroso.
-¡¡Alto..!!, doy la orden.
Un corcel grande y brioso, pero muy grande resoplaba e inquieto se encontraba. Sobre él un hombre con armaduras del medioevo, casco y armadura. Animal y guerrero de color oscuro. Sobre la cabeza, un casco que solo permitía ver parte de la cara, ojos y boca. El animal inquieto se hallaba, Se levantaba en dos patas y por las narices volutas de fuego emitía. De los ojos del guerrero, chispas de fuego emitían. Con la mano izquierda una lanza, tan grande como toda la extensión del animal sostenía parada. Al verme inicia el ataque.
Cuando se acerca al galope por el pasillo, una red le lanzo cubriendo toda la extensión del animal y el guerrero. La revoleo, y cae al piso. La red gira varias veces, impulsada por la torsión que ejerzo sobre la muñeca derecha.

El movimiento.
a) El dormitorio del niño.
La lanza gira hacia la izquierda. Le sigue la cabeza del corcel y por último el guerrero. A los 45 grados cruza la pared, pasando a trabes de un equipo de música que lindero al pasillo se hallaba. Al llegar a los 90 grados de giro pasa por un ropero adosado a la pared, lindero al pasillo.

b) El dormitorio matrimonial.
A los 135 grados de giro Cruza nuestro dormitorio a trabes de otro ropero adosado a la pared. Frente al mismo la cama matrimonial.

c) El corredor.
Al llegar a los 180, animal, guerrero y lanza miraban de espalda a mí; viendo la puerta del baño.

d) La cocina.
A los 225 grados de giro, cruzan la pared de la cocina a trabes de un anaquel, la mesada y una mesa que usamos para desayunar o comer algo ligero.

e) El pasillo.
A los 270 grados comienza aparecer la punta de la lanza. El cuerpo del corcel y el guerrero todavía siguen cruzando la cocina en el giro diabólico. Sobre la pared que da al living, la heladera.

f) Al completar los 360 grados.
Se vuelven mirándome a mí. De espalda el living se hallaba.
Ese giro se lo hago hacer unas 5 o 6 veces consecutivas, cruzando por distintas partes de las piezas lindantes al pasillo.
Le doy un empujón final y lo expulso hacia el techo. En todo momento lo que había en la red se movía expulsando fuego. Guerrero y animal no podía quedar quieto. Una cantidad de luz se esparce por el techo, cual tentáculos de un pulpo. A las últimas luces que se esparcen por el techo del corredor y las paredes que lindan con el dormitorio del niño y la cocina, éste desaparece.

-¿Qué te pasa?, - ¿De nuevo la pesadilla?- mi señora pregunta.
Me despierto todo traspirado. Me hallaba durmiendo en mi dormitorio junto a mi señora. Afuera una tormenta eléctrica se hacía sentir y ver. Los rayos caían por doquier.

El mundo de Aotearoa

El aborigen iba siguiendo la línea de la costa a una distancia de medio km océano adentro. Su hogar Aotearoa, "la tierra de la larga nube blanca". Con un área de 236,6 km2, se trata de un archipiélago situado en el Pacífico Sur, 2.700 km compuesto por unas quince islas extendidas sobre una superficie marina de 2 millones de km2.
En su pequeña embarcación a remo, traía de vuelta lo que había ido a buscar, al nordeste de Aotearoa.
Dejando al sur la Isla Menor del Archipiélago a unos 2 km, cuyas formas varían desde cónicas típicas hasta mesetas y crestas alongadas, una gran gruta oculta se encontraba.

La gruta.
Sólo el aborigen la conocía. En su nombre era la denominada “Garganta del Diablo” dado el ruido que hacía Tangaroa el dios del mar cuando estaba enojado. Era el momento de Rona su hija, moviendo el cubo, hacía llover, así controlaba la marea. Era su hogar, el lugar de “Los ojos que miran al cielo”, en clara referencia al volcán interior, el mundo de Maui. La gran cueva, era hogar de Papa, la diosa Tierra y Tangaroa, el dios del mar. Lugar de encuentros amorosos entre ambos. Era el lugar, por la cual la pequeña embarcación debía ingresar esta formada por estalactitas y estalagmitas de un tinte rosáceo-púrpura. Era una gran bóveda, cubierta casi por entera de agua cristalina azul-rojiza. Allí se hacía sentir el sonido del agua golpeando contra sus cavidades, era el ronroneo de Tangaroa cuando se ponía melodioso con su esposa Papa. Poseía una pequeña playa de unos 5 metros por tres de arena. En los tiempos que no había luna y el agua se retiraba, se apreciaba prácticamente oculto un pequeño conducto, hacía paso a una ensenada interior. Era la garganta de Papa, engullendo al aborigen que osaba ingresar a sus dominios.

El mundo interior.
El aborigen debía saber cuando era correcto ingresar a la misma. En dicha ensenada, un paraíso terrenal se presentaba. Era el mundo de Tane, el dios del bosque, hijo de la unión de Rangi y Papa. Era el mundo de Rangi, el dios cielo y Papa, la diosa Tierra. Por el lado Nororiental una cascada de 20 metros de agua, caía sobre el gran lago, era el cubo de agua que vertía Rona, la hija de Tangaroa. Sobre la parte Sur de ésta, Maui con su boca expulsando fuego y lava se veía. En el centro una gran selva tropical y una gran playa de arena blanca, en forma de media luna. Abarcaba medio km de extensión. Este era el mundo de Papa, la madre tierra.
Por ello, el aborigen traía las ofrendas para apaciguar el corazón del Mauí, el volcán.
La salida de la cueva, la boca de Papa, tapada por la corriente de agua procedente de la cascada, transportaba a quién quisiese llegar allí a un mundo mágico.
Era una civilización oculta, que salvo el aborigen sabía como salir de ella. Este era tan respetado y temido que hasta el jefe de los aborígenes pavor y reverencia le propinaba.

El mundo aborigen.
Cuando el aborigen llegó a la playa donde habitaba su tribu, tomó las ofrendas traídas del nordeste de Aotearoa y se encaminó por un sendero boscoso, propiedad de Tane. Los niños aborígenes que jugaban en el agua tirándose desde un pequeño acantilado al costado occidental de la playa, al verlo lo saludaron con respeto. El siguió adentro. Tan adentro en el bosque que llegó al corazón de Tane. Subio la ladera occidental, y volcó la ofrenda a los pies de Mauí, a pesar que Tawhiri que estaba muy enojado con su hermano, Tane por haber separado a sus padres, causó tormentas y huracanes.

-Vos Juan, que haces pelotudo. Se te esta quemando la carne a la parrilla. Desperta -su esposa lo estaba sacudiendo.
He, hee , ¿Qué pasó?
Se encontraba a los fondos de su casa en las afueras de de la ciudad. Llovía a cántaros, y el había entrado en trance.